Movimiento de los Focolares
El ser humano ora con la Creación

El ser humano ora con la Creación

Luca 3El orar no consiste, precisamente, en el hecho de dedicar un tiempo, durante el día, a la meditación o en leer algún texto de la Sagrada Escritura o de santos, y en tratar de pensar en Dios o en sí mismos para una renovación nuestra interior. Esto no es, en su esencia, orar. Lo mismo podemos decir por lo que se refiere a rezar el rosario o las oraciones de la mañana y de la noche. Sin dudas, todas ellas son expresiones aptas para entrar en relación con Dios y manifestar su realidad íntima, sin embargo jamás coinciden totalmente con ella. Paradójicamente, una persona puede haber hecho estas cosas durante todo el día y no haber orado ni un solo minuto. De hecho, entre la oración y las oraciones hay una diferencia sustancial que trataré de explicar empezando por la oración más inconsciente, pero no por esto menos esencial. Cuando, por la noche, nuestros ojos se levantan para mirar el cielo estrellado, ven un universo de inagotable belleza que encanta y asombra en su tácita obediencia a una ley: la ley de vida y de armonía que desde el inicio lo ha constituido y que en cada momento lo sostiene; ley que por sí sola testimonia el Creador. Si es así con respecto a los astros del cielo, lo es también con respecto a las plantas y a las flores, que ‘saben’ cuándo brotar y florecer, cuándo dar fruto y morir. Por lo tanto, una profunda relación une a todos los seres vivientes con Dios; relación que – me atrevo a decir – es profunda oración porque ellos, sólo con su existir, inconscientemente lo reconocen y lo siguen y “cuentan su gloria”. (Sal 18,2). Pero esta recóndita oración encuentra su expresión – y la más alta, porque es consciente y libre – también en el ser humano. Es la oración que nace cuando él, aun antes de entrar en diálogo con Dios, lo reconoce como Padre que lo ha creado y lo sostiene poniéndolo en condición de igualdad con todo el universo. La relación con Dios se define entonces en su realidad de fundamento vital y medicinal al mismo tiempo. Una relación, por lo tanto, que el ser humano está llamado a establecer cotidianamente con Él o a pedírsela, tal como invitan a hacer algunos maestros del espíritu, en una original exégesis de la invocación del Padre Nuestro: “Danos hoy nuestro pan de cada día”. El orar, para que sea realmente auténtico, exige antes que nada una relación con Jesús: ir con el espíritu más allá de nuestra condición humana, de nuestras ocupaciones, de nuestras oraciones, aun hermosas y necesarias, y establecer esta relación íntima, personal con Él. […] Veamos entonces las distintas maneras en las que se puede desarrollar esta relación. Empiezo por una forma de oración que puede parecer impropia. Es la oración de ofrecimiento. La vive quien, prostrado por los sufrimientos físicos o espirituales, incapaz de todo, incluso de hablar, le ofrece a Dios toda su existencia, aunque sea en un espacio de un solo instante. Es por esto que dicha forma de oración puede considerarse como la más profunda, porque inserta el alma en ese punto donde el contacto con Dios se hace inmediato y directo. Pero también el trabajo puede asumir la forma de una oración de ofrecimiento. Pienso de manera especial en aquéllos que durante el día están agobiados por el esfuerzo físico, hasta tal punto que se les vuelve casi imposible recoger las fuerzas necesarias para dedicarse a la oración. Y bien, incluso ellos advertirán que viven en una continua relación con Él si por la mañana, con una simple intención, le ofrecen a Dios su jornada. Y por la noche, en el silencio del recogimiento, aunque sea breve, encontrarán la unión con Él. En el fondo, la humanidad de hoy se muestra especialmente sensible precisamente a esto, es decir a que todo el universo y lo que en él se realiza, se pueda transformar en una gran oración que incesantemente se eleva a Dios. Pasquale Foresi, de “Luce che si incarna” – Ed. Città Nuova, Roma 2014, pagg. 31-32-33

