Movimiento de los Focolares

«Petite flamme», el milagro continúa

Ago 20, 2014

Desde el tratamiento médico al vestido, hasta garantizar la instrucción y por lo tanto la posibilidad de un trabajo honesto: el proyecto Petite Flamme sigue sosteniendo la rehabilitación social de niños en situaciones de precariedad y la de sus familias.

20140820-02Un proyecto que, en la periferia de Kinshasa – capital de la República Democrática del Congo – quiere dar a los pequeños instrucción y una alimentación adecuadas, atención médica y ropa: se trata de «Petite Flamme», “pequeña llama”, que atiende a 1650 niños inscritos en 9 escuelas. «Ya son 17 años que me ocupo de este proyecto –cuenta Edi, la encargada del Movimiento de los Focolares- comenzó hace 19 años. Lo llevamos adelante gracias al Apoyo a Distancia de Familias Nuevas. Además de los niños se benefician de proyecto los profesores y sus familias, al haber encontrado un trabajo, si bien con un salario modesto, en un país con el 80% de desocupación». 20140820-03Son innumerables los ejemplos de apoyo concreto que el proyecto logra dar. «Por ejemplo –prosigue Edi- una muchacha madre que estaba en dificultad ha logrado obtener un diploma de costurera, pudiendo ahora alimentar a su niño y a sí misma. O también, un muchacho huérfano que será el primero en obtener la Licenciatura en Matemáticas e Informática en la Universidad de Kinshasa». En «Petite Flamme» además se acoge a niños ciegos que realizan un programa de formación específica. Además una vez que acaban sus estudios,  a los muchachos se les dan también los medios: las jóvenes que han conseguido un diploma de modista, por ejemplo, han podido llevarse a casa una máquina de coser para iniciar su propia actividad profesional. «Los niños ciegos, reciben una formación musical especial – explica Edi – y reciben como regalo una guitarra clásica. Durante la fiesta de despedida un muchacho ciego deleitó a todos con una canción compuesta por ellos, en la cual agradecen a sus padres por haberlos criado así a pesar de todas las dificultades que esto comporta, en un país pobre». Además, son conmovedores algunos testimonios: «En Kinshasa, ciudad de casi 12 millones de habitantes, existe sólo un centro para personas con discapacidad – nos cuenta Edi -. Una de nuestras colaboradoras, acudiendo allí para realizar algunas sesiones de fisioterapia, encontró a un muchacho con el uniforme escolar, con una grave minusvalía. “¿Quién será?”, se preguntaba. “A pesar de su dificultad, se distinguía entre todos los pacientes, parecía feliz”. La t-shirt del Genfest de Budapest que la colaboradora llevaba puesta le dio la ocasión para hacer amistad, pues el muchacho conocía el Movimiento de los Focolares. Y la colaboradora comentaba: «Finalmente he conocido personalmente a Jonathan – así se llama el joven – que ahora va a la escuela de refuerzo “Petite Flamme”. El muchacho, tiempo atrás, vivía en la miseria más absoluta, por lo que le habíamos conseguido un colchón para que pudiera vivir en casa de un tío. El aprovechamiento escolar ha mejorado, así como sus condiciones físicas, gracias a la fisioterapia. Jonathan al final de este año escolar pudo rendir un examen que le permitió pasar a la escuela secundaria». Son muy fuertes también los testimonios de algunas chicas que asisten a la escuela: «El sufrimiento me había obligado a conseguir dinero de forma deshonesta – cuenta una de ellas -, y muy pronto quedé encinta. El nacimiento de mi hija Jordan aumentó mi dolor, porque desde entonces éramos dos las que necesitábamos ayuda. Pero un día el responsable del grupo de base de la Iglesia católica de la Marina «Baramato» me ha hecho entrar en «Petite Flamme». Me daba vergüenza vestirme todavía con el uniforme de la escuela, pero me impresionó el amor de nuestros profesores. Se identificaron conmigo, a pesar de mi bajo nivel escolar. Y así he hecho también yo con mi pequeña Jordan. Ahora me interesan mucho todas las lecciones: quisiera continuar formándome hasta el final y mi sueño es llegar a ser una buena modista».

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