Movimiento de los Focolares

Obispos: Dios cercano al hombre

Benedicto XVI en la audiencia del 9 de febrero los saludó con alegría: “Estoy contento de esta oportunidad que se les ofrece para confrontar experiencias eclesiales de distintas zonas del mundo, mi augurio es que estas jornadas de oración y de reflexión puedan dar frutos abundantes para sus comunidades”.

Sus reflexiones se desarrollaron “siguiendo la estela de Chiara Lubich” – como dijo en la introducción el Card. Miloslav Vlk, moderador del congreso- quien está en profunda sintonía con el carisma del obispo” y prosiguió: “Se trata de saber acoger el Amor de Dios que quiere el bien de la humanidad estando cerca de cada hombre”.

“La espiritualidad de comunión, eco del Concilio Vaticano II que está todo centrado en la Iglesia como misterio de comunión… es llevada adelante por el Movimiento de los Focolares en forma carismática” subrayó el Card. Marc Quellet Prefecto de la Congregación para los Obispos.

Ante los retos que se le presentan a la Iglesia hoy, en especial en países de antigua tradición cristiana, pero también en muchas otras partes del globo, los obispos han querido dar voz a nuevas respuestas que el que el Espíritu Santo ha suscitado en los últimos años, como la comunión y la colaboración entre carismas antiguos y nuevos, el diálogo ecuménico e interreligioso, el diálogo con la así llamada cultura laica.

El Card. Gianfranco Ravasi, Presidente del Consejo Pontificio para la Cultura, puso en evidencia el pasaje de una sociedad multicultural a una intercultural que sabe integrar las distintas culturas y credos, como demuestra la experiencia recién iniciada con el  ”Atrio de los Gentiles”, expresión acuñada por Benedicto XVI en referencia al diálogo entre fe y cultura. La mesa redonda que antecedió su intervención , reflejando esta interculturalidad, puso en relación las varias dinámicas presentes en nuestra sociedad, observadas desde el punto de vista de la economía (Prof. Stefano Zamagni), de la mística (Padre Fabio Ciardi), de las relaciones sociales (Profa. Vera Araujo) y de las relaciones internacionales (Prof. Vincenzo Buonomo).

El línea con el argumento del congreso, María Voce, Presidente del Movimiento de los Focolares, centró su intervención en el tema: “Los designios de Dios en el pensamiento y en la vida de Chiara Lubich”.

Como clausura del congreso 25 obispos fueron, el sábado 12 y el domingo 13 de febrero a la ciudadela internacional de los Focolares, en Loppiano (en las cercanías de Florencia), que con sus 900 habitantes da testimonio de que una sociedad guiada por el Evangelio es posible. Entre las distintas citas, tuvo lugar el encuentro con el Instituto Universitario “Sophia”, cuyos cursos interdisciplinarios ya van por el tercer año.

1956: He visto Tierra Santa

1956: He visto Tierra Santa

La piedra perforada – – Cuando desde la azulísima costa del golfo de Beirut, contemplaba la ciudad sobre las colinas sembradas de millares de casitas, y reanudamos el vuelo hacia el mar para elevarnos y poder atravesar, al volver, los primeros montes de Palestina, yo no creía que Jerusalén y los Santos Lugares iban a incidir de este modo en mi espíritu (…).

Siete días duró mi estadía en Palestina.

No recuerdo el itinerario de las visitas, pero los lugares los tengo profundamente grabados: Betfagé, el Gallicantus, la escalera de piedra del testamento de Jesús, el Getsemaní, la fortaleza Antonia, donde Pilatos expuso a Jesús al público diciendo: “¡Aquí tienen al hombre1”, el lugar de la Asunción de la Virgen; el lugar de la Ascensión, encerrado en un “kiosco”; después Betania y el camino que va de Jerusalén a Jericó, mencionado en la parábola del Buen Samaritano; después Belén… Toda una serie de nombres dulcísimos, que ni la vida ni la muerte lograrán borrar. Entrada la noche, levantando los ojos al cielo, bañado de estrellas cargadas de luz, cielos que en Italia ni se pueden soñar, sentí una extraña y lógica afinidad entre este firmamento y aquellos lugares (…).

Una vieja calle de Jerusalén, en subida, de unos tres metros de ancho, donde resuenan los gritos de los mercaderes que, a diestra y siniestra venden sus mercancías. Gente que va y que viene entre codazos, llevando vestidos muy variados de oriente y de occidente.

Subimos, y a lo largo de ese bazar –como lo llaman los habitantes- cada tanto nos indican una puerta que no se sabe si pertenece a una casa o a una iglesia: “Esta es una estación, aquí está la tercera, aquí está la cuarta… Aquí Jesús encontró a María, aquí al Cirineo…” Esta calle es la del Via Crucis, la que Jesús hizo entonces.

Algunos metros más arriba nos anuncian: “Estamos en el sepulcro: aquí, en esta Iglesia, sostenida por una armazón fortísima, antiestética, está lo más sagrario que pueda imaginarse: el Calvario y el sepulcro”.

