Movimiento de los Focolares

16 de julio de 1949

Jul 15, 2018

Una fecha importante para el Movimiento de los Focolares. Chiara Lubich, 29 años, e Igino Giordani, diputado, realizan un “pacto di unidad” que inaugura un período de iluminaciones especiales. Una descripción de lo que sucedió ese día, en la pluma de un conocido periodista italiano.

Al comienzo del período de mayores iluminaciones [de Chiara Lubich] podemos ponerle una fecha: el 16 de julio. En efecto, ese día llegó a Tonadico (en las montañas de la zona de Trento, en el Norte de Italia, ndr) Igino Giordani. Se alojaba en el Hotel Orsinger, y tenía que dar una conferencia en la sala de los padres capuchinos. Giordani, «enamorado de Santa Catalina», siempre había buscado una virgen a la cual seguir. Seguro de que la había encontrado en Chiara, le propuso hacerle un voto de obediencia, pensando que de esa manera obedecería a Dios. Agregó que se iban a poder hacer santos juntos, como San Francisco de Sales y Juana de Chantal. Chiara no entendía: el Movimiento no existía, no se hablaba de votos; y además, percibía que ella había nacido para el «que todos sean uno». Estaba tentada de no darle importancia a ese deseo, pero tuvo la impresión de que una gracia era al origen de esas palabras, una gracia que no podía perderse. Le dijo entonces: «Tú conoces mi vida, yo no soy nada. De hecho, quiero vivir como Jesús Abandonado que se anuló completamente. Tú tampoco eres nada porque vives de la misma manera. Pues bien, mañana iremos a la iglesia y a Jesús Eucaristía que estará en mi corazón, como en un cáliz vacío, le diré: “Sobre la nada de mí, haz tú un pacto de unidad con Jesús Eucaristía en el corazón de Foco. Y tú, Jesús, haz que nazca ese vínculo que tú crees debe nacer”. Y tú, Foco, haz lo mismo». Hicieron así. Giordani, de allí, se dirigió hacia la sala en la que debía hablar, mientras que Chiara se sintió impulsada a volver a la iglesia. Delante del tabernáculo, se dispuso a rezarle a Jesús, pero en ese momento sintió que no lo podía hacer, sintió que estaba totalmente identificada con el hijo. Sintió que sus labios pronunciaban una palabra: «Padre». Entendió que su vida religiosa debía ser distinta a la que había vivido hasta ese momento: no dirigida a Jesús, sino al lado de Jesús, Hermano, dirigida al Padre.   Armando Torno, “PortarTi il mondo fra le braccia. Vita di Chiara Lubich”, Città Nuova, Roma, 2011. Cit. pp. 45-46.

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