Movimiento de los Focolares

Lampedusa: la experiencia del compartir

Abr 29, 2011

En la emergencia en curso en Lampedusa por la ola migratoria desde el Norte de África, la pequeña y viva comunidad de los Focolares nos cuenta cómo ha vivido esta experiencia en un espíritu de donación y acogida.

Nos escriben desde la isla: “Los huéspedes llegaban empapados con el agua del mar y en su mayoría descalzos. Enseguida se estableció, entre ellos y nosotros, una relación de empatía y gratitud. Se disculpaban por todo, por el tráfico que bloquean, por las filas que crean en la panadería, en los supermercados…”.“En los últimos meses, al proseguir los desembarques, vivimos una experiencia de pueblo. Todos se dieron qué hacer con grandísima generosidad, para ayudar a estos hermanos procurándoles indumentos, alimentos, etc.”.

Se hicieron muchas experiencias: “Los días anteriores a los desembarques me habían robado la cartera con todo lo que había dentro, incluyendo el celular. Compré otro que todavía tenía en el paquete en la cartera. Un joven tunecino se dio cuenta de que su teléfono no funcionaba y me dice: “¡Mamá llora porque no tienen noticias mías!”. Pensé en el teléfono que acababa de comprar. A él le servía. Se lo di. El muchacho estaba feliz y después de poco logró hablar con su mamá”.

También los Jóvenes por un Mundo Unido, con algunas comunidades de Sicilia en colaboración con la Cáritas de Agrigento, hicieron llegar a Lampedusa, en pocos días, un conteiner con ropa y artículos de primera necesidad.

Después de este primer momento de gran dedicación, entre los habitantes empezó a entrar el desánimo, porque el 90% de la población vive del turismo: “En la certeza de que Dios no nos dejará solos, que no se dejará vencer en generosidad, tratamos de animar, de sostener a todos, de no dejarnos abrumar por la preocupaciones por el futuro…”.

El obispo de Agrigento, Mons. Montenegro, intervino, invitando a ver en estos hermanos el rostro de Jesús hambriento, forastero… Escribió al Presidente de la República y enseguida las autoridades empezaron a intervenir y en todos quedó la alegría de haber recibido mucho, más de lo que dieron. Se vivieron y se siguen viviendo con todos bellísimas experiencias: hay quien adoptó un niño por ese período, quién ofreció trabajo a jóvenes que se quedaron aquí, quien brindó su casa para una comida, una ducha, para no mencionar el dinero, alimentos… Los pescadores regalaron cajas de pescado y los huéspedes los asaban en barbacoas improvisadas.

Ahora la comunión de experiencias y de bienes materiales prosigue y se está extendiendo a toda Italia.

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