Por primera vez la cita mundial de los dirigentes de los Focolares no se ha realizado en una única sesión, sino en tres segmentos de 10 días cada uno, subdividiendo de forma imaginaria el planeta en tres macro-áreas: Américas y Oceanía; Asia, África y Medio Oriente; Europa. Tres eventos que se han llevado a cabo en fechas sucesivas y con el mismo contenido, de los que han participado, además de los dos delegados de la zona, los responsables de algunas naciones o territorios y algún consejero de los aspectos concretos. Han estado presentes unas noventa personas en cada turno, hombres y mujeres que representaban a las innumerables comunidades que están diseminadas en el planeta, para llevarle el espíritu de la unidad. Los recibió la presidente Maria Voce quien subrayó la riqueza de estos momentos de cosecha, gratos a Dios por la vida que ha generado el carisma de Chiara Lubich. Y fue ella quien anunció el tema espiritual elegido para este encuentro y para el año que se abre: el misterio de Jesús abandonado, llave para realizar la unidad. «Jesús vino a la tierra – recordó la presidente– para cargarse todos los dolores de la humanidad y para que estemos seguros de que, con Él, es posible pasar de la cruz a la resurrección».
Durante el intenso trabajo de los tres turnos, se vivieron momentos de mucha comunión. Empezó con las instancias de un mundo “joven” – las Américas y Oceanía – que tiende con fuerza al desarrollo social y tecnológico, pero con muchas exigencias también espirituales, sobre todo en América Latina, mientras que las otras regiones necesitan desarrollar nuevas estrategias para crecer también en los valores. «Pero no se trata – subraya Ray Asprer – de definirlas sentados en el escritorio, sino que hay que desarrollar la conciencia de que será el Espíritu Santo el que sugerirá el aporte que la sociedad actual espera del carisma de la unidad». «En Oceanía – añade Vania Cheng – tenemos que acercarnos más a los pueblos aborígenes y enfrentar el desafío de la secularización. Empezamos por aquí para seguir sembrando con coraje, con la convicción de que el Evangelio se difunde por sí mismo». «Si bien los desafíos no faltan – afirma Gabriela Melo por América Latina – nuestras comunidades viven la comunión y la reciprocidad. Y esto hace que crezca la confianza de que el objetivo de alcanzar un mundo unido no es una utopía».
Ha sido muy significativo también el encuentro de las tres macro-regiones de África, Asia y Oriente Medio, cada una envestida por problemas de todo tipo – sobre todo en Oriente Medio – donde se vive un drama que parece no tener solución. Justamente aquí, en la tierra donde Jesús vivió, emerge con fuerza la necesidad, además de sostener a las poblaciones, de difundir la “cultura de la resurrección”. «Por lo que se refiere a África – cuenta Joseph Assouad – se ha puesto de manifiesto el gran valor de la inculturación. Cada pueblo ha realizado un largo camino para descubrir la Verdad y nosotros, yendo allí, ¡no debemos creer que construiremos desde cero!». Mientras que Roberto Catalano, hablando del continente asiático, afirmó que tiene mucho que decir al mundo sobre el aspecto social y político, y subraya la importancia del diálogo interreligioso en las diferentes áreas asiáticas y también del aporte que da la escuela sobre las grandes religiones nacida en Filipinas, por obra de los Focolares. 
Dar prioridad a lo esencial
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