La ONU cumple 68 años
La primera iniciativa del Centro Evangelii Gaudium, que se encuentra en Loppiano (Florencia) para ser “Iglesia en salida”, es un curso de cualificación, en colaboración con el Instituto Universitario Sophia, con el título “Despierten el mundo”. Un eslogan convincente. Porqué son justamente las personas consagrada las que, con su radical elección de vida, contribuyen a realizar en el mundo la verdadera fraternidad y la comunión. Es la historia del Padre Antonio Guiotto en Sierra Leona: un misionero javeriano que desde estudiante se compenetró con la espiritualidad de los Focolares y que ahora festeja su 50º de sacerdocio. Cincuenta años que transcurrió casi todos en el País africano, entre ellos una decena (desde el ’91 al 2001) en primera línea en una guerra civil durísima que aterrorizó y devastó Sierra Leona. Al igual que otros extranjeros, él habría podido volver a su patria, pero el Padre Antonio decidió quedarse en Kabala para compartir con su gente todo lo que sucedía, ayudándola a continuar creyendo en el inmenso amor de Dios, a pesar de todo. Pronto, a su alrededor y junto con el Padre Carlo, un compañero que también vivía el espíritu del focolar, se formó un pequeño grupo que deseaba vivir el Evangelio y compartir las experiencias de vida: una chispa de esperanza que se encendió en medio de tanto odio y violencia. Pero también Kabala fue invadida por los rebeldes y los dos religiosos – fácil presa de raptos con el fin de extorsión porque eran extranjeros- buscaron refugio en los bosques. A pesar de los peligros, su gente los socorrió llevándoles comida y agua, sostenida a su vez por la luz y la esperanza que los dos religiosos infundían. Cuando cesó el peligro inmediato, una familia les abrió las puertas de su propia casa, dado que la casa de los misioneros fue completamente destruida. Después de un mes, durante el cual la familia que los hospedaba compartía con ellos lo poco que tenía y los dos religiosos se ofrecían en las tareas de la casa y en el cuidado de los niños, los dos esposos les dicen que quieren hacerse cristianos y bautizar a los hijos. Mientras tanto la situación empeoró. Escuadras de rebeldes se movilizaron por toda Sierra Leona y los dos Padres tuvieron que trasladarse a Freetown. Un traslado forzado que se conviertió en la ocasión para sembrar el Evangelio también en la capital.
En el 2000 un intento de golpe de estado puso nuevamente en riesgo sus vidas, tanto que el embajador italiano decidió transferirlos de urgencia con un pequeño avión a Guinea. No obstante estas adversidades, la espiritualidad de los Focolares transmitida con su vida iba caminando a grandes pasos. Apenas les resultó posible, se organizó una Mariápolis de tres días con 170 personas, en la que está presente también el obispo de Makeni. «Puedo verdaderamente afirmar – escribe el Padre Antonio- que la promesa de Jesús “Cualquiera que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o hijos, o campos en mi nombre, recibirá cien veces más” se cumplió verdaderamente. En la misión encontré padre, madre, hermanos y el céntuplo en esta vida como garantía de la vida futura. Nacieron nuevos cristianos, muchas parejas se casaron en la iglesia, nacieron comunidades de los Focolares en Freetown, Makeni, Kamabai, Kabala y también en pueblos perdidos. Se construyeron nuevas iglesias y nuevas escuelas católicas. Ahora, después de un período en Italia, el Señor me dio la gracia de volver a mi amada Sierra Leona para continuar gastando mi vida por mi gente» Desde octubre de 2016 a marzo de 2017 el curso del Centro Evangelii Gaudium, dirigido a los formadores, animadores y estudiantes de Teología pastoral misionera, prevee módulos mensuales de dos días durante los cuales, las lecciones se alternan con ejercicios prácticos, con el fin de convertirse – como está escrito en el dépliant- en “expertos en comunión”, que como el Padre Antonio “despiertan al mundo”. El módulo de octubre se concluyó con una veintena de inscriptos, el segundo se desarrollará desde el 13 al 15 de noviembre. Los responsables del curso son dos personas de gran experiencia académica en Roma: la Hermana Tiziana Longhitano sfp, presidente de la Pontificia Universidad Urbaniana y el Padre Theo Jansen ofmcap, docente de la Potificia Universidad Antonianum. * Para info y eventuales inscripciones en el curso de Loppiano “Despierten al mundo”. Celular de Sr. Tiziana . +39.329.1663136, Celular del P. Theo . +39.338.6845737.
