Movimiento de los Focolares
Aletta nos ha dejado

Aletta nos ha dejado

1995AlettaSalizzoni«Acompañamos en alegría y con inmensa gratitud el retorno de Aletta a la casa del Padre. No podríamos tener un modelo mejor de alguien que “da su vida sin medida”, como nos sugiere el lema de hoy». María Voce anuncia así a los miembros del Movimiento la muerte de Vittoria Salizzoni, que expiró serenamente esta mañana, 22 de noviembre, pocos días antes de cumplir 92 años. Vittoria Salizzoni nació en Martignano (Trento) el 27 de noviembre de 1924; era la tercera de los ocho hijos de María y Davide Salizzoni. Durante 12 años vivió en Francia, donde emigró con la familia. En el 1941 regresó a Trento (Italia) y, en plena segunda guerra mundial, el 7 de enero de 1945 conoció a Chiara Lubich, con la que pasó muchos años de su vida. Junto con otros, Aletta llevó el “ideal de la unidad” a Oriente Medio, donde hoy hay muchas comunidades que viven la espiritualidad de la unidad, en diálogo y amistad también con personas de otras religiones. Una larga vida totalmente en donación.

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Aletta Salizzoni primera a la derecha

María Voce, en su mensaje, invitó a seguir poniendo en práctica el mandamiento de Jesús, el amor recíproco, para que esté siempre espiritualmente presente “Jesús en medio/la paz” entre todos, una característica que Aletta siempre puso en evidencia con su presencia. El funeral se celebrará el Jueves 24 de noviembre, a las 15 hs. (de Roma), en el Centro Mariápolis de Castel Gandolfo.

Argelia: 50 años de diálogo

Argelia: 50 años de diálogo

2 algeria 50Una tierra en la que los cristianos son menos del 1%, Argelia es el primer país musulmán que acogió la espiritualidad de la unidad en la mitad de los años ‘60. Años difíciles de transición y de desarrollo en esta área estratégica. Todavía sigue vivo el recuerdo de los monjes de Tibhirine, cuyo ejemplo trasciende las diferencias religiosas y nos remite a la esencia de la fraternidad del único género humano. «Chiara Lubich nos invitaba a no detenernos ante las dificultades del presente – recuerda Rosi Bertolasi, quien vivió durante 13 años en el Focolar de Argel –. Vista a través de sus ojos, la experiencia que estábamos haciendo se mostraba cargada de esperanza. Ya vislumbraba la vida que se desarrollaría en el futuro». «También el Card. Duval, quien entonces era Arzobispo de Argel – continúa – nos animó siempre, y hoy en día podemos afirmar con alegría que en Argelia, hombres y mujeres musulmanes, gracias a haber sido fieles al diálogo de la vida y a la presencia también en momentos difíciles, han desarrollado una experiencia propia de pertenencia al Movimiento de los Focolares». Además de la de Rosi, son numerosas las voces de quienes fueron testigos del inicio de esta aventura. Estamos en Tlemcen, (oeste de Argelia, a unos 60 km de Marrueco), donde el pasado 1-2 de noviembre se celebró el 50° aniversario de la llegada del Movimiento de los Focolares, que desde Argelia abrió las puertas a muchos países del norte de África y Oriente Medio. Estuvieron presentes Mons. Tessier, arzobispo emérito de Argel y Mons. Vesco, actual Obispo de Orán, Jesús Morán, copresidente de los Focolares, los responsables de los Focolares en varias regiones de Oriente Medio, entre ellas Siria, y naturalmente personas de todas partes del país. Precisamente en Tlemcen, en el actual “Centro Mariápolis Ulisse” – así llamado en memoria de Ulisse Caglioni (5 de marzo de 1943 – 1 de septiembre de 2003) uno de los focolarinos que han gastado su existencia para testimoniar la fraternidad sin ahorrar esfuerzos – el 15 de octubre de 1966, con una Citroën, llegó el primer grupo, viajando desde París. Lo recuerda como si fuera ayer Pierre Le Vaslot, focolarino francés actualmente en Italia. A su llegada, los tres – Pierre, Ulisse y Salvatore Strippoli – se encontraron ante un monasterio benedictino que había que reestructurar, construido en los años ‘50 por P. Walzer, abad alemán echado de Alemania por haber rehusado acoger a Hitler en la Abadía de Beuron. El monasterio está pegado a la ladera del monte, a 900 m. de altitud, a pocos pasos de la tumba del místico sufí Sidi Boumedienne, quien dejó una marcada huella espiritual en la región y más allá de ella. El lugar es muy adecuado para realizar encuentros, para la acogida y el diálogo. Ahí se respira paz y serenidad. En el Centro “Dar es Salam”, tal como se conoce en Tlem-cen, empieza entonces una aventura de presencia y de vida compartida con los habitantes de la ciudad. 3 Algeria 50 «Fue una alegría para nosotros en Orán, ver que nuestro monasterio revivía – cuenta Thierry Becker, quien entonces era un joven sacerdote –. Pero ¿quiénes son estos focolarinos? Nadie había oído hablar de ellos. No son monjes ni curas, viven en comunidad. Vinieron para vivir la unidad y hacerla vivir a su alrededor. Los escuché hablar de su ideal, de Chiara Lubich, y aprendí a conocer su espiritualidad. Rápidamente se pusieron manos a la obra y Ulisse transformó esa casa en poco tiempo». Son años de experiencias continuas, como el contacto con el Imam Barkat. Los focolarinos lo ayudaron a salvar a su hijo pequeño, llevándolo al hospital en plena noche e insistiendo para que los médicos lo atendieran. Ese mismo Imam, el papá del pequeño Bahi, fue luego al Focolar para dictar unos cursos sobre los Hadices proféticos y transmitir así la correcta comprensión de sus escritos espirituales. Palabras conmovedoras llegan también de parte de los primeros jóvenes que visitaban el focolar de Tlemcen en los años ‘60 – Mourad, Bouziane, Farouk – quienes hoy están felices viendo a sus hijos y a las nuevas generaciones que llevan adelante ese ideal en el que ellos fueron los primeros en creer. Maria Chiara De Lorenzo

