8 Ago 2020 | Sin categorizar
Fragmentos de vida y cotidianidad de Somjit Suwanmaneegul, budista, de Chang Rai en Tailandia. Desde el encuentro con Juan Pablo II hasta hoy. By Stefania Tanesini and Lorenzo Giovanetti. https://vimeo.com/430659014
7 Ago 2020 | Sin categorizar
En la vida puede suceder de todo, situaciones alegres o difíciles, lutos, victorias o derrotas pero podemos afrontar todas las circunstancias siguiendo un único común denominador, la relación con Dios. Las circunstancias serán siempre diversas, pero Él está siempre presente; siempre con nosotros. En aislamiento «Mañana –dijo el médico- la pondremos en aislamiento». Me sentí como una apestada. Sabía que algunos por esta enfermedad habían muerto. ¡Morir! No me daba miedo el dolor, que se sumaba a la última batalla por la vida, sino desapegarme de los míos, era un dolor agudo como una espada en el corazón. No los había saludado. Y ahora… quizás no los volvería a ver. Lloraba. Sin embargo, morir quería decir encontrarme con Jesús a quien amaba. Pero me parecía que el amor de tantos que había dado y recibido aquí en la tierra me sujetaba a acá abajo y que el vuelo hacia lo alto era fatigoso. A ellos los conocía, aquello no lo conocía bien todavía. ¡Sin embargo siempre había tratado de amar a Jesús en cada prójimo, en los parientes, amigos, conocidos y desconocidos «Eres tú Jesús, a quien he amado y encontrado en cada uno, el mismo que –si ahora muero- encontraré». Este último pensamiento lentamente me dio paz. Permanecí largo tiempo aislada, con altos y bajos en la enfermedad, pero casi envuelta por una presencia arcana con la posibilidad de hablar al Único que me escuchaba y que podía escuchar. M. – Italia Mala educación en la escuela No sé si yo he envejecido o si decididamente han cambiado las generaciones. Hablaba de esto con los colegas profesores y todos llegamos a la conclusión de que lamentablemente faltaban las bases de la educación. No sólo era la falta de respeto hacia los profesores, también de parte de los padres de familia que mantenían una actitud de abierto juicio hacia los docentes, sino que se percibía una completa ausencia de atención hacia el otro. En uno de los grupos más difíciles de “digerir”, después de un hecho lamentable, hice presente cómo en cada cultura y tradición existe una norma fundamental para la convivencia: «Haz a los demás lo que te gustaría que te hicieran a ti». Y pregunté a cada uno si les parecía que una norma así era aceptable. Después de un gran silencio empezó a hablar un alumno, después otra… y al final se creó un auténtico diálogo. A partir de aquel día algo cambió, de forma casi imperceptible, pero algo cambió. Una vez más tuve que retractarme. Los jóvenes tienen necesidad de puntos de referencia auténticos y firmes. C. – España Tenía la tentación de emigrar… Siendo especialista en enfermedades infecciosas, debido a la falta de estructuras sanitarias, a la falta de higiene y a los sueldos insignificantes, sentía la tentación de emigrar como muchos de mis colegas. Sin embargo, después de reflexionarlo con mi esposa, decidí seguir al servicio de mis hermanos en nuestro país. Con el apoyo de amigos cristianos en el extranjero, fue posible construir una estructura sanitaria completa para un laboratorio de análisis y garantizar medicamentos para los más pobres. Además del desarrollo de actividades productivas para mejorar la alimentación básica, intentamos asegurar también un apoyo psicosocial a los enfermos y a sus familias. M.- República Democrática del Congo
A cargo de Stefania Tanesini
5 Ago 2020 | Sin categorizar
Tras la devastante explosión en Beirut en la noche del 4 de agosto la comunidad local de los Focolares junto con la Asociación “Humanité Nouvelle” se han puesto a trabajar para ir al encuentro de las exigencias más urgentes de la gente afectada por la catástrofe.