Los de las pulseras blancas

Los de las pulseras blancas

¿teens 2Quién, como yo, aun queriendo dar siempre lo mejor de sí, no se ha encontrado en dificultad? Queríamos tratar bien a quienes nos rodeaban y en cambio contestamos mal, queríamos ayudar y en cambio resultamos estorbando, queríamos dar y en cambio prevaleció el egoísmo. Es por esto que algunos amigos y yo pensamos en una posible solución. Todo empezó por dos de nosotros que habían encontrado cierta dificultad en dar siempre lo mejor de sí, entonces entendieron que la mejor manera de empeñarse era una ayuda recíproca. Es más fácil querer y respetar a los demás sabiendo que alguien en alguna parte está intentando hacer lo mismo. Estaba empezando a nacer una primera forma de “pacto” por el cual cada uno se comprometía en su ambiente a ser constante en el desafío de dar lo mejor de sí en las relaciones con los demás. Sin embargo, esta promesa no se limitó a ellos dos. Poco tiempo después nos la contaron y, dialogando nos identificamos todos con sus dificultades. teens 3A ese punto, nosotros también quisimos involucrarnos en esa promesa y le agregamos algo. De hecho, encontramos un símbolo que nos ayuda a recordar cotidianamente el “pacto” y, por consiguiente, nos fortalece: una pulsera de cuerda blanca. Interiorizamos este “pacto” y lo insertamos en nuestra vida. Dado que nos ha ayudado mucho, decidimos difundirlo en nuestra ciudad contando la experiencia a todos aquellos que conocemos. A partir de ahí se activó una reacción en cadena y la noticia de este “pacto” empezó a extenderse por toda Italia. En el último mes recibimos muchas fotos y relatos de experiencias por parte de personas que adhirieron. Por lo tanto, ahora queremos invitar a quien esté interesado a que se ponga en la muñeca la pulsera blanca y empiece con nosotros este desafío. Si desean recibir mayores informaciones o bien compartir con nosotros lo que viven, las cosas lindas que les han pasado viviendo así, dando lo mejor de ustedes en cada momento, escribanos a: ilpattobraccialetto@gmail.com. Los testimonios más lindos encontrarán espacio también en nuestra revista “Teens”. De Teens online

