Argentina: Aprender lo social en América Latina

“El amor social nos hará creíbles.” Al calor de la novedad, la audacia y el desafío implícitos en esa frase de Chiara Lubich, pronunciada en 1984, se fundó en julio de ese mismo año la Escuela de Estudios Sociales “Igino Giordani” (EDES) en la Mariápolis de O’Higgins (Argentina). A ese primer curso le siguieron, año tras año otros doce, a través de los cuales el carisma de la unidad – la novedad del Movimiento de los Focolares –  entró de lleno en diálogo con distintas problemáticas e iniciativas en el campo social a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI).

Vittorio Sabbione y Lia Brunet, corresponsables entonces de los Focolares en Argentina, fueron los principales impulsores de este proyecto, presidido por el recordado padre-obispo Mons. Jorge Novak.

Este año, la EDES comenzó una nueva etapa: del 9 al 11 de julio,  en la Mariápolis Lia, con la presencia de 200 personas provenientes de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay, Perú y Uruguay, se afrontó el tema: «El sí del hombre a Dios en su dimensión social”.

La metodología de trabajo de la EDES sigue fiel a las notas características del carisma que la nutre. Desde la preparación el equipo de coordinación establece un estilo de trabajo comunitario: la temática que se abordará y los ejes a desarrollar se eligen juntos, a través de un diálogo profundo y enriquecedor; algunos miembros del equipo, con un grupo de colaboradores, elaboran un texto de trabajo que se analiza, confirma, corrige y transforma con todo el equipo. Algunos redactarán la versión final y alguien la presentará en la Escuela, pero la autoría del texto es indudablemente comunitaria. Así, lo fundamental resulta el ejercicio de pensar juntos con “Jesús en medio” (cf. Mt. 18,20).

Durante la Escuela, la misma dinámica se extiende a los participantes-estudiantes: una lección abierta, textos que se estudian personalmente, grupos de diálogo y comunión socializada, formulación de inquietudes, preguntas y aportes personales y grupales, plenarios de intercambio, respuestas elaboradas en forma colectiva.

En las tardes tibias y soleadas de la Mariápolis resultaba conmovedor ver pequeños grupos que, apuntes en mano, leían concentrados, intercambiaban opiniones y discutían propuestas.

Los ejes temáticos desarrollados fueron: “la socialidad desde la perspectiva de la fraternidad”, “los principios de la DSI”, “el sí del hombre a Dios en su estructura trinitaria: Jesús abandonado, la cuestión social y el mundo unido”, y “los instrumentos para hacer vida la DSI”. Un aporte sustancial fueron las intervenciones arraigadas en el magisterio de la iglesia y permeadas por el carisma de la unidad de Mons. Agustín Radrizzani, obispo de Mercedes-Luján quien preside la EDES en esta nueva etapa.

Una novedad fue la presentación de experiencias en el campo social seguidas por un análisis según las dimensiones de la unidad-fraternidad: la evolución del proyecto para construcción de viviendas en el Barrio Nueva Esperanza (Tucumán);  una desafiante labor de integración entre la parroquia del barrio San Nicolás (Córdoba) y una comunidad gitana; la sencilla e impactante opción preferencial por los pobres de una docente de Asunción (Paraguay);  la labor capilar de las “Consultorías familiares” en la diócesis de San Martín (Bs. As.); “Alerta Niño”: iniciativa ciudadana nacida del dolor, que logró una legislación para la acción del estado ante la desaparición de niños en Santa Fe, replicada luego en otras provincias argentinas; y la maravillosa historia de la escuela artesanal Aurora, de Santa María de Catamarca, pionera en el rescate de la cultura calchaquí.

“Fue una escuela de formación muy buena para poder ver y juzgar nuestra realidad con ojos nuevos y para actuar desde nuestro lugar”, dice espontáneamente un joven rosarino, y agrega: “me ayudó a discernir mi vocación, a ver que el cambio está a nuestro alcance y que podemos hacerlo juntos”. En efecto, la consistente y notoria presencia juvenil le dió a la EDES una nota vital y esperanzadora.

Paseando entre los grupos que se saludaban y despedían se palpaba un entusiasmo que hace prever un futuro rico en desarrollos y concreciones. “Sin duda el ‘clima’ creado por los organizadores, simple, de seriedad, de estudio y de invitación a vivir una sociedad nueva me permitió aprovechar las charlas, tener ganas de no perder nada”, decía una profesional con una larga trayectoria, y concluía: “me pareció buena y lograda. Los temas estaban inculturados en la realidad latinoamericana y sintonizados la DSI, particularmente con el documento de Aparecida. ¡Aprendí!”

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