mons. Gioacchino Illiano
- Fecha de la muerte: 06/02/2020
- Rama de pertenencia: Obispo
- Nación: Italia
Continúa la colaboración de jóvenes artistas entre Montecatini (en la Toscana) y Belén. Los próximos programas. En los sitios heridos por los conflictos, movidos generalmente por razones económicas y militares, los pueblos en lucha son antes que nada víctimas de prejuicios recíprocos. Prejuicios que alimentan las hostilidades entre la población civil, pero que pueden ser resueltos a través del encuentro en un “territorio neutral”, entendiéndolo tanto en un sentido físico como cultural y social. Un territorio en donde el alma se abre al encuentro auténtico para liberarse de odios y miedos y disponerse a la reconciliación. Allí ha nacido el proyecto “Armonía entre los pueblos” promovido por la Asociación Cultural Dancelab Armonia (*), que ha escogido la danza como lugar de encuentro para la paz. Expresión social del Laboratorio Académico Danza, con sede en Montecatini Terme (en la provincia de Florencia, Toscana), la asociación ha sido fundada por Antonella Lombardo, que se ocupa de su dirección artística. Le preguntamos cómo nace la idea de la Asociación:
“Tras 20 años de enseñanza de la danza me di cuenta de que los jóvenes se acercan a esta disciplina sólo para obtener un éxito personal. Quise, entonces, hacerles experimentar que la danza puede dar un sentido a la vida independientemente de tener o no éxito, y que puede ayudar a mejorar la vida de los demás y a sembrar la paz. Nació así la idea de los campus internacionales, primero en Montecatini, después en Tierra Santa, en Belén”. ¿Nos puede contar de este recorrido? “Empezamos invitando a Italia a chicos provenientes de distintas partes del mundo que ya estudiaban danza, para proponerles una visión del arte que capta su capacidad de unir personas de distinta extracción social, política, étnica y religiosa porque habla un lenguaje universal. Invitando a chicos palestinos e israelíes establecimos contactos con la Custodia de la Tierra Santa y con la Fundación Juan Pablo II, que hace seis años nos invitaron a Belén y a Jerusalén para hacer nacer algunos campus de arte para niños de los campamentos de refugiados de los territorios palestinos”. ¿Cómo se desarrolla el campus?
“En el campus los chicos harán un trabajo muy intenso: se empieza a las 9.00 y se sigue hasta las 18.00 para experimentar varios estilos de danza. Existe la posibilidad de convivir juntos en una casa y por lo tanto de preparar juntos la cena, estar con los chicos italianos y tener momentos de esparcimiento. Se trabaja en una coreografía llamada Danzar la Paz que muestra, por ejemplo, cómo chicos israelíes y palestinos, que en el terreno viven el conflicto, consiguen crear aquí un clima de armonía en las relaciones personales y en el escenario. Y todo ello vale para los demás artistas de todos los países, que traen al campus su cultura artística y su sensibilidad.”. ¿Cómo ha sido la experiencia con los jóvenes en Belén? “Cuando llegamos nos dimos cuenta de que no tenían ningún conocimiento de arte, nunca habían visto ni siquiera lápices de colores. Los quince días del campus que hacemos allí representan para ellos -prisioneros al aire libre- un espacio de libertad, un modo para superar ese terrible muro que los separa de los israelíes. Los profesores son chicos palestinos que hicieron el curso del campus en Italia. La experiencia de estos seis años ha sido realmente tan llena de frutos que la Custodia nos ha pedido que abramos una escuela permanente en Belén, que verá su inicio el próximo año”. ¿Cuándo se hará el próximo campus italiano y cómo se puede participar en él? Se llevará a cabo en Montecatini del 27 de agosto al 5 de septiembre de 2020 y acogerá a chicos de varias partes del mundo entre los cuales Jordania, Egipto, Palestina, Israel. Está dirigido a los aspirantes profesionales que comparten la idea de que el arte puede ser un instrumento universal de armonía entre los pueblos, para que puedan favorecer este cambio de mentalidad allí en donde vayan a actuar, en los teatros, escuelas, lugares de arte. Pueden contactarnos escribiendo a info@dancelab.it. Los