Movimiento de los Focolares
Burundi: “¡Se puede hacer!”

Burundi: “¡Se puede hacer!”

La historia de Rose, una burundesa que, gracias a un proyecto de microcrédito comunitario, puso en marcha un restaurante. Rose vive en Burundi y tiene seis hijos. Desde hace algunos años ha abierto su propio restaurante, con el que prepara comidas que también entrega a clientes lejanos de su pueblo. A través de esta actividad logró enviar a sus hijos a la escuela y pagar un salario a algunos empleados. Sin embargo, hasta hace trece años la situación era muy diferente. Rose no sabía lo que significaba la palabra ahorro y tenía grandes dificultades para administrar la economía de su familia. La situación cambió cuando conoció el Proyecto “¡Se puede!”, llevado a cabo por AMU, Acción por AMU, Azione per un Mondo Unito y por Casobu, una ONG burundesa y socio local. “A través de este proyecto – explica Rose – hemos aprendido a ahorrar. Entré en contacto con un grupo de personas que, como yo, necesitaban dinero para mejorar su condición. Con el primer crédito recibido, inmediatamente compré algo de ropa: no sabía cómo hacer una inversión real. Entonces me dije: ¿cómo puedo tomar el dinero sin tener un proyecto concreto? Así que decidí comprar ollas, platos, sartenes. Y así, abrí mi propio restaurante”. “¡Se puede hacer!” es un proyecto basado en el microcrédito comunitario, una metodología a través de la cual algunos grupos de personas se unen y se autofinancian, poniendo sus propios ahorros en un fondo común. De esta forma, el grupo puede otorgar pequeños créditos a miembros individuales, para apoyarlos en algunos gastos y en la puesta en marcha o gestión de pequeñas actividades generadoras de ingresos. Emanuela Castellano, gerente de proyectos de AMU, explica: “Los proyectos de microcrédito comunitario se basan en un enfoque participativo, cuyo objetivo es empoderar a los miembros del grupo para que el proyecto pueda avanzar y expandirse. Los fondos recaudados y nuestro apoyo sirven para sensibilizar a las comunidades, para capacitar y acompañar a los integrantes del grupo, pero el dinero compartido es de ellos. Esta es la característica principal del proyecto: el llamado a la reciprocidad, para que cada uno pueda hacer su propia contribución al desarrollo de la comunidad. Por eso, el proyecto “¡Se puede!” también quiere acompañar a aquellas empresas que están creciendo y quieren acceder a una financiación más cuantiosa, para apoyar su expansión”. Desde que Rose conoció el proyecto, ha podido realizar su sueño: abrir un negocio que le permita mantener a sus hijos y que estudien. Con el tiempo, la cantidad de clientes ha aumentado y ahora también puede pagar los gastos de cinco empleados que la ayudan. También ellos tienen planes de futuro: a uno le gustaría comprar una cabra, a otro un terreno. Cada sueño inicialmente parece difícil de lograr, especialmente en un país como Burundi. De hecho, es el segundo país más densamente poblado de África, así como uno de los cinco países con las tasas de pobreza más altas del mundo. Aquí casi una de cada dos familias, alrededor de 4,6 millones de personas, sufre inseguridad alimentaria y el 56% de los niños menores de 5 años están desnutridos. En este complejo escenario, el restaurante de Rose es verdaderamente la realización de un sueño, y también puede convertirse en la esperanza para hacer realidad los de sus hijos y empleados. El proyecto “¡Se puede hacer!” hace justamente eso: permite esperar que muchos otros, como Rose, realicen sus sueños y miren hacia un futuro mejor.

Laura Salerno

https://www.youtube.com/watch?v=t0W6a2khA3Q

Chiara Lubich: “Amen a sus enemigos”

