11 Oct 2016 | Sin categorizar
La tempestad más violenta que en los últimos años impactó la isla – ya tan asolada – provocó al menos 900 víctimas. Ahora está amenazada por un peligro aún más grave, es decir las epidemias, en especial el cólera. Wilfrid Joachim Joseph, referente SAD en Haití – apoyo a distancia, promovido por las Familias Nuevas – nos informa que en los alrededores de Mont-organisé, zona rural en el distrito de Ouanaminthe, en el Nordeste de Haití, «donde AFN (Acción Familias Nuevas) apoya a distancia a numerosos niños, el ciclón Matthew no causó víctimas, pero sí muchos daños a las construcciones. En especial a las granjas y a los establos, afectando así, con graves consecuencias, las pocas fuentes de sustento de la población que, precisamente por ser rural, vive de la agricultura y la ganadería”. El Movimiento de los Focolares se ha movilizado de inmediato para ofrecer ayudas de todo tipo a las personas víctimas de esta grave calamidad natural. La “Coordinación ayudas para las emergencias humanitarias”, indica las siguientes cuentas corrientes a quienes deseen dar su contribución para Haití, especialmente para las comunidades de los Focolares: CAUSAL: Emergencia Haiti
| Acción por un Mundo Unido ONLUS (AMU) |
Acción para Familias Nuevas ONLUS (AFN) |
| IBAN: IT16 G050 1803 2000 0000 0120 434 De la Banca Popolare Ética |
IBAN: IT55 K033 5901 6001 0000 0001 060 De la Banca Prossima |
| Código SWIFT/BIC: CCRTIT2184D |
Código SWIFT/BIC: BCITITMX |
Las cifras depositadas en estas dos cuentas corrientes con esa causal, serán administradas conjuntamente por AMU y AFN. Estas donaciones gozan de beneficios fiscales en muchos Países de la Unión Europea y en otros Países del mundo, según las diferentes normas locales.
11 Oct 2016 | Sin categorizar
Lionello nació el 10 de octubre de 1925, en Parma (Italia), en una familia acomodada de la que recibió una educación basada en la honestidad y la autenticidad. Cursó el bachillerato en los años marcados por la segunda guerra mundial, en los que advirtió un especial atractivo hacia los problemas sociales y civiles. En 1943 se inscribió en la facultad de Jurisprudencia y se graduó en 1947 con la máxima puntuación y “cum laude”, después de un periodo de pausa que pasó en la cárcel por haber apoyado el movimiento partisano. Después de la guerra se empeñó en las actividades formativas y culturales de la FUCI (Federación Universitaria Católica Italiana) y en las actividades políticas de la Democracia Cristiana, sin descuidar la asistencia a los pobres a través de la Conferencia de S. Vicente. Sin embargo temía aburguesarse. Adhirió por tanto a una iniciativa que reunía a jóvenes deseosos de ahondar espiritualmente en la luz del Evangelio. Allí se enteró de la existencia de la espiritualidad de la unidad de Chiara Lubich y, en enero de 1950, se encontró con Ginetta Calliari, una de las primeras focolarinas. «Ella nos habló de forma muy simple, pero con gran convicción. (…) El cristianismo que exponía era tan fresco y fascinante que me parecía casi escuchar por primera vez qué era el cristianismo mismo», recuerda. Junto a este crecimiento espiritual sigue también el profesional: llegó a ser el magistrado más joven de Italia. En 1953 participó en la Mariápolis de verano, en la que se profundizaba la espiritualidad de la unidad. Encontró a Chiara Lubich, Pasquale Foresi e Igino Giordani. Fueron días que marcaron por siempre su vida. Así los recuerda: «Esa convivencia, aun siendo de dimensiones reducidas, era completa: había vírgenes y casados, sacerdotes y obreros. Podía ser un modelo para la sociedad entera, porque contenía una ley de valor universal. Vi en ese “cuerpo” de personas unidas en Cristo, si bien pobre de medios materiales, aun compuesto por personas no faltas de defectos e ingenuidades, un organismo en el que el Señor había depositado una luz, una ley, una riqueza destinadas a difundirse en todo el mundo (…)». En esa ocasión decidió seguir a Dios en el focolar. En 1961 dio un paso que causó sensación: dejó la profesión (mientras tanto había sido nombrado Sustituto Procurador de la Magistratura en Parma) para dedicarse por completo al Movimiento. El semanal “Gente” publicó un artículo sobre este Magistrado que «había dejado la toga por la Biblia». En 1962 recibió el «Premio de la bondad» de la Región Emilia (Norte de Italia).
