10 Sep 2018 | Sin categorizar
«En tu día, Dios mío, iré hacia Ti… Iré hacia Ti, Dios mío, […] y con mi sueño más loco: llevarte el mundo entre mis brazos» (El Grito, Ciudad Nueva). A 10 años del fallecimiento de Chiara Lubich, sigue sorprendiéndonos mucho la profecía social de esta mujer extraordinaria que con su Ideal del Ut omnes (Jn 17,21), desde Trento llegó al mundo entero. Sin embargo no se puede comprender el carácter profético de su persona sin considerar el contexto histórico en el que vivió y su participación en los destinos de la humanidad: su nacimiento en el Trentino, que era entonces una periferia existencial de profundo significado histórico y social, la experiencia de la pobreza, el drama de las guerras mundiales. En medio de los avatares de su tiempo, se manifiesta en ella un particular carisma, el de la unidad: «El alma, por encima de todo, debe tener siempre la mirada puesta en el Único Padre de muchos hijos. Después mirar a todas las criaturas como hijas del Único Padre. Sobrepasar siempre con el pensamiento y con el afecto del corazón, cualquier límite que ponga la vida humana y tender constantemente y por costumbre a la fraternidad universal en un solo Padre: Dios». En estos apuntes del 2 de diciembre de 1946 se pueden percibir los fundamentos de la profecía social de Chiara Lubich: Chiara, en efecto, no ha sido una reformadora social, como tampoco lo fue Jesús. El sueño de Chiara, en realidad, mira más hacia lo alto y en profundidad, al fundamento antropológico y teológico de cualquier forma social: la fraternidad universal y la unidad como ha sido pensada por el hombre-Dios, Jesús. Por ello, podríamos decir que la primera obra social de Chiara fue la comunidad misma de los Focolares, nacida en Trento después de la guerra, la cual, tomando al pie de la letra las palabras de los Hechos de los Apóstoles (Hch 2,42-48), vivía la comunión radical de los bienes y se prodigaba en asistir a la multitud de pobres y afligidos que el conflicto había dejado a sus espaldas. Esta raíz no se ha perdido nunca, al contrario, ha sido la fuente inspiradora de todos los proyectos sociales activados en estos años por ella y por aquellos que han asumido como propio el Ideal de la unidad. En ello se pone de manifiesto el genio humano y eclesial de Chiara. Genio humano, porque la solución de los problemas sociales cada vez más graves no obstante las apariencias y el progreso tecnológico, con la masa creciente y escandalosa de descartados y refugiados en todos los hemisferios de la tierra, fruto de sistemas perversos y de una globalización al servicio de las potencias del mundo, no depende de estrategias sociológicas o de acciones que operen en los estratos superficiales de la realidad humana, sino de las opciones fundamentales y de los valores profundos que mueven las conciencias. Genio eclesial, porque la misión de la Iglesia no se agota en la caridad y en la asistencia a los últimos (siempre indispensable), sino en el anuncio, a la luz de la encarnación del Verbo, de la dignidad de todo hombre en cuanto hijo de Dios. Sin estas dos motivaciones esenciales: antropológica y eclesial, no se aferra la verdadera dimensión social del carisma de Chiara Lubich, impregnado de una intrínseca socialidad, que se despliega en vida, acción y estudio (ver las Escuelas Sociales y el Instituto Universitario Sophia). ¿Cuál es la consecuencia concreta de esta prospectiva para todos nosotros? Si queremos, nos espera una historia; también nosotros tenemos por delante una historia. Chiara nos rescata del anonimato para hacernos protagonistas de un sueño. Todos protagonistas, sin excluir a nadie. Guislain Lafont, el gran teólogo dominico, habla del “principio de la pequeñez”, que resume la filosofía práctica del Papa Francisco. Se trata de la convicción de que «la salvación más bien viene de abajo que de arriba». Chiara supo traducir magistralmente este “principio de la pequeñez” en el compromiso por una auténtica renovación social, desencadenada por el paradigma de la unidad. Ésta es su grandeza. Fuente: Città Nuova n.6, junio de 2018
10 Sep 2018 | Sin categorizar
Las comunidades judías de todo el mundo celebran los días 10 y 11 de septiembre, con una vigilia el día 9, el festejo del Rosh Ha-Shanah, el comienzo de año 5779 del calendario judío. «La fiesta – explica la UCEI, Unión de las Comunidades Judías Italianas- tiene un carácter y una atmósfera bastante distinta de la normalmente vigente en el comienzo del año “civil”. Más bien es considerado como un día de reflexión, de introspección, de examen de conciencia personal y de renovación espiritual. Es el día en el que, según la tradición, el Señor examina a todos los hombres y tiene en cuenta las buenas o malas acciones que realizaron durante el curso del año precedente. En el Talmud, está escrito “El día del Rosh Ha-Shanah, todas las criaturas son examinadas ante el Señor”. No por casualidad este día en la tradición judía es llamado también “Yom Ha Din”, día del juicio. El juicio divino ocurrirá el día de Kippur, el día de la expiación. Entre estas dos fechas pasan siete días que sumados a los dos del Rosh Ha-Shaná y al de Kippur, son los “diez días penitenicales”. El Rosh Ha-Shanah se refiere al individuo, , a la relación que tiene con su prójimo y con Dios, a sus intenciones de mejorar».