El Evangelio vivido: trabajar en dúo

El Evangelio vivido: trabajar en dúo

foto pdv20161120Sabía todo «Como sacerdote, creía que sabía dar una opinión sobre cualquier tema. Un día fui invitado a celebrar la misa en el retiro de algunos jóvenes comprometidos, que durante la celebración hicieron explícitamente el pacto de estar dispuestos a dar la vida el uno por el otro. Me quedé impactado: ¿Sería yo capaz de hacer una cosa así? Todo lo que sabía me pareció, no digo inútil, sino insuficiente para ser un verdadero cristiano. ¡Cuántas cosas que descuidé a causa del estudio, cuántas omisiones justificadas por algún compromiso que consideraba importante…! Esos jóvenes me cambiaron la vida» (R. P. – Francia) Antes del ofrecimiento «Después de mudarnos al nuevo pueblito, nació una amistad con una familia de vecinos que nos ayudó mucho a integrarnos en el nuevo ambiente, a ubicar a los niños en la escuela… La estima era recíproca; los hijos de esa familia nos llamaban tíos, y lo mismo hacían nuestros hijos con ellos. Lamentablemente, pasando el tiempo, algo se deterioró y los hijos de los vecinos comenzaron a saludarnos con un “buen día, señores”. No podíamos seguir así, también porque integrábamos la misma comunidad parroquial. Un domingo en la misa, el Evangelio que se leyó nos recordaba que antes de llevar tu ofrenda al altar es bueno reconciliarse con el hermano… Mi esposa y yo nos miramos y decidimos proceder como decía el Evangelio. Saliendo de la misa, fuimos hacia nuestros vecinos y les pedimos perdón si los habíamos ofendido en algo. Después de un incómodo momento de sorpresa, nos abrazamos» (A.T. – Hungría) Era otra persona «En el hospital donde trabajo como ginecóloga se internó  una mujer conocida como prostituta. Las otras pacientes y también alguna enfermera trataban de evitarla. Notando su aislamiento, le presté una atención especial, y esto animó también a las otras a dirigirle la palabra, a brindarle ayuda. El mismo relato de su triste vida les llamó la atención y despertó su  benevolencia. Después de pocos días ya parecía otra persona. Cuando fue dada de alta, decía: «La verdadera curación no es física… Mi vida recomienza de otro modo» (M. S. – Polonia)