En el alma una sensación viva de dolor, casi de impotencia. Entramos y subimos por una escalerita muy estrecha, con el mármol gastado por los millones de peregrinos que han pasado, y nos encontramos ante un altar en el que podrían celebrar también los greco-ortodoxos y los armenios.

El guía nos muestra a través del cristal, que custodia la roca, un hueco, y dice: “En este orificio fue colocada la cruz”.

Inadvertidamente, sin decírnoslo, nos encontramos todos de rodillas.

Yo, por mi cuenta, tuve un momento de recogimiento.

En este orificio fue colocada la cruz… la primera cruz

Si no hubiese existido esa primera cruz, la vida de millones de cristianos que siguen a Jesús llevando su cruz, mis dolores, los dolores de millones de personas, no habrían tenido un nombre, no habrían tenido significado. Él, que fue levantado como un malhechor, dio valor y razón al mar de angustia que afecta, y en el que a veces está sumergida la humanidad, y con frecuencia, cada hombre.

No le dije nada a Jesús en ese momento. Hablaba aquella piedra perforada.

Sólo añadí, como un niño estático: “Aquí Jesús, quiero plantar, una vez más mi cruz, nuestras cruces, las cruces de cuantos te conocen y de cuantos no te conocen”.

Fragmentos extraídos de Escritos Espirituales 1 “El atractivo del tiempo moderno” – Ed. Ciudad Nueva, 1995

1956: He visto Tierra Santa

Viaje a Tierra Santa/1

Es el encuentro con algunos representantes de los distintos Movimientos Eclesiales presentes en Jerusalén. Aquí donde la Gran Historia ha conocido un nuevo inicio, también la pequeña “his-toria santa” de cada grupo busca su espacio y su camino especí-fico.

Los presentes eran un centenar, en una sala de la Custodia de Tierra Santa, enseguida detrás de la Puerta Nueva. Chemin Neuf, Béatitudes y Emmanuel de Francia; Cançao nova, Hijos de María, Obra de María y Comunidad Shalom de Brasil; Reg-num Christi de México; Asociación Juan XXIII, Comunión y Liberación y Focolares, de Italia (pero con dimensión interna-cional) cuentan con sencillez su propia aventura, cada una su-mamente original y al mismo tiempo muy sencilla y parecida a las demás. En la práctica casi todos estos caminos se ocupan de la acogida: reciben a los peregrinos y se encargan de dar a conocer Tierra Santa y sus tesoros (también sus dimensiones ecuménica e interreligiosa), favorecen el turismo a los lugares santos. Después numerosos Movimientos y comunidades se han especializado en la evangelización a través de los medios. Las actividades comunes, de dos o más comunidades juntas, aquí no son una excepción.

Como todo lo que se refiere a la cristiandad, aquí en Jerusalén este encuentro no tiene tanto dimensiones cuantitativas, sino cualitativas. Lo que se evidencia es la calidad de las relaciones. “Es quizás una tarea de los Movimientos y de las nuevas comu-nidades la de llevar a la Iglesia Católica y más ampliamente a la cristiandad la única primacía del Evangelio, el amor”, explica una joven de la comunidad de Chemin Neuf.

En este lugar hay Movimientos presentes desde hace décadas, otros en cambio han llegado desde hace pocos meses. Convivencia y fraternidad: estas son las características de la cita, iniciada por María Voce contando sencillamente su experiencia.

En el curso de un franco diálogo con los presentes, María Voce delineó sobre todo el sentido del diálogo entre los Movimientos y nuevas comunidades: “Aquí me encuentro delante de personas y grupos que quieren dar testimonio de ese amor recíproco que construye la Iglesia”.

En especial, respondiendo a una pregunta de un representante de Comunión y Liberación, dijo: “Ciertamente después de la vigilia de Pentecostés 1998”, en la Plaza San Pedro, convocada por Juan Pablo II, “nos sentimos interconectados, unidos por el llamado del Papa que invocaba el Espíritu Santo. Desde ese momento Chiara Lubich advirtió en el Papa el deseo de que entre los Movimientos hubiese mayor comunión”. Para favorecer “esa presencia carismática que es co-esencial a la dimensión petrina”. Así, desde entonces “donde está el Movimiento de los Focolares está también este deseo de unidad entre los Movimientos y nuevas comunidades”. Cada uno con su propio carisma, “que es complementario al de los demás. La comunión no es uniformi-dad… Si nuestro carisma es más bello, al final la Iglesia será más bella, porque los carismas son dones que se han de ofrecer recíprocamente”.

“¿Cómo vivir el diálogo ecuménico e interreligioso en Tierra Santa?”, preguntó una joven brasileña. “El diálogo es un estilo de vida –respondió María Voce-, más que algo que se hace. Es ponerse delante del otro estando en el amor”. Amando desinteresadamente, siempre, de primeros, a todos, también a los otros cristianos, también a los fieles de otras religiones. “El diálogo para nosotros siempre ha sido un diálogo entre personas, no entre ideologías o religiones… Porque en todos los hombres de la Tierra está el amor”. Después “la unidad viene de Dios, el cual a los hombres sólo les pidió que se amaran”.

de Michele Zanzucchi