Movimiento de los Focolares

Un abrazo planetario

Jul 31, 2014

La semana pasada nos dejó Roberto Del Giudice. A su alrededor, una cadena de corazones en todo el mundo vivió una extraordinaria historia: florecimiento de vida, de capacidad de escucha, momentos de comunidad, de comunión.

2014_07_roberto“Siempre en alto” y “siempre para adelante”, parecía decir Roberto con el pulgar y el índice de la mano. Este fue el último gesto de Roberto, símbolo de su última aventura en esta tierra, antes de deslizarse dulcemente el jueves 24 de julio en los brazos del Padre. Martes 6 de mayo. Roberto y su esposa Federica, ya tienen comprados los pasajes para un viaje a París, pero ese día tienen que correr a la Emergencia del hospital, pues Roberto advierte  algunos síntomas dolorosos. Nada les hace presentir que sea algo grave. Pero el sábado 10 de mayo, el resultado de la Tomografía Computarizada manifiesta una enfermedad sin ninguna esperanza de curación. Desde hacía algún tiempo Roberto compartía su vida con los voluntarios del Movimiento de los Focolares, personas que libremente eligen a Dios y se comprometen a vivir el Evangelio en el campo social. Una experiencia de fe, de unidad y de amor mutuo. El ideal de la unidad fue potenciando lo que él ya era: un hombre que amaba con libertad, meticuloso, creativo, generoso. Peppe, su amigo y también él voluntario, ese día estaba con ellos. Como médico, fue el primero en tener el resultado del estudio en sus manos. Hay dos modos de jugar este partido: desesperarse o lograr leerlo como un signo del Amor del Padre. Recordando lo que Chiara Lubich contaba de Santa Teresita, le dice a Roberto, que cuando tuvo el flujo de sangre no dijo que era tuberculosis, sino que dijo que había llegado el Esposo:Bueno Robi, ¡llega Jesús! ¡Empieza un partido entre tú y El!”. Roberto sabía bien lo que significa la enfermedad, y en especial ésta. Conoce el sufrimiento, el tener que consumirse, porque ya lo había vivido en su familia. Volviendo a casa, consciente de la situación, Roberto tiene un momento de rebeldía. Pero dura pocos minutos. Federica lo encuentra sereno, radiante. Le dice: “¿Sabes? Estoy preparado”. Incluso en el sufrimiento, la adhesión incondicional a los planes de Dios, a veces misteriosos, genera en su casa una realidad profunda, casi alegre. Quien va a su casa con la intención de consolar, sale en cambio consolado. Todo se da vuelta. Los planes humanos “se esfuman”, y entre éstos, sobre todo, el proyecto de adoptar a dos hermanitos, se transforman en incienso, oración, ofrecimiento. Durante la primera serie de quimioterapia, para darle ánimo, Federica crea un grupo en Whatsapp, y enseguida en Facebook nace el “abrazo planetario”, una familia de personas que quieren sostenerlo y expresarle su afecto, que comparten los pequeños y grandes hechos de la vida cotidiana. Desde Brasil a África, a Suecia… Son los amigos que Roberto y Federica conocieron durante sus numerosos viajes, con la mochila al hombro, queriendo así  saciar su sed de amistad, con espíritu de verdadera hermandad. “¡Gracias! ¡Cuánto amor me tiene Dios, ustedes y mucha gente!. ¡No imaginaba que pudiese ocurrir esta explosión de unidad!, exclama un día Roberto. En las últimas semanas, como en la montaña, comienza el tramo de subida más arduo. Sus ojos son trozos de cielo, que revelan el encanto y el abandono en los planes de Dios. Roberto expresa salud, no la salud del cuerpo, que poco a poco va decayendo, sino la del espíritu, que se va elevando. Hay un gran esfuerzo, un sufrimiento muy agudo, pero nunca la oscuridad. La noche del miércoles, Robi le dice a Federica: “Debes estar serena, porque yo estoy sereno”. De un testimonio en el funeral: «Una extraordinaria normalidad envuelve sus últimas horas. Alrededor de su cama, junto con Federica, rezamos, cantamos, escuchamos los Nómades, también comimos un plato de pasta. Llegan los Chicos por la Unidad, por quienes Roberto tiene un especial afecto. Le traen su agradecimiento. Mientras su respiración se hace cada vez más dificultosa, aún en el dolor profundo de la separación, nos damos cuenta de que su alma está por despegar el vuelo, y vemos con nuestros ojos que la muerte es sólo un pasaje de la vida terrena a la Vida que no termina nunca. Vivir “siempre para adelante y siempre en alto” es ahora el modo de decirle nuestro gracias».

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