9 Sep 2018 | Focolare Worldwide

Maurizio Certini
Jóvenes universitarios, provenientes de todo el mundo. Especialmente a ellos se dedica el Centro La Pira, tratando de responder a los nuevos desafíos que plantea el mundo de la migración. ¿Cómo valorar el sueño que mueve a estos jóvenes a venir a estudiar a Italia? Son chicos y chicas con un “potencial humano” precioso, que pueden llegar a ser “puentes” de buenas relaciones culturales, económicas y políticas, entre los países. Acogerlos y apoyarlos era el sueño del Cardenal Benelli, quien quiso instituir para ellos un Centro diocesano internacional, dedicado al Prof. La Pira, promotor de la paz en el mundo entero, quien fuera por muchos años alcalde de la ciudad de Florencia y de quien recién se concluyó el itinerario canónico de su proceso de beatificación. En 1978, sólo cuatro meses después de su fallecimiento, el Card. Benelli se dirigió a Chiara Lubich para pedirle la disponibilidad de algunas personas del Movimiento para iniciar esta experiencia. Le escribió: «[…]Muchos jóvenes se encuentran solos, en medio de una impresionante necesidad y amarga desorientación. Queremos servirlos, conocerlos, hacer que se sientan acogidos, ponernos de su lado, respetándolos y ayudándolos en todo, establecer con ellos un diálogo a partir de nuestra realidad de seres humanos. Si son musulmanes, los ayudaremos a ser mejores, si son judíos a ser judíos. Queremos ofrecerles un servicio que tonifique el alma y con fineza cristiana lleve al respeto de su dignidad».
¿Cuál es la situación cuarenta años después? Las condiciones de vida de los estudiantes extranjeros, capaces pero con pocos medios, seguramente han mejorado, gracias a la exoneración de impuestos y a los comedores y residencias que se les han puesto disposición. Pero para muchos el proceso formativo sigue siendo una carrera de obstáculos: la lejanía de la casa, la necesidad de mantenerse solos, las dificultades de estudiar en un contexto cultural desconocido, la burocracia, las alarmas del consumismo. Quien conoce las historias de tantos de estos chicos queda impresionado ante su valentía, su ejemplo de fortaleza en las pruebas y de resistencia en las dificultades. Los problemas más serios se manifiestan en el segundo o tercer año, cuando, a pesar de su motivación y buena disposición, no logran conseguir los créditos necesarios para quedarse en las residencias universitarias. Repentinamente ante ellos se abre una vorágine, que puede dar inicio a un proceso deprimente, que termina llevándolos a abandonar los estudios y rompe sus sueños. A lo largo de estos años, ¿cuántos jóvenes han pasado por el Centro? Numerosísimos. Se trata de afrontar con entusiasmo sus tantas necesidades buscando soluciones, dándoles esperanza. Muchos que se sentían desilusionados y desanimados, logran volver a tomar las riendas de su vida, completando su itinerario formativo. La experiencia universitaria en el extranjero representa una singular posibilidad cultural y profesional. Pero se necesita una especial atención para adecuar, con creatividad, el compromiso institucional y asociativo, que debe ser coordinado y tomar en cuenta las diferencias culturales y religiosas, poniendo en el “centro” a los estudiantes, para poder acompañarlos integralmente en su camino.
¿Una asociación sostenida prevalentemente por el voluntariado puede incidir en la sociedad o en la política? Giorgio La Pira hizo suyas las palabras de un gran arquitecto del renacimiento, León Battista Alberti: «¿Qué es la ciudad? Es una gran casa para una gran familia». Hoy el mundo es una ciudad global. Con nuestra acción, miramos a las ciudades del mundo a través de las miradas y de las historias de nuestros numerosos “huéspedes”, abriéndonos a la reciprocidad. En italiano, “huésped” es quien acoge, pero también a quien acogemos. En el Centro tratamos de generar comunidad, conscientes de que nos encontramos en un contexto social cada vez más plural, que tiene necesidad de personas abiertas al diálogo, capaces de recíproca integración. Hoy la necesidad social de la comunidad es muy fuerte; el mundo va de carrera, a menudo alienado, crecen los abusos, la falsedad, la sospecha, el temor. Nuestro pequeño “campo de juegos” todos los días se dilata a nivel ciudadano, nacional, internacional, estamos convencidos de que sólo podemos ganar si se genera la comunidad, queriendo construir la sociedad como un cuerpo civil, poniendo como centro a la persona humana con su dignidad. A cargo de Chiara Favotti
7 Sep 2018 | Sin categorizar
«El Antiguo y el Nuevo Testamento conforman un solo árbol. Su florecimiento tuvo lugar en la plenitud de los tiempos. Y la única flor fue María. El fruto que dio fue Jesús. También el árbol de la humanidad ha sido creado a imagen de Dios. En la plenitud de los tiempos, al florecer, tuvo lugar la unidad entre Cielo y tierra y el Espíritu Santo se desposó con María. Teneos por lo tanto una sola flor: María y un único fruto: Jesús. Pero María, si bien es una, es la síntesis de toda la creación, el ápice de su belleza, cuando se presenta como esposa a Su Creador […] María es la flore florecida en el árbol de la humanidad nacido de Dios que creó la primera semilla en Adán. Es hija de Dios su Hijo. Mirando una plantita de geranio, que se abría con una flor roja, me preguntaba y le preguntaba. «¿Por qué floreces en rojo? ¿Por qué del verde cambias a rojo?» ¡Me parecía algo extraño! Hoy comprendí que toda la humanidad florece en María. María es la Flor de la humanidad. Ella, la Inmaculada, es la Flor de la Maculada. La humanidad pecadora florece en María, ¡la toda belleza! Y, como la flor roja agradece a la planta verde que mediante sus raíces y el abono la hizo florecer, así María es, porque existíamos nosotros pecadores, que obligamos a Dios a pensar en María. Nosotros le debemos a Ella la salvación. Ella nos debe a nosotros su vida». Chiara Lubich, Maria trasparenza di Dio, pp. 85-87