Movimiento de los Focolares
Chiara Lubich en el Genfest 1990

Chiara Lubich en el Genfest 1990

Imaginemos que ante nuestros ojos pasen algunas escenas sintomáticas del mundo de hoy. […]

Observamos […] en naciones que han visto los recientes cambios, gente que exulta de alegría porque recuperó la libertad, junto a personas asustadas y decepcionadas, deprimidas por el derrumbe de sus ideales […]

¿Y si viéramos imágenes de luchas raciales con estragos y violaciones de derechos humanos…? ¿O interminables conflictos como los de Oriente Medio, con el derribo de casas, heridos, muertos y la constante y mortal caída de bombas o de otras armas homicidas? … Preguntémonos todavía: ¿Qué diría Jesús ante estos muchos dramas? «Les había dicho que se amaran. Ámense como yo los he amado”.

Sí, así diría ante estos y ante las más graves situaciones del mundo actual.

Pero su palabra no es solo un lamento por lo que no se ha hecho. Él la repite hoy realmente. Porque Él murió, pero resucitó y ─como había prometido─ está con nosotros todos los días hasta el fin del mundo.

Y lo que dice tiene una importancia inmensa. Porque este «Ámense los unos a los otros como yo los he amado» es la clave principal para la solución de todos los problemas, es la respuesta fundamental a cualquier mal del ser humano. […]

Jesús el mandamiento del amor lo definió «mío» y «nuevo», porque es típicamente suyo, habiéndolo colmado de un contenido singular y nuevísimo. «Ámense ─dijo─ como yo los he amado». Y Él dio la vida por nosotros.

Entonces, en este amor se pone en juego la vida. Y un amor dispuesto a dar la vida por los hermanos es lo que Él también nos pide.

Para Él no es suficiente la amistad o la benevolencia hacia los demás; no le basta la filantropía y tampoco la solidaridad. El amor que pide no se agota en la no-violencia.

Es algo activo, muy activo. Pide que no vivamos ya para nosotros mismos, sino para los demás. Y esto exige sacrificio, esfuerzo. Nos pide a todos transformarnos […] en pequeños héroes cotidianos que, día tras día, están al servicio de los hermanos, dispuestos a dar incluso la vida por ellos. […]

Este amor recíproco entre ustedes, de hecho, provocará consecuencias de un valor ─digamos─ infinito, porque donde hay amor allí está Dios y, como Jesús dijo: «Donde dos o tres están unidos en mi nombre, es decir, en su amor, yo estoy en medio de ellos» […]

Será Él mismo quien actuará con ustedes en sus países, porque Él volverá en cierto modo al mundo, a todos los lugares donde ustedes se encuentren, estará presente por su amor recíproco, por su unidad.

Y Él los iluminará en todo lo que tengan que hacer, los guiará, los sostendrá, será su fuerza, su ardor, su alegría. […]

Entonces, amor entre ustedes y amor sembrado en muchos rincones de la tierra, entre las
personas, entre los grupos, entre naciones, con todos los medios, para que sea realidad la invasión de amor de la cual a veces hablamos, y adquiera consistencia, también gracias a su contribución, la civilización del amor que todos esperamos.

A esto están llamados. Y verán cosas grandes.

Chiara Lubich
Foto © Archivio CSC Audiovisivi

León XIV inauguró la Conferencia Raising Hope: ¿qué queda por hacer en torno a Laudato Si’?

León XIV inauguró la Conferencia Raising Hope: ¿qué queda por hacer en torno a Laudato Si’?

En la tarde del 1 de octubre, en el Centro Internacional Mariápolis del Movimiento de los Focolares en Castel Gandolfo, Roma, se inauguró la Conferencia Raising Hope con la participación de Su Santidad León XIV y otras personalidades como Arnold Schwarzenegger, exgobernador de California, y la Honorable Marina Silva, Ministra de Medio Ambiente y Cambio Climático de Brasil.

La sesión combinó testimonios, momentos espirituales y artísticos, en acción de gracias por el décimo aniversario de la encíclica Laudato Si’. Representando al Movimiento Laudato Si’, Christina Leaño, directora asociada, e Igor Bastos, director de Brasil, presidieron la apertura de la jornada.

