Congo: el compromiso de los jóvenes por la paz

Micheline Mwendike

Micheline Mwendike
Siempre ha sido este el deseo de Dios: poner su morada entre nosotros, su pueblo. Ya las primeras páginas de la Biblia nos lo muestran descendiendo del cielo, paseando por el jardín y conversando con Adán y Eva. ¿No nos creó para esto? ¿Qué desea el que ama sino estar con la persona amada? El libro del Apocalipsis, que escruta el proyecto de Dios sobre la historia, nos da la certeza de que el deseo de Dios se realizará en plenitud. Él ya comenzó a poner su morada en medio de nosotros cuando vino Jesús, el Emmanuel, el «Dios-con-nosotros». Y ahora que Jesús ha resucitado, su presencia ya no está limitada a un lugar ni a un tiempo: se ha extendido al mundo entero. Con Jesús comenzó la construcción de una nueva comunidad humana muy original, un pueblo compuesto por muchos pueblos. Dios no solo quiere habitar en mi alma, en mi familia y en mi pueblo, sino entre todos los pueblos, llamados a formar un solo pueblo. Por otra parte, la actual movilidad humana está cambiando el mismo concepto de pueblo. En muchos países el pueblo está compuesto ya por muchos pueblos. Somos muy diferentes por color de piel, cultura y religión. Muchas veces nos miramos con desconfianza, recelo o miedo. Hacemos la guerra unos contra otros. Pero Dios es Padre de todos, nos ama a todos y a cada uno. No quiere habitar con un pueblo –«por supuesto, el nuestro», podríamos pensar– y dejar solos a los demás pueblos. Para Él somos todos hijos e hijas suyos, una única familia. Así pues, guiados por la Palabra de vida de este mes, ejercitémonos en apreciar la diversidad, en respetar al otro, en mirarlo como una persona que forma parte de mí: yo soy el otro y el otro es yo; el otro vive en mí y yo vivo en el otro. Comenzando por las personas con las que vivo cada día. De este modo podemos hacer sitio a la presencia de Dios entre nosotros. Y Él recompondrá la unidad, salvaguardará la identidad de cada pueblo, creará una nueva «socialidad». Así lo intuyó Chiara Lubich ya en 1959, en una página de extrema actualidad y de increíble profecía: «El día en que los hombres –pero no en cuanto individuos, sino en cuanto pueblos– […] sean capaces de posponerse a sí mismos, de posponer la idea que tienen de su patria, […] y esto lo hagan por ese amor recíproco entre los Estados que Dios pide (lo mismo que pide el amor recíproco entre los hermanos), ese día será el comienzo de una nueva era, porque ese día […] se hará vivo y presente Jesús entre los pueblos […].» Éstos son tiempos en los que cada pueblo ha de traspasar sus propias fronteras y mirar más lejos. Ha llegado el momento de amar la patria de los demás como la nuestra. Nuestros ojos tienen que adquirir una nueva pureza. No basta con desapegarnos de nosotros mismos para ser cristianos. Hoy los tiempos exigen al seguidor de Cristo algo más: una conciencia social del cristianismo […].» […] nosotros esperamos que el Señor tenga piedad de este mundo dividido y disperso, de estos pueblos encerrados en su propio cascarón contemplando su belleza –única para ellos– limitada e insatisfactoria, defendiendo con uñas y dientes sus tesoros –incluidos tantos bienes que podrían hacer falta a otros pueblos que se mueren de hambre– y haga caer las barreras y que fluya ininterrumpidamente la caridad entre una tierra y otra, como un torrente de bienes espirituales y materiales.»Esperemos que el Señor componga un orden nuevo en el mundo: Él, el único capaz de hacer de la humanidad una familia y de cultivar la diversidad entre los pueblos para que en el esplendor de cada uno puesto al servicio de los demás, resplandezca la única luz de vida que embellece la patria terrenal y la convierte en antesala de la Patria eterna»1. FABIO CIARDI 1 «María, reina del mundo»: C. LUBICH, Pensamientos (1961), en Escritos espirituales/1, Ciudad Nueva, Madrid 1995, pp. 211-213. Cf. también ID., La doctrina espiritual, Madrid 2002, pp. 300-301.
