Movimiento de los Focolares

La tragedia del Volcán del Fuego

Las imágenes que llegan desde Guatemala son impresionantes. Las últimas noticias hablan de casi 200 personas desaparecidas, 3.000 personas desplazadas y por lo menos 75 muertos por la erupción del Volcán del Fuego. Ocurrió el 3 de junio pasado y significó una trágica sorpresa para los habitantes de los pueblos limitrófes. Un balance que, según lo que transmiten las autoridades civiles, irá lamentablemente, incrementándose. La catástrofe, asociada por muchos a la de Pompeya, ocurrida en el año 79 d.C., resulta de tal magnitud que hace que el trabajo de los socorristas sea muy difícil. La búsqueda de los cuerpos continúa sin interrupción, bajo grandes cantidades de lava y cenizas. El Volcán del Fuego (a 3.763 metros) se encuentra a 40 kilómetros al suroeste de la ciudad de Guatemala. Según los vulcanólogos, es la erupción más grande registrada en el país en los últimos 40 años y forma parte del período de mayor actividad volcánica que comenzó en los últimos 15 años. El Papa Francisco expresó su “cercanía y consuelo hacia los familiares de las víctimas, dolor por el imprevisto desastre natural, oraciones por todos los que fueron dramáticamente dañados y agradecimiento hacia todos los que trabajan como socorristas».

Entre los jóvenes de la calle

En el Focolar de Ciudad de México, la “Iglesia en salida” que el Papa Francisco tanto desea, tiene su voz y rostro en Reina Cruz, salvadoreña, animadora de una comunidad que comparte la Palabra de Vida en situaciones difíciles, a pocos quilómetros de la capital mexicana. En el grupo que ella formó para que la acompañe en esta actividad, hay también algunos que despachan y consumen droga. Las focolarinas llevan la voz del Papa a las periferias, como él con frecuencia exhorta a que se haga, yendo a los barrios suburbanos difíciles, pobres, poblados por millones de personas, que, gracias a ellos, por primera vez pueden escuchar una página del Evangelio. No es fácil, confiesa Reina, «pero ir a un contexto en el que jóvenes de 13-14 años viven prácticamente sin familiares, nos hace comprender que debemos llevar por lo menos, nuestra presencia. Un acompañamiento que se extiende a las zonas más lejanas, como la visita a los “Misioneros Xaverianos”, presentes en la selva de Santa Cruz, visitas intensificadas en Semana Santa y en Pascua. La catequesis y la ayuda material crearon un fecundo clima comunitario en las parroquias que visitamos» En estos ángulos de la Tierra, a menudo olvidados, las chicas presentaron la espiritualidad del Focolar, muy difundida ya en ciento ochenta y dos países del mundo, con centros en ochenta y siete naciones, también en México, y en ciento diez miel miembros. Con la óptica de acompañar a los hermanos, característica del Movimiento fundado por Chiara Lubich (que con la visita del 10 de mayo del Papa Francisco a Loppiano , se siente muy alentado a continuar el camino iniciado por la Sierva de Dios), los grupos mexicanos se insertaron en diversas experiencias sociales. «Con otras once personas – relata Reina- vamos a visitar Santiago de Anaya, Actopan, en el Estado de Hidalgo, en el corazón de México». Sin esperar nada como cambio, ni siquiera el interés por su espiritualidad, comenzaron un camino con los Padres Misioneros del Verbo Divino. Su único objetivo es el de ofrecer puntos para la reflexión comunitaria en la vida cotidiana: la palabra de Dios y sus consecuencias en la vida gracias a las parejas de laicos comprometidos. El fenómeno del despacho y consumo de droga entre los adolescentes ha alertado a los miembros del Focolar, empujándolos a escuchar las terribles experiencias y compartiendo el mensaje evangélico también con los jóvenes que viven aislados en las calles. «El 6 de mayo, por ejemplo, se acercaron dos jovencitas, de 14 y 17 años, para contarles, entre lágrimas, el crecimiento del consumo de droga entre sus amigos». La joven de 17 años había sido echada de la casa por su mamá, recuerda Reina, y la chica estaba desesperada por la ruptura de su vínculo con su madre. ¿Qué hacer? ¿Cómo ayudar? Recibir los problemas de las heridas familiares es parte de la tarea de acompañamiento que viven los seguidores de Chiara Lubich. Desafíos cada vez mayores que describen una sociedad con valores cada vez más frágiles, vínculos familiares débiles y muchas veces ausentes. De este modo, su presencia permanece frecuentemente como el único punto de referencia para personas que, en el momento de su crecimiento, necesitan un “mástil”, al cual aferrarse para no arriesgarse a ahogarse en la droga o en la desesperación. Aquí está la importancia de saber escuchar, explican al Focolar de Ciudad de México, proponer la oración, y realizar encuentros de espiritualidad para que renueven su vida de unidad con Dios. El objetivo es la unidad y el diálogo con los sacerdotes del lugar para trabajar juntos, evitando las fracturas y apuntando a proyectos de desarrollo, como la Economía de Comunión, posibilidades para salir de la pobreza y caminar hacia la dignidad. Un viaje que hay que emprender en compañía de la Virgen María, una Madre que no abandona a sus propios hijos «ni siquiera a los que están más solos» Fuente: Osservatore Romano http://www.osservatoreromano.va/vaticanresources/pdf/QUO_2018_119_2705.pdf