Dar y recibir sin poner medidas y con gran generosidad. Esto es lo que los Jóvenes por un Mundo Unido de Managua (Nicaragua), han experimentado durante su visita a la pequeña comunidad de La Cal, una aldea que se encarama a 1200 metros de altitud en las cercanías de Jinotega, que es llamada la capital del café. Cargados con algunos sacos de vestuario, alimentos, medicinas, juguetes, recolectados con la ayuda de la comunidad de Managua, llegaron, primero, a Jinotega (tres horas de autobús) para después recorrer, con un pick-up, 8 km. de un camino que cada vez se vuelve más accidentado, hasta tal punto que incluso un todo-terreno se rinde. Para llegar a la aldea todavía falta 1 km y medio de bosque, lleno de piedras, encrespadas y empinadas laderas, que resultan inaccesibles incluso a los caballos. Y los jóvenes han tenido que enfrentarlos a pie y con los sacos en los hombros, poniendo a prueba su forma física. «No se puede imaginar la alegría y el entusiasmo con los que hemos sido recibidos», cuentan los jóvenes los cuales, desde el primer impacto, se dan cuenta del estado de precariedad en que se encuentra La Cal. Sus casitas, todas de madera y llenas de niños, no tienen energía eléctrica, agua corriente y no cuentan con un ambulatorio médico. En la aldea hay un pequeño almacén con artículos de primera necesidad, una escuelita con una única aula y con un solo maestro y una minúscula capilla en el caso de que llegue un sacerdote para la misa. Si no fuera por algunos pequeños paneles solares instalados en las casitas, la entera aldea estaría en la más absoluta obscuridad.
Con los Jóvenes por un mundo unido, había también dos médicos. Una de éstos, odontóloga, inició el día con una demostración de higiene oral a una trentena de niños, muy felices de poder usar dentífrico y cepillos traídos por la doctora. A la hora del almuerzo una familia quiso ofrecer buenísimas tortillas todavía calientes, mientras los jóvenes se entretenían con las personas y hacían jugar a los niños. Por la tarde se habló a los adultos sobre la prevención de la parasitosis. La jornada, muy intensa, terminó con la lectura de la Palabra de Vida, un momento de fuerte espiritualidad que involucró a todos. Fue conmovedor el gesto de un señor que al final quiso dar a todos su bendición. A continuación distribuyeron todo lo que habían traído para ellos. Para pasar la noche, habían preparado un local obtenido limpiando para la ocasión un ex-gallinero. «Fue una gran emoción para nosotros – escriben – poder revivir la experiencia de los focolarinos de Trento cuyo primer focolar había sido preparado en un ex-gallinero. La mañana siguiente, después de un buen desayuno preparado por las señoras de la aldea, y los caloroso saludos de todos, que nos pedían que volviéramos pronto, hemos partido en dirección a Jinotega. En la Catedral hemos ido a dar gracias a Dios por una experiencia que nos ha cambiado tan profundamente, que nos ha hecho conocer personas generosas que con dignidad luchan para ir adelante, con la alegría de sentirse inmensamente amadas por Dios. Y por haber construido, incluso en medio de aquellas montañas, un fragmento de fraternidad».
Habrá también representantes de la iglesia metodista de Brasil y de la bautista de Filipinas. Actuará como moderador responsable el Cardenal Francis X. Kriengsak Kovithavanij, arzobispo de Bangkok. El tema elegido para este año es: “Jesús crucificado y abandonado, fundamento de una espiritualidad de comunión”, en un clima de comunión fraterna y de reconciliación, en el contexto de las celebraciones por los 500 años de la reforma. El programa prevé varios aportes teológicos y espirituales a la luz de la espiritualidad de los Focolares, las celebraciones litúrgicas de varias tradiciones cristianas y muchas ocasiones de intercambio y comunión entre los participantes. Además, se han programado algunas visitas: al campo de concentración de Dachau y a algunos lugares significativos para la reforma. Un momento importante será la liturgia ecuménica en la iglesia de Santa Ana en Augsburgo el 26 de octubre. En el centro de la celebración, se recordará la “Declaración conjunta sobre la Justificación”, con la cual la Iglesia católica y la Alianza luterana mundial pusieron fin a juicios y anatemas recíprocos. Jueves, 27 de octubre, los obispos serán recibidos por el alcalde de Augsburgo, Dr. Kurt Gribl.