La paz concierne a las personas, a cada uno de nosotros. Es algo que todos debemos construir siempre y en cualquier condición. Es un compromiso nada fácil y no se da por descontado, sobre todo hoy. Con su intervención en 1978 Chiara nos lanzó un fuerte reto. «Amen a sus enemigos». ¡Esto sí que es fuerte! Esto sí que es un vuelco de nuestra forma de pensar y hace que todos demos un giro al timón de nuestra vida. Porque, no lo ocultemos: algún enemigo…  un enemigo pequeño o grande, lo tenemos todos. Está ahí, detrás de la puerta del apartamento de al lado, en esa señora tan antipática e intrigante, que trato de evitar cada vez que se dispone a entrar conmigo en el ascensor…. Está ahí, en ese familiar que, hace treinta años le causó una ofensa a mi padre, y por ello le he negado el saludo… Se sienta detrás de tu pupitre en la escuela y nunca, nunca más la has mirado a la cara, desde que te acusó ante el profesor… Es esa chica que era tu amiga y luego te dejó plantada para irse con otro… Es ese comerciante que te engañó… Son aquellos que en la política no piensan como nosotros y por eso los declaramos como enemigos nuestros. Y hoy, hay quien ve como enemigo al Estado y practica con gusto la violencia contra las personas que pueden representarlo. Como hay, y siempre ha habido, quien ve como enemigos a los sacerdotes y odia a la Iglesia. Pues bien, a todos estos y a una infinidad de otros, a los que llamamos enemigos, hay que amarlos. ¿Hay que amarlos? Sí, hay que amarlos. Y no creas que podamos arreglárnoslas sencillamente cambiando el sentimiento de odio por otro más benévolo. Hay algo más. Oye lo que dice Jesús: «Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian, bendigan a los que los maldicen, recen por los que los maltratan» » (Lc 6, 27-28). ¿Ves? Jesús quiere que venzamos el mal con el bien. Quiere un amor traducido en hechos concretos. Podemos preguntarnos: pero ¿por qué Jesús da un mandamiento semejante? La realidad es que Él quiere modelar nuestra conducta según la de Dios, su Padre, que «hace salir el sol sobre los malos y los buenos, y hace llover sobre los justos y los injustos». Esto es. No estamos solos en el mundo: tenemos un Padre y tenemos que parecernos a Él. No solo eso, sino que Dios tiene derecho a este comportamiento nuestro porque, cuando éramos sus enemigos y estábamos todavía en el mal, Él fue el primero en amarnos, enviándonos a su Hijo, que murió de esa forma tan terrible por cada uno de nosotros. […] Quizás convenga que también nosotros arreglemos alguna situación, más aún porque seremos juzgados según juzguemos a los demás. De hecho, somos nosotros los que damos a Dios la medida con la que debe medirnos. ¿Acaso no le pedimos «perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden»? Por tanto ¡amemos al enemigo! Solo actuando así se pueden reparar las desuniones, derribar las barreras, construir la comunidad. ¿Es difícil? ¿Es doloroso? ¿Nos quita el sueño solo pensarlo? Ánimo. No es el fin del mundo: un pequeño esfuerzo por nuestra parte y luego, el 99 por ciento lo hace Dios y… en nuestro corazón habrá un torrente de alegría.

Chiara Lubich

(Chiara Lubich, en Parole di Vita, Città Nuova, 2017, pp. 105-108) https://www.youtube.com/watch?v=fxs_dZ3BqS0

Guatemala: tecnología al servicio de la cultura originaria

Educa es un proyecto que ha ofrecido a 25 jóvenes de Guatemala formación en programación informática y diseño de páginas web. Algunos de los becarios provienen de etnias indígenas y quieren poner los conocimientos técnicos adquiridos al servicio especialmente de las mujeres de sus comunidades. El objetivo es valorar su cultura y ayudar a las mujeres a superarse, para que haya igualdad de oportunidades para todos. https://www.youtube.com/watch?v=5uWYv_cg85c&t=5s

Chiara Lubich: el camino hacia la fraternidad universal

¿Qué hacer para que nuestro esfuerzo cotidiano, nuestro trabajo y nuestras relaciones sean vehículo para construir el mundo unido? Dirigir una mirada nueva, cada mañana, a quienes encontramos, dispuestos a no juzgar, a dar confianza, a esperar siempre, a creer siempre. Por eso es necesario adquirir una mirada de misericordia, virtud que los tiempos que vivimos nos piden poner en práctica con los prójimos cercanos y lejanos. La fraternidad universal, este es el gran proyecto de Dios para la humanidad. Una fraternidad más fuerte que las inevitables divisiones, tensiones, rencores que se insinúan tan fácilmente por incomprensiones y errores. Muchas veces las familias se deshacen porque no sabemos perdonarnos. Antiguos odios mantienen divisiones entre familiares, entre grupos sociales, entre pueblos. A veces hay incluso quien enseña a no olvidar las ofensas recibidas, a cultivar sentimientos de venganza… Y un rencor sordo envenena el alma y corroe el corazón. Hay quien piensa que el perdón sea una debilidad. No, es la expresión de máxima valentía, es amor verdadero, el más auténtico porque es el más desinteresado: “Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen?”– dice Jesús – esto saben hacerlo todos: “Ustedes amen a sus enemigos”[1]. También a nosotros se nos pide que, aprendiendo de Él, tengamos un amor de padre, un amor de madre, un amor de misericordia con todos los que encontramos durante el día, especialmente con quien se equivoca. Además, a los que están llamados a vivir una espiritualidad de comunión, es decir, la espiritualidad cristiana, el Nuevo Testamento le pide más todavía: “Perdónense mutuamente”[2]. El amor recíproco exige casi un pacto entre nosotros: estar siempre dispuestos a perdonarnos unos a otros. Solo así podremos contribuir a la realización de la fraternidad universal. Estas palabras no solo nos invitan a perdonar, sino que nos recuerdan que el perdón es la condición necesaria para que también nosotros podamos ser perdonados. Dios nos escucha y nos perdona en la medida que nosotros sepamos perdonar. (…) De hecho, si el corazón está endurecido por el odio ni siquiera está en condiciones de reconocer y de acoger el amor misericordioso de Dios. (…) Hace falta una obra de prevención. Y así, cada mañana, dirijo una mirada nueva a los que voy encontrando en la familia, en la escuela, en el trabajo, en la tienda, dispuesto a pasar por alto lo que no va con nuestro modo de hacer, dispuesto a no juzgar, a darles confianza, a esperar siempre, a creer siempre. Me acerco a cada persona con esta amnistía completa en el corazón, con este perdón universal. No recuerdo para nada sus defectos, cubro todo con el amor. Y a lo largo del día trato de reparar un desaire, un estallido de impaciencia, pidiendo disculpas o con un gesto de amistad. (…) Entonces también yo, cuando eleve la oración al Padre, sobre todo cuando le pida perdón por mis errores, veré que mi petición es escuchada, podré decir con plena confianza: “Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”[3].