India: 170 seminaristi in workshop

India: 170 seminaristi in workshop

    20161123-01«Ho imparato ad essere aperto, a non nascondere la polvere sotto il tappeto». È il commento di uno dei 170 seminaristi di Pune (India) soddisfatto per aver partecipato al workshop sulle dinamiche di gruppo progettato sui principi della spiritualità dell’unità, tipica dei Focolari. «Ho capito che devo pensare positivo in tutto ciò che faccio – dichiara entusiasta un altro seminarista – ho fatto nuove amicizie, anche con compagni più anziani di me». Colpisce lo sprint di questi giovani. Sorprende anche che in India – una regione dai mille riti e divinità, patria dell’induismo e del buddismo – ci sia un seminario cattolico con così tanti giovani. E che, come testimonia il direttore spirituale del seminario, Padre George Cordeiro, siano fortemente motivati e decisi per il sacerdozio. Il rapporto dei Focolari col seminario pontificio dell’India risale al 1980; da allora, in varie occasioni i focolarini sono stati invitati a presentare ai seminaristi la loro spiritualità. Molti di questi, diventati sacerdoti o vescovi, continuano a promuovere  – nella loro non facile azione pastorale – la dimensione comunitaria del messaggio cristiano. In questo 2016 hanno chiesto al Movimento di organizzare un workshop di tre giorni sulle dinamiche di gruppo. Era la prima volta che i focolarini di Mumbai si trovavano di fronte ad una simile impresa, ma hanno accettato la sfida. Con un team di 12 persone, uomini e donne, fra cui alcuni esperti nel campo psicologico e relazionale, si sono dedicati al progetto organizzando un workshop su misura per seminaristi. Un lavoro impegnativo, anche per la diversità delle culture dei partecipanti, originari di ogni parte dell’India, e per i loro differenti percorsi di studio: dal ginnasio agli studenti di teologia e filosofia. Obiettivo del workshop era di mettere in mano ai seminaristi gli strumenti per costruire la comunità. E di farlo, questa era la richiesta specifica, attingendo a quegli elementi della spiritualità dell’unità che più hanno a che fare con la relazione interpersonale: il “farsi uno” con l’altro, l’ascolto profondo, il patto dell’amore scambievole, la condivisione delle esperienze, il dialogo, ecc. In pratica, si dovevano presentare ai seminaristi i vari modi di andare incontro all’altro, privilegiando i rapporti. Con tali caratteri come paradigma culturale, declinati in chiave psicologica e relazionale, ne è uscito un mix con brevi relazioni, scenette, giochi di ruolo, testimonianze (di laici e sacerdoti), esercitazioni pratiche per provarne su se stessi l’efficacia. 20161123-02Fin dall’inizio il laboratorio è stato seguito con entusiasmo e sostenuto con una vivace partecipazione, che ha aiutato al continuo passaggio “dall’io al noi” che i ragazzi andavano facendo. Un processo che diventerà molto utile a loro quando si ritroveranno a lavorare in gruppo e quando  saranno chiamati a suscitare e condurre gruppi di altre persone. Mettendo così in atto quella cultura dell’incontro e del dialogo tanto sottolineata da papa Francesco. Padre George ha definito il workshop “un’autentica esperienza di Dio fra gli uomini”. L’intuizione di tradurre la spiritualità in vita e le idee in fatti quotidiani, si è rivelata vincente. Lo attestano i numerosi feedback scritti dai partecipanti: «Posso fare tutto, ma ad una condizione: che in me ci sia sempre l’attenzione agli altri». «L’incoraggiamento a mettere in pratica il vangelo e non soltanto a studiarlo, ha provocato un cambiamento radicale della mia vita». «Questo workshop è stato un trampolino di lancio per la mia vocazione e le mie interazioni sociali. Le storie di altre persone sono state per me una grande lezione». «Un’esperienza estremamente feconda di addestramento ad essere comunione. Nuove strade si sono aperte davanti a noi. È una grazia poter offrire la spiritualità di comunione nel contesto odierno».

