Movimiento de los Focolares
Los jóvenes de los Focolares cuentan de sí mismas

Los jóvenes de los Focolares cuentan de sí mismas

20161117-20_CGGN2_Castelgandolfo_232«A los seis años perdí a mi padre quien murió en guerra – cuenta Ivona, de Croacia –. Éste fue el periodo más difícil de mi vida, que me llevó a encerrarme en mi misma. En 2003 conocí el Movimiento de los Focolares y experimenté la atmósfera de alegría, el amor, y encontré la fuerza para afrontar todo y amar la vida aun cuando es difícil. A los 13 años, el día antes de Fin de año, me desmayé y terminé hospitalizada. Mientras esperaba los resultados de los análisis, con mi sorpresa encontré una pequeña camándula en mi mano. Ahora, pensando en ese hecho, creo que fue un signo de Dios para prepararme a lo que viviría. Me diagnosticaron una forma emotiva de epilepsia debida al shock que viví cuando murió mi padre. Durante dos meses mis noches pasaron entre lágrimas. Una noche, mientras rezaba el rosario, sentí que no estaba sola, que Jesús entendía mi dolor. En ese momento comprendí el significado de las palabras de Chiara Lubich cuando habla de Jesús en el momento de su abandono en la cruz: «…Lo suyo es mío y nada más. Es suyo el Dolor universal y por lo tanto, mío… Lo que me hace daño es mío… Mío el dolor de las almas a mi lado (ése es mi Jesús)”. Desde ese momento seguí adelante en la vida con paz y alegría, pero sobre todo viví con Jesús. A través de la enfermedad, experimenté que Jesús abandonado ilumina toda oscuridad – como dice Chiara  – y acompaña cada soledad mía. Acepté mi enfermedad y me siento amada por Él». Congresso Gen 2«Me llamo Zin, de Myanmar, y soy una Gen budista. Desde septiembre me encuentro en la Escuela Gen de Montet, en Suiza. Cuando digo que soy budista, la gente me pregunta cómo es vivir con las otras Gen que son todas cristianas. Para mí es fácil aceptar que seguimos distintas religiones. Sólo cuando las otras Gen rezan o van a misa, me doy cuenta que soy distinta de ellas. Por lo demás somos iguales, como hermanas que viven en la misma casa. Nos gusta amarnos recíprocamente según lo que cada una entiende por Amor: en el budismo es sobre todo compasión, amabilidad y olvido de sí mismos. Para los cristianos es ‘amor al prójimo’, ‘al enemigo’, ‘el amor recíproco’, ‘a Jesús abandonado’. Aun constatando la diversidad en nuestra forma de manifestar el amor, “siendo el amor” como meta común, experimentamos la unidad». «Soy Lilia Mayrleny, de la etnia Maya Kaqchikel de Guatemala, originaria del pueblo de Patzun. Soy maestra de educación infantil intercultural bilingüe Kaqchikel (mi lengua madre) y español (mi segunda lengua). Mi país es multicultural y multilingüistico. Multicultural porque está constituido por cuatro culturas: Maya, Garifuna, Xinca y ladino; y multilingüistico porque se hablan 22 idiomas maya. Conocí el Movimiento de los Focolares cuando era pequeña, en los encuentros Gen 4. Trato de llevar el ideal de la unidad en la vida cotidiana. Estudio en la Universidad gracias a mis padres, quienes viven conmigo la espiritualidad del Focolar. Ellos me han sostenido para seguir mis estudios. Ésta es una gran conquista, porque no todas las mujeres de mi comunidad pueden seguir los estudios, por la cultura machista que existe. Para nosotros de cultura Maya son importantes la verdad, la lealtad, el respeto y el amor. En algunos momentos me sentí muy sola y sin respuestas a mis “¿por qué?”. Sin embargo, tratando de vivir el Evangelio, descubrí que el dolor, las tristezas, las decepciones, las dudas, las situaciones imprevistas o de debilidad, las pruebas de la vida, incluso el engaño, son todos matices del dolor que Jesús sufrió en cruz abandonado. Cuando logro reconocerlo y amarlo, las situaciones difíciles se transforman y en mí nace la paz».

