29 Dic 2014 | Focolare Worldwide
¿Qué significado tiene la consagración de un laico, para ti que vienes de América Latina, una región rica en diversidad cultural, social y religiosa?
“El laico consagrado acentúa la cotidianeidad de la vida, la consagración surge de ese anhelo común a todo ser humano: la realización integral. Entonces la consagración a Dios tiene sentido si humaniza, haciéndonos capaces de vivir una vida plena (cf. Jn 10,10). La fuente de la consagración está en aquel día que Dios nos conquistó: allí está nuestra “Galilea” – como diría Papa Francisco -, ese momento al cual queremos volver para encontrar al Señor. Por eso pienso que la consagración no consiste en adherir a un ideal sino en ser fieles a esa relación vital. Una plenitud de vida que, obviamente, no es monopolio de los “consagrados”. Es más bien lo contrario: cada vida de consagración es auténtica donación a Dios en la medida que es donación total de la propia vida. Por tanto, para mí, la consagración es tal solo si ayuda a humanizar: a mí, a los demás y al cuerpo social. De lo contrario es otra cosa: evasión de la cruda realidad, encierro narcisista, refugio cómodo y tranquilo. La consagración tiene muy poco que ver con la tarea que uno desarrolla; tiene poco que ver con un estado de vida o el vínculo con una institución. Todo eso viene después. Ella tiene que ver con la pasión de darse totalmente a Dios y a los demás: con cuerpo, mente y espíritu, para encontrarse en esa Presencia de amor que es la fuente de toda vida digna.”
Como focolarino, ¿qué pondrías en evidencia en tu modo de vivir la consagración?
“La búsqueda del Misterio. Cuando tenía 17 años Dios se me manifestó como Amor. Soy un sediento de su Presencia. Es desde ese momento que Lo busco una y otra vez, permaneciendo Dios siempre un Misterio. Una Presencia muy cercana que al mismo tiempo, como arena entre las manos, se escurre de nuestras comprensiones. La búsqueda se alimenta del anhelo por esa Luz que parece desaparecer cuando la encuentras. Que va y viene mostrándose y escondiéndose a través de los rostros, circunstancias y las transformaciones sociales. Como dice el poeta León Felipe: “Ninguno fue ayer, ni va hoy, ni irá mañana, hacia Dios, por este camino que yo voy. Para cada hombre guarda, un rayo nuevo de luz el Sol…, y un camino virgen, Dios”.
¡A cuanta responsabilidad, libertad y creatividad me invita Dios!
Cada día estoy llamado a intuir, descubrir y recorrer, en las miles circunstancias de la vida, ese “rayo nuevo de luz”, ese camino virgen que “Ese Misterio” amoroso conserva para mí. Por tanto, cada día es consagración.”
¿Cómo defines tu consagración, en relación al mundo de hoy en continuo cambio?
“Una vez Chiara Lubich habló de “focolares ambulantes por el mundo”. Me gusta utilizar la imagen del nómada para relatar mi vida de consagración. Un nómada que, en su búsqueda del Misterio, procura consagrar la vida. Uno que se pone en marcha, una y otra vez, en busca de tierras fértiles que siempre resultan ser momentáneas. La tierra fértil del Absoluto, en cambio, es inagotable. En medio de amenazas desconocidas el nómada se traslada y lo desconocido se vuelve fuente de nuevas relaciones de vida: con los otros, la naturaleza, con Dios. La tierra fértil es un espacio que surge de las relaciones. Lo sagrado no son las cosas, sino las relaciones. El nómada a veces camina en la soledad pero, generalmente, lo hace en grupo. Mi búsqueda del Misterio se entrelaza con relaciones de comunión. Hay una prioridad de las relaciones interpersonales, impregnadas de ese amor que se hace acogida y don recíproco como despojo del yo. La definiría como “personalmente comunitaria”, donde se generan tierras fértiles con los otros y para los otros. Dinámica de la unidad siempre nueva, frágil y en transformación, para crear y recrear espacios vitales de Su Presencia. Y cómo sucede al nómada, es en aquellos espacios vitales que surge la sabiduría de la vida, aquella que sirve para promover más vida.
Como los nómades que se cruzan y comparten el camino con otros grupos, mi donación a Dios se nutre y enriquece del intercambio vital de experiencias en distintos ambientes culturales, religiosos, sociales y existenciales. La del nómada es una vida cargada de equipaje ligero donde la sobriedad es principio de sobrevivencia. Mi consagración ha de crecer para estar enraizada en lo esencial, despojada y libre de tanto peso material, intelectual, cultural, sentimental y religioso; haciendo de la sobriedad una clave de discernimiento de ella.”
