23 Nov 2017 | Focolare Worldwide
A sus espaldas 180 jóvenes del Movimiento de los Focolares, en representación de sus coetáneos de todo el mundo. Rostros, colores y rasgos étnicos muy distintos. En primera fila se presentan tres jóvenes de Siria. A su lado está Michel, que viene de Mali y tiene ojos muy expresivos. Conoció a los Focolares en su país y desde entonces dice que su vida cambió. František de la República Checa y María de Portugal explican: «Provenimos de más de 40 países. Estamos aquí de todos los continentes para confrontarnos sobre nuestra identidad y nuestros desafíos para construir una cultura de fraternidad». Detrás de ellos están sentados Amin de Argelia, que es musulmán, y Kioko, budista japonesa. Todos trabajan para construir, con un aporte realmente mundial, el próximo Genfest de Manila (6-8 de julio de 2018), el primero, en la historia de esta manifestación, fuera de Europa. ¿Por qué en Asia? Responde Giuseppe, que es italiano: «Asia contiene el 60% de los jóvenes del mundo, por lo tanto para nosotros significa apuntar al futuro, a la fraternidad universal. El título, “Beyond all borders”, más allá de las fronteras, es uno de los desafíos más grandes que tenemos que afrontar», empezando por los límites personales: los prejuicios, la diversidad social y cultural. Un gran desafío en un país que ha sido afectado por una oleada de violencia endémica, por la exclusión social de muchos sectores de la población y por una crisis política sin precedentes. «Queremos que estos conflictos no nos dividan sino que sean una posibilidad para unirnos más».
Fue la gran idea lanzada por Chiara Lubich en 1987. La fundadora de los Focolares, ante una platea de jóvenes, explicó el motivo del nacimiento del Genfest: «Es una explosión de fuegos, no artificiales, sino reales, del amor de Dios. El objetivo del ut omnes (“Padre, que todos sean uno” Jn. 17, 20-23) se acerca. Jesús conquista y arrastra, deja tras de sí todo lo que no va, como un riachuelo fresco que deja en la orilla todo lo que no puede arrastrar su limpidez». Y agregó: «Verán los milagros de las gracia de Dios, porque Dios está con nosotros. Él es el único omnipotente». Está presente María Voce, la actual presidente de los Focolares. «Quisiera dirigir un enorme gracias a los jóvenes». El de ellos –afirma– es un gran acto de valentía, «la respuesta de hoy al llamado que Chiara lanzó desde los años ’60 “Jóvenes de todo el mundo, únanse”. Este llamado resuena todavía, no sólo para ustedes sino para todos. El objetivo del mundo unido todavía no lo hemos alcanzado. La primera generación por si sola, no lo logró, no podía lograrlo. Sola, tampoco la segunda lo podrá lograr, porque es un objetivo enorme. La idea de un mundo unido debe transmitirse de generación en generación, y ellas,
unidas, pueden llevarlo a cumplimiento». Y agrega: «El Genfest no se refiere sólo a los jóvenes, sino a todos. Por eso quiero ir también yo y espero que seamos muchos». Cada uno puede hacer algo: «Alguien podría decir, ‘pero yo estoy enfermo, no logro… ¡Ofrece tu sufrimiento! Se puede ayudar con la acogida, ayudando a los jóvenes a preparar el programa, dando un aporte económico para esos jóvenes que de lo contrario no podrían participar. Hagamos toda nuestra parte. ¡El Genfest es mío, es nuestro!» Antes de concluir la conexión, una joven filipina propone a todos una tripe tarea: «Primero: organizar un Genfest local. Segundo: hacer una acción concreta, para ayudar al menos a un joven a ir a Manila. Tercero: adquirir la camiseta con nuestro logo, es también un modo de ayudarnos». Todos los detalles están en el sitio de los Jóvenes por un mundo unido, una sigla que a partir de ahora tenemos que aprender de memoria: Y4UW. Ver también: www.focolare.org/genfest-2018/
22 Nov 2017 | Sin categorizar
¿Cuál futuro tendré como joven en mi tierra?” El grito de Nasreen, joven palestino, resuena en el corazón de los demás jóvenes presentes, en el silencio profundo de una escucha que quiere curar sus heridas, las que quedan aún abiertas después de años de guerra e inestabilidad social. Emina tenía siete años cuando estalló la guerra en Sarajevo. Su vida cambió en pocos instantes, pero sus ganas de crecer y reaccionar han sido más fuertes. Y Alberto de España: «Mi vida cambió desde que fui a Jordania para vivir una experiencia en el campo de refugiados. Ya no soy el mismo». Son jóvenes decididos a desafiar todos los obstáculos para construir un tejido social de paz, y buscar opciones a partir de la propia vida.