Más de 100 muertos y cuatro mil heridos ha causado la enorme explosión acaecida el martes 4 de agosto a las 18.10 de la hora local, en la zona cercana al puerto de la capital libanesa Beirut. Puertas y ventanas de vidrio se rompieron hasta una distancia de diez kilómetros de la zona del desastre. El gobierno habla de alrededor de 300.000 habitantes sin techo. Ya antes de esta catástrofe el país de los cedros se encontraba frente a una fuerte crisis económica aumentada aún por los efectos de la pandemia del coronavirus. Según fuentes oficiales más del 45% de la población vive en la pobreza y la desocupación subió al 35%. La explosión del 4 de agosto da un ulterior y muy fuerte golpe no sólo a la economía y a la infraestructrua del Líbano sino también al ánimo de un pueblo que sufrió tanta violencia en las últimas décadas. Como todas las asociaciones humanitarias la agencia “Humanité Nouvelle” de los Focolares también se ha puesto en movimiento para ayudar a los más afectados. Con la ayuda de la comunidad local del Movimiento se ha puesto a disposición el Centro Mariápolis “La Sorgente” en la localidad de Ain Aar cerca de Beirut para todos aquellos que han perdido su casa. Grupos de jóvenes y adultos se han manifestado disponibles para ayudar a las familias y la gente más afectada, informándose de las necesidades de todo tipo: víveres, material para la limpieza de las casas y viviendas en general. ________________________________________ Se ha activado la Coordinación Emergencias el Movimiento de los Focolares, que intervendrá a través de las organizaciones AMU y AFN. Para quien quiera colaborar, se han activado las siguientes cuentas corrientes bancarias:
Azione per un Mondo Unito ONLUS (AMU) IBAN: IT58 S050 1803 2000 0001 1204 344 Código SWIFT/BIC: CCRTIT2T en Banca Popolare Etica
Azione per Famiglie Nuove ONLUS (AFN) IBAN: IT11G0306909606100000001060 Código SWIFT/BIC: BCITITMM en Banca Intesa San Paolo
Motivo: Emergencia Líbano
Las contribuciones depositadas en las dos cuentas corrientes con esta motivación serán administradas conjuntamente por AMU y AFN. Para estas donaciones se prevén beneficios fiscales en muchos países de la Unión Europea y en otros países del mundo, según las diferentes normativas locales. Los contribuyentes italianos podrán obtener deducciones y reducciones de impuestos, según la normativa prevista para las Organizaciones sin fines de lucro, de hasta el 10% de los ingresos y con el límite de € 70.000.00 anuales, con excepción de las donaciones hechas en efectivo.
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Para mantenerse al día sobre la recaudación de fondos para esta emergencia, visite los sitios web de
AMU y
AFN.
4 Ago 2020 | Sin categorizar
La historia de Armando, un venezolano que emigró con su familia a Perú. Vivir el Ideal de la unidad en la comunidad de los Focolares, compartir las propias necesidades y experimentar la fuerza de la comunión que atrae la providencia.
Hace tres años, debido a la difícil situación de Venezuela, decidimos emigrar a Perú con mi esposa y nuestros dos hijos. Como ya participábamos del Movimiento de los Focolares en nuestro país, la comunidad de Lima nos encontró un hospedaje temporal para darnos la bienvenida, mientras encontraba un trabajo que me permitiera pagar el alquiler de una casa. Una persona de la comunidad, sin conocernos, nos ofreció su apartamento durante un mes, mientras iba a visitar a su hijo que vivía en otra ciudad. En cuanto nos acomodamos nos pidieron que hiciéramos la lista de las cosas que necesitábamos para compartirla con todos. Así empezar llegar abrigos, ollas, platos, cubiertos, comida, pero faltaba un par de zapatos que necesitaba con cierta urgencia… Al final del mes, como todavía no tenía trabajo, nos mudamos a otro albergue temporal. Fuimos a agradecer a quien, sin conocernos, nos había prestado esa casa. Después de conocernos mejor dijo: “Si puedo ayudarlos con algo más, díganmelo”. Les dijimos que habíamos hecho una lista y que la única cosa que nos faltaba eran los zapatos. “Sí, vi el anuncio en el chat del WhatsApp”, dijo, “sólo que yo uso el 38…; de todas formas pruébalos (y se quitó los zapatos), si te quedan son tuyos”. Los probé y eran perfectos. Y agregó: “Pero en el anuncio dijiste que necesitabas zapatos deportivos” Fue a la habitación y trajo un par de zapatos deportivos: “Toma también estos”. Fue así como llegaron de providencia los zapatos que sigo utilizando. Una noche, en una reunión con algunas personas con las que compartimos el ideal evangélico de la unidad, pude experimentar, una vez más, el poder de la comunión, de compartir los propios logros, fracasos, alegrías, necesidades… tomando ejemplo de las primeras comunidades cristianas que “ponían todo en común y entre ellos no había necesitados” (Hechos, 4: 32-36). Fue un hecho puntual: uno de los participantes contó que dos de sus hijos, en una pelea entre hermanos, dañaron la computadora. Su primera reacción fue la de castigar a sus hijos. Se sentía mal porque ahora no tenían la computadora que usaban para las tareas, justo cuando todo se hace online. Superando la rabia, llamó al técnico para que la reparara. Sin embargo, el técnico vio que no había modo de arreglarla: “el daño no tiene reparación», explicó. Ya calmo, el padre llamó a los hijos, se disculpó por su primera reacción y se recuperó la paz en su familia. Cuando terminó de compartir lo vivido, uno de los presentes dijo que tenía una computadora que no usaba: “está a tu disposición, veremos cómo hacérsela llegar”. Para mí fue la enésima confirmación de la fuerza de la comunión. Me pregunté: “¿Si el primero no hubiese compartido su preocupación, cómo habría podido el segundo ofrecer una solución?”. A veces, estando solos, no sabemos cómo resolver un problema y nos bloqueamos en nuestro dolor; pero si damos el paso de compartirlo en comunión con los demás y sin mas interés que el de generar la comunión con los demás, Dios puede encontrar la solución precisamente a través de quien tenemos al lado.