Evangelio vivido: la ternura del Señor

Evangelio vivido: la ternura del Señor

VenezuelaConstructores de paz «En la situación de grave crisis que nuestro país está atravesando, queremos ayudarnos a vivir como cristianos coherentes. En Valencia, la ciudad más afectada por los saqueos, vivimos días de confusión e histeria colectiva. Varios sectores industriales fueron saqueados salvajemente sin que los policías intervinieran. Más aún, vimos a los mismos militares que incitaban al saqueo de las tiendas, trayendo camiones y herramientas. Ciudad bloqueada, detenciones, clima de tensión, rabia y hambre. En esta situación, en familia y con otros amigos, tratamos de ser un apoyo los unos por los otros y comunicar esperanza, sin juzgar a aquellos que se llevaron de las tiendas cualquier cantidad de cosas, incluso estufas y repuestos para autos. Asistimos también a la continua intervención de la providencia que hace llegar medicinas y alimentos para familias enteras. Es impresionante el amor de Dios que cuida de sus hijos». (O.T. – Venezuela) Chef «Soy chef y me gusta pensar que la vida es un ejercicio para llegar al banquete del Cielo. ¿Tal vez Jesús no empezó su vida pública en un almuerzo de boda en Caná? ¿No participó en muchos convites, hasta la última cena, prometiéndonos un banquete final en el cual, seguramente, también los chefs como yo tendrán su lugar? En mi servicio en la cocina el objetivo no es tanto el plato en sí mismo, sino las personas que saborearán el fruto de mi empeño. Trato de no trabajar sólo para hacer carrera, ser un buen marido y un buen padre, sino por Dios». (V. – Italia) El “truco” «En el apartamento donde vivo con otros estudiantes, no siempre es fácil la convivencia, porque tienen costumbres distintas de las mías. Un día, desanimado, estaba pensando en buscarme otro alojamiento, cuando mi novia me sugirió que tomara yo la iniciativa e hiciera algo para mis coinquilinos. Ella misma me ayudó a preparar un postre. ¡Un gesto tan sencillo! Sin embargo sirvió para desbloquear las relaciones, tanto que empezó entre todos una especie de competencia para salir el uno al encuentro del otro. Ahora ya sé el “truco”: cuando se presenta alguna dificultad, puedo empezar siendo el primero en amar». (B. C. – República Checa) Verdadera pobreza «Tengo un amigo inválido que recibe una jubilación mínima y es marginado por sus hermanos y hermanas. Un día me contó: «Le compré un par de zapatos a G., cada día le brindo el desayuno en la cafetería. Ahora pienso pagarle la dentadura postiza». Diariamente él hace gestos de este tipo, sin embargo lo tachan de asocial, incluso dicen que no tiene capacidad de entender y querer. En cambio a mí me conmueve siempre la bondad de ese hombre, quien aun en sus difíciles condiciones sabe captar las necesidades de los demás. Un día me decía: «Cuando alguien sufre, yo lo siento muy parecido a mí. Poderlo ayudar me hace sentir vivo y realizado»».  (T. – Italia)  

María: la perfecta cristiana

María: la perfecta cristiana

Maria 1«Ante el pensamiento de hablar de María siento que el alma tiembla y el corazón late. Es éste un tema que supera todas nuestras facultades y en el lugar de la palabra sería mejor guardar silencio. «¡María! La extraordinaria entre todas las criaturas, la excelsa hasta el punto de poseer el título y la realidad de ser Madre de Dios y por lo tanto, la Inmaculada, la Asunción, la Reina, la Madre de la Iglesia. María está más cerca de Dios que del hombre, y sin embargo es una criatura como nosotros que somos criaturas, y así es ante el Creador. De aquí la posibilidad para Ella de ser para nosotros como un plano inclinado que toca el cielo y la tierra y por lo tanto, aún en su ser extraordinario, niña, jovencita, novia, esposa, viuda… igual que nosotros, cada uno en la propia edad y en la propia condición, podemos encontrar un vínculo con Ella y por lo tanto, un modelo.[…] «En lo que se refiere a poseer una verdadera devoción a Ella – aún magnificando las diversas devociones que fueron floreciendo en el transcurso de los siglos para dar al pueblo cristiano el sentido de un amor maternal seguro, que piensa en todos los pequeños y grandes problemas que la vida ocasiona- te aconsejaría un camino que permite que en el corazón nazca un amor por María semejante y del tipo del que Jesús tiene hacia Ella. Es así, si María tiene todas esas magníficas y extraordinarias cualidades que sabes, Ella es también “la perfecta cristiana”. «Y es así porque, como se puede deducir del Evangelio, Ella no vive su propia vida, sino que deja que la ley de Dios viva en Ella. Es Ella la que mejor que todos puede decir: “No soy yo que vivo, sino que es Cristo quien vive en mí” (Gal 2, 20). María es la Palabra de Dios vivida. Si quieres entonces amarla de verdad, “imítala”. ¡Debes ser también tu palabra de Dios viva! «La imitación de Ella te hace semejante a Ella y te lleva a amarla, porque si un dicho dice: “El amor o encuentra a sus semejantes, o los hace semejantes”, es verdad también que los que son semejantes se aman. […] «Imitemos pues a María, hagámonos semejantes a Ella y nacerá espontáneamente en nuestro corazón el amor hacia Ella» Chiara Lubich   «Diálogo abierto». Pubblicado in Città Nuova, 1976,  n. 9, p. 33. Ver también Centro Chiara Lubich:    

