30 Mar 2016 | Focolare Worldwide, Senza categoria
Proteger a los menores es un deber cívico que se inscribe en el más amplio respeto de los derechos humanos. Un deber, por lo tanto, pero también caracterizado por una importante visión de futuro, precisamente por el valor inestimable que representan las nuevas generaciones. Dando una mirada a los distintos artículos de la ley salvadoreña, entrada en vigencia en 2011, se evidencia toda la novedad con respecto a la anterior, que prestaba atención sólo a los casos de fuertes carencias como sobrevivencia, discapacidad, abandono. En esta nueva normativa, que incorpora las líneas-guía de los tratados internacionales, se prevé la protección a todos los niños, desde la concepción hasta los 18 años de edad, garantizando adecuadas oportunidades para un desarrollo integral y una vida inspirada en los principios de la dignidad humana. Como en muchos otros países, también en El Salvador no faltan fenómenos sociales que a veces comprometen dichos principios, justamente por la característica vulnerabilidad que caracteriza la franja de la infancia y adolescencia. Y como en cualquier otro rincón del planeta, también aquí se necesita que la población colabore activamente con las Instituciones para salvaguardar todos los derechos humanos, pero especialmente esos derechos de los que goza todo niño en el mundo. Es del 2014 un Documento, elaborado por el Centro internacional de los Focolares, “para la promoción del bienestar y la tutela de los menores” que suscitó en todo el Movimiento en el mundo una renovada sensibilización hacia esta responsabilidad. Gracias también a esa iniciativa, la comunidad salvadoreña del Focolar está ahora dando una valiosa contribución para dar a conocer de forma capilar los derechos del niño y de cómo hay que actuar para promover su desarrollo integral y su bienestar psico-físico-espiritual. Desenmascarando también ciertas formas escondidas y sutiles con las cuales, involuntariamente, padres y educadores podrían perjudicar su crecimiento armonioso con su forma de actuar. La de los Focolares es una acción que encuentra el amplio consenso de la Iglesia católica local, que a su vez anima a las asociaciones para que adopten todos los medios para ayudar a prevenir cualquier acción que pueda violar dichos derechos. El programa formativo de los Focolares prevé una lectura de la ley desde la óptica del amor evangélico, en la perspectiva de concurrir a la formación de nuevas generaciones cada vez más conscientes, libres, capaces de hacer elecciones autónomas basadas en los valores. En este programa se enmarca también el reciente “Proyecto Up2me” preparado por los Focolares y adecuado a las distintas franjas de la edad evolutiva. Una propuesta apasionante para poner en práctica con adultos, jóvenes y niños, para abrir con muchos un diálogo sobre temas muy candentes hoy en día.
29 Mar 2016 | Palabra de vida, Sin categorizar
¿Por qué estas palabras de Jesús nos son tan queridas y resuenan a menudo en las palabras de vida que elegimos para cada mes? Quizá porque forman el núcleo del Evangelio. Son las que el Señor nos dirigirá cuando al final nos encontremos delante de Él. Sobre ellas versará el examen más importante de la vida, para el cual podemos prepararnos día a día. Jesús nos preguntará si hemos dado de comer y de beber a quien estaba hambriento y sediento, si hemos acogido al forastero, si hemos vestido al desnudo, visitado al enfermo y al preso… Se trata de pequeños gestos que, sin embargo, valen la eternidad. Nada es pequeño si se hace por amor, si se lo hacemos a Él. Pues Jesús no solo se acercó a los pobres y marginados, curó a los enfermos y consoló a los que sufren, sino que los amó con predilección, hasta llamarlos hermanos e identificarse con ellos con una misteriosa solidaridad. Hoy Jesús sigue estando presente en quien sufre injusticias y violencia, en quien busca trabajo o vive en situación precaria, en quien se ve obligado a salir de su patria a causa de las guerras. ¡Cuántas personas sufren a nuestro alrededor por muchas causas e imploran, aun sin palabras, nuestra ayuda! Son Jesús, que nos pide un amor concreto, capaz de inventar nuevas «obras de misericordia» que respondan a las nuevas necesidades. Nadie está excluido. Si una persona anciana y enferma es Jesús, ¿cómo no procurarle el alivio necesario? Si le enseño el idioma a un niño inmigrante, se