Movimiento de los Focolares

Congo: el Evangelio vivido en medio de conflictos armados

Mar 28, 2014

En la República Democrática del Congo se comparten muchos testimonios de vida evangélica en medio de los conflictos durante una Mariápolis. El relato de la acogida a los niños que quedaron huérfanos.

Nord-Kivu (Nord-Kivu (RDC). Los habitantes de Rutshuru vivían prácticamente como si fueran rehenes hasta que se produjo la derrota de los rebeldes.. Cuando fueron liberados ante su presencia, un centenar de miembros del Movimiento de los Focolares se pudo encontrar después de mucho tiempo en Rutshuru (Nord-Kivu). En ocasión de la Mariápolis llegaron también personas de Goma y de Kinshasa. Escriben: “Ahora, poco a poco el miedo y la tensión en los rostros de los habitantes dejan lugar a una nueva esperanza”

J.S. trabaja como enfermera en un hospital.  Vio llegar a su reparto de ortopedia heridos de guerra y casos de gran urgencia. Esto es lo que nos cuenta:

«Una noche recibimos a una mujer en el hospital. Estaban por dar  a luz a unos gemelos y la mamá sangraba mucho. Como era un caso muy urgente, fue admitida directamente en la sala de operaciones. Los médicos hicieron de todo lo posible para salvarla a ella y a sus dos hijos. Pero lamentablemente sucedió lo que se temía: la mujer murió después de pocos días del nacimiento de sus dos hijos, eran una niña y un niño. El padre dijo que no era capaz de criarlos sin la madre, y además no tenía los medios necesarios. Cuando el doctor vino a nuestro reparto ortopédico y nos dio esta información, sentí una profunda piedad por estos niños.

Me acordé del punto de la espiritualidad de la unidad que tratamos de vivir en todo el Movimiento en este año: el amor al hermano; me parecía que estos niños eran la encarnación del rostro sufriente de Jesús.

Enseguida me dije a mi misma que había que hacer algo. Pensé: “Hace cinco meses tuve una hija, por lo tanto no logro tomar más que a uno de los niños”. Pero no había aún hablado con mi marido, el cual obviamente estaría de acuerdo. Por eso fui a casa y le propuse a mi familia esta adopción. ¡Todos aceptaron con alegría! También nuestra pequeña hija, viendo a la otra niña, no quiso más ser amamantada…. Lo tomamos como un gesto de bienvenida de parte suya a la nueva hermanita.

Tres días después, alentada por mi ejemplo, otra enfermera se ofreció a adoptar al otro niño. ¡Mi alegría era inmensa! Fuimos juntas a la Municipalidad para regularizar las dos adopciones. A la niña que llegó a nuestra familia le pusimos el nombre de “Esperanza”.»

Como confirmación, Mons. Théophile Kaboy, obispo de Goma, comentaba durante la homilía de la Misa al concluir la Mariápolis: “El odio y la muerte no tienen nunca la última palabra”.

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