Son treinta y dos los participantes en el proyecto “Host Spot”, literalmente “Punto de acogida”, que se llevó a cabo en Alejandría de Egipto, del 28 de octubre al 2 de noviembre de 2017, promovido por varias ONG y asociaciones, entre las cuales New Humanity, Non dalla guerra, Caritas Jordan, Fundación Igino Giordani (España), B-Net, Centro cultural Jesuitas (Alejandría), Focolares Trust Irlanda, VACA (Palestina) y Starkmacher (Alemania). Los jóvenes empezaron haciendo la experiencia de reunirse un el campo de refugiados en Jordania en agosto de 2016, y avanzaron en su proyecto con otras dos citas, en Alemania, donde profundizaron en algunas técnicas de comunicación y finalmente, como última etapa, en Egipto.
Los jóvenes, procedentes de Hungría, Bosnia, Palestina, Egipto, España, Irlanda, Italia y Jordania pasaron diez días juntos, concluyendo así este original proyecto, promovido por la Comunidad Europea, para crear vínculos, construir puentes entre el mundo del asociacionismo juvenil sobre temáticas que tienen como finalidad la búsqueda del valor de la paz. A través de talleres, los jóvenes analizaron la cuestión del Oriente Medio, el diálogo entre las distintas culturas y la importancia de los medios en la comunicación de temáticas sobre las migraciones, en un mundo en el cual uno de cada dos refugiados es un niño. Los protagonistas de esta edición de Host Spot se encaminaron decididamente hacia la difusión de una cultura de paz, antes que nada con una trayectoria de formación sobre las problemáticas actuales y talleres de información sobre los mecanismos que rigen el mundo de los medios. Una experiencia en la que los jóvenes protagonistas hicieron un balance de las actividades ya emprendidas y vieron juntos cómo llevar adelante con decisión esta preciosa colaboración entre las asociaciones desarrollando proyectos y poniendo en marcha nuevas sinergias.
21 Nov 2017 | Sin categorizar
La noticia, anunciada el 13 de junio pasado por el Papa Francisco, que quería dedicar a los pobres una Jornada Internacional, apareció enseguida en sintonía con su Pontificado, que está especialmente atento a las exigencias de las personas más vulnerables y descartadas de la sociedad. Sorprende la adhesión de asociaciones, movimientos, instituciones y la multiplicación de iniciativas, de personas o grupos, como respuesta a este llamado. También el Movimiento de los Focolares en Italia hizo propia la invitación a “crear momentos de encuentro y amistad, de solidaridad y de ayuda concreta”, para amar “no con palabras, sino con hechos”. «Si de los pobres se puede aprender – dicen los responsables de los Focolares en Italia, Rosalba Poli y Andrea Goller- no es menos quien tiene más y está llamado a dar. No se trata de limosna, no es un gesto para tranquilizar la conciencia. Es una invitación a salir de nuestras certezas y comodidad, como dice el Papa, para ir al encuentro de los mil rostros de la pobreza». También en Italia es un fenómeno de dimensiones preocupantes. Casi 5 millones de personas, según un reciente Informe (a partir de los datos de ISTAT del año 2016), están en condiciones de “pobreza absoluta”. Ocho millones y medio en cambio sufren de “pobreza relativa”. Es una pobreza que tiene mil rostros: marginación, desocupación, violencia, falta de medios de subsistencia. Y sobre todo aislamiento, porque ser pobres significa sobre todo ser excluidos.