29 Dic 2014 | Focolare Worldwide
26 Dic 2014 | Focolare Worldwide
“Te fuiste en silencio, casi furtivamente y sin molestar. Tal vez deseabas llegar a tiempo para celebrar tu Navidad definitiva, la de la Vida, allá arriba,….”, escribe uno de los focolarinos que vivió con él en los últimos años en Rocca di Papa.
Nace en Vicenza (Italia) el 22 de febrero de 1927. Conoce el Ideal de la unidad en Pisa en el ’52, siendo estudiante de la Facultad de Medicina. Después de vivir algunos años en Roma, Pescara y Turín, se produce un gran cambio: África.
Transcurrían los primeros días de octubre del ’62 cuando Chiara Lubich y Padre Foresi le preguntaron a él y a Nicasio Triolo, otro médico focolarino: “¿Están dispuestos a partir para África?”
El 11 de febrero del ’63 llega a Camerún, junto con Danilo Gioacchin, veterinario, veneto como Lucio. La vida en África es un cotidiano preguntarse sobre la realidad circundante, en una actitud de honesto y desarmado respeto hacia una cultura hasta el momento completamente extraña y también con un gran respeto hacia sus habitantes. Estupor, incertidumbre, descubrimientos y percepciones agudas de los límites frente al misterio, pero sobre todo apertura incondicional a los planes de ese Dios que transformará todo en un magnífico “canto de amor” que transcurre paralelamente a la fundación del Movimiento y a la irradiación del Ideal de la unidad en el continente africano. Este período tan particular, Lucio lo vivirá en estrecha relación con Chiara Lubich, que viajará a Camerún en el ’65, ’66 y en el ’69. Más adelante, en el ’92, Chiara irá a Kenia y nuevamente a Fontem (Camerún), donde, durante ese tiempo, había nacido la primera ciudadela de los Focolares en África. En el 2000 Chiara visita África por última vez. Lucio está contentísimo cuando constata que “en el lapso de 35 años el sueño de Chiara se convirtió en una realidad, que Dios está, que el amor es verdadero y que el amor mutuo es el secreto de la felicidad: y esto es así porque la Virgen nos abrazó a todos en una sola familia”.

Desde la izquierda: Lucio Dal Soglio, Georges Mani, Dominic Nyukilim, Teresina Tumuhairwe, Benedict Murac Manjo, Marilen Holzhauser, d. Adolfo Raggio, Nicolette Manka Ndingsa.
A Lucio no le gustaba hablar de sí mismo, no se ponía nunca como modelo, no aparecía. Pero para aquéllos que tuvieron la fortuna de conocerlo, Lucio fue un “gran Baobab” – como algunos amigos africanos escribieron en estos días. Son muchísimos los ecos que llegan desde África: “No estaremos nunca suficientemente agradecidos a él por todo lo que hizo por la Obra de María aquí en África!!!”. “Su amor hacia el hombre era infinito, porque para él cada hombre era Cristo, a quien Lucio amaba sin medida…” “Lo recordamos sobre todo por su radicalidad y sinceridad en vivir el Evangelio, era un hermano mayor, un amigo verdadero que nos acompañó siempre en este ‘santo viaje’ de la vida”. “Imagino a ‘María Africana’ con los brazos abiertos de par en par para recibir a este hijo suyo predilecto junto con muchos otros que vivieron, sufrieron, trabajaron y amaron sin medida para llevar el Ideal de la unidad a la tierra africana. Éste no es un momento de tristeza, sino de agradecimiento profundo a Dios por el don de haber recorrido un tramo de nuestro santo viaje con Lucio que nos hizo de padre, de hermano mayor y de amigo”.
La palabra del Evangelio que Chiara Lubich le había indicado como faro para su vida, era: “Y dejando las noventa y nueve, fue a buscar a la oveja perdida” (Mt 18, 12).
“Rezamos por él – escribe María Voce a los miembros de los Focolares- y le pedimos que ayude a toda la Obra de María a cumplir el designio de Dios, para que todos sean uno”.
21 Dic 2014 | Focolare Worldwide, Senza categoria
En Costa de Marfil, entre el 2002 y el 2006, se combatió una guerra civil que fue poco conocida en Europa y en el mundo. No se trató de una guerra de religión, aunque algunos medios trataron de presentarla de esa forma. Fue un conflicto político por el control del poder.
Desde 1975, los Focolares están presentes en este país. Residen en la capital Abidjan y en Man.