Nuevo Rector de la Pontificia Univ. Lateranense

Nuevo Rector de la Pontificia Univ. Lateranense

Gran satisfacción también en el Instituto Universitario Sophia de Loppiano. El nuevo rector de la Pontificia Universidad Lateranense (PUL), que acaba de ser nombrado por el Papa Francisco, es también “visiting professor” del Instituto Universitario. Vincenzo Buonomo, jurista e internacionalista se ha convertido, desde el 1° de Julio, en el primer laico en la conducción de esa universidad pontificia, siendo el sucesor del obispo Enrico dal Covolo. Nacido en 1961, casado y con dos hijos, Buonomo tiene un vínculo de muchos años con esa Universidad, primero como estudiante, con un doctorado en Utroque Iure, luego se especializó en Derecho Internacional, con un Diploma de Preparación a la Carrera Diplomática; y luego como docente desde 1984, obeniendo el cargo de Profesor Ordinario en 2001. Decano de la facultad de Derecho Civil, desde 2006 hasta 2012, es actualmente coordinador de los Doctorados de la misma Facultad. En 2007 Buonomo desempeñó el cargo de jefe de la Oficina de la Representación de la Santa Sede ante Organizaciones y Organismos de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (Fao, Ifad, Pam), con las cuales empezó a colaborar en 1983. Desde 2000 hasta 2005 fue, además, consultor de la Comisión para el diálogo con los musulmanes del Pontificio Consejo para el diálogo interreligioso. Desde 2014, es consejero del Estado de la Ciudad del Vaticano.

Evangelio vivido: Bienaventurados los constructores de paz

La torta No siempre todo es fácil en la familia. Cuando menos te lo esperas, puede estallar una discusión. El fin de semana pasado fuimos a visitar una familia. Mi esposa había pasado todo el día en la cocina preparando una torta. Estábamos en el auto, casi por llegar, cuando me di cuenta, demasiado tarde, que tenía que girar. Frené bruscamente y la torta terminó en el suelo. Se encendió una discusión. Quería argumentar que ese no era el lugar apropiado para llevar una torta, que se podía caer, como de hecho había sucedido. Pero me detuve y pedí disculpas. Poco a poco la tensión bajó. Cuando llegamos donde nuestros amigos, sin traer nada y sucios de torta, la armonía ya había regresado. Enrique – España Un hermano desafortunado Acababa de bajar del tren cuando me embistió un chico de color, al que estaban persiguiendo tres hombres que gritaban: «¡Es un ladrón, deténganlo!». Los tres lo alcanzaron y empezaron a golpearlo. Viendo la escena me precipité y me puse como escudo: era un chico, que podía tener dieciséis años. Hecho un puño, en el piso, trataba de explicar, con su pobre italiano, que había robado porque había días que no comía. A la policía, que llegó mientras tanto, le explicó que había huido del Congo, y era el único sobreviviente del exterminio de su familia. Obtuve el permiso para acompañarlo al hospital. «Tú me salvaste la vida, ¡tú eres mi mamá italiana!», me decía a lo largo del camino. El diagnóstico fue un trauma craneal y tres costillas rotas. Era necesario internarlo. Como estaba desprovisto de la ropa apropiada, fui a comprársela. Al regresar, alguien me preguntó por qué me prodigaba tanto por un desconocido, que además era un ladronzuelo. Respondí: «Soy cristiana, es mi deber ayudar al hermano menos afortunado». Anna Maria – Italia Bendición negada Había concluido su existencia del modo más triste y vergonzoso, después de una noche pasada entre alcohol y prostitutas. No sólo: la noche antes de morir se había llevado a su hijo quinceañero y lo había conducido a ese mondo que solía frecuentar para “enseñarle a ser hombre”. Fui llamado para bendecir sus restos. Respondí que no se merecía la bendición de la Iglesia. Me parecía que haciendo así estaba defendiendo la justicia, y estaba dando un buen ejemplo. Pero después ya no tuve paz. Pensaba en la viuda, en los hijos. Les había negado un poco de consuelo, había condenado a un prójimo que conocía sólo por la historia exterior, convirtiéndome en su juez, en lugar de Dios. Después de una noche sin dormir, me decidí. Fui a visitar a la viuda y a los hijos de ese hombre, para pedirles perdón y ponernos de acuerdo para la misa en sufragio de su ser querido. Quizás este gesto les dio un poco de paz. E. P. – Italia Nariz aguileña Entre nosotras chicas hablamos mucho de lo que forma parte de nuestra vida, de cómo vestirnos, maquillarnos y demás. Un día una de ella se me burló de mí, haciendo notar mi nariz aguileña. Estalló una carcajada general. Me fui desesperada y por varios días estuve de mal humor. En casa mis padres me veían en ese estado sin poder hacer nada. Una noche, mi hermana me invitó a participar con ella en un grupo que ponía como base de cada acción el Evangelio. La acompañé. Me pareció que estaba entrando en otro mundo, donde lo que contaba eran las cosas realmente valiosas y no necedades como la nariz o el vestido. A partir de entonces siento una gran paz dentro de mí. Ahora me siento realmente yo misma. G. K.. – Polonia