Familia: de Italia a Honduras

Familia: de Italia a Honduras

20141105-04Fiorella: «Enseguida descubrí que Andrés era ateo y muy popular entre las chicas. Me sentía atraída por él, pero no quería ser una entre tantas. En mi corazón decidí que un tipo así era mejor olvidarlo, pero luego, en la discoteca, caí entre sus brazos». Andrés:» Realmente Fiorella era una entre tantas. Antes de decirle, sorprendido de mí mismo, que tal vez hubiera podido incluso considerar que estaba con ella porque la quería, pasaron dos años». Fiorella: «Yo era consciente de que esa relación no llevaba a ningún lado. No había diálogo, ni hacíamos proyectos. Me había vuelto la sombra de Andrés, ya sin personalidad ni sueños. Decepcionada, decidí dejarlo. Para evadir la realidad cambié trabajo y ciudad, pero después de un tiempo me sentí sola y llena de tristeza. Una mañana, casi desesperada, me encontré ante la puerta de una iglesita para ‘gritar’ mi ‘por qué’ a ese Dios que hacía tiempo había dejado. Una vez terminado el contrato laboral, volví a la casa de mis padres. Algunos días después, una amiga que hacía mucho que no veía, me habló de Dios y me invitó a una convivencia de algunos días con personas que se comprometían a vivir el Evangelio. Entrando en la sala, quedé impactada por una frase del escenario: Dios es amor. Me pregunté cómo Dios podía amar a una como yo: maquillaje pesado, tacón 12, pelo rojo fuego. Sin embargo, desde el primer día advertí su presencia. Descubrí que había encontrado lo que desde siempre buscaba y corrí a vaciar mis miserias en el confesionario con el propósito de poner en práctica el Evangelio. Después de aquella mi primer “Mariápolis”, la Eucaristía se volvió mi fuerza vital». Andrés: «Fiorella cambió. Ahora hablaba, pero lo peor –según mi punto de vista de entonces– era que hablaba de Dios. Queriendo ser tolerante decidí no dejarla, pero estaba celoso de ese Dios que me la estaba robando. Me asombraba su serenidad, su alegría de vivir, su manera nueva de quererme que me llenaba el corazón. Empezamos a intercambiarnos opiniones, valorando las exigencias interiores del uno y del otro. ¿Y si fuera verdad que la amo? Sorprendido de mí mismo, llegué a pedirle matrimonio, aceptando que nos casáramos por la iglesia. Después del matrimonio, un accidente laboral me obligó a estar inmóvil. La única novedad eran las visitas de aquellas familias que Fiorella había empezado a frecuentar. Apenas pude, fui a la casa de una de ellas para comprender los motivos de tanto interés hacia mí. Hablamos de todo, también de la fe, hasta las tres de la mañana. Estaba fascinado. «¡Éstos son tipos serios! –me dije a mí mismo-, yo también quiero vivir como ellos, yo también quiero ser el primero en amar». Un sábado vi el lavadero de la cocina lleno de platos. Fiorella estaba trabajando. Para que los vecinos no me vieran, cerré las persianas y empecé a ordenar todo, para decirle todo mi amor con los hechos. Intenté también planchar, aunque me demoré unas dos horas con una sola camisa. Y mientras estaba haciendo todo esto, advertí que en mí afloraba una certeza: Dios existe, Dios es Amor. Junto con la fe, nació en mí también la necesidad de orar. Se lo dije a Fiorella, proponiéndole que lo hiciéramos juntos. Con un poco de vergüenza, con las luces apagadas, cada uno a un lado de la cama, esa misma noche oramos juntos por primera vez». 20141105-03 Fiorella: «Después de doce años de logros, de derrotas, de recomenzar y de mucha alegría por el amor nuevo que iba creciendo entre nosotros, y por el nacimiento de nuestros dos hijos María Giovanna e Iván, recibimos la propuesta de trasladarnos a Honduras para sostener la naciente comunidad de los Focolares. Jesús nos pedía que lo siguiéramos como familia a Él solo, dejando concretamente casa, trabajo, parientes. En Tegucigalpa nos esperaba un mundo para nosotros desconocido: con costumbres, idioma y cultura diferentes. Y con la difícil realidad del pueblo hondureño que cada día tgolpeaba a nuestra puerta». Andrés: «Aprendimos el ‘hacerse uno más profundo’, sumergiéndonos en sus vidas en una fuerte experiencia de inculturación. Los frutos de evangelización son innumerables: vocaciones, matrimonios regularizados, familias que se recompusieron, regresos a Dios, pasos de fraternidad entre personas de varios estratos sociales. Después de ocho años, dejamos una comunidad construída paso a paso sobre el amor concreto que tratamos de donar, involucrando también a nuestros hijos que, mientras tanto, ya eran tres. De hecho, mientras estábamos en Honduras, nació Juan Diego, al que le pusimos este nombre en honor del santo al que se le apareció la Virgen de Guadalupe. A ella le seguimos confiando ese pueblo tan generoso que nos cambió la vida».

