“De nada nos sirve fingir que somos una pareja feliz, quiero la separación”. Estas son las palabras de la esposa de Virgilio hace 12 años. Él nunca hubiera imaginado que podría llegar el final de su relación. Malentendidos, poco diálogo, frialdad que con el tiempo alimentan la distancia hasta la decisión más drástica: la separación. Son muchos los desafíos que toda pareja debe afrontar, pequeños y grandes, pero a veces no pueden superarlos solos.

 Y las parejas en crisis, heridas, que afrontan el dolor de la separación, lamentablemente, son muchas. El Movimiento Familias Nuevas, una rama de los Focolares, ha iniciado caminos de acompañamiento y ayuda acompañando parejas y ayudando a superar las crisis.

En noviembre de 2021, Familias Nuevas organizó una reunión mundial online, para la formación de parejas en el acompañamiento. Margaret Karram, presidenta de los Focolares, participó con su mensaje.

Queridos todos, aquí estoy finalmente cara a cara con ustedes. He seguido con alegría este programa tan bien preparado, que han llevado a cabo con seriedad para responder a los desafíos de hoy, en un mundo donde la unidad de la familia está cada vez más amenazada.

La participación en este curso da testimonio de la presencia de personas que todavía creen en la familia y que, por eso, están dispuestas a dar la vida. Agradezco sinceramente su disponibilidad y su generoso compromiso.

Como saben, mi tierra natal, Tierra Santa, es una tierra donde la paz siempre ha estado amenazada y he experimentado en mi piel lo que significa vivir en un clima de conflicto. Al mismo tiempo he crecido en una hermosa familia, donde había una profunda armonía y de la cual recibí todos esos valores que me convirtieron en la persona que soy. Estos dos factores me llevan a apreciar de manera particular los objetivos de este curso: considerar y acudir en ayuda de las debilidades de la familia con mayor conciencia y método.

Creo que ha sido muy enriquecedor participar en este programa de formación de tantos países de los 5 continentes.

Sé que, en la introducción al curso, Maria y Gianni1 han recordado las palabras de Chiara Lubich en el discurso de la fundación de Familias Nuevas de 19672 y con un énfasis especial quiero repetir. Estas son las palabras de Chiara: “¿Qué familias preferir, a cuáles abordar, a cuáles conocer primero? Aquellas en las que más resplandece el rostro de Jesús abandonado, familias que corren el peligro de la separación o el divorcio, allí donde haya familias desmembradas para reunirlas”.

Allí debemos ir. Del documento final de la Asamblea General de la Obra de María se desprende también que hay una urgente necesidad de responder al grito de la humanidad y de la familia que está en su corazón.

Las familias de la Obra han hecho mucho, pero ciertamente ahora se trata de continuar con vigor. En efecto, podríamos decir que estamos iniciando una nueva etapa en el camino de Familias Nuevas, la de abrirnos de manera más consciente a la realidad de la familia actual: una familia que está cada vez más en crisis por los ritmos exasperados de la vida cotidiana, ritmos que complican las relaciones hasta la pérdida del diálogo de pareja y llegan, en extremo, a la separación, donde los niños son las mayores víctimas inocentes.

He pensado que con la pandemia cuántas crisis aumentaron en la familia por diversas razones. Por tanto, los ejemplos son innumerables. Los conocen bien y ciertamente incluso mejor que yo. Este curso para acompañantes de parejas en crisis y separados, me ha confirmado la actualidad de la llamada de Chiara Lubich y lo urgente e importantísimo que las familias se comprometan con las familias. Familias motivadas, como ustedes, dan un ejemplo muy fuerte; su unidad – quizás reconquistada cada día - es un testimonio increíble que sana y da aliento, es un verdadero regalo para muchas otras familias y en particular para aquellas heridas por la crisis o la separación.

Quería contar una experiencia que he vivido cuando estaba en Tierra Santa, porque es importante que las familias ayuden a las familias, pero a veces también nosotros, focolarinas o focolarinos, podemos dar un aporte. Recuerdo que las familias con las que vivíamos en Tierra Santa, aunque eran hermosas familias, allí hay mucho sentido de familia–sufrían mucho por la situación externa de conflicto, guerra, odio; y sus hijos también respiraban este aire. Por tanto, las causas externas provocaban aún más crisis en las parejas, y también en las relaciones con los hijos. Nos hemos encontrado muchas veces escuchando a estas familias, animándolas.