«Cuando estallaron las hostilidades, y la zona de Man comenzó a ser el blanco de los rebeldes, los países occidentales aconsejaron a sus compatriotas que residían en esa zona, que evacuaran el país de forma inmediata. El punto de evacuación de los extranjeros se encontraba delante de uno de nuestros centros, la ciudadela Victoria. El Centro se estaba llenando de prófugos. Entonces nosotros los europeos y africanos decidimos permanecer con la población. Era una elección verdaderamente arriesgada, pero nos motivaba el deseo de compartir el drama que involucraba a todos».
A partir de ese momento trabajaron juntos para recibir a las miles de personas que se dirigieron a este Centro. Los refugiados pertenecían a distintos grupos tribales y eran musulmanes, cristianos y fieles de las religiones tradicionales africanas. Todos fueron recibidos sin ningún tipo de distinción. Los miembros de los Focolares ofrecieron sus locales para ubicarlos provisoriamente. Muchos de los refugiados trajeron todo lo que podían.
«La vida dentro del centro, aún entre inconvenientes causados por el conflicto, continuó igual que en las ciudades con una convivencia pacífica e integrada por las diversas comunidades, aún si existían inevitables tensiones. Se realizó un amplio operativo de comunión de bienes de primera necesidad (ropa, comida y agua). Según la información que brindó el gobierno, todos los médicos y enfermeros habían escapado y el único médico que quedaba era uno de nosotros, quien se ocupó de la atención de todos sin ninguna discriminación, incluso de los rebeldes, que, por un lapso de tiempo, controlaron la zona de Man. Apenas el gobierno retomó el control de la zona, la mayoría de las personas se fueron a sus pueblos, pero algunos quisieron quedarse».
La experiencia realizada en Man pone en evidencia algunos aspectos que son propios de la forma de proceder de las comunidades de los Focolares cuando existen situaciones riesgosas: «En primer lugar, la presencia en el territorio que durante años se inspiró en la vida evangélica y creó una comunidad inter-étnica, supo ofrecer un lugar de acogida y de paz. Los miembros de nuestra comunidad, movidos por una fuerte motivación espiritual, maduraron la elección de quedarse con la gente, compartiendo su destino. Actuando el principio de la fraternidad, pudimos garantizar que todos fueran acogidos, sin ningún tipo de discriminación. De aquí nació una confianza recíproca que permitió que miles de personas no sólo sobrevivieran, sino también que compartieran lo que tenían con los demás. Se generó confianza entre todos, incluidos los rebeldes, y est4o hizo posible que se pusieran a salvo otras vidas. De hecho, algunos rebeldes, poniendo en peligro su vida, escoltaron un omnibus especial, que pudo llevar al territorio controlado por el gobierno, a los niños que estaban alojados en un hospital que había caido en manos de otros de ellos. Finalmente, gracias al esfuerzo de todos, se mantuvo una cierta cohesión del tejido social».
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20 Dic 2014 | Focolare Worldwide
Pobreza en Centroamérica y en el Sur del continente, jóvenes, cultura digital, la mujer, las culturas originarias, los afrodescendientes, los movimientos sociales, las nuevas perspectivas teológicas del continente. Fueron éstos algunos de los temas tratados durante el II Seminario de Antropología Trinitaria, promovido por el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), realizado en octubre pasado en Cochabamba (Bolivia).
Bajo el título “Una Antropología Trinitaria de y para nuestros pueblos. Alteridad y pluralidad”, el simposio fue llevado adelante por un equipo compuesto por teólogos y expertos de América Latina (jesuitas, conventuales, sacerdotes diocesanos y laicos) y la presencia del teólogo italiano Piero Coda, rector del Instituto Universitario Sophia (IUS), el ateneo internacional de los Focolares, con sede en la ciudadela de Loppiano (Florencia). De destacar, la participación activa de 4 estudiantes del IUS provenientes de Bolivia, Colombia y Argentina. De hecho, el ateneo está dando sus primeros pasos para radicarse también en América Latina.
El primer día, tuvo lugar una rueda de prensa on-line con los periodistas para presentar el primer libro del equipo que ya había trabajado el año pasado en el seminario realizado en la ciudadela argentina de los Focolares, la “Mariápolis Lía”. Estuvieron presentes periodistas de Brasil, Colombia, Paraguay, Chile, Ecuador, Perú, Bolivia y Argentina.
Una característica singular fue la visita realizada al Instituto de Misionología, cuyo director es el Dr. Roberto Tomichá, aborigen franciscano, y miembro del equipo central de Antropología Trinitaria. Los congresistas visitaron el centro de estudios que está pensado según las categorías y parámetros indígenas. Para esa ocasión el director expresó su convicción de que en la antropología trinitaria se encuentra “el fundamento para la teología de los pueblos originarios”.