Argelia: fidelidad en el amor

Argelia: fidelidad en el amor

Christian de Charge.jpg1Hace algunos días, me encontré con una carta del P. Christian de Chergé, de quien el año pasado recordamos el 20º aniversario de su fallecimiento. Christian era el Prior de la comunidad de trapenses del Monasterio Nuestra Señora del Atlas de Tibhirine (a 90 Km de Argelia). En 1996, él y otros 6 monjes fueron secuestrados y posteriormente asesinados. El 1º de agosto fue asesinado Mons. Pierre Claverie, Obispo de Orán. Se estaba viviendo la “década negra”, como acostumbraban llamar a la guerra civil que estalló en los años ’90. Los monjes eran de origen francés y como todos los “extranjeros” estaban puestos “en la mira” por los “hermanos de la montaña”, como se le llamaba a los guerrilleros que habían tomado las armas en consecuencia a la anulación de las elecciones de 1992. El Frente Islámico de Salvación, partido político que fue disuelta más adelante por considerarse fuera de la ley, estuvo por vencer aquéllas elecciones. Frecuentemente vuelvo a ver con el pensamiento sus rostros sonrientes, durante los momentos que vivimos juntos. Todos participaban de  la vocación particular de la Iglesia de ese país, al cual se sentían enviados para testimoniar el Evangelio estando al servicio de ese pueblo. Una  iglesia sencilla, pobre, pero su testimonio brilla en el corazón de muchos amigos, en su mayoría musulmanes. Ya, en Argelia el 99,99% de la población profesa el Islam. La Iglesia es “Iglesia para un pueblo, una Iglesia del Encuentro”, según la expresión del Arzobispo de Argelia, Mons. Paul Desfarges. Volviendo a la carta del 3 de diciembre de 1994, me parece que reencuentro a Christian o a alguno de los monjes en nuestro focolar de Tlemcen, donde solían pasar la noche, para retomar después el viaje hacia el Monasterio que estaban fundando en Féz, en Marruecos. Veladas de coloquios intensos, alegría de reencontrarnos, de sentirnos hermanos y de sentirnos comprendidos en este recíproco compromiso hacia el pueblo que nos alojaba. Teníamos vocaciones distintas, pero nuestros corazones latían al unísono. TNX-13263-martiriNos alentábamos a ir adelante dentro de ese clima de peligro en el que se vivía. Se había corrido la voz de una eventual salida momentánea de los miembros del focolar de Tlemcen, que posteriormente no se verificó. Y Christian nos escribía:  «Todos pensábamos que ustedes se iban a quedar el mayor tiempo posible entre nosotros dando testimonio de una convivencia ofrecida, de una comunión de vida sin fronteras, de una apertura familiar que permite al corazón vibrar al unísono más allá de las barreras que existen por la distinta creencia religiosa. Ustedes encarnan  el mensaje del Evangelio y grabaron profundamente este mensaje entre nosotros. Y nosotros gozamos con ustedes por este “de más” de humanidad que su Carisma da a nuestra Iglesia. Era hermoso reencontrarnos con ustedes en su “focolar”. Muchos monjes pudieron gozar de su caluroso recibimiento cuando pasaban para ir a Fez. A todos les quedó el sabor de …. gustar más! (…). En estos tiempos, todos tenemos necesidad de contar con este “fuego” mantenido vivo en la comunidad. Hará un poco de frío en Navidad si ustedes no están más aquí. (…). Nuestras vidas están en las manos de Dios… y nuestros motivos para quedarnos se identifican con los que nos hicieron vivir aquí. (…). Para ustedes, como para nosotros, la situación no cambia nada. Otra vez GRACIAS a cada uno y toda nuestra comunión fraterna de hoy y de siempre. Christian». Se habló del coraje de quedarse..., pero para personas como nosotros que vivíamos desde adentro esa experiencia dura, hablaría más bien del valor de ser fieles a un llamado y el deseo de compartirlo con una parte de humanidad de la cual éramos ya integrantes. Una fidelidad de amor. En los corazones de todos los que conocían a los monjes, Mons. Claverie y las otras hermanas y religiosas asesinadas en esos años en Argelia, continúan hablándonos de Evangelio vivido y de amistades profundas con un pueblo que se había convertido en el propio. Giorgio Antoniazzi

