Movimiento de los Focolares

«Quédate con nosotros, porque atardece» (Lc 24, 29).

Abr 1, 2026

Palabra de Vida - Abril 2026

La carretera que lleva al pueblo de Emaús nos habla de un camino que recorrieron dos discípulos de Jesús. Desencantados de los sueños, los proyectos y los momentos fuertes de los días transcurridos con el Maestro, vuelven a casa para reanudar la vida que habían dejado, la de antes del encuentro con Él. Habían transcurrido apenas tres días desde su crucifixión, y la desilusión, el miedo y las dudas reinaban entre sus seguidores.

Se alejaban de Jerusalén, del sueño no realizado, distanciándose de Cristo y de su mensaje, tristes porque en cierto modo ya habían tomado la decisión de abandonar el proyecto que los había llevado a seguirlo.

Es la historia de todos nosotros cuando nos desencantamos de situaciones que nos plantean tomar una decisión en las encrucijadas, y en muchos casos nos parece que la solución de volver atrás, renunciar y resignarnos es la única respuesta a nuestro malestar.

«¿A quien de nosotros no le resulta familiar la posada de Emaús? ¿Quién no ha recorrido ese camino una tarde en que todo parecía perdido? Cristo había muerto en nosotros… Ya no había ningún Jesús en la tierra»[1].

«Quédate con nosotros, porque atardece».

Durante el camino, un desconocido se une a los dos y parece ignorar los acontecimientos que acaban de ocurrir. Comienza a hacer preguntas precisas, las cuales desatan toda la amargura y el desaliento. Primero los escucha, y luego comienza a explicar las Escrituras: es todo un diálogo, un encuentro que deja huella; de modo que, aunque aún no han reconocido a Jesús, le ruegan que se quede con ellos porque cae la tarde [2].

Esta es quizá una de las oraciones más bellas que encontramos en el Evangelio. Es la primera oración que se eleva de los discípulos al Resucitado, y es conmovedora esta invitación que todos podemos dirigirle para que Él se quede con nosotros y entre nosotros.

Los ojos de los dos discípulos se abrirán al partir el pan, y la alegría de haberlo reconocido por fin los animará a volver a Jerusalén para anunciar a sus amigos el evento de la resurrección.

«Quédate con nosotros, porque atardece».

«Quizá nada mejor que estas palabras explica la experiencia de vivir con Jesús en medio, que las focolarinas hicimos desde el principio –escribe Chiara Lubich–.

Jesús es siempre Jesús, y aunque esté presente solo espiritualmente, cuando está, explica las Escrituras y arde en el corazón su caridad: la vida. Cuando lo hemos conocido, nos lleva a decir con infinita nostalgia: “Quédate con nosotros, Señor, porque atardece”; sin ti es noche oscura […]»[3].

La noche es símbolo de las tinieblas, de lo desconocido, de la falta de esa luz que no somos capaces de encontrar porque no creemos en su presencia, que sigue acompañándonos siempre.

La noche es la que envuelve a nuestro planeta, herido y ultrajado por luchas fratricidas, por guerras que siguen siendo organizadas por la ambición de poder y de dinero.

La noche es la que viven millones de personas que ya no tienen voz para gritar las injusticias y los abusos.

Y nosotros ¿cómo podemos darnos cuenta de la presencia de Jesús, que no siempre se manifiesta según nuestras expectativas? ¿Cómo entender que Él camina con nosotros y trata de hacer que reconozcamos los signos de su presencia? Y sobre todo, ¿cómo crear las condiciones para que se manifieste y se quede con nosotros?

Son preguntas a las que quizá no siempre sepamos dar respuesta, pero que nos piden que no dejemos de buscar a Jesús, que concentremos la mirada en un compañero de viaje al que muchas veces no vemos, que reconozcamos a Aquel que puede hacerse presente si vivimos entre nosotros el amor mutuo.

El camino de Emaús es símbolo de todos nuestros caminos, es el camino del encuentro con el Señor, es el camino que nos devuelve la alegría del corazón, que nos lleva de nuevo a la comunidad para dar testimonio juntos de que Cristo ha resucitado.

Patrizia Mazzola y el equipo de la Palabra de vida

Foto: ©Pexels-Tom Fisk


[1] François Mauriac, Vita di Gesù, Mondadori, Milano, 1950, p. 156.

[2] Cfr. Lc 24, 17-29.

[3] Chiara Lubich, Scritti Spirituali/3, Città Nuova, Roma 1979, p. 67.

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Suscríbete a la Newsletter

Pensamiento del día

Artículos relacionados

35 años de EdC: un camino de regeneración

35 años de EdC: un camino de regeneración

Encuentro, celebración y compromiso: así se vivió el aniversario de los 35 años de la Economía de Comunión. Celebrando el camino recorrido para renovar juntos el compromiso de seguir construyendo una economía más humana y regenerativa.

Una herencia preciosa: el Paraíso ’49 de Chiara Lubich

Una herencia preciosa: el Paraíso ’49 de Chiara Lubich

El 22 de mayo de 2026, en la Sala Pablo VI de la Pontificia Universidad Lateranense de Roma, tuvo lugar la primera presentación del libro «Paraíso ‘49» de Chiara Lubich, una recopilación de escritos a través de los que la fundadora del Movimiento de los Focolares da testimonio y comparte su experiencia mística vivida entre 1949 y 1951.

Chiara Lubich: ¿Sabes dónde estamos?

Chiara Lubich: ¿Sabes dónde estamos?

Es el 16 de julio de 1949. Chiara Lubich se encuentra en Tonadico, en las Dolomitas, al norte de Italia, para pasar unos días de descanso junto con algunos de los primeros compañeros y compañeras. Allí se les une el diputado Igino Giordani, a quien Chiara llamaba Foco. Ese día, Chiara y Foco sellan un Pacto de Unidad, preludio de la experiencia espiritual y mística que Chiara vivirá entre 1949 y 1951. Un período conocido como «Paraíso ‘49», cuyos textos se han publicado recientemente en un volumen. En la introducción al mismo, el teólogo Piero Coda ofrece algunas reflexiones «Para una lectura teológica» del texto. Publicamos un extracto, relacionado precisamente con el Pacto del 16 de julio, junto con un breve vídeo de Chiara Lubich del 20 de diciembre de 1999, en el que cuenta a los Gen, los jóvenes de los Focolares, esta experiencia de luz.