Giordani: fraternidad entre las generaciones

Giordani: fraternidad entre las generaciones

Foco 4Igino Giordani trataba a los jóvenes con ese amor que brota de la unidad entre las generaciones. Era un hermano para cualquiera, para los pequeños y para los grandes, porque la fraternidad nos recoge en uno, ante la presencia del único Padre: «Jesús utilizó las más vivas expresiones para afirmar su íntima fraternidad con los hombres. Es posible imaginar cuánto amaba a su madre y a sus primos, compañeros de su infancia y confidentes de su juventud. Sin embargo, una vez que le dijeron que lo buscaban mientras enseñaba, respondió: “¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos? –Y extendiendo su mano hacia los discípulos dijo; quien quiera que haga la voluntad del Padre mío, que está en los cielos, es mi hermano, mi hermana y mi madre” (Mt 12, 48-50). El significado de la respuesta es obvio: quien quiera que acepte la paternidad de Dios, que es el objeto de la predicación evangélica, entre a formar parte de la familia de Jesús, se convierte en hermano, hermana, madre de Él. El cristianismo emparienta con Cristo y, por Él, con Dios, con el primer grado de parentela, que es la fraternidad». [de: Igino Giordani, Il messaggio sociale del cristianesimo, (El mensaje social del cristianismo) 2001, p. 87] Paragonaba la unidad entre las generaciones al manejo de un auntomóvil: la juventud es como un motor, la ancianidad es un manejo prudente; ¡ambas indispensables para llegar a la meta! Entre las numerosas personas con las que se escribía, en 1979, un año antes de morir, encontramos un niño de 9 años, apodado Sandokan, el cual estableció una profunda relación con Igino y lo llamaba “abuelito con corazón de gen”: «Querido abuelito, desde que supe que estabas enfermo trato de rezar más por ti. Con mi mamá y mi papá le pedimos a un sacerdote que te recordara en la Misa y a Jesús en mi corazón le pedí que te ayude y que te esté cerca en este momento. Recuerdo que en una carta te escribí que iría a tu casa, pero no he podido, pero lo importante es que te tengo en mi corazón y yo estoy en el tuyo. ¿Cuándo nos dejes a nosotros puedes saludarnos a Jesús? Sabes lamento que te vayas porque te quiero mucho, pero estoy contento que tú puedas ver a Jesús quien ha sido todo para ti. Un gran beso de tu Sandokan». «Queridísimo Sandokan, conocido como Ferdinando, te recuerdo muy bien: tú y yo somos hijos del mismo Padre, Jesús. Yo paso los días junto a ti, sin importar si vivimos lejos. Tu papá te explicó bien: soy un abuelito, con el corazón de un gen. Por lo tanto somos coetáneos y hermanitos. Salúdame a tus hermanitos, también ellos hijos de Jesús; ámalos como amas a mamá y a papá y como amas a Jesús… Un besito en tu naricita de tu abuelito». En un banco del Centro Mariápolis, el centro de los Congresos del Movimiento de los Focolares, los jóvenes se reunían a su alrededor, cantando y danzando, se detenían para hacer coloquios íntimos; cada uno se sentía amado y estrechaba con él el pacto de seguir y vivir el ideal de la unidad propuesto por Chiara Lubich. Giordani reseña uno de estos encuentros alegres en su Diario: «Aun estando sin voz, hoy, me pidieron que hablara a la escuela de los gen y de las gen: trescientas personas. Improvisé, hablando de varias cosas, pero polarizándolas alrededor del misterio de amor, en el que actúa la triada: Dios-el Hermano-Yo. El entusiasmo, embellecido por los cantos, explotó entre las y los gen, como manifestación de la alegría de los presentes». [del: Diario di fuoco, (Diario de Fuego) 25 de abril de 1979].