Los derechos conjugados en plural, desde una mirada africana

Los derechos conjugados en plural, desde una mirada africana

20161118-01«En un mundo en el que la globalización dicta sus leyes, una de las paradojas más significativas a las que asistimos es que la voz del Sur del mundo se ignora. África, rica en recursos naturales como diamantes, oro, petróleo, y otros minerales preciosos, se encuentra frente a la pobreza, al subdesarrollo siempre en  aumento, a la peor esperanza de vida, a un alto nivel de analfabetismo y eso a pesar de los millones de dólares de las ayudas occidentales volcados a lo largo de los años en varios proyectos. ¿Por qué? La dramática respuesta no es únicamente la guerra en curso, no son las enfermedades; es sobre todo la corrupción que en África se ha convertido en un hecho normal y aceptado, lo que está lacerando el continente. Un continente en el que los pobres tienen que corromper para sobrevivir, para ser curados en los hospitales, para entrar en las “mejores” escuelas de formación profesional, para lograr tener puestos de trabajo y para salir de la cárcel. Ni siquiera las leyes logran arrancar este mal. En la mayor parte de los países africanos, el Derecho es de origen occidental, con algún matiz tomado de las culturas locales.  La tutela del individuo, si bien es un valor universalmente aceptado, se contrapone al principio de la comunidad, muy amado por las tradiciones africanas, que subraya la importancia de la solidaridad. El individuo existe sólo si pertenece a una comunidad y actúa en función de la comunidad. Es el principio del “Ubuntu”: Yo soy porque nosotros somos. El Ubuntu en las culturas africanas es una invitación a sostenerse y ayudarse mutuamente, es tener conciencia de los propios deberes. Así se expresó Nelson Mandela: Ubuntu significa plantearse la pregunta: “¿Quiero ayudar a la comunidad que me rodea a mejorar?” Es una regla de vida basada en el respeto del otro, creyendo que existe un vínculo que une a toda la humanidad. Es un deseo de paz. Y a pesar de ello, justamente en África falta la paz en muchos lugares, y la causa remota de los conflictos es, aunque parezca absurdo, su inmensa riqueza. Se lucha por el control de los minerales y las víctimas de estos conflictos son los más débiles. Esforzándose por integrar los valores heredados de la colonización con los propios valores tradicionales, y frente a los desafíos de un mundo en el que sólo el desarrollo económico da derecho de expresión, África está perdiendo cada vez más sus valores, sin adquirir de verdad los “importantes”. 20161118-02En mi país, Camerún, en el que hay una gran corrupción, surgió una pequeña ciudad, a la que Chiara Lubich dio vida realizando obras sociales a favor del pueblo Bangwa, que tenía el riesgo de extinguirse y encontró la salvación. Pero con las obras, Chiara trajo sobre todo un nuevo estilo de vida, inspirado en la práctica de la fraternidad; nació una convivencia inspirada, en la reciprocidad, en una verdadera justicia, que apaga toda lucha, previene el conflicto, encuentra soluciones a los problemas también de las familias;  nadie roba, ni mata, se transita por “caminos de paz”. Así la fraternidad puede llegar a ser un principio también jurídico para la convivencia y cambiar relaciones basadas en la fuerza, en relaciones de acogida e inclusión que se traduzcan en solidaridad, responsabilidad y subsidiaridad. La paz se define hoy como desarrollo, seguridad, universalidad de los derechos humanos, respeto de la vida; la paz es un derecho, pero espera que el Derecho sea su instrumento. Y para ello, no bastan las Declaraciones y los Tratados. Los derechos, si se conjugan sólo en singular, ponen de relieve sólo al individuo y dan espacio a intereses y conflictos. Pero “universal” no significa “absoluto”,  significa “común”; es lo que acomuna, de otra manera no podría existir ninguna relación entre individuos, culturas o concepciones diferentes entre ellas[1]. Y si la universalidad que encierra la dignidad humana permite relacionarse con todo hombre, la fraternidad, en cuanto nuevo paradigma, puede constituir su principio inspirador  hasta “hacerse” cultura también jurídica y camino que prepara la paz. Es la que surge del corazón y se traduce en actitudes coherentes en la vida de cada día, capaces de transformar las relaciones conflictivas en relaciones en las que todo se comparte, hasta la reciprocidad, en la que lo que se debe se hace don para el otro». Raphaël Takougang   [1] Cfr. F. Viola, L’universalità dei diritti umani: un’analisi concettuale, in F. Botturi – F. Totaro (a cura di), Universalismo ed etica pubblica, Vita e Pensiero, Milano 2006, p. 164 s.