lo enseño a Jesús. Si ayudo a mi madre a limpiar la casa, ayudo a Jesús. Si llevo esperanza a un preso, si consuelo a quien está afligido o perdono a quien me ha herido, me relaciono con Jesús. Y, cada vez, el fruto será no solo dar alegría al otro, sino sentir nosotros mismos una alegría aún mayor. Cuando damos, recibimos, sentimos una plenitud interior, nos sentimos felices porque, aunque no lo sepamos, nos encontramos con Jesús: el otro, como escribió Chiara Lubich, es el arco bajo el que hay que pasar para llegar a Dios. Así evocaba ella el impacto de esta palabra de vida desde el inicio de su experiencia: «Todo nuestro antiguo modo de concebir y de amar al prójimo se derrumbó. Si Cristo estaba en cierto modo en todos, no podíamos hacer discriminaciones, no podíamos tener preferencias. Se hicieron añicos los conceptos humanos que clasifican a las personas: compatriota o extranjero, viejo o joven, guapo o feo, antipático o simpático, rico o pobre. Cristo estaba detrás de cada uno, Cristo estaba en cada uno. Y cada hermano era realmente “otro Cristo” […]. Al vivir así nos dimos cuenta de que el prójimo era para nosotros el camino para llegar a Dios. Es más, el hermano se nos presentó como un arco bajo el cual era preciso pasar para encontrar a Dios. Así lo experimentamos ya desde los primeros días. ¡Cuánta unión con Dios sentíamos por la noche, en la oración o en el recogimiento, después de haberlo amado todo el día en los hermanos! Y, ¿quién nos daba ese consuelo, esa unión interior tan nueva, tan celestial, sino Cristo que vivía el “den y se les dará” (Lc 6, 38) de su Evangelio? Lo habíamos amado todo el día en los hermanos y ahora Él nos amaba a nosotros»[1].
Fabio Ciardi
[1] C. Lubich, Escritos espirituales/4, Ciudad Nueva, Madrid 1997, pp. 206-207.
29 Mar 2016 | Focolare Worldwide, Senza categoria
«A los 19 años dejé mi región – l’Abruzzo (Italia)- para estudiar ingeniería aeroespacial en Pisa. Fue un estudio difícil pero lleno de satisfacciones: en 5 años logré terminar la especialización con la nota más alta, incluida una pasantía en Alemania que enriqueció más mi currículum. Todo esto lo pude realizar con el apoyo y los sacrificios de mi familia. Cuando me gradué esperaba con ansia poder encontrar mi lugar en el mundo laboral. Pero tuve que afrontar la desocupación juvenil, que en nuestro país es del 40% y con empresas que cuando va bien ofrecen solamente contratos por poco tiempo o consultorías con pagos trimestrales o semestrales. Después de algunos meses empleados en enviar en vano mi currículum, comencé a pensar que tal vez debía dedicarme a otras áreas de la industria, o de lo contrario, emigrar. Sin embargo, inesperadamente, recibo una propuesta de una empresa que en Italia representa el principal Consorcio Europeo constructor de misiles y tecnología de defensa. La idea de un verdadero trabajo en una empresa tan importante como ésta, era muy tentadora. Después de una llamada telefónica muy positiva, fui invitado a la entrevista en la casa central con el personal técnico. El ambiente era juvenil y estimulante. La empresa era seria y de elevada profesionalidad. La elaboración de misiles no reflejaba los principios en los que creo pero dentro de mí existía la esperanza de que me ofrecieran un empleo que no me involucrara en la producción de armas. La entrevista salió bien; después de una semana, entre los numerosos candidatos, fui llamado para firmar el contrato de trabajo. En el contrato existía la cláusula de que se trataba de una tarea directamente vinculada a la producción de misiles. Me sentí acorralado. Por un lado era tentador pues se trataba de un trabajo estable, con un contrato por tiempo indeterminado, un sueldo excelente y una posibilidad segura de hacer carrera. Por otro lado estaba mi convicción de ciudadano, pero antes que nada de hombre, comprometido en la construcción de una sociedad no violenta, basada en el respeto de los derechos humanos, en la justicia social, en el justo equilibrio entre las necesidades humanas, el ambiente y la buena utilización de los recursos. Siempre creí en una sociedad en la cual la ambición de algunos no hiera la dignidad del otro y el éxito económico no llevara a olvidar al ser humano. Para complicar esta evaluación se agregaban mis compañeros de estudio que me empujaban a aceptar sin frenarme en estos moralismos. Ellos sostenían la innegable teoría