19 Dic 2016 | Focolare Worldwide
«Me pidieron que presentara una relación sobre el testimonio cristiano frente a la tradición africana. No fue fácil para mi, por dos simples motivos: el primero es que soy un Bangwa, el segundo es que no soy sólo un cristiano, sino que soy también el Obispo de Mamfe». Quien habla es Mons. Andrew Fuanya Nkea, en el ámbito de un simposio sobre el diálogo entre religiones tradicionales africanas y cristianismo en ocasión de los 50 años de la presencia del Movimiento de los Focolares en Fontem. Tiene 51 años, es originario de Widikum (Camerún), tiene estudios de Filosofía y Teología, es sacerdote desde 1992, fue párroco, secretario de la Diócesis, profesor y formador, y finalmente, es Secretario General de la Catholic University of Cameroon, su última tarea, antes de ser nombrado por el Santo Padre, en 2013, como Obispo Coadjutor de la diócesis de Mamfe. Mons. Andrew Fuanya es la demostración tangible de una posible superación del dualismo entre las dos tradiciones, sin caer en el riesgo de un sincretismo religioso. «He decidido dar un corte más práctico que teórico a mi relación». Afirma, recorriendo la historia de relaciones entre la cultura Bangwa (en particular en la zona sud-oeste del Camerún, el distrito de Lebialem) y el cristianismo, marcados por un encuentro, que se convirtió en una especie de “grieta” entre un “antes y un “después”: lo que fue el encuentro con el Movimiento de los Focolares. El cristianismo, llevado por los primeros misioneros que llegaron al Camerún, en los años Veinte, había puesto la población ante una bifurcación: «O convertirse en cristiano evitando todos los aspectos de la religión tradicional, o practicar la religlión Bangwa, permaneciendo como un pagano, bueno solamente para ser usado como leña para arder en el infierno». Poco o ningún diálogo entre cristianismo y cultura del lugar: los instrumentos musicales típicos eran desalojados de las iglesias así como también las oraciones tradicionales. A pesar de la rigidez y los métodos inflexibles de los primeros misioneros, muchas personas abrazaron el cristanismo, entre muchas dificultades y una fuerte oposición de su comunidad.
La novedad representada por la primera visita de Chiara Lubich al palacio real del Fon de Fontem, en 1966, está sintetizada por una imagen, utilizada por la fundadora de los Focolares, para describir la primera chispa, la inspiración del diálogo interreligioso que se habría desarrollado a continuación: «De forma imprevista tuve una fuerte impresión de Dios como de un enorme sol, que nos abraza a todos, a nosotros y a ellos, con Su amor». Una era nueva había comenzado, empujada por el viento post conciliar y por la extraordinaria historia de amistad entre los primeros focolarinos que llegaron al lugar (muchos de ellos médicos, que acudieron para erradicar la enfermedad del sueño que estaba diezmando la población) y el pueblo Bangwa. Desde aquél momento, las relaciones entre los fieles de las dos religiones se caracterizaron por un profundo y recíproco respeto, que devolvió la dignidad a la cultura tradicional, verdadera matriz identificatoria también de los cristianos. Explica el obispo: existen tradiciones religiosas locales que los cristianos mantuvieron (la oración a los difuntos, para que intercedan por la familia, o el “Cry die”, dedicado a ellos); otras en cambio se hicieron extrañas para su fe (la poligamia, el sacrificio de animales, la brujería). La nueva inculturación, concluye el Obispo, según el espíritu del Vaticano II, no proviene de una imposición o de una rígida uniformidad, sino que se inspira en los valores del diálogo y de la colaboración, en la búsqueda de las “semillas del Verbo” esparcidas en cada tradición. «El desafío de los cristianos de Lebialem para los próximos 50 años será el de reconocer que su credibilidad dependerá de cuánto serán capaces de amar a todos, independientemente de la religión a la que pertenezcan». Sólo así serán auténticamente cristianos y juntos auténticamente africanos. Chiara Favotti
18 Dic 2016 | Focolare Worldwide
La República Democrática del Congo (RDC) atraviesa un momento político muy delicado, por la renuencia, el pasado 14 de noviembre, del premier Augustin Matata Ponyo después del acuerdo firmado en octubre pasado, que prolonga el mandato del presidente Joseph Kabila. Kabila tenía que terminar su encargo el próximo 19 de diciembre, pero su coalición y una parte de la oposición decidieron que continuará hasta las próximas elecciones, previstas para abril de 2018. En este contexto incandescente, el pasado 29 de octubre se constituyó el Movimiento Político por la Unidad (MPPU) congolés, que se inspira en los valores de la espiritualidad de Chiara Lubich. «En este período la Iglesia, mediante la Conferencia Episcopal, está trabajando para evitar el caos en el país –cuentan Damien Kasereka y Aga Ghislaine Kahambu, responsables locales del Movimiento de los Focolares-. El lanzamiento del MPPU en este momento es precisamente una respuesta a una necesidad. Estamos felices de ver que los miembros del Movimiento más comprometidos en la política, sobre todo los jóvenes, están convencidos de que las cosas pueden cambiar. A pesar de todo no se pierde la esperanza». El pasado 3 de diciembre, el MPPU se presentó oficialmente en la sala polivalente del centro médico Moyi Mwa Ntongo, en Kinshasa. El periódico Le potentiel dedicó un largo artículo al evento, titulándolo “Amor y fraternidad en la sociedad: lanzamiento de un movimiento de concientización de masa”. «Lejos de ser un partido político, el MPPU es más bien una red de reflexión y de acción para promover la fraternidad en la vida política congolesa. Sus iniciadores están convencidos de que la fraternidad universal es el fundamento y el motor esencial para lograr un cambio positivo en la sociedad, sobre todo la congolesa, en donde los antivalores están muy arraigados», escribe el periódico. Entre los presentes había profesores universitarios e investigadores, diputados y otros actores políticos, periodistas, abogados, religiosos, médicos, activistas sociales y exponentes de otras categorías socio-profesionales. Durante el encuentro se subrayó la oportunidad y la importancia del MPPU en la RDC, en cuanto ayuda a “hacer política para la unidad”, de la cual hay tanta necesidad en este difícil momento.