Inestabilidad política, precariedad económica, corrupción, extremismo religioso, reducción de las ofertas educativas. Estas son sólo algunas de las causas que impulsan a la población iraquí a una emigración sin precedentes. Hoy, quedarse en Irak, es una decisión realmente difícil. Sobre todo si eres cristiano. Y a pesar de todo Irak dispone de abundantes recursos naturales y su pueblo es rico de humanidad y de gran capacidad de inclusión. Basta pensar en la pluralidad de culturas, lenguas, religiones, en las diferentes etnias que durante siglos han sabido convivir en paz. Morada del patrimonio cristiano desde sus orígenes, desde hace dos mil años Irak ha sido la casa natural de comunidades cristianas muy vivas. Al encrudecerse la guerra, hoy se han convertido en objeto de discriminación y persecución. El suceso más atroz se dio hace dos años, cuando los extremistas del ISIS tomaron Mosul y toda la llanura que la rodea: en pocas horas miles de cristianos tuvieron que abandonar sus casas y, con sólo la ropa encima, entre mil inconvenientes y peligros, tuvieron que huir y después emigrar hacia Jordania o Líbano, donde han encontrado asilo en campos improvisados para prófugos. Según algunas estadísticas, los cristianos, que eran un millón y medio en el 2003, hoy no alcanzan los 300.000. También la comunidad de los Focolares ha sufrido los efectos devastadores de esta barbarie. Pero, ya sea los que han dejado el país, ya sea quien se ha quedado – concentrados en las ciudades de Erbil, Baghdad y Basora, y en Dohuk – tratan de transmitir paz en todas partes, construyendo puentes de solidaridad. De todos modos, mientras que en los congresos de verano de algunos días de duración, característicos de los Focolares, las Mariápolis, en un pasado se reunían más de 400 personas, en el congreso realizado del 9 al 11 de septiembre de este año, estuvieron apenas unas 40 personas. Pero la disminución numérica no ha influenciado el perfil cualitativo, que ha crecido decididamente en intensidad y profundidad, y esto también porque el tema central puso el acento sobre las relaciones interpersonales que hay que vivir a la luz de la misericordia. Hospedados en un convento en Sulaymaniya, cerca de la frontera con Irán, los participantes han vivido tres días de verdaderos ejercicios de amor recíproco. Nos cuenta Rula, focolarina jordana del focolar de Erbil: «Hemos rezado, jugado, paseado en un clima de familia, experimentando la verdadera comunión. En el momento dedicado a la familia, se puso en acción una comunión tal que ha permitido hablar de la relación de pareja, del desafío de la inmigración, de cómo conciliar trabajo y familia, de la educación de los hijos… Por su parte, los jóvenes, por medio de coreografías, han mostrado cómo llegar a ser puentes de los unos hacia los otros». La Mariápolis ha contado también con la presencia del obispo de Baghdad, Mons. Salomone, quien ha inflamado a todos con sus palabras: «Jesús nos pide que seamos fermento en este mundo. Me alegro de que hayan elegido esta ciudad para encontrarse porque, aunque sean pocos, seguramente dejarán aquí la típica huella de quien se empeña seriamente en vivir el Evangelio». El focolar trata de sostener a todos los que se han quedado, como también a quien decide partir, pues sabe que no es fácil, sobre todo para los jóvenes, vivir sin poder proyectar el propio futuro. «Vemos que a pesar de encontrarse en el extranjero – continúa Rula – todavía quieren permanecer en contacto. Un joven, desde un campo de refugiados, nos ha escrito diciéndonos que la espiritualidad de la unidad es la única luz que lo sostiene y que el tratar de amar a los demás, da sentido a la interminable espera que está viviendo». Entre las muchas experiencias compartidas en la Mariápolis, resulta emblemática la de un cirujano de un hospital público. Dado que los médicos no reciben con regularidad los sueldos, trataban de programar las operaciones por la tarde, cuando se realizan sólo las que son de pago. Pero él ha decidido ayudar al mayor número de personas posible, fijando todas las citas por la mañana. Al principio los colegas lo criticaban, pero después, poco a poco, también ellos han decidido hacer como él.