«Esta jornada se vincula al primer aspecto de la espiritualidad de los Focolares, la comunión de bienes», explican Poli y Goller. Una práctica que ha hecho surgir, a lo largo de los años, numerosas obras y acciones sociales, inspiradas en el deseo de repetir una característica de las primeras comunidades cristianas, en donde no había ningún indigente. Entre ellas, la Associazione Arcobaleno Arcoíris, activa en Milán desde hace más de 30 años, el Centro La Pira para jóvenes extranjeros en Florencia, el Progetto sempre persona per la reinserción de los ex detenidos y la asistencia a sus familias. Y también el Progetto Apriamoci de la Asociación cultural del Trentino More, los proyectos para menores no acompañados, como Fare sistema oltre l’accoglienza, o para las familias, como Facciamo casa insieme. Otras se dedican a la distribución de comida, como la Asociación Solidaridad de Reggio Emilia, B&F en Ascoli, en Génova la Associazione Città Fraterna y el Comitato Umanità Nuova. Entre las iniciativas para las personas de la calle, está RomAmoR y funciona desde hace años en la estación del ferrocarril de Roma Ostiense, mientras otras se ocupan de la acogida de los migrantes en Lampedusa y Ventimiglia. En Pomigliano d’Arco, la asociación Legami di solidarietà, en un contexto que se caracteriza por la desocupación, ha descubierto el beneficio de la mutuales de ahorro y la capacidad de compartir. Después del terremoto en Italia Central, se constituyeron algunos GAS (Grupos de Adquisiciones Solidarias) que forman parte del proyecto RImPRESA que pretende apoyar localmente a actividades económicas que se vieron afectadas por el sismo. Entre las últimas iniciativas surgidas está e PAS (Polo Accoglienza Solidarietà) de Ascoli Piceno. Muchos empresarios de Italia, forman parte de la AIPEC, y se inspiran en los principios de la Economía de Comunión, para que la cultura del dar se vuelva una praxis empresarial. Junto a los proyectos consolidados, otras iniciativas han florecido del Norte al Sur del país, a menudo “en red” con instituciones o asociaciones que trabajan en el ámbito social. La intención es conformar estructuras estables de apoyo a la pobreza. De Milán a Scicli, de Messina a Udine, Bancos de Alimentos, Centros de Acogida, comedores, iniciativas de lucha contra el desperdicio. También una casa para padres separados, e las puertas de Cagliari (en Cendeña). Mientras tanto, pocos días después de su activación, ya tiene unos mil inscritos la App Fag8, un desarrollo tecnológico con el objetivo de poner en común los propios bienes, pero también los talentos y las ideas, bajo el lema de la gratuidad. Descargando la App, es posible compartir, también de parte de otros (por ejemplo de pobres de los que se ha tenido conocimiento), un “objeto”, un “proyecto” o el propio tiempo. Es un instrumento que se encuentra en las redes locales, pero tiene alcance nacional, y permite verificar en poco tiempo la disponibilidad de lo que buscamos, o la necesidad de los demás de aquello que estoy ofreciendo. (Ver también www.focolaritalia.it).
20 Nov 2017 | Focolare Worldwide

Patrizia Mazzola
Transcurrían los años ’70, marcados en la historia de muchos países por protestas sociales, guerras y desorientación. En mi ciudad, Palermo (en Sicilia, isla del Sur de Italia), asistía al último año del Instituto de Magisterio y estaba muy pendiente de la vida política. Era un período muy triste: en Sicilia se producía una oleada de crímenes mafiosos, jóvenes que pertenecían a la izquierda y a la derecha política, durante las huelgas estudiantiles, se enfrentaban a menudo con hechos violentos. El retiro de los norteamericanos de Vietnam y la caída de Saigon dejaban solamente heridas abiertas, provocadas por una guerra absurda. También yo, como muchos jóvenes, buscaba puntos de referencia. Con este ánimo, acepté con gusto la invitación de una profesora para participar en el Genfest, manifestación integrada en el Año Santo organizado por el papa Pablo VI.