Un momento icónico fue cuando el Papa León XIV tocó y bendijo un trozo de hielo, de más de 20.000 años, desprendido, debido al cambio climático, de un glaciar en Groenlandia; y también bendijo agua traída de distintos rincones del planeta, como gesto simbólico que encarnó compasión y preocupación por el grito de la tierra y de los pobres.

“Esta encíclica ha inspirado profundamente a la Iglesia católica y a muchas personas de buena voluntad”, comenzó diciendo León en su discurso sobre Laudato Si’, “la cual abrió un fuerte diálogo, grupos de reflexión y programas académicos”. El Papa hizo mención a cuánto se extendió la encíclica de su predecesor “en cumbres internacionales, en el diálogo ecuménico e interreligioso, en círculos económicos y empresariales, en estudios teológicos y bioéticos”.

Dando gracias al Padre celestial “por este don que hemos heredado del Papa Francisco”, León se detuvo a mencionar que los desafíos ambientales y sociales hoy son aún más urgentes. Ante el aniversario debemos preguntarnos, “¿qué queda por hacer? ¿Qué hay que hacer ahora para garantizar que el cuidado de nuestra casa común y la escucha del clamor de la tierra y de los pobres no parezcan meras modas pasajeras o, peor aún, se vean y se sientan como cuestiones divisorias?”, indagó.

“Hoy más que nunca es necesario volver al corazón, lugar de la libertad y de las decisiones auténticas”, afirmó entonces el Pontífice, porque aunque este “incluye la razón”, también “la trasciende y la transforma”. “El corazón es el lugar donde la realidad externa tiene mayor impacto, donde se lleva a cabo la búsqueda más profunda, donde se descubren los deseos más auténticos, donde se encuentra la identidad última de cada uno y donde se forjan las decisiones”.

En este aspecto, señaló que “solo volviendo al corazón puede tener lugar una verdadera conversión ecológica”. “Debemos pasar de la recopilación de datos al cuidado; y del discurso medioambiental a una conversión ecológica que transforme los estilos de vida tanto personales como comunitarios”, afirmó.

León recordó a los presentes que esta experiencia de conversión nos orienta hacia el Dios vivo: “No podemos amar a Dios, a quien no vemos, mientras despreciamos a sus criaturas. Tampoco podemos llamarnos discípulos de Jesucristo sin participar en su visión de la creación y su cuidado por todo lo que es frágil y herido”.

Antes de concluir su discurso, el Papa miró con esperanza las próximas cumbres internacionales —la COP30 de 2025, la sesión del Comité de Seguridad Alimentaria Mundial y la Conferencia del Agua de 2026—, “para que escuchen el clamor de la tierra y de los pobres”.

Ha anche incoraggiato i giovani, i genitori e coloro che lavorano nelle amministrazioni e istituzioni a contribuire a “trovare soluzioni alle sfide culturali, spirituali ed educative di oggi, lottando sempre con tenacia per il bene comune.”

Finalmente reflexionó: “Dios nos preguntará si hemos cultivado y cuidado del mundo que creó y de nuestros hermanos y hermanas. ¿Qué responderemos?”.

El actor y exgobernador de California, fundador del Instituto USC Schwarzenegger de Políticas Estatales y Globales, de la Iniciativa Climática Schwarzenegger, Arnold Schwarzenegger, inició su discurso felicitando al Santo Padre por la instalación de paneles solares en los techos del Vaticano: “Estoy junto a un héroe”, afirmó.

“Hay 1.5 billones de católicos, ese poder y esa fuerza hay que usarlo para involucrarse en el movimiento climático”, mencionó Schwarzenegger al tiempo que hizo un llamamiento a hablar más de la contaminación: “La persona común y corriente no entiende cuando hablamos de carbón cero o de las temperaturas en aumento. En lugar de hablar a la cabeza, tenemos que hablar al corazón. Podemos poner fin a la contaminación si trabajamos juntos, porque Dios nos puso en la tierra para que la convirtiéramos en un lugar mejor”, indicó.

Posteriormente fue el turno de la honorable Marina Silva, Ministra de Medio Ambiente y Cambio Climático de Brasil, jefa de la presidencia conjunta de la COP30. En su discurso se mostró inspirada por los valores cristianos al participar de la conferencia.

Con ánimo, afirmó: “Estoy segura de que el Papa hará una gran aportación para que la COP30 pase a la historia y se convierta, como todos deseamos ardientemente, en la COP de la esperanza, para preservar y cultivar todas las formas de vida que son parte del hermoso jardín que Dios nos ha regalado”.