Luego Lionello estuvo en Roma, en la primera escuela internacional de Grottaferrata, después en Turín y finalmente llegó a la ciudadela de Loppiano en 1965 donde, por 15 años, dictó clases a los jóvenes focolarinos y dedicó todo si mismo al desarrollo de la ciudadela naciente con “el amor recíproco como ley fundamental”. Fue ordenado sacerdote en 1973 y para él esto consistía en «estar al servicio del carisma, ser una trasparencia de amor, ser “más Jesús” para los demás». En 1981 cubrió varios cargos en el centro del Movimiento en Rocca di Papa. Después de la licencia en Teología y Derecho Canónico, se volvió un experto de asociaciones laicales, desarrollando un trabajo precioso como consultor para la formulación de los Estatutos del Movimiento de los Focolares (Obra de María), en contacto con los mejores canonistas de la Santa Sede. En el último verano, en 1986, le diagnosticaron un tumor y a menudo le volvían a la mente y al corazón algunos pensamientos de Chiara Lubich, especialmente uno sobre María: «Es toda bella la oración del Ave María en cada expresión suya, pero hoy yo quisiera sugerir de subrayar con el corazón de forma especial ese doble pedido: “Ruega por nosotros pecadores ahora” y “en la hora de nuestra muerte”, para que María nos asista con su intercesión ante Dios en cada nuestro momento presente y para que en ese momento importante, que es la muerte, esté presente a nuestro lado de manera especial». Murió al improviso el 11 de octubre. Hay quien lo definió como el “hombre de las bienaventuranzas”, porque precisamente en ellas lo encontramos reflejado: en la pureza de corazón, en la mansedumbre, en la misericordia, en la paz, en el hambre y sed de justicia. De hecho, la frase del Evangelio que orientó su vida fue: “Buscad primero el reino y su justicia, y todo eso se os dará por añadidura” (Mt 6, 33).
10 Oct 2016 | Focolare Worldwide
«Conocemos a Khalid desde hace más de diez años. Un día tocó a nuestra puerta para vendernos algo, pero sobre todo para que lo ayudáramos a encontrar un trabajo. Estaba en Italia desde hacía más de un año, clandestino y sin un lugar donde vivir. Tenía 24 años y venía de Marruecos, donde había dejado a su madre, viuda con dos hijos menores. Después de una semana, volvió de nuevo. “Tenía hambre y me disteis de comer, era forastero y me recibisteis”…. Las frases del evangelio nos interpelaban con fuerza. En aquel momento lo que podíamos hacer era invitarlo a nuestra mesa. Por la tarde le ofrecimos que trabajara en el huerto y en el jardín. Estuvo con nosotros otros dos días. Así pudo enviar una pequeña suma de dinero a su mamá. Era la primera vez que lograba ayudar a su familia y eso lo hizo feliz. Nos movimos para buscarle un trabajo pero la respuesta era siembre la misma: es un clandestino, no podemos contratarlo. Al final ha encontrado un trabajo provisional en una empresa agrícola. Trabajaba en un invernadero, vivía en un contenedor con un hindú; su vida era dura pero estaba contento. Un día sonó el teléfono: su amigo hindú nos decía que Khalid no se encontraba bien. De nuevo era Jesús quien nos llamaba. Fuimos a verlo y lo acompañamos a la consulta de nuestra doctora que dio su disponibilidad; tenía una dolorosa otitis y había que tenerlo bajo control. Entonces decidimos ponerlo en la habitación junto con nuestro hijo. Al principio teníamos que levantarnos más de una vez durante la noche para cuidarlo. También nuestros hijos se han demostrado atentos hacia él. Mientras tanto, el dueño de la empresa no tenía intención de regularizar la situación. Nosotros nos habíamos convertido en la última esperanza a la que todavía podía recurrir. El Señor nos pedía un acto de amor todavía más radical. De modo que decidimos asumir a Khalid como empleado domestico y más tarde fuimos madurando la idea de alojarlo en nuestra casa como otro hijo más. Le pusimos a disposición algunos espacios de la casa donde pudiera tener su independencia; cuando preparábamos la comida, estábamos al tanto para respetar sus convicciones religiosas, así como sus momentos de oración y sus horarios de comidas durante el Ramadán. Así se fue profundizando también el diálogo a nivel religioso. La relación entre nosotros