Movimiento de los Focolares

Un amor al servicio de los demás

En muchos países las restricciones debidas a la pandemia del coronavirus han bloqueado también todas las formas de encuentros religiosos, de culto, de oración. Sin embargo, el deseo de los fieles de estar con Dios no ha disminuido. ¿Qué podemos hacer? Chiara Lubich propone un modo original. «Yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo» (Mt 28,20). […] Jesús dirige estas palabras a los discípulos […] (pero) nos tenía presentes también a nosotros, que habríamos tenido que vivir sumergidos en la existencia compleja de cada día. Ya que es Amor encarnado, habrá pensado: quisiera estar siempre con los hombres, quisiera compartir con ellos cualquier preocupación, quisiera aconsejarlos, quisiera caminar con ellos por las calles, entrar en sus casas, reavivar con mi presencia su alegría. Por eso quiso permanecer con nosotros y hacernos sentir su cercanía, su fuerza, su amor. […] Si vivimos lo que Él nos propone, especialmente su mandamiento nuevo, podemos experimentar esa presencia suya también fuera de los templos, en medio de la gente, en los lugares donde uno vive, por todas partes. Lo que se nos pide es ese amor recíproco, de servicio, de comprensión, de participación en los dolores, en las preocupaciones y las alegrías de nuestros hermanos; ese amor que cubre todo, que perdona todo, típico del cristianismo. Vivamos así, para que todos tengan la posibilidad de encontrarse con Él ya en esta tierra.

Chiara Lubich

Extraido de: Palabra de Vida, Mayo de 2002, en: Chiara Lubich, Parole di Vita, pag. 657. Città Nuova Ed., 2017.

Evangelio vivido/2 – Los unos por los otros

¡Cuántas veces Dios se vale de alguien para acercarnos a Él!   No deberíamos olvidarlo nunca pues nosotros también podríamos ser un día instrumentos de Dios para alguien. Una nueva esperanza Estando en Estados Unido por mis estudios, había decidido volver a mi país por la insistencia de mi familia, pero me quedé bloqueado por la cuarentena en un instituto cerca de la frontera junto con otras 500 personas.   Con la sensación exacta de encontrarme en una cárcel.  Por suerte el celular me mantenía conectado con el mundo exterior.  Cuando tuve la posibilidad de ver a alguien, leía en ellos mis mismas preguntas sobre lo que estaba sucediendo. En esos días conocí  “a la distancia” a un sacerdote salesiano. Aunque estaba aislado como yo, emanaba una paz que ni los demás ni yo teníamos.  Era como si él no se sorprendiese por nada.  En un primer momento celebraba él  solo en su habitación, luego empecé a participar con él en la misa.  En pocas palabras, volví a los sacramentos y a la vida de fe de antes, si bien ya no como antes.  Mi novia también notó que yo había cambiado.  A veces pienso: si se dio en mí esta transformación, ¿no puede ser que se dé en otras personas?   Y entonces nace dentro de mí una nueva esperanza, que ese mundo que antes parecía quitármela ahora pueda retomar el camino sobre otros rieles. K. – Eslovaquia Cochecito para recién nacidos Había conocido a una joven gitana que esperaba a un hijo.  Necesitaba de todo, desde  ropa hasta todo lo que se necesita ante un nacimiento.  Había leído en el Evangelio “Todo lo que pidan al Padre… él se lo concederá”.  Ese día con fe le pedí a Jesús, durante la misa, un cochecito para recién nacidos.  Más tarde, ya en el colegio, me esforcé más por amar a compañeros y profesores.  Cuando volví a casa por la noche, supe por mi madre que una vecina de mi casa, al saber que ayudo a los pobres, había dejado algo para mí. ¡Era una cochecito para bebés!  Me conmovió esa tan rápida respuesta de la Providencia. C. – España Bendición Siendo enfermero desde hacía un mes, justamente en el período del coronavirus, en el hospital en donde prestaba servicio compartí la soledad de muchos pacientes que pasaron a la otra vida sin el sostén de sus seres queridos. Pero la experiencia más fuerte fue cuando, habiendo sabido por mi madre que, según las palabras del papa, los médicos y los enfermeros también estaban habilitados a dar una bendición a los pacientes difuntos, pude hacer un signo de la cruz en la frente y el pecho de varios de ellos antes incluso de que se hiciesen los trámites para confirmar la muerte y enviar los cuerpos a la morgue. Giuseppe – Italia