En el escenario, el Papa estuvo acompañado por la Dra. Lorna Gold, directora ejecutiva del Movimiento Laudato Si’ y presidenta del Comité Organizador de la Conferencia; Margaret Karram, teóloga y presidente del Movimiento de los Focolares; el sacerdote Jesús Morán; y Yeb Saño, presidente de la Junta Directiva del Movimiento Laudato Si’, que compartió con el Pontífice su propia historia, en Filipinas, en contacto directo con múltiples catástrofes climáticas, e introdujo a los testimonios principales.

Posteriormente, se produjo un momento simbólico espiritual en el que representantes de distintos países como Timor Oriental, Irlanda, Brasil, Zambia y México trajeron agua desde su tierra, para ponerla en común en un cuenco en el escenario. Ellos encarnaron el clamor de los pueblos originarios, de la vida silvestre, los ecosistemas, las generaciones futuras, los migrantes, los pobres y la tierra que gime.

De las lágrimas a la esperanza, y con una audiencia de pie, el Papa León se acercó a tocar el hielo glacial y proclamó la bendición sobre el agua y sobre todos los presentes: “Que trabajemos por el florecimiento de toda la creación”, exclamó. Los artistas Adenike, Gen Verde y los Pacific Artists for Climate Justice animaron con momentos musicales el encuentro.

Oficina de prensa de Raising Hope
Foto: © Javier García-CSC Audiovisivi

«Mi auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra» (Sal 121, 2).

«Mi auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra» (Sal 121, 2).

¿Quién no ha sentido alguna vez en la vida que no puede más?

Es lo que le pasa al autor del salmo 121, que pasa por circunstancias difíciles y se pregunta de dónde le puede venir la ayuda que necesita.

La respuesta es la afirmación de su fe en Dios, en quien confía. La convicción con la que habla del Señor, que vela y protege a cada uno y a todo el pueblo, expresa una certeza que parece nacer de una profunda experiencia personal.

«Mi auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra».

En efecto, el resto del salmo es el anuncio de un Dios poderoso y amoroso que ha creado todo lo que existe y lo protege día y noche. El Señor «no deja titubear tu pie, no duerme tu guardián»[1], afirma el salmista, deseoso de convencer a quien lo lea.

Envuelto en dificultades, el autor ha levantado los ojos[2], ha buscado dónde agarrarse fuera de sí y de su entorno más inmediato y ha encontrado una respuesta.

Ha experimentado que la ayuda viene de aquel que ha pensado y dado vida a cada criatura y sigue sosteniéndola en todo momento, sin abandonarla nunca[3].

Cree firmemente en este Dios que vela noche y día sobre el pueblo entero –es «el guardián de Israel»[4] -, hasta tal punto que no puede dejar de comunicarlo a los demás.

«Mi auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra».

En los momentos de incertidumbre, angustia y vacilación, Dios quiere que creamos en su amor y nos pide un acto de confianza. […] quiere que aprovechemos estas penosas circunstancias para demostrarle que creemos en su amor. Lo cual significa tener fe en que él es nuestro Padre y piensa en nosotros. Arrojar en él todas nuestras preocupaciones. Cargarlas sobre él».[5]

Pero ¿de qué modo nos llega a cada uno la ayuda que viene de Dios?

La Escritura narra muchos episodios en los que esto se concreta a través de la acción de hombres y mujeres –como Moisés, Elías, Eliseo o Ester– llamados a ser instrumentos de la solicitud de Dios por el pueblo o por alguna persona en particular.

También nosotros, si «levantamos la mirada», reconoceremos la acción de personas que, conscientemente o no, acuden en nuestra ayuda, y estaremos agradecidos a Dios, de quien procede en última instancia todo bien (Él ha creado el corazón de cada uno) y podremos testimoniarlo a los demás.

Por supuesto, es difícil darse cuenta de ello si estamos encerrados en nosotros mismos y si, en los momentos difíciles, pensamos en cómo salir adelante solo con nuestras fuerzas.

En cambio, cuando nos abrimos, miramos alrededor y levantamos los ojos, descubrimos que también nosotros podemos ser instrumentos de Dios que se ocupa de sus hijos. Nos damos cuenta de las necesidades de los demás y podemos ser una ayuda preciosa para otros.