campus forman parte de un proyecto más amplio, como etapas del Festival de la Armonía entre los pueblos, promovido por la Asociación… El Festival este año ha llegado a su XV edición, tiene lugar en la Toscana, con el patrocinio de todas los municipios del Valle de Nievole y de ciudades como Florencia, Asís y Palermo, y se articula en una serie de eventos. La inauguración será el 14 de marzo en Florencia, en el Salón de los 500 del Palazzo Vecchio, en la conmemoración del fallecimiento de Chiara Lubich, por el aporte que la fundadora de los Focolares dio en llevar la armonía al mundo, a los 20 años del otorgamiento de la ciudadanía honoraria de Florencia, y durante las celebraciones por el centenario de su nacimiento. ¿Qué otros eventos previstos hay? Durante el año habrá intervenciones en los colegios para desarrollar un trabajo sobre el tema del desarme. Nuestro deseo es que la voz de los jóvenes pueda llegar hasta los jefes de Estado de los países involucrados en la fabricación y el comercio de armas, para poder influir en esos temas. Una iniciativa apreciada por los chicos que ve como protagonista a la música como momento de reflexión acerca del tema del encuentro. Están en programa citas culturales y cenas interculturales en Montecatini y en Palermo. La participación en el Festival y los campus ustedes la ofrecen gratuitamente. Una opción exigente… Desde el comienzo quise distinguir esta experiencia de las comunes pasantías de danza que las escuelas ofrecen y son una fuente de lucro, para que los chicos vengan no sólo para estudiar danza sino porque han elegido vivir la paz y ser constructores de puentes de paz.
Claudia Di Lorenzi
(*)https://www.festivalarmonia.org/
Gran parte de la cultura en la que estamos inmersos exalta la agresión en todas sus formas como la mejor arma ganadora para lograr el éxito. El Evangelio, en cambio, nos presenta una paradoja: reconocer nuestras debilidades, limitaciones, fragilidades como punto de partida para entablar una relación con Dios y participar con Él en la conquista más grande: la fraternidad universal. Recesión Debido a la situación de crisis en nuestro país, veía disminuir el trabajo y los ingresos eran cada vez más pequeños. Ya no llegaban pedidos de nuestros clientes. En casa habíamos reducido los gastos, tratando de vivir con menos. Aprendí a conciliar el sueño a pesar de las deudas, a estar más con los niños para que la situación no pesara sobre ellos. Comencé a rezar nuevamente, creyendo firmemente en el Evangelio que dice: “Den y se les dará”. Esto lo hemos visto todos los días. Mientras tanto, hicimos todo lo que pudimos: recolectar periódicos, cartones, latas y botellas de vidrio para venderlos. Los niños fueron a vender bolsas con golosinas… Muchas personas venían a pedirnos comida y sucedía que dábamos lo único que nos quedaba. Un día mi esposa dio un kilo de arroz y esa misma noche recibimos dos kilos de lentejas. Una de nuestras vecinas dejó un automóvil frente a nuestra puerta: “Tómenlo, lo pagarán cuando puedan”. Así podemos llevar a nuestra tercera hija, nacida con síndrome de Down, a que haga el tratamiento necesario. (M.T. – Chile) Creciendo como padres Habíamos notado cambios en nuestro hijo. Un día, con infinita delicadeza, le pregunté si había algún problema. Me confió que había entrado en el negocio de las drogas. Lo hablé con mi esposo. Esa noche no dormimos. Nos sentíamos impotentes y también fracasados como padres. Joao también traía sus amigos a casa. Sufríamos por la forma en que se comportaban. Con mi esposo nos encontramos ante una opción: decidimos amar y servir a esos chicos. Por el bien de nuestro hijo, no fuimos de vacaciones para no dejarlo solo. Mientras tanto, en mí y en mi esposo, crecía la certeza de que el amor vencería. Un día, Joao nos dijo que no quería salir de casa y nos pidió que también ayudáramos a sus amigos. Comenzó una vida nueva. Con esta experiencia, a pesar de no tener otra formación que la vida del Evangelio vivido, fundamos el grupo de Familias Anónimas en nuestra ciudad con el objetivo de ayudar a las familias de los drogadictos. Muchos jóvenes se han recuperado. (O.P. – Portugal) Refugiados