Chiara Lubich

(Chiara Lubich, en Parole di Vita, Città Nuova, 2017, pág. 667) [1] Cf. Mt 5, 42-47. [2]  Cf. Col 3, 13. [3] Mt 6, 12.

El Papa y el acto de consagración al Corazón Inmaculado de María

El 25 de marzo el Papa Francisco consagrará a Rusia y Ucrania al Inmaculado Corazón de María. Esta súplica forma parte de la oración coral que se eleva en el mundo por la paz y acompaña a la gran red de solidaridad a la que también se adhieren los miembros del Movimiento de los Focolares. El 25 de marzo, en la solemnidad de la Anunciación del Señor, alrededor de las 18.30 (hora de Roma) el Papa Francisco, desde la Basílica de San Pedro del Vaticano, consagrará a toda la humanidad, y en particular a Rusia y Ucrania, al Corazón Inmaculado de María. Según la tradición católica, con este acto se le confía a la Madre, y por su intercesión a Dios, todas las personas de la tierra, especialmente hoy a todos los que sufren a causa de la guerra. La Iglesia -escribe el Papa a los obispos del mundo a los que invita a participar- “está fuertemente llamada a interceder ante el Príncipe de la paz y a estar cerca de quienes pagan en su piel las consecuencias de los conflictos”. Porque la guerra es una derrota para todos. Con la guerra todo se pierde. Por eso, continúa el Papa, “acogiendo también numerosas peticiones del Pueblo de Dios, deseo confiar de manera especial a la Virgen las naciones en conflicto”. Este acto “quiere ser un gesto de la Iglesia universal, que en este momento dramático lleva a Dios, a través de la Madre suya y nuestra, el grito de dolor de todos los que sufren e imploran el fin de la violencia, y confía el futuro de la humanidad a la Reina de la Paz”. El Movimiento de los Focolares, presente en más de 180 países, y por lo tanto también en muchos lugares donde todavía hay conflictos y guerras, adhiere al llamamiento del Papa. La presidenta del Movimiento de los Focolares, Margaret Karram, hace unos días en Asís, junto con el Consejo General del Movimiento, reunido en la “ciudad de la paz” para unos días de retiro, invocó la oración por la paz universal: “Te pedimos con la fe que mueve montañas, que cese ‘el fuego’ de la guerra y venza el diálogo ‘en busca de caminos de paz’ entre Rusia y Ucrania. Pedimos la gracia que termine cada acto de conflicto especialmente los más olvidados”. Desde 1991 – los años de la Guerra del Golfo – las comunidades de los Focolares se unen en una oración común por la paz a través del Time Out diario a las 12 horas en cada zona horaria. Cristianos de diferentes Iglesias, creyentes de diferentes religiones se detienen durante un minuto de silencio o de oración para pedir la paz y reorientar su compromiso personal para construirla allí donde se encuentran. El viernes 25 de marzo, en el mismo momento en el que el Papa hará el acto de Consagración, Card. Konrad Krajewski, enviado del Papa en Fátima, hará el mismo acto para implorar juntos la Paz.

Lorenzo Russo

Link para la transmisión en vivo de la oración desde las 17:00 (hora de Roma) Acto de consagración al Corazon Inmaculado de Maria en varios idiomas