En Portugal: Hagamos la diferencia

¿Quieres saber qué marca la diferencia en la vida? Basarla en la Palabra vivida. Esta podría ser la síntesis de una cita nacional que ha visto converger a más de 700 jóvenes, muchos adolescentes, desde todos los rincones de Portugal al Centro Comunitario Sra Da Boa Nova, un auditorio de reciente construcción situado en Estoril, a pocos kilómetros de Lisboa.

El día antes habían llegado también de las lejanas islas Azores y de Madeira. Los que bajan de los autobuses provenientes del norte del país revelan una cara somnolienta, dado el viaje de 4-5 horas y la madrugada para no faltar a la cita, pero cuando a las 11 se abren las puertas del auditorio explota la vivacidad típica de esta tierra: es enseguida una sala compacta, atenta, partícipe. Todos están “sincronizados”, como dice la canción de apertura.

Quien los invitó y preparó el programa, denso de aportes de todo tipo, con cantos, coreografías, testimonios, reflexiones, un trabajo desde hace meses en un período que aquí en Portugal era el más intenso de la vida universitaria, con un montón de exámenes. También por esto la sala con 700 jóvenes es algo extraordinario. Tantos de los presentes en los próximos días afrontarán algún examen, e incluso alguno decidió no presentarse con tal de asistir.

En el palco, además del conjunto, los acoge un escrito de cinco letras sobre grandes carteles: ID GEN. En la época de los mjs y de twiter, bastan pocas letras para entenderse; las cinco citadas hablan de todo un programa, y no sólo el de la jornada: identidad gen, o bien la vida, los ideales, las acciones de los gen, los jóvenes del Movimiento de los Focolares que animan la jornada.

Joao, Adrián, Tiago, Rita, Violeta, Antonio, Ana, Ricardo, Joana, Inés hablan del gusto de vivir el Evangelio en distintas circunstancias de su existencia.  Hay quien logra ir más allá de las injusticias en la universidad, quien intenta no dejarse arrastrar por la competencia en el mundo del trabajo, quien entiende que el cambio en las relaciones empieza con alguna renuncia a las propias comodidades. Efectos del amor de innumerables matices.

Violeta cuenta que vivió un período de estudio en Barcelona, donde compartió la experiencia con 18 chicas de distintas nacionalidades. Una de ellas era de Egipto, musulmana. No siempre sus costumbres son entendidas por los demás, pero para Violeta amar quiere decir hacer a los demás lo que quisiéramos que nos hicieran a nosotros”, y por esto no deja sola a su amiga en algunas situaciones que los otros lo hacen. Gestos que no quedan aislados, sino que poco a poco involucran uno, dos, tres y más colegas. Un mundo más unido y fraterno pasa también por esto.

Se habla es de un amor por el cual uno se “ensucia las manos”. Y le sucedió, en el auténtico sentido de la palabra, a Tiago quien, invitado por un sacerdote, hizo un período de voluntariado a  favor de la gente que vive en la calle. Al principio le resulta difícil estrecharles sus manos malolientes, lavar los cubiertos que usan, limpiar los baños del centro donde poco a poco empiezan a ir a bañarse. También en esta ocasión el Evangelio viene en su ayuda. “En verdad os digo, cada vez que hiciste algo a uno de estos pequeños hermanos míos a mí me lo hiciste”. No sólo mejora decididamente la situación de estas personas que redescubren su dignidad, sino que también Tiago al final de los cinco meses transcurridos con ellos puede afirmar: “Podía mirarlos como ‘profesores’ que me enseñaron a amar, a ensanchar el corazón”.

Amar, también cuando el dolor toca fuerte, como cuenta Ana Filipa en la experiencia con sus dos hermanos afectados con una distrofia muscular. Una experiencia compartida con otros gen de la ciudad hasta la muerte de uno de los dos, confirma Ricardo quien testimonia cuanto son auténticas las palabras de Chiara Lubich, en una respuesta dada en el 2000, donde explica que “el más grande dolor, si se abraza, deja en el corazón el amor”.

Y entonces, también ésta puede ser llamada la “generación del futuro”, porque al chocar con la precariedad de la vida de hoy, descubre que en este amor más grande hay una salida, que la meta de un mundo unido, lejana para muchos, está al alcance de quien ama. Pregúntenlo a Joana quien cuando era pequeña quería cambiar el mundo y ahora lo hace viviendo según el Evangelio en su trabajo en el Parlamento del país.

La presidente de los Focolares, María Voce, no quiso faltar a la cita y grabó un mensaje video para los jóvenes presentes. “Hoy han oído hablar de un sueño, un gran sueño -dijo la Presidente de los Focolares, María Voce-: el mundo unido. Se les presentó un camino para realizarlo, un estilo de vida, basado en una revolución, la revolución del amor evangélico. (…). Se ha vuelto claro para ustedes cuál es el camino que hay que recorrer, un camino que hay que emprender con valentía, sin excitación”. Si el sueño “el sueño es grande”, el camino no es fácil ni libre de obstáculos, pero de todas formas “entusiasma”, asegura María Voce y “garantiza una felicidad que ninguna otra experiencia humana, por bella que sea, por rica o grande que pudiera ser, se puede igualar”. Es de todas formas una revolución, que tiene “la garantía del éxito, porque no se basa en nosotros, se basa en la Palabra de Dios” Y es esto lo que hace la diferencia en la vida de un gen, de un joven. ¡Y no sólo!

Se concluye la jornada con una llamada telefónica entre los jóvenes y María Voce quien estaba conectada durante el programa por Internet. La presidente da a todos una cita: el Genfest en Budapest del 30 de agosto al 2 de septiembre próximos.

de Aurora Nicosia, corresponsal

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