Movimiento de los Focolares

Filipinas: la historia de Marinova

Feb 5, 2016

Una conmovedora historia de conversión: Marinova cuenta como la experiencia con la Eucaristía la liberó del odio que atrapaba su vida. El relato hecho al Congreso Eucarístico Internacional. #IEC2016

Marinova-01Del 24 al 31 de enero pasado, se desarrolló en Cebú, Filipinas, el 51° Congreso Eucarístico Internacional. El equipo de las redes sociales fue a buscar las historias más significativas para contarlas a través de la página Facebook (IEC2016SocialMedia). Entre ellas, la experiencia de Marinova, focolarina de Cebú. «Tenía tan solo once años cuando un gran dolor irrumpió en nuestra casa. Mi padre fue asesinado por un grupo de personas muy influyentes y no se hizo justicia porque éramos pobres. Nuestros abuelos nos recordaron que la verdadera justicia se encuentra sólo en Dios. Gracias a su ayuda, logré terminar la universidad y en seguida encontré un trabajo. Sostenía a la familia trabajando duro con tal de ayudar a mi madre. Para llevar adelante todo, pedí muchos préstamos a los usureros. Por todas estas dificultades, nació en mi corazón un profundo odio hacia las personas que habían asesinado a mi padre. Ellos eran la causa de todos los sufrimientos de nuestra vida. Luego estudié derecho, con el deseo de obtener justicia por la muerte de mi padre. Sin embargo Dios tenía otro plan para mí. Una de mis colegas, una joven de los Focolares, me invitó a un encuentro organizado por este Movimiento eclesial, cuya finalidad es la de realizar la oración que Jesús dirigió al Padre: «Que todos sean uno» y contribuir a la unidad de la familia humana traduciendo en práctica el Evangelio. En mi vida una nueva aventura estaba a punto de comenzar. También yo empecé a poner en práctica las palabras de Jesús. Él dijo: “A quien me ama, me manifestaré”; “Todo lo que hiciste al más pequeño, a mí me lo hiciste”. Me volví adicta a esta nueva droga: el AMOR… Encontré la esencia y el verdadero significado de mi vida y por primera vez sentí que Jesús en la Eucaristía era la fuente de todo esto. Un día le pedí a Jesús que me enseñara a vivir concretamente su palabra: “Amen a sus enemigos” porque sentía que todavía me envolvía el odio hacia las personas que habían asesinado a mi padre. Al día siguiente, en el trabajo, por pura casualidad, encontré al jefe del grupo. Espontáneamente lo saludé con una sonrisa y le pregunté cómo estaban todos los de su familia. Me di cuenta que mi saludo lo había dejado desconcertado. Yo lo estaba aún más. Poco a poco sentí que en mi interior el odio se estaba disolviendo, transformándose en amor. Pero ese era sólo el primer paso: ¡el amor es creativo! Sentía que cada miembro del grupo tenía que experimentar nuestro perdón. Fui a visitarlos con uno de mis hermanos, tratando de restablecer nuestra relación y de hacerles entender que Dios los ama. Hasta el punto de que uno de ellos pidió perdón por lo que hizo y pedía oraciones por su familia y por su salud. Tenía la certeza de que esta experiencia de perdón y de sanación se cimentaba en el poder transformador de Jesús en la Eucaristía».  

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