Recogido por Stefania Tanesini

Una espiritualidad ecuménica

Una espiritualidad ecuménica

El carisma de Chiara Lubich por la unidad de los cristianos. Entrevista con Lesley Ellison, anglicana, la primera focolarina no católica en seguir a Chiara. Vivir el Evangelio juntos, la Palabra de Dios; amar al hermano como lo hizo Jesús, hasta morir por el otro; vivir por la unidad entre los creyentes en Cristo, más allá de toda pertenencia y división. En estas dimensiones se desarrolla el potencial ecuménico del carisma de la unidad de Chiara Lubich. “Una espiritualidad completamente ecuménica” la define el cardenal Kurt Koch, presidente del Consejo pontificio para la promoción de la unidad de los cristianos, en el prefacio del libro “Una spiritualità per l’unità dei cristiani. Pensieri Scelti”, editado por Città Nuova , que recoge algunos discursos y respuestas en el contexto ecuménico de la fundadora del Movimiento de los Focolares, cien años después de su nacimiento. La introducción fue hecha por la presidenta del Movimiento de los Focolares, Maria Voce, y el epílogo ofrecido por el ex Secretario General del Consejo Ecuménico de Iglesias, reverendo Olav F. Tveit, ahora presidente de la Conferencia de obispos luteranos en Noruega. Lesley Ellison, focolarina anglicana, es la primera focolarina no católica que sigue a Chiara: Tu experiencia ha abierto el camino para muchos. ¿Alguna vez has dudado? “Crecí en una familia protestante con prejuicios contra los católicos, y en ese momento en Liverpool las dos comunidades estaban separadas. Al igual que Chiara, yo también quería darle mi vida a Dios. Cuando la escuché por primera vez, en 1967 en Canterbury, desde hacía un año frecuentaba a las focolarinas de Liverpool, tratábamos de vivir el Evangelio, pero no sabía que eran católicas. No conocía la comunidad de personas alrededor del focolar. Cuando me di cuenta de que todos eran católicos, me molestó, pero en Canterbury, al escuchar a Chiara, entendí que Dios ama a todos, y que “todos” también incluye a los católicos. Sentí que tenía que dar un paso dentro mí y dejar a un lado los prejuicios. Llegando a Liverpool, una pareja católica me ofreció llevarme a casa. Era inaudito: “Pero soy protestante”, dije. “¡Está bien! ¡Nos amamos!”, me respondieron. ¡Fue mi primera experiencia ecuménica!”.! ¿Cuándo sentiste que la espiritualidad de la unidad podría ser tuya? “En 1967 fui a visitar la ciudadela de Loppiano. Durante la visita hubo una misa católica pero yo, anglicana, no pude recibir la Eucaristía. Esta grieta entre nuestras Iglesias me parecía absurda, tan dolorosa que dentro de mí le grité a Jesús: “¿Qué puedo hacer?”. Y me pareció oírle responder: “Dame tu vida por la unidad”.  Vivir el Evangelio es el camino que Chiara ha indicado para la unidad. ¿Por qué, como anglicana, te llamó la atención esta propuesta? “Mi formación como joven anglicana me pidió “escuchar, leer, destacar, aprender y digerir internamente” la palabra de Dios. Entonces, la idea de “vivir el Evangelio”, que escuché por primera vez en el focolar, era de una novedad absoluta y le dio a mi vida cristiana una nueva dimensión comunitaria”. Jesús nos pide que nos amemos como él hizo, hasta dar la vida por el otro. ¿Qué significa esto para ti al tratar con personas de otras Iglesias? “En la palabra ‘cómo’, encuentro todo el carisma de Chiara, en Jesús crucificado y abandonado que es la Vida. Es la forma con la que Dios mismo ha querido dialogar con la humanidad, y es el modelo que nos ofrece para cualquier diálogo entre nosotros y con él. Para mí, dar la vida significa acoger al otro, escuchar, dejar de lado pensamientos y juicios. Pero también ofrecer mis pensamientos con desapego de ellos. Así es como Chiara hizo conmigo y con cada persona que conoció. Y así es como tratamos de vivir entre nosotros en el Movimiento”.

 Claudia Di Lorenzi

Cada idea, una responsabilidad

La pandemia del Coronavirus ha hecho saltar los programas, estructuras y procedimientos en todos los ámbitos de la vita humana. Por todas partes hay mucha necesidad de creatividad para encontrar nuevas respuestas a los retos que presenta esta situación. Es de gran actualidad lo que Chiara Lubich propuso ya en el año 1983. Dios nos habla de distintas maneras. Una de estas es a través de las inspiraciones del Espíritu Santo. Debemos, por tanto, servir a Dios siguiendo, además, las indicaciones de la voz sutil del Espíritu que habla en nosotros. ¡El Espirito Santo! ¡La tercera Persona Divina que es Dios, como el Padre es Dios y como lo es el Verbo! (…) Él está en el corazón de los cristianos y por tanto está aquí, en mi corazón. Él está en el corazón de nuestros hermanos. (…) Seamos discípulos atentos y asiduos de este gran Maestro. Prestemos atención a sus misteriosos y delicadísimos toques. No desperdiciemos ninguna de sus posibles inspiraciones. Si en los primeros tiempos [de nuestro Movimiento] pudimos avanzar tanto en nuestro camino, poniendo en práctica el lema: “Cada idea, una responsabilidad”, recordemos que las ideas que florecen en la mente de una persona que se ha propuesto amar, son a menudo inspiraciones del Espíritu Santo. Y, ¿para qué nos la da? Para beneficiarnos a nosotros y al mundo a través de nosotros, con el fin de que llevemos adelante nuestra revolución de amor. Atención pues: cada idea, sobre todo si creemos que puede ser una inspiración, considerémosla como una responsabilidad que hay que acoger y poner en práctica. Haciendo así, habremos encontrado un modo excelente para amar, honrar y agradecer al Espíritu Santo.

Chiara Lubich

  (En una conferencia telefónica, Mollens, 1 de septiembre de 1983) Cf. Chiara  Lubich “Cada idea, una responsabilidad”, La Vida un Viaje, Ciudad Nueva 1994, págs.124-126.