Dormía en compañía de las ratas «Me importaban sólo la plata, la ropa de marca, las mujeres y la diversión. Después de haber experimentado la cárcel por posesión y venta de heroína, volví a llevar la misma vida de antes, entre violencia, estupefacientes y alcohol. Hace aproximadamente tres años, un tipo que yo consideraba como amigo, me robó droga y plata. Enojado conmigo mismo, con Dios y con el mundo entero, caí muy bajo. Dormía en una casa abandonada, en medio de la basura y en compañía de las ratas. Un día un desconocido, sin preguntarse quién era yo, me invitó a comer en su casa y me trató como a un hermano. Me sentí impulsado a acompañarlo en la iglesia a la que asistía y allí, por primera vez después de un largo tiempo, experimenté una sensación de paz. Luego volví allá también solo. Me quedaba en silencio por horas, aprendía a rezar. Intenté cambiar de vida. Aunque tuve recaídas, cada vez Jesús me dio la fuerza de reponerme. Hoy en día vivo en una comunidad de rehabilitación y trato de devolver la ayuda recibida estando al servicio de quienes pasan necesidad.» (Samuele – Italia)
La sastrería «Cuando ella pasaba delante de nuestro taller de sastrería, le echaba una mirada triste a los vestidos de la vitrina. Un día la invité a pasar. Estaba vestida de manera pobre, pero con gusto. Volvió varias veces, de tal suerte que pude conocer su historia: para cuidar a sus padres había dejado su trabajo y, una vez que se quedó sola, ya no pudo ejercer su oficio de sastre. Hablé con el director de la sastrería y la señora fue contratada. Decir que es la mejor es poco. Supe por varias clientes que desde que ella está, vienen más gustosamente al taller, se sienten mejor recibidas.» (J.B. – Argentina) Inculturación «En mi escuela primaria, hay muchos niños extranjeros. Socializar con ellos no es fácil, sobre todo con un grupo de pequeños gitanos: molestan durante la clase, son agresivos, en muchos casos sus padres están en la cárcel. Un día, para ayudar a una colega de quinto curso, desesperada porque ya no lograba manejar el grupo, los recibí en mi salón. Pensando en Jesús como ejemplo de paciencia y mansedumbre, les preparé los mejores lugares y los presenté a los estudiantes como tutores de los más pequeños. Luego, para que se sintieran protagonistas, les pedí que me enseñaran algo de su idioma, dedicando a esto parte de la clase. Ahora se portan mejor y la inculturación está progresando.» (E. – Italia)
Encuentro. Reconciliación. Futuro. Tres palabras que encierran el significado de la cita en Múnich, en la Karlsplatz (Stachus), donde tendrá lugar la manifestación promovida por más de 300 movimientos y comunidades de varias iglesias cristianas. El objetivo: reflexionar juntos sobre los desafíos abiertos que hay en Europa, y traer a la luz los testimonios de la red, a veces oculta pero muy activa, de una sociedad civil que se compromete en la acogida, la solidaridad hacia los más débiles y desfavorecidos, como puente entre este y oeste, y por la superación de los conflictos, tanto explícitos como latentes. «¿Qué tiene para decir, o sea para dar, Europa al mundo?» se pregunta la presidente de los Focolares María Voce, con respecto a los objetivos de JPE. «La experiencia de estos dos mil años de cristianismo, que hizo madurar ideas, cultura, vida, acciones, que sirven para el mundo actual… y que lamentablemente hasta ahora no se pusieron muy de relieve. Porque de Europa, en este momento, se evidencian las dificultades, los dramas, los muros, la intolerancia y no se evidencia todo el bien que existe». En la Evangelii Gaudium el papa Francisco habla de las ‘ciudades invisibles’ ese “entramado en el que grupos de personas comparten las mismas formas de soñar la vida y similares imaginarios y se constituyen en nuevos sectores humanos, en territorios culturales, en ciudades invisibles” (EG 74). «Sin embargo, inmediatamente después – explica Jesús Morán, copresidente de los Focolares – el Papa dice que estas ciudades invisibles se caracterizan por la ambivalencia. Estos territorios culturales contienen una fuerte carga de violencia y marginación. Las ciudades invisibles son también las mafias. Entonces con esta fraternidad animada por el amor» que es la nota característica también del mensaje de Juntos por Europa, «quisiéramos mostrar las ciudades invisibles del bien, allá donde existen las buenas prácticas, donde se acogen a los refugiados, donde se vive en comunión». ¿Cuáles son las expectativas ante esta edición del evento europeo, que se ubica en vísperas de los 500 años de la Reforma, en una especial coyuntura que ve el continente cada vez más en crisis, también por la incapacidad de responder de forma conjunta a la crisis de los migrantes? Hablamos de ello con Ilona Toth – húngara – y Diego Goller – italiano – , comprometidos en primera persona como Movimiento de los Focolares en la preparación de Juntos por Europa. «Recientemente el Comité de Orientación de Juntos por Europa, se reunió en la sede romana de la Comunidad de San Egidio. En el Comité están representados los distintos movimientos que animan este camino. Fue un momento de intercambio y de elaboración de ideas. Un año antes del 500° aniversario de la Reforma de Lutero (1517-2017), quisiéramos mostrar que ya existe una red de cristianos unidos, que trabajan entre movimientos y varias Iglesias», explica Diego Goller. «Tratamos de acelerar los tiempos y dar la señal que en este Juntos hay una muestra de una unidad lograda, no institucionalmente o teológicamente, sino en el hecho de estar, esencialmente, reconciliados. En efecto, “500 años de división son suficientes” es el título de uno de los momentos de la manifestación. Nos orientamos también según la línea de lo que pidieron el papa Francisco y el patriarca Kirill en la declaración conjunta, es decir, que los cristianos de Europa oriental y occidental se unan para testimoniar juntos el Evangelio». «Constituye una acción política en el sentido más noble del término», afirma Ilona Toth. «El objetivo es el de mostrar todo el bien que existe. La profecía de Juntos por Europa se encierra en su nombre. Juntos, es el don de la fraternidad, entre nosotros los cristianos y, a mayor escala, con personas de otras religiones, de otras culturas. Luego está el aspecto político, donde el Juntos se realiza: los carismas como respuestas en acto a los problemas también políticos de las ciudades». «En Múnich», concluye, «quisiéramos mostrar esta corriente de bien que ya está en marcha, fruto también de los valores del cristianismo madurados a lo largo de los siglos y evidenciados hoy por los varios carismas». La manifestación del 2 de julio será precedida por un Congreso de los Movimientos (30 de junio/1° de julio) en el Circus-Krone-Bau: 17 Fórum y 19 Mesas redondas en los que estarán involucrados exponentes de las Iglesias, de la política, de la sociedad civil sobre temáticas de actualidad. El pasado 21 de abril, en Ginebra, en la sede del Consejo Ecuménico de las Iglesias, se desarrolló una mesa redonda con el título “Europa: ¿cuál identidad? ¿Cuáles valores?” en preparación al evento de Múnich. Mayores informaciones acerca de la manifestación en www.together4europe.org Maria Chiara De Lorenzo