Movimiento de los Focolares

Ana y la cruz de Hugo

Oct 21, 2018

En el Sínodo de los jóvenes el testimonio de Ana, joven española, durante el encuentro-fiesta con el Papa Francisco y los padres sinodales, el pasado 6 de octubre.

Ana tiene 19 años, vive en España. Empieza su relato, sin timidez, mientras camina por el palco del Aula Pablo VI. «Para conocer mejor el sector socio-sanitario, a principios de marzo fui al hospital de mi ciudad», cuenta. En el hospital, fue acogida por un trabajador social, quien en lugar de hacerle muchos  discursos, le prestó una bata de enfermera, le puso en las manos una historia clínica y la acompañó a la habitación de su paciente: «Cuando entré y lo vi sentí que un escalofrío me recorría el cuerpo. Tuve que salir un momento para respirar profundamente». En la cama, había un chico un poco mayor que ella, enfermo terminal de cáncer. Ana se animó y regresó a la habitación: «¿Cómo estás?». Él la miró sorprendido y le hizo repetir la pregunta. «Antes que nada me presento –le respondió–, estoy aquí hace dos meses, tengo un osteosarcoma, me queda poco tiempo de vida y siento que lo estoy perdiendo todo: la familia, el trabajo, mi novia. La vida ya no tiene sentido». Ana quedó en shock. Millones de emociones y pensamientos pasaron por su corazón y su mente. Sin embargo, intentó entablar una conversación y contarle algo de ella y de su vida. Después de algunos minutos de silencio, el chico le preguntó: «¿Tú crees en Dios?». Una vez más tomó a Ana por sorpresa, pero le respondió que sí. «Yo, en cambio no, porque me abandonó –agregó él–, porque en pocos meses me quitará la vida. Me ha dejado muy solo». La joven andaluza se encomendó a Dios antes de replicar: «Lo que estás sintiendo ahora tiene un nombre, es ‘Jesús abandonado’. Dios no te ha abandonado. Sigue estando a tu lado más que nunca. Te está poniendo a prueba, y con lo que vives te hace una pregunta, a la cual quizás todavía no has respondido: “¿Eres capaz de seguirme también en el dolor más grande?”. Él eligió esta cruz para ti, por una razón, porque quiere que tú seas testigo de su amor. Quiere hacerte santo. Tú puedes ser santo si aceptas y acoges este dolor, si lo tomas como algo que viene de Dios y no como algo tuyo. Después sin pensar, empiezas a amar a las personas que tienes a tu alrededor, a tus padres, a tu novia, a tus amigos. Hazles ver que no le temes a la muerte porque has encontrado algo precioso que te ayuda a vivir momento por momento, sin pensar en qué será de ti mañana». «A través del trabajador social supe que algunos días después de mi visita, su salud empeoró –cuenta Ana– y que pidió recibir la unción de los enfermos, para poder irse en paz. Tiempo después, recibí esta carta…». En el palco del Aula Pablo VI un joven actor le prestó su voz a Hugo: «Hola Ana, te cuento algo de mí. Estos días han sido difíciles porque el cáncer ha avanzado velozmente, estoy más cansado, más débil, pero esas son las ocasiones en las que puedo amar más. Han sido jornadas difíciles porque he visto la muerte cada vez más cercana y esto me asustaba un poco, pero cuando sucedía, recordaba que no es la muerte quien llama, sino Dios: me llama a ir con Él al Paraíso, y esto me da la fuerza de sonreír, de amar. Ya me queda poco tiempo aquí, Ana, pero tengo que decirte que ahora no tengo miedo porque sé que estaré bien. Gracias por haberme sacado de ese hueco profundo, por haberme escuchado, pero sobre todo, gracias por haber devuelto a Dios a mi vida. Quiero que ahora tú vivas por ambos, que tú te diviertas por ambos y que realices todos tus sueños. Yo siempre estaré a tu lado y, desde el Paraíso, me haré cargo de ti todos los días, seré como tu pequeño ángel de la guarda. Le di al trabajador social una cruz para que te la entregue de mi parte. La llevo desde cuando hice la Primera Comunión, pero quiero que tú la tengas para que, cuando la mires, recuerdes que ésta es la Cruz que Dios ha querido para ti y que hay que llevarla con alegría y amando siempre. Te espero en el Paraíso, Ana». Tamara Pastorelli Fuente: www.cittanuova.it

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