Movimiento de los Focolares

Una luz para Milán

Mar 23, 2010

El repaso de “la herencia de Chiara Lubich” desde la ciudad de San Ambrosio a dos años de su fallecimiento

Milán se concentra alrededor del recuerdo de Chiara Lubich, su ciudadana honoraria en el 2004. Y lo hace en un momento difícil para la ciudad lombarda. El 17 de marzo, a dos años del fallecimiento de la fundadora del Movimiento de los Focolares (14 de marzo 2008), se llevó a cabo en la prestigiosa Sala “Alessi” del Palacio Marino, un congreso con el título: “Semillas de fraternidad para un mundo más unido”.

Fueron la alcaldesa Letizia Moratti y el consejo comunal quienes acogieron a los huéspedes y relatores. “En el compromiso internacional de Chiara Lubich – dijo la alcaldesa – hay algo que Milán siente muy cercano. La conciencia de que el diálogo y el encuentro entre culturas diversas son suficientes, para superar las incomprensiones entre los pueblos; que los valores de la solidaridad y la comunión son las bases sobre las cuales se ha de construir un futuro de paz. Su camino es el ejemplo de cómo el amor al prójimo puede dar un sentido concreto a la actividad humana”. Son muchos hoy en Milán los que sienten la urgencia de un mensaje nuevo y de esperanza.

Mons. Gianni Zappa, de la arquidiócesis de Milán, quiso poner en evidencia la importancia del diálogo en la espiritualidad de Chiara, mientras que el Prof. Stefano Zamagni mostró cómo el principio de la fraternidad es algo que rompe esquemas tradicionales de conflicto político y económico.

María Voce, presidente del Movimiento de los Focolares, tuvo a su cargo las palabras conclusivas del congreso. “Me parece que Chiara había identificado casi una vocación específica de esta bella ciudad, la vocación al bien, al amor, al arte de amar, y que la realización de este proyecto es para Milán una meta por perseguir con cada compromiso para no traicionar ese designio que Dios ha pensado para ella. Acoger la herencia de Chiara, continuar su vida, como queremos hacer, significa también hacer nuestro este compromiso y ofrecer la disponibilidad total de las personas del Movimiento que viven aquí”.

El día siguiente, en la Basílica de San Ambrosio, corazón de la Iglesia Ambrosiana, el arzobispo de Milán, el Card. Dionigi Tettamanzi, presidió la Santa Misa para agradecer al Señor – dijo – por el gran don hecho a la Iglesia y a la sociedad con la vida santa de Chiara. La basílica estaba repleta por la numerosa comunidad de los Focolares presente en la ciudad, pero también por muchos amigos y personas que se identifican de algún modo con el sueño de Chiara de construir la fraternidad universal: políticos, exponentes del mundo empresarial, representantes de Movimientos eclesiales y hermanos de otras Iglesias.

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