Movimiento de los Focolares

Giordani: la tarea del escritor

Feb 22, 2015

En un período en donde la libertad de prensa está en el centro de los debates en tantos países, proponemos una reflexión de Igino Giordani de 1952 sobre la tarea del escritor y de cada comunicador.

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«En un mundo racional el escritor debería situarse en el centro de la vida colectiva: como quien dirige e interpreta el alma del pueblo.

Para un grupo de personas el mundo está gobernado por la racionalidad, para otros muchos por el instinto, las pasiones irracionales: por ejemplo el miedo, y entonces el escritor se vuelve popular en la medida que capta y exacerba el instinto de la masa.

Hoy día prevalecen la técnica, la mecánica, el deporte, el cine por una parte, la demagogia, el comercio, la politiquería por otra: y el escritor –si no quiere quedarse al margen- tiene que ponerse al servicio de intereses materiales y pasionales; escribir para un periodismo que, debido a los costos enormes, a menudo se ve en la necesidad de someterse a grupos de industriales, a los partidos políticos, a las ideologías y a las profesiones que son más rentables. La libertad de prensa disminuye porque la prensa libre se disipa bajo la presión financiera; y así se reduce la libertad del escritor.

Esto puede explicar que cada vez encontremos menos al gran escritor; y ayuda a explicar por qué más de uno traslade su ejercicio a la arena política o busque salida en otros campos.

Por otra parte, si es la decadencia racional de los pueblos la que produce la disipación del escritor y su aislamiento, también es verdad que la decadencia espiritual, moral e intelectual de quien escribe aleja a los lectores. La verdad es que el escritor es la causa y el efecto de su ambiente social. Sería necesario que fuese más causa y menos efecto. Si fuese lo que tiene que ser: un maestro, o, casi diría, un apóstol o un profeta, el pueblo lo seguiría o lo lapidaría: en fin mostraría mucho interés en las manifestaciones de su espíritu. El lugar del escritor debería ser de vanguardia, casi el de un visionario, en todo caso, de alguien expuesto al riesgo.

De hecho, para realizar una misión apostólica, de formación y de elevación, el escritor corre el riesgo de quedarse pobre o de ser incomprendido.

La posición del escritor es relativa al valor del mensaje que ofrece y a la fuerza y la forma de la expresión artística con el que lo transmite.

En un mundo donde la técnica y la organización, la planificación y la centralización, la vulgaridad y la falta de libertad, han sofocado al alma humana, saturándola de ruido y de mandatos, un escritor libre que apunte a la liberación espiritual –a la redención del hombre-, ayudándolo a superar la “descompensación” entre el enorme mundo externo y el exiguo mundo interno, desarrolla una tarea aun mayor que la del estadista más en boga.

En un mundo desgastado por las rupturas y tembloroso por el miedo, explotado por el odio, una palabra de fraternidad y humanidad, es decir de caridad, dicha con claridad, belleza y potencia, consagraría a su autor por la gratitud de los pueblos, confiriéndole un lugar central en la órbita de la civilización».

(De: Igino Giordani, Il compito dello scrittore, «La Via», 2.2.1952, p. 3)

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