Recuerdo que abrimos nuestra casa, el focolar, para recibirlos, invitarlos a cenar. Y he aprendido esto: que para estas familias se necesita tiempo, no puedes quedarte ahí y decir: ahora tengo otra cosa (que hacer), sino que es necesario dedicarles todo el tiempo con mucha generosidad y una atenta escucha.

Muchas veces ni siquiera teníamos las respuestas, pero acoger el dolor de aquellas familias con las que estábamos en contacto les dio al menos un poco de alivio.

Tratábamos de inventar de todo para unir a estas familias, a estas parejas. Por ejemplo, si teníamos que hacer algún trabajo en la casa, en lugar de llamar a un plomero o alguien que no conocíamos, pedíamos al esposo de una pareja: “¿Puedes arreglar esta avería en nuestra casa?”. Entonces, después de su trabajo, por la noche, venía. Y pensábamos: aunque respire este aire de familiar en el focolar, no es suficiente. Entonces, llamábamos a su esposa y le decíamos: “¿Puedes venir más tarde a recoger a tu esposo que no tiene auto?”. Entonces, ella venía. Pero esto no era suficiente, los invitamos a cenar, estábamos con ellos. Y al volver a casa hablaban entre ellos.

Estos son pequeños ejemplos para decir que seguramente también ustedes como familias pueden ayudar todavía más a estas familias que se encuentran en esta situación.

Además, quería compartir también esto.

Hace unos días participé en un curso para focolarinos y focolarinas casadas que quieran entrar en focolar. Nos hicieron muchas preguntas, muy variadas, sobre la vida de focolar, sobre la vida de pareja, etc. Una de las preguntas fue sobre el perdón y el pacto de misericordia3. Les conté algunas de mis reflexiones, que me alegra compartir con ustedes.

Decía que es fácil decir: “Nos perdonamos y volvemos a empezar”, pero no es tan automático. El pacto de misericordia, y cualquier pacto que hagas, siempre se hace entre dos personas: yo lo hago con otra persona o con Dios. Y he pensado: ¿Cómo vivo esto en mi vida? Si hago un pacto de misericordia, primero trato de perdonar a los que me han ofendido y trato de hacer toda mi parte; pero por otro lado no tengo que esperar a que el otro me perdone. Y no es tan sencillo.

Recordé que Chiara Lubich siempre nos decía que hay que amar sin esperar nada; hay que tener un amor entre nosotros tan puro que ni siquiera pretenda ser perdonados, pero que hace todo lo que está a su alcance. Y estoy realmente convencida de que el amor cristiano es un amor heroico. Hablando ahora con ustedes, me imagino lo heroico que debe ser el amor en la pareja. Y muchas veces incluso entre nosotros, cuando sientes que te han ofendido, juzgado o malinterpretado por algo que dijiste o por tu forma de comportarte, a veces incluso por la cultura que tienes o por tu carácter..., no es tan sencillo. He hecho la experiencia que ha sido necesario un poco de tiempo para aceptar el hecho de que el otro no me había entendido o no lograba aceptarme.

Una lección que he aprendido de mis experiencias personales es que a veces hay que saber esperar, porque a veces queremos que las cosas… basta, empecemos de nuevo, ¡y se acabó todo! Pero no es así; hay que tener paciencia porque cada uno de nosotros tiene sus tiempos para hacer el proceso del perdón.

He aprendido que a veces hay que permanecer en la cruz, no pretender nada y esperar a que este proceso dentro de mí se abra camino, y pedirle a Jesús que también dentro del otro se abra camino. Además, tratar de hablarnos con sinceridad, en libertad y tener la valentía de decirnos las cosas cara a cara. He visto que esto facilita el perdón, facilita el diálogo y ayuda a la reconciliación en tiempos de crisis y de conflicto.

Quiero saludarlos con este deseo de Chiara Lubich, que me comprometo a vivir con todos ustedes. “Dame, Dios mío, ser el sacramento tangible de tu amor en el mundo: para ser tus brazos, que estrechan consigo y transforman toda la soledad del mundo en amor”4.

                                                                                                                                             Margaret Karram

Texto en PDF 

  1. Maria y Gianni Salerno, responsables internacionales del Movimiento Familias Nuevas.
  2. Rocca di Papa, 19 de julio de 1967.
  3. En los primeros tiempos de los Focolares, entre Chiara Lubich y las primeras compañeras, cada noche se hacía el pacto de misericordia, es decir, verse nuevas, olvidando los defectos de las demás, cubriendo todo con el amor.
  4. Trento, 1 de septiembre de 1949.
Cara a cara con la presidente: El heroísmo del amor en la pareja  

No comment

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.