Con el fin de que este itinerario de reflexión, de pensamiento y de vida continúe, se decidió que será el naciente Instituto Universitario Sophia latinoamericano el que los represente ante el CELAM. En este acuerdo participan los distintos ateneos a los que pertenecen los distintos participantes.
Tratándose de teólogos reconocidos a nivel latinoamericano y también mundial, a todos los sorprendieron sus impresiones que subrayaban “la profunda libertad y fecunda creatividad que se experimenta en el equipo de trabajo, en la metodología establecida, y en la perspectiva futura”. La próxima cita será en Argentina en el 2015.
18 Dic 2014 | Focolare Worldwide
Salvatore no tenía ni siquiera 14 años, pero se acuerda perfectamente, cuenta él mismo, «como si fuese ayer, mi encuentro con Jesús. Había conocido el focolar. Hombres realizados, capaces de entusiasmar a un muchacho. Me sentía atraído y con mi hermano, cualquier excusa era buena para ir a la casa de ellos. Era la presencia de Jesús entre ellos lo que me atraía. ¿Un fruto de ese período? El deseo, de encontrarme con Jesús Eucaristía todos los días»
A los 20 años llega el amor por Adriana. «Decido declararme, seguro de que ella me correspondía. Y sin embargo….no. Fue un golpe feo. No sabía imaginar mi futuro si no compartía mi vida con ella. La tentación era la de encerrarme en mí mismo. Pero había aprendido a no detenerme, y a tener una mirada y un corazón siempre abiertos. Y esto no dejé de hacerlo. Después de algunos años, me volví a encontrar con Adriana a mi lado y comenzó con ella la aventura de nuestra vida».
Casados ya desde hace algunos años, con los tres hijos ya adolescentes, Adriana y Salvatore están sumergidos en una vida comprometida, entre la familia, el trabajo, el voluntariado. Y, sobretodo para Adriana, comienza la época del malestar. «Lenta y sutilmente va creciendo en mí, un estado de aridez, que se caracteriza por una profunda falta de estima de mí misma. Llegué a probar la amarga sensación de la pérdida de los afectos, a tal punto de desear en algún momento, no querer vivir más. Sin embargo todo me exigía seguir adelante: el trabajo durante horas detrás de un mostrador agolpado de gente, tratando, de todos modos, de amar a cada uno y después en casa: cocinar, limpiar, recibir bien a los hijos y atenderlos. La relación con Dios se redujo a una lucecita cada vez más lejana. Un día tomé conciencia de esta ausencia de Dios en mí y sentí un gran temor, que me sacudió profundamente. ¡Le pedí que se hiciera presente!. Casi lanzándole un desafío, Lo reencontré fielmente como Amor en una relación más íntima cultivada durante las caminatas de las primeras horas de la mañana que comencé en esos días, y que me ayudaron a volver a encontrar el equilibrio interior».
¿Y con los hijos? Se siente el desapego. Salvatore cuenta una experiencia vivida con el hijo mayor. «Desde jovencito quiso ser músico. Aprendió a tocar la guitarra y más adelante, si bien nunca quizó ir al conservatorio, empezó a frecuentar los ambientes musicales de nuestra ciudad –Nápoles-, y ya con veinte años, se vinculó a músicos de un cierto calibre. Las perspectivas sin embargo, no eran muchas. A los 24 años, decide darle un cambio a su propia vida viajando a Londres. ¡Es un balde de agua fría! Él, que no sabe ni una palabra de inglés, va a una ciudad tan grande y desconocida, sin saber dónde vivir y cómo ganarse la vida. El día de su partida, lo acompaño al aeropuerto, lo dejo en el embarque y lo veo desaparecer. Siento que mi corazón se desgarra y siento también un tumulto de sensaciones contrastantes. Temor por su vida, dolor por el desapego, conciencia de tener que respetar sus elecciones. En esa imagen del avión que despega me parece que se encierra lo que Dios me pide que viva: deja ahora que lo que es carne de tu carne, se separe de ti y tome el vuelo. Antes de ser hijo tuyo, es Mi hijo, ¿crees que no pienso Yo mismo en su bien?»
Ahora el muchacho vive establemente en Londres y trabaja como músico. «Hace dos años fuimos a verlo; fue la ocasión para asistir, en el teatro considerado como el templo de la danza moderna y colmado por más de 2000 personas, a un espectáculo de la banda que él integraba y con la cual tuvo la oportunidad de viajar por el mundo».
Y ahora, se preguntarán, ¿qué momento estamos viviendo? «Una reencontrada libertad, también en la elección de dejar nuestra ciudad y trasladarnos a otra ciudad, estando al servicio del Movimiento de los Focolares en el mundo»
(A.e S. L. – Italia)