Estaba asistiendo a las reuniones de los scouts, y no me parecía verdad poder hacer esta nueva experiencia. La invitación se extendió también a muchos otros estudiantes de mi liceo y finalmente, junto con mis hermanas, decidimos ir al Genfest. En el último momento, me acuerdo que me vino la tentación de renunciar porque ese año debía dar el examen de graduación al finalizar el secundario. Al final fui alentada por los demás y viajamos desde Palermo con otros ómnibus. Llevé mi inseparable guitarra, canciones y un grabador, que en esa época eran muy incómodos. Durante el viaje me impresionó la actitud de algunas chicas, las gen, que ya vivían la espiritualidad de la unidad. Me impactaban las pequeñas atenciones que dirigían a todos, el clima de armonía y serenidad, a pesar de nuestra exhuberante vivacidad, los momentos de reflexión que brotaban de las canciones del Gen Rosso y del Gen Verde, que enseguida aprendí y que ya tocaba apasionadamente.
Era el 1º de marzo de 1975. Fue poderoso el impacto en el Palacio de los Deportes romano, con 20 mil jóvenes procedentes de los cinco continentes.Enseguida experimenté la fuerza del Evangelio vivido. Por ejemplo, era la primera vez que compartí lo que tenía con el que estaba sentado a mi lado, haciendo la experiencia de vivir como hermanos. Mi sueño estaba alli: ver un mundo de paz, un mundo unido ya realizado. Estaba estupefacta, impresionada por los testimonios, casi que no creía a mis ojos que veían que todo eso era posible.Escuchaba sus historias contadas desde el palco. Esas dos jóvenes de Sud Africa, cuando el apartheid no había todavía desaparecido, o las de un grupo de Belfast (Irlanda del Norte), ciudad que todavía era teatro de división religiosa y política, eran signos de que, si de verdad nos comprometemos, podemos realizar la paz, allí donde vivimos.
Al día siguiente fuimos todos a la Basílica de San Pietro, donde Chiara Lubich nos presentó al Santo Padre. En el ofertorio, doce jóvenes, en representación de todos, subieron con Chiara al altar. Recuerdo que se produjo un aplauso interminable. En el Angelus en la plaza S. Pietro, el Papa nos saludó con palabras que nos alentaban a ir adelante; «Tuvimos aquí esta mañana, en torno al altar a veinte mil fieles, jóvenes GEN – Generación Nueva- procedentes de todo el mundo. Una conmovedora belleza. Agradecemos a Dios y retomamos el coraje. Nace un mundo nuevo, el mundo cristiano de la fe y de la caridad» Había de verdad comenzado un mundo nuevo. Para mi, el comienzo de una vida nueva. Patrizia Mazzola
18 Nov 2017 | Sin categorizar
El 20 de noviembre es el día en el que la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó, en 1959, la Declaración de los derechos del niño, y aprobó, en 1989, la Convención internacional sobre los derechos de la infancia y adolescencia. Construida armonizando distintas experiencias culturales y jurídicas, la Convención enuncia por primera vez, de forma coherente, los derechos fundamentales que se deben reconocer y garantizar a todos los niños del mundo. Son cuatro los derechos fundamentales explicitados en el documento: a la no discriminación, al interés superior, vida, sobrevivencia y desarrollo y finalmente a ser escuchados en todos los procesos decisionales. La Convención prevé también un mecanismo de control sobre lo realizado en los Estados, los cuales deben presentar un informe periódico sobre el cumplimiento en el propio territorio. Según Unicef, cada año millones de niños siguen siendo víctimas de violencia: abusos, abandono, explotación, guerras, discriminaciones. Ya se ha hecho mucho, pero hay mucho todavía por hacer para alcanzar una real aplicación de estos principios.