ha llegado a ser cada vez más confidencial: por la noche a menudo nos quedábamos hablando de su vida y de la nuestra, de sus tradiciones y de las nuestras. Dudas y dificultades no nos han faltado, pero, junto con la comunidad del Movimiento que nunca dejó de sostenernos, encontrábamos la fuerza de ir adelante. La providencia nunca faltó. Un señor desconocido nos regaló una motocicleta que después pusimos en regla. Personas del Movimiento le han procurado la ropa necesaria… Después le ofrecieron un trabajo que lo satisfacía, aunque era provisional, y que le ha permitido ayudar a su familia y también devolver parte de los gastos que habíamos hecho por él. Después de unos siete meses, quedó libre una casita en la que pudo transferirse con algunos de sus amigos. Después volvió a Marruecos donde se casó. A su regreso a Italia con su esposa, encontró un trabajo a tiempo indeterminado que le permite llevar una vida más tranquila. Nacieron tres niños, dos de los cuales ya están en la escuela elemental. También con su esposa se ha construido una hermosa relación, a pesar de las dificultades de la lengua. Un día quiso demostrarnos su agradecimiento y nos ofreció preparar en nuestra casa un almuerzo completamente marroquí, que hemos degustado junto con nuestros hijos. ¡Nos hemos convertido en los abuelos de sus niños, los cuales están a menudo en nuestra casa! Compartiendo con ellos, experimentamos continuamente la alegría de la presencia de Dios entre nosotros.» (G. de Mantova –Italia-)
8 Oct 2016 | Focolare Worldwide
La Palabra de vida de este mes nos invita a no responer a la ofensa que recibimos con una nueva ofensa sino – como sugiere Chiara Lubich – «con un acto de voluntad y lucidez, por lo tanto de libertad, recibiendo al hermano así como es, a pesar del mal que nos hizo, como Dios nos recibe a nosotros pecadores, a pesar de nuestros defectos». Algunos breves testimonios: Aquel muro se derribó «Viví una niñez y una juventud muy triste, a tal punto que no conservaba ni siquiera un recuerdo positivo. Incluso cuando me casé, las relaciones con mi familia de origen me dejaban siempre una profunda amargura; eran sólo críticas y desprecio. No fue fácil olvidar, pero traté de vivir las palabras del Evangelio: dar sin sin esperar la recompensa. Un día mis padres vinieron a pasar las vacaciones con nosotros. Decidí darles gusto sin esperar nada a cambio. Le di un beso a mi madre, algo que no sucedía desde mi infancia. Ella me abrazó y le saltaron las lágrimas. Sentí que el muro que nos dividía se derrumbaba. Y papá, el día de su cumpleaños, quiso que pusiera su música preferida y que bailara con él. ¡Fue una gran conquista lograr esta armonía con mi familia!» (Margherita . Suiza ) Una pelea que terminó dulcemente «Cuando estaba en la casa de mi hermana supe que mis padres se habían peleado. Desde hacía tres días no se hablaban y papá rechazaba comer la comida que mi mamá preparaba. Cuando llegué a casa, enseguida advertí una atmósfera pesada. Sin hacer preguntas, me puse a servir concretamente adelantando algunos trabajos; en la primera ocasión en que me encontré a solas con mi padre, traté de que me dijera qué había pasado. Se abrió conmigo y así también yo le pude decir mi compromiso en tratar de vivir las palabras de Jesús. Cuando mencioné el perdón del cual Jesús nos dio el ejemplo, se puso más atento. Al final nos pusimos de acuerdo en que cuando volviera mamá a casa la iba a escuchar atentamente. Desde la ventana de la cocina vi la escena de ella que volvía y de mi padre que le preguntaba dulcemente cómo le había ido en el trabajo» (P. F. – Camerun) Un simple “hola” «Existían desde hacía algún tiempo algunas incomprensiones entre mi hermana y yo, a tal punto que no nos saludábamos más. Un día decidí dar el primer paso para reconciliarnos. Pero no era nada fácil: yo era el hermano mayor, tenía mi dignidad…. Después de una noche agitada, de mañana en la cocina le dije “hola”, pero tan bajito que ella no escuchó. Armándome de coraje, repetí con más fuerza el “hola”. Ella se quedó sorprendida y enseguida hicimos las paces. Fue tal la alegría y el sentimiento de liberación que experimenté, que me puse a canturrear» (Dolfi – Italia)