de que un joven de 25 años recién graduado no puede permitirse en estos tiempos, rechazar un trabajo tan ventajoso. Y con miles de argumentos trataban de ponerme frente a la realidad recordándome que yo era una persona privilegiada pero también… ¡inconsciente! Por último, con este trabajo habría podido liberar a mi familia del compromiso de seguir manteniéndome. Además de mi conciencia, un papel decisivo lo jugaron las personas que me rodean más cercanamente: mi familia, mi novia y los Jóvenes por un mundo unido con quienes me he formado. Y que hicieron madurar la idea – que era cada vez más clara- que para construir una sociedad solidaria y no violenta es necesario trabajar concretamente, testimoniando y pagando con la propia persona. Era mi momento de poderlo hacer. Respondí a la empresa que no podía aceptar ese trabajo, expresando con transparencia los motivos. Indudablemente no fue una elección fácil, en especial porque no tenía otro ofrecimiento de trabajo pendiente. Pero no me detuve en esto. Seguí con mi búsqueda y después de algunas semanas, me llegaron otras propuestas de trabajo que me ubicaron donde estoy hoy trabajando, feliz y satisfecho del trabajo que desempeño en Turín como ingeniero aeronáutico en el sector civil». Fuente: Città Nuova Lee también: “Armas, no gracias”
28 Mar 2016 | Sin categorizar

28 Mar 2016 | Focolare Worldwide
«El 13 de marzo pasado la Costa de Marfil y el mundo entero reciberon con estupor la noticia de que la ciudad balnearia de Grand-Bassam había sido duramente atacada por desconocidos y que era aún difícil contar el número de las víctimas», escriben Jeanne Kabanga y Damase Djato, de los Focolares de Abidjan. «Es posible imaginar el estrago porque durante el fin de semana muchas personas llegan a este lugar desde Abijan, ciudad ubicada a 40 km del lugar y llegan también de otras partes de la región, para descansar en esta playa frente al Hotel llamado «La estrella del SUR». Es un lugar muy visitado sobre todo por los turistas de muchas procedencias. Grand-Bassam –recordamos- fue la primera capital de la Costa de Marfil y está clasificada como patrimonio mundial de la UNESCO»
Ese mismo día, 180 personas se habían reunido en Abijan para reflexionar sobre la actualidad del mensaje de Chiara Lubich, quien recibió el premio UNESCO para la educación a la paz, en el año 1996, y el 14 de marzo se conmemoraba el 8º aniversario de su muerte. Entre ellos estaban el Nuncio apostólico de Costa de Marfil, Mons. Joseph Spiteri y el Imán Diara. Cada año, por invitación suya, la comunidad de los Focolares participa en su mezquita en la celebración del Maouloud (conmemoración del nacimiento del Profeta). «De sus palabras –y partiendo de la invitación de Chiara a los actores políticos de vivir el arte de amar como verdadera terapia para nuestra época- hemos descubierto juntos nuestro deber de amar a todos sin distinción, para no perdernos en los fundamentalismos, sino por el contrario cultivando la esperanza y la misericordia». «Nuestra tendencia, en cambio, subrayó el Nuncio, es la de dar lugar a la misericordia antes que al juicio», pues, «si los musulmanes y los cristianos se amaran», subrayó el Imán, «el mundo se salvaría». Los jóvenes y los chicos que estuvieron presentes hablaron sobre su compromiso en la recolección de firmas por la paz. Después de haber preparado con esmero fragmentos de mensajes de Gandhi, de la Madre Teresa de Calcuta, de Chiara Lubich, del Dalai Lama, salieron a la calle a distribuirlos entre la gente. «No era fácil acercarse a los adultos para presentarles el proyecto – que continuaremos distribuyendo también durante la Semana del Mundo Unido- pero vencimos nuestro temor». El relato de los más pequeños es lo que más impactó a los presentes, también porque estaba impregnado de muchos episodios concretos que hablaban de su compromiso de ser “mensajeros de paz” en su propio ambiente. «Una vez, en casa – cuenta Marie Lucie- mi hermana más chica no había lavado los platos. En el momento del almuerzo por lo tanto no podíamos comer. Le dije que los lavara, pero no quiso. Me dije a mí misma que – si los lavo yo- realizaré un gesto de paz. Hice así y pudimos comer». «En la escuela – cuenta Prince- algunos compañeros se burlaban de otro, que era más débil; lo insultaban y le pegaban. Con otro muchacho decidimos intervenir, hablamos con ellos, explicándoles los ideales