«Conocemos a Khalid desde hace más de diez años. Un día tocó a nuestra puerta para vendernos algo, pero sobre todo para que lo ayudáramos a encontrar un trabajo. Estaba en Italia desde hacía más de un año, clandestino y sin un lugar donde vivir. Tenía 24 años y venía de Marruecos, donde había dejado a su madre, viuda con dos hijos menores. Después de una semana, volvió de nuevo. “Tenía hambre y me disteis de comer, era forastero y me recibisteis”…. Las frases del evangelio nos interpelaban con fuerza. En aquel momento lo que podíamos hacer era invitarlo a nuestra mesa. Por la tarde le ofrecimos que trabajara en el huerto y en el jardín. Estuvo con nosotros otros dos días. Así pudo enviar una pequeña suma de dinero a su mamá. Era la primera vez que lograba ayudar a su familia y eso lo hizo feliz. Nos movimos para buscarle un trabajo pero la respuesta era siembre la misma: es un clandestino, no podemos contratarlo. Al final ha encontrado un trabajo provisional en una empresa agrícola. Trabajaba en un invernadero, vivía en un contenedor con un hindú; su vida era dura pero estaba contento. Un día sonó el teléfono: su amigo hindú nos decía que Khalid no se encontraba bien. De nuevo era Jesús quien nos llamaba. Fuimos a verlo y lo acompañamos a la consulta de nuestra doctora que dio su disponibilidad; tenía una dolorosa otitis y había que tenerlo bajo control. Entonces decidimos ponerlo en la habitación junto con nuestro hijo. Al principio teníamos que levantarnos más de una vez durante la noche para cuidarlo. También nuestros hijos se han demostrado atentos hacia él. Mientras tanto, el dueño de la empresa no tenía intención de regularizar la situación. Nosotros nos habíamos convertido en la última esperanza a la que todavía podía recurrir. El Señor nos pedía un acto de amor todavía más radical. De modo que decidimos asumir a Khalid como empleado domestico y más tarde fuimos madurando la idea de alojarlo en nuestra casa como otro hijo más. Le pusimos a disposición algunos espacios de la casa donde pudiera tener su independencia; cuando preparábamos la comida, estábamos al tanto para respetar sus convicciones religiosas, así como sus momentos de oración y sus horarios de comidas durante el Ramadán. Así se fue profundizando también el diálogo a nivel religioso. La relación entre nosotros ha llegado a ser cada vez más confidencial: por la noche a menudo nos quedábamos hablando de su vida y de la nuestra, de sus tradiciones y de las nuestras. Dudas y dificultades no nos han faltado, pero, junto con la comunidad del Movimiento que nunca dejó de sostenernos, encontrábamos la fuerza de ir adelante. La providencia nunca faltó. Un señor desconocido nos regaló una motocicleta que después pusimos en regla. Personas del Movimiento le han procurado la ropa necesaria… Después le ofrecieron un trabajo que lo satisfacía, aunque era provisional, y que le ha permitido ayudar a su familia y también devolver parte de los gastos que habíamos hecho por él. Después de unos siete meses, quedó libre una casita en la que pudo transferirse con algunos de sus amigos. Después volvió a Marruecos donde se casó. A su regreso a Italia con su esposa, encontró un trabajo a tiempo indeterminado que le permite llevar una vida más tranquila. Nacieron tres niños, dos de los cuales ya están en la escuela elemental. También con su esposa se ha construido una hermosa relación, a pesar de las dificultades de la lengua. Un día quiso demostrarnos su agradecimiento y nos ofreció preparar en nuestra casa un almuerzo completamente marroquí, que hemos degustado junto con nuestros hijos. ¡Nos hemos convertido en los abuelos de sus niños, los cuales están a menudo en nuestra casa! Compartiendo con ellos, experimentamos continuamente la alegría de la presencia de Dios entre nosotros.» (G. de Mantova –Italia-)