Chiara Lubich en la Iglesia de la Memoria

Chiara Lubich en la Iglesia de la Memoria

1653Del 1 de noviembre al 13 de diciembre de 1998, Chiara Lubich realizó un viaje a Alemania, con significativas etapas en Aquisgrán, Münstertal, Augsburgo y Berlín, donde fue invitada por la comunidad evangélica. Proponemos algunos fragmentos de su intervención, el 19 de noviembre en Berlín en la Iglesia de la Memoria, en los que indica la ley del amor como el mejor camino que conduce a la unidad de los cristianos y hacia el diálogo con los creyentes.

«(…) El hecho es que, si nosotros cristianos, ahora, en el alba del tercer milenio, damos nuevamente una mirada a nuestra historia de 2000 años y en particular a la del segundo milenio, no podemos dejar de permanecer todavía desconsolados al constatar cómo ésta ha sido a menudo un sucederse de incomprensiones, de luchas. Y éstas han roto en muchos puntos la túnica indivisible de Cristo, que es su Iglesia.  ¿Culpa de quién? Ciertamente de circunstancias históricas, culturales, políticas, geográficas, sociales… Pero también por la  disminución entre los cristianos de ese elemento unificador típico de ellos: el amor. Es así. Y entonces, para poder intentar remediar hoy tanto mal, debemos tener presente el principio de nuestra fe común: Dios Amor que nos llama también a nosotros a amar. En estos tiempos, es precisamente Dios Amor quien, en cierto modo, nuevamente debe volver a revelarse también a las Iglesias que componemos. De hecho, no podemos pensar en amar a los demás si no nos sentimos profundamente amados, si no está viva en todos nosotros, los cristianos, la certeza de que Dios  nos ama. Y Él no sólo nos ama como cristianos singularmente, nos ama también como Iglesia; y ama la Iglesia por cómo se ha comportado en la historia según el designio que Dios tenía sobre ella, pero también – y aquí está la maravilla de la misericordia de Dios – la ama aunque no haya correspondido, permitiendo la división, pero sólo si trata de restablecer ahora la plena comunión con las demás Iglesias. Esta convicción tan consoladora es la que ha hecho que Juan Pablo II, confiando en Aquél que saca del mal el bien, a la pregunta: «¿Por qué el Espíritu Santo ha permitido todas estas divisiones?», aun admitiendo que haya podido ser por nuestros pecados, ha añadido: «¿No podría ser (…) que las divisiones hayan sido (…) un camino que ha conducido y conduce a que la Iglesia descubra las múltiples riquezas contenidas en el Evangelio de Cristo? Quizás, de otro modo – continúa diciendo el Papa – tales riquezas no se habrían podido poner de relieve…» Por lo tanto, creer que Dios es Amor también para la Iglesia. Pero, si Dios nos ama, nosotros no podemos permanecer inertes frente a tan divina benevolencia; como verdaderos hijos debemos corresponder a su amor también como Iglesia. Cada Iglesia a lo largo de los siglos, en cierto modo, se ha petrificado en sí misma por las oleadas de indiferencia, de incomprensión, incluso de odio recíproco. Por eso hace falta en cada una un suplemento de amor; más aún, sería necesario que la cristiandad fuese invadida por un torrente de amor. Amor hacia las otras Iglesias, por tanto, y amor recíproco entre las Iglesias, ese amor que lleva a que cada una sea un don para las otras, puesto que se puede prever que en la Iglesia del futuro la verdad será una y una sola, pero expresada de maneras distintas, observada desde distintas perspectivas, embellecida por muchas interpretaciones. No es que una Iglesia u otra deberá «morir» (como alguien quizá pueda pensar), sino que cada una deberá renacer nueva en la unidad. Y vivir en la Iglesia futura en plena comunión será una realidad maravillosa, fascinante como un milagro, que suscitará la atención y el interés del mundo entero». Leer más Centro Chiara Lubich  