«Mi auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra».

Cuenta Roger, de Costa Rica: «Un sacerdote que conocía me anunció que iba a venir a verme una persona para recoger unos pañales para adultos que le había ofrecido el grupo solidario del que formo parte, sabiendo que un parroquiano suyo los necesitaba. Mientras lo esperaba, vi pasar por delante a una vecina que estaba pasando por una situación muy difícil, y le di los últimos siete huevos que tenía, y otras cosas de comer. Se quedó sorprendida porque no tenía nada para comer, ni ella, ni su marido ni sus hijos. Le recordé la invitación de Jesús: “Pedid y se os dará” (Mt 7, 7), subrayando que él está atento a nuestras necesidades. Volvió a casa feliz y agradecida a Dios.

Por la tarde llegó a casa la persona enviada por el sacerdote. Le ofrecí un café. Era camionero, y hablando, le pregunté qué transportaba. “Huevos”, me dijo, y me regaló 32».

Silvano Malini y el equipo de la Palabra de vida


[1]Sal 121 [120], 3
[2]Cf. Id., versículo 1.
[3]Cf. Id., v. 8.
[4]Id., v. 4.
[5] C. Lubich, Buscando las cosas de arriba, Ciudad Nueva, Madrid 1993, p. 31.

Foto – ©Louis-Hansel-Unsplash

Nuestro compromiso por la paz

Nuestro compromiso por la paz

Castel Gandolfo (Roma), 27 de septiembre de 2025

A todos los que forman parte del Movimiento de los Focolares en el mundo

Nosotros, dirigentes del Movimiento de los Focolares, reunidos en Roma, en representación de cuantos pertenecen a él en los 140 países donde el Movimiento está presente, expresamos nuestro gran dolor por la continua escalada de los conflictos armados que están devastando Oriente Medio y muchas otras partes del mundo.

Manifestamos nuestra firme y concreta cercanía a las personas, a las poblaciones que sufren, condenando igualmente toda forma de violencia, injusticia y opresión.

Conscientes de que la paz comienza por nuestros gestos cotidianos, queremos invitar a todos a acoger y suscribir con la propia vida los siguientes compromisos:

• Ser “artesanos de la paz”, dispuestos a superar ideologías y confrontaciones;

• promover y sostener redes de solidaridad para brindar apoyo material, psicológico y espiritual a las víctimas de todas las guerras;

• hacer que cada una de nuestras comunidades sea una “casa de paz”, donde se aprenda a desactivar la hostilidad mediante el diálogo y la comprensión mutua, donde se practique la justicia y se construya el perdón;

• favorecer programas educativos para infundir, especialmente en las nuevas generaciones, la cultura de paz, la inclusión y la no violencia;

• alentar toda iniciativa local y global que genere el encuentro, el diálogo interreligioso e intercultural, fundamentales para la reconciliación.

Nos comprometemos a fin de que perdón, diálogo, fraternidad no sean palabras, sino que se transformen en vías maestras que abran el futuro e impidan que la violencia tenga la última palabra.

Que de cada rincón de la tierra se eleve una oración incesante y confiada al Dios de la paz, para que ilumine y mueva los corazones de quienes pueden actuar para detener todo conflicto.

Descargar el PDF con la Declaración y la Oración por la paz en el mundo

En audiencia con el papa León XIV

En audiencia con el papa León XIV

“Hemos ido a ver al Santo Padre para presentarle la vida del Movimiento y acoger sus palabras ‒nos cuentan Margaret Karram y Jesús Morán, presidenta y copresidente de los Focolares esta mañana‒ al término de la audiencia privada con el papa León XIV. Ha sido un encuentro auténtico, personal, fraterno.
Estaba interesado en conocer el trabajo por la paz, por el diálogo ecuménico, interreligioso, con las culturas y, en particular, por la comunión entre los movimientos eclesiales. Nos animó a llevar adelante el Carisma en el mundo”. “Al final le pregunté ‒cuenta Margaret Karram‒ si podíamos llevar su bendición a todos los que forman parte del Movimiento: «¡Por supuesto!», me respondió”.
Para el relato “en directo” de la audiencia por parte de Margaret y Jesús, la cita es mañana a las 18:00, hora italiana, en la Conexión (la videoconferencia mundial).

Foto © Vatican Media