Habiendo escuchado que un joven refugiado albanés estaba buscando alojamiento, lo ayudamos en la búsqueda y mientras tanto lo alojamos en nuestra casa. Nuestros parientes no estaban de acuerdo, nos ponían muchos problemas y decían que éramos inconscientes, pero tal vez también debido a esta ruptura momentánea, encontramos en la unidad entre los dos la fuerza para continuar de todos modos. Después de unos días se encuentra un apartamento. Junto con B., un artesano que había decidido contratar al albanés, vamos al cuartel para hacer los trámites. El impacto con ese lugar, donde cientos de personas esperan alojamiento, es grave. Nos sentimos impotentes, pero B. al final decide contratar no a uno sino a tres albaneses, uno de los cuales menor de edad, del cual se hace responsable. Unos pocos meses son suficientes para que los tres jóvenes puedan trabajar e integrarse en la vida del pueblo, donde hemos tratado de involucrar a la mayor cantidad de personas posible para darles la oportunidad de sentirse parte de una familia numerosa. (S.E. – Italia) Confirmación Mi prometida, Giorgia, quiere casarse en la iglesia. Necesito un certificado de confirmación que no tengo y se requiere una preparación. Al principio parece sencillo, pero cuando me encuentro con niños mucho más chicos que yo, escuchar las lecciones de catecismo, me parece demasiado. Me gustaría no hacerlo. Giorgia no cambia de opinión, está convencida del sacramento del matrimonio. Nuestra relación entra en un túnel. Prácticamente, posponemos la fecha de la boda. Estos son meses de sufrimiento y preguntas. Fui formado pensando en la iglesia como una institución retrógrada y ahora estoy pidiendo un certificado. Lo que me enoja es que para Giorgia esto no es una formalidad, sino una forma de establecer una familia. Nuestra relación se desvanece. En esos días, en un accidente, mi madre queda paralítica. Giorgia viene a visitarla todos los días y mi madre encuentra en ella no solo amistad, sino un tipo de presencia que la ayuda a aceptar su estado con serenidad. Comprendo que Giorgia tiene razones profundas para hacerlo. En mí desaparecen las dudas: cueste lo que cueste ella es la mujer de mi vida. (M.A. – Italia)
a cargo de Stefania Tanesini (tomado de Il Vangelo del Giorno, Città Nuova, año VI, n.1, enero-febrero 2020)
Desde 2014 en el “Morro de la Cruz” vive una comunidad de focolarinos que comparte la vida sencilla y pobre de este barrio superpoblado de Florianópolis. Una expresión – sostiene el p. Vilson Groh, que vive allí desde hace más de 30 años- del deseo de Chiara de tener focolares también en las periferias del mundo. https://vimeo.com/378562867
“Nosotros no damos una gloria tan grande a Dios como cuando nos esforzamos por aceptar a nuestro prójimo, porque entonces ponemos las bases de la comunión fraterna y nada da tanta alegría a Dios como la auténtica unidad entre los hombres. La unidad atrae la presencia de Jesús entre nosotros y su presencia transforma cada cosa”. (Chiara Lubich) El colegio En el colegio donde vivía, en Praga, varias veces me sucedió que me encontré con la señora de la limpieza. Como había sido gentil con ella, noté que limpiaba más a menudo la habitación que compartía con un búlgaro y que frecuentemente enceraba el parqué. No sabía cómo agradecerle y, como tenía una maquinita de café expreso, una vez pensé que le agradaría si le ofrecía un buen café. No dijo nada, pero después me confesó que para ella, que estaba acostumbrada al “café a la turca” el otro era demasiado fuerte. Así se abrió un diálogo sobre las costumbres en las distintas culturas e incluso llegamos a hablar de la fe. Ella me dijo que cuando era pequeña había frecuentado la parroquia, pero que después, durante el comunismo, se había alejado. A partir de ese momento, cuando terminaba de hacer la limpieza, si estaba en el colegio, se quedaba conmigo, siempre tenía muchas preguntas sobre la vida cristiana. Un día me confió: “Este trabajo siempre ha sido humillante para mí, pero desde que conocí esta otra visión, me parece que he regresado a mi infancia, y que he comprendido el sentido de mi vida”. (T.M. – Eslovaquia) Con ojos nuevos