El diputado Dieudonné Upira, uno de los iniciadores del MPPU en la RDC, afirmó: «Quisiéramos preparar una juventud que no crezca con miedo como nosotros. Ciertamente no hemos hecho mucho por este país. Quizás no estamos formados, y esta es la razón de nuestro temor. Por eso queremos formar jóvenes interesados en hacer el bien, en grado de denunciar, anunciar y renunciar. De jóvenes que, delante de la bipolarización del espacio político congolés, puedan decir: “Tenemos que trabajar por nuestra nación”. Una juventud formada puede influir en la sociedad con su forma de comportarse». Y Georgine Madiko, ex diputada, también ella entre los iniciadores: «Vamos a empezar a realizar cursos universitarios periódicos, que nos permitan formar a los jóvenes mediante módulos de estudio. Procederemos formando una especie de tela de araña para cubrir, poco a poco todo el país y todos los campos. Esta telaraña nos servirá de soporte, si no para erradicar, al menos para atenuar el mal en nuestra sociedad y promover el bien». Se va a empezar con un primer grupo de 50-60 personas. Como conclusión, Aga Ghislaine Kahambu, agradeció a todos: «Su presencia demuestra que desean que haya cambios en nuestro país. No hace falta una multitud para cambiar la sociedad. Cada individuo realiza muchas acciones positivas. Ahora pretendemos que estas acciones no permanezcan aisladas. Gustavo Clariá
17 Dic 2016 | Sin categorizar
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16 Dic 2016 | Focolare Worldwide
Sonia es de Eslovaquia, tiene 5 años y asiste al prescolar. Un día le dijo a la mamá que, en la escuela, encontró a una amiga. “Y ¿cómo se llama?”. “No sé, ella no habla; me acerqué porque vi que estaba siempre sola y que ninguno quería jugar con ella”. La mamá va a buscar a Sonia para el almuerzo. Pero la maestra le dice: “¡Déjela aquí!”. Nos ayuda con una chica que es gitana que antes no hablaba, y ahora, gracias a ella, ha empezado a hablar y a colaborar con los demás”. Cuando regresa de la escuela, la mamá le pregunta: “¿Ya tu amiga te dijo algo?”. “No, sólo me sonríe cuando le digo que la quiero”. La mamá se queda en silencio. Y la niña agrega: “Sabes, el amor es el calor para cada persona”.
Desde Camerún escribe Kevin: «Un día durante el recreo de la escuela le pregunté a un compañero si tenía algo de comer. Tenía hambre y no tenía nada. Él se negó a compartir. Al día siguiente llevé un poco de pan y cuando él vino a pedirme, también yo me negué. Al día siguiente, lanzando el dado del amor salió: «Amar a los enemigos”. Me acordé de mi compañero. En la escuela trataba de hablarle pero no me contestaba. Entonces me senté delante de su casa y cuando pasó lo llamé, y le pregunté por qué no le podía seguir hablando. El me dijo: “No quisiste compartir conmigo el pan que trajiste”. Enseguida le dije: “¡Reconciliémonos!” y le ofrecí unas guayabas que tenía y así volvimos a hablarnos y a ser amigos nuevamente».
Desde Italia, Marco cuenta: «Un día en el preescolar los niños se empezaron a burlar de mí porque soy gordo. Me hace sentir muy mal que se rían de mí y algunas veces termino llorando. Entonces fui donde estaba la Hermana y en lugar de acusarlos le expresé mi dolor. Entendí que tenía que perdonarlos y así hice, porque un Gen4 es uno que perdona y ama a todos como Jesús». Carmen vive en un barrio marginal, en la periferia de Ciudad de México. A menudo su tío vuelve de noche borracho. Carmen tiene miedo y se esconde. «Pero la otra noche no me escondí –cuenta- lo esperé y lo ayudé a entrar. No tuve miedo, porque sé que la Virgen me cuida». Y Bartek, de Polonia: «Para la fiesta del día del niño recibí un regalo de la maestra Ela, un chocolate y una paleta. En mi clase está Asia, que es una niña fea que no le cae bien a nadie. Me acordé que en la mañana, al lanzar el dado, me había salido: “Amar el enemigo” entonces le di a Asia la paleta y la mitad del chocolate. Ella sorprendida me agradeció y después se fue. Ahora somos grandes amigos». «En el centro de Nápoles (Italia), los Niños Jesús que hicimos y que les ofrecemos a las personas, gustan mucho y había muchas personas alrededor del puesto donde estábamos, incluso sólo para dar apoyo a la iniciativa. Una maestra, no creyente, que tiene muchos problemas, tenía el Niño Jesús en sus manos y lo miraba: “¡Ésta va a ser mi Navidad!”. Un niño fue corriendo a su casa, vació su alcancía, y llegó con las monedas para comprar el suyo». A cargo de los Centros Gen4