Gen3 de Rumania: Dios tiene un plan sobre nosotros

Gen3 de Rumania: Dios tiene un plan sobre nosotros

IMG-20161229-WA0000-1024x768Acompañados por algunos de sus asistentes, 13 gen3 se dirigen hacia el congreso que los espera en la ciudadela Faro de los Focolares, en Krizevci, norte de Croacia. Durante el viaje se respira una atmósfera de gran serenidad y expectativa. El tema del congreso, ya lo saben, será comprometedor y desafiante: Jesús Abandonado. Se hablará del dolor, del sufrimiento, de la clave para saberlo leer y vivir, en un mundo de jóvenes que busca sólo bienestar y falsas felicidades. El viaje es largo, de Rumania el bus entra a Hungría. Al atardecer, algunos de los chicos se quedan dormidos. De golpe se oye un fuerte sonido de claxon y, en medio de una espesa neblina, aparece la imagen frontal de un enorme camión antes del espantoso impacto entre los dos vehículos. Teia, Adelin, Delia, Eve, Bea, Iulian y todos los demás chicos están vivos. Pero el shock es grande. “El primer auto que se detuvo en seguida después del accidente – cuenta Rozi, un asistente – era el de los primeros auxilios. Acababa de terminar su turno y estaba volviendo a la base. ¿Cómo no leer en esto un signo del amor de Dios? Los policías se portaron súper con nosotros: nos acogieron en la sala más grande de su cuartel hasta que llegó otra buseta para recogernos. Decían que difícilmente se sale vivos de choques de este tipo… luego nos brindaron pizza y dulces». Una vez llegados al hospital, los chicos son separados en las distintas unidades. Bea: “En ese momento nos sentimos perdidos, no entendíamos el húngaro, estábamos asustados y solos, no comprendíamos lo que estaba pasando y cómo teníamos que contestar a lo que nos preguntaban los médicos. Cada uno de nosotros, aislado de los demás, estaba solo, como Jesús Abandonado. Fue como encontrarlo y vivirlo”. Eve: “Más tarde llegaron unas personas para ayudarnos a traducir. Una focolarina de Rumania hubiera tenido que llegar a Hungría el día anterior, pero había perdido el bus. Cuando supo del accidente, estaba cerca de la ciudad en la que nos encontrábamos. El chofer propuso a los demás pasajeros que no hicieran otras paradas para llevarla directamente al hospital y así permitirle ayudarnos lo más pronto posible. Ella nos dijo que ahí entendió por qué había perdido el bus el día anterior”. IMG-20161229-WA0001-1024x768Rozi: “Los médicos nos dijeron que teníamos que quedar en el hospital para hacer más exámenes. Empecé a llamar a los padres de los chicos. Muchos de ellos se encontraban a 15 horas de distancia del hospital. Además los gen 3 seguían pidiéndome que retomáramos el viaje hacia el congreso. Al final logramos obtener el permiso de dejar el hospital, con la firma de los padres, y sin tener que afrontar ningún gasto”. Delia: “A ese punto teníamos dudas con respecto a la continuación de nuestro viaje, pero entendimos que todas las cosas preciosas tienen un costo”. Algunos días después, siete chicos, en representación del grupo, llegan a la ciudadela Faro. La experiencia de dolor y miedo, pero también de intensa unidad vivida entre ellos, muestra cómo el tema tratado en el congreso, ya se ha transformado en realidad para ellos. Cuenta Iulian: “El accidente nos hizo entender que vale la pena abandonarse totalmente en las manos de Dios, cualquier cosa nos pase en la vida. ¡Jesús Abandonado nos une de una manera increíble! Nos quedamos con vida porque Dios tiene un plan sobre nosotros: nos espera una aventura divina”. Por Chiara Favotti