Mi esposa y yo habíamos llegado a una encrucijada: yo sólo veía sus defectos y ella sólo veía los míos. Las discusiones se habían intensificado y parecía que cada acontecimiento, también con respecto a nuestros hijos, alimentara esta guerra. Un día, mientras acompañaba a la más pequeña a la escuela, ella me dijo: “Sabes papá, el profesor de religión nos explicó que el perdón es como un par de lentes que nos hace ver con ojos nuevos”. Esta frase dicha por una niña no me dejó tranquilo. La seguí meditando todo el día. Durante la noche, regresando a casa, tuve una idea, fui a la floristería y compré tantas rosas como los años que tenía de matrimonio. Mi esposa al inicio reaccionó mal (¿un nuevo error?), después, viendo la alegría de los hijos, sobre todo de la más pequeña, cambió de actitud. Esa noche, después de largos silencios, algo se movió. Fue el inicio de un nuevo camino. Realmente me parecía que tenía ojos nuevos y que podía ver a mi esposa y a mis hijos como nunca los había visto. (J.B. – España) Tentación Nos encontrábamos con una gran necesidad de una fuerte suma de dinero para saldar una deuda. Esa mañana un cliente pasó por donde nosotros, entró con la intención de comprar seis maquinas. Después de cerrar el negocio, él nos hizo la propuesta de aplicarles un adhesivo con el logo de una marca famosa. Me tomó de sorpresa, y aunque sabía que era una praxis común en nuestro mercado, viví un momento de suspensión, porque corría el riesgo de perder un buen negocio, pero no me parecía bien aceptar su ofrecimiento. Después de consultarme con mi marido, comprendimos claramente que no podíamos ceder y traicionar nuestra conciencia cristiana. El cliente nos miró sorprendido. Ante su pregunta si éramos católicos, respondimos que sí. Su cara se relajó: “Hoy he constatado lo que significa ser fieles a la propia fe. No se preocupen, les compraré a ustedes. Yo era cristiano, pero viendo cómo se movían todos en el comercio, me dejé llevar por la tentación. Desde hoy ya no lo haré más”. (G.A. – Nigeria) Un trabajo para dos Durante una capacitación para ser vendedor de bebidas y emparedados en los trenes, pregunté si se podían distribuir los emparedados que no se vendían a los indigentes. Esto no entraba dentro del perfil de la empresa y por lo tanto no me contrataron. Desilusionado, pero seguro de que Dios me habría ayudado, encontré trabajo en la cocina de un restaurante. Allí, de acuerdo con los colegas, en la noche podía distribuir comida a quienes estaban en necesidad. Un día el jefe me anunció que en la cocina necesitaban sólo un trabajador. Estaba yo y un hombre musulmán que se había vuelto mi amigo. Cuando respondí que prefería que se quedara él, porque tenía familia, el jefe replicó que me había elegido a mí. Aunque estaba agradecido, reiteré mi pensamiento. Y él: “Por primera vez me siento empujado por un chico como tú a revisar mi decisión”. ¡Al día siguiente, reexaminando la situación, decidió que ambos podíamos seguir trabajando! (D. – Inglaterra) No sólo huésped Habíamos acogido en nuestra casa durante todo un año a una chica brasileña que había venido a Italia con un programa de intercambio cultural. Pero Julia no lograba injertarse en nuestra familia y nosotros, considerándola un huésped, no contribuíamos al objetivo. Cuando nos dimos cuenta y empezamos a tratarla igual que a nuestras dos hijas las cosas cambiaron, ella se sintió amada y poco a poco creó un vínculo con nosotros como si fuera otra hija junto a otras hermanas. Julia se convirtió en una de nosotros a tal punto que, advirtiendo la necesidad profundizar la belleza de la familia cristiana, pidió que quería formarse para recibir los sacramentos del bautismo, la confirmación y la comunión que no había recibido en su país, aunque ya tenía 17 años. Para la ocasión vinieron sus papás desde Brasil e hicimos una gran fiesta que involucró a toda la comunidad. Hoy el vínculo con Julia permanece. Nosotros seguimos siendo para ella “mamá y papá” cada vez que nos vemos por videoconferencia o que nos escribimos. (A. – Italia)
a cargo de Stefania Tanesini (tomado de Il Vangelo del Giorno, Città Nuova, año VI, n.1, enero-febrero 2020)