A.M. Lima, Perú (recogida por Gustavo E. Clariá)
3 Ago 2020 | Sin categorizar
El siguiente pensamiento de Chiara Lubich subraya una dimensión constitutiva de una “espiritualidad de comunión”: estamos indisolublemente unidos unos a otros y por ello tenemos también el deber de soportarnos. La pandemia del coronavirus nos hace constatar nuestra interdependencia, de muchas maneras; y también nos pide, en la vida de cada día, una mayor capacidad de soportar. (…) Nosotros no tenemos que ir solos hacia Dios, sino con los hermanos. Este es nuestro “algo más”. Debemos tender a la santidad junto con los hermanos. Prácticamente debemos ayudar a nuestros hermanos a alcanzar su santidad igual que nosotros la nuestra. Es un compromiso importante que muy fácilmente olvidamos, pero que para nosotros es la condición sine qua non para alcanzar nuestra propia santidad. Más aún: solo si amamos al hermano con esta medida podemos esperar la presencia de Jesús entre nosotros. Y ¿cuál es el mejor modo de vivir esta exigencia del amor para con los hermanos? Hay varios modos, pero hay uno en particular que requiere nuestra atención, y así me lo confirma mi larga experiencia. Ya he hablado de él, pero es tan importante que conviene repetirlo. La vida de comunidad que llevamos, siempre o temporalmente, nos exige amar constantemente a nuestros hermanos, o sea hacernos siempre uno con ellos. Y es lo que intentamos hacer. Pero, aunque pusiésemos en ello todas nuestras fuerzas, no siempre lo conseguiríamos, porque estando aún en este mundo, tendemos a los defectos y a las faltas, y tarde o temprano alguno de nosotros se equivoca. ¿Qué hacer? Si somos nosotros los que faltamos al amor fraterno, activémoslo de nuevo enseguida. Y si fuesen nuestros hermanos los que se comportan así, ¿qué debemos hacer? Créanlo: es sabiduría escuchar a san Pablo cuando nos subraya el soportar, pues soportar no es una categoría inferior del amor; soportar está implícito en la caridad, es un aspecto suyo, es constitutivo de la caridad. En efecto, según el apóstol, la caridad no solo «todo lo excusa, todo lo cree y todo lo espera», sino que también «todo lo soporta» todo, dice él. Soportar es amor, es caridad. Sin eso no hay caridad. También llegará el momento de advertir al hermano de sus errores; el Evangelio exige también esto. (…) Y hagámoslo solo por amor. Desde luego, no para desahogarnos quizás por las ofensas que nos han hecho los hermanos, sino con todo el amor posible, conscientes de que, si el hermano mejora, me beneficiaré yo también. Y aquí está la novedad de nuestro itinerario espiritual: debo trabajar por la perfección de mi hermano si quiero alcanzar la mía. Estamos enlazados; no hay escapatoria.
Chiara Lubich
(En una conferencia telefónica, Rocca di Papa, 19 de junio de 2003) Cf.: “El algo más», en Chiara Lubich, Unidos hacia el Padre, Ciudad Nueva, Madrid 2005, pp. 129-131.