Un huésped excepcional

Un huésped excepcional

«El flujo de emigrantes en la frontera crece cada hora. La crisis económica, que coloca de rodillas al país , une en el dolor tanto al que permanece como al que decide escapar». En las palabras de Silvano Roggero, venezolano, hijo de italianos, se percibe el drama que vive todo un pueblo.  Desde hace tres años está en el focolar de Lima, Perú. «Los países vecinos, con la generosidad típica de estas tierras, a pesar de las enormes dificultades provocadas por el ingreso imprevisto e inesperado de centenares de millares de personas, tratan de ofrecerles acogida. Soy testigo directo de uno de tantos dramas que hoy está viviendo la “humanidad de la periferia”. Justo ayer me escribió la directora de una escuela de la península de Paraguaná, del norte de Venezuela. Hay un insólito movimiento en la secretaría, varios papás se han presentado para retirar a sus hijos. ¡Se ven obligados a irse!». Es un éxodo de proporciones bíblicas, causado por una crisis económica y social gravísima, que está transformando la misma fisionomía de Venezuela. La inflación está por las nubes y escasean dramáticamente la comida, las medicinas y la materia prima. «Desde el pasado mes de diciembre, también Ofelia y Armando, de la comunidad de los Focolares de Valencia (la tercera ciudad de Venezuela), llegaron a Lima. Antes administraban un prescolar. Con Ofelia cultivamos un sueño: encontrar un local en el cual ofrecer una primera acogida a los migrantes que llegan, después de un viaje por tierra de más o menos siete días. ¡Se habla de alrededor de 300 mil venezolanos que han llegado a Perú en el último año y medio! Con Ofelia –prosigue Silvano- organizamos una cena de acogida en el focolar para un pequeño grupo de venezolanos. Algunos ya conocían el Movimiento, pero había quien no conocía nada de nuestro grupo. Los huéspedes llegaron desde distintos puntos de la ciudad, desde tan lejos como una hora o dos. Todavía no se orientan muy bien en esta metrópolis de casi diez millones de habitantes». Parece una gota en el mar, pero el deseo es el de recibirlos como si fuera Jesús personalmente quien se presentaba a la puerta. «Como podemos imaginar, frente a sus difíciles situaciones, no teníamos soluciones “preconstituidas”. Ni siquiera sabíamos por donde empezar, pero, eso sí, podíamos ofrecerles una comida caliente y ¡escucharlos! A uno de ellos lo habían robado: hábiles rapiñeros le sacaron de la mochila el celular y todo lo que tenía para sobrevivir. Otro no sabía qué documentos había que presentar para obtener el permiso de estadía. Ofelia, ya conocedora de los trámites, habiendo ya hecho el trámite completo, ofreció su experiencia. Otro contó que había encontrado un trabajito, a más de dos horas de distancia, por 10 euros al día (pero existen algunos que están dispuestos a trabajar aunque sea por 4 euros). Alguno tenía un “curriculum” demasiado excelente y por esta razón, no era considerado, por el temor de que quisiera sacarle el puesto de trabajo al responsable de turno. Pero, lo que más nos ha conmovido, fue compartir las historias, ver las fotos y escuchar a cada uno hablando de su propia familia». «Para todos, la primera necesidad ahora es la de encontrar un trabajo. No les importa si duermen en el suelo, sin colchón o si comen poco. El sueño más grande es el de mandar de vez en cuando a la casa unos veinte euros. Nos pusimos de acuerdo para permanecer vinculados entre nosotros. Al focolar había llegado hacía poco, de una colecta hecha por la comunidad, que llamamos “montañita”, una pequeña cantidad y dos chaquetas abrigadas. Fueron providenciales, porque está por comenzar la estación del frío. Repartimos todo. Cuatro horas después, mientras estábamos por levantarnos de la mesa, llegó un nuevo SOS, esta vez provenía de una persona que vive en las Islas Canarias. “Once jóvenes se habían encaminado a pie, desde Venezuela, directamente a Lima. Estaban desesperados, sin plata y sin teléfonos, tenían sólo lo que llevan puesto. Entre ellos estaba el primo de una amiga mía. ¿Podrían ayudarlos?, preguntó. Principalmente para evitar que cayeran en manos de algún malhechor o de algún grupo organizado que se quiera aprovechar de su fragilidad. Calculamos que emplearán casi 30 días”. Nuevas llegadas, nuevas personas tocando a la puerta. Pero todas tienen el mismo nombre, Jesús. Un huésped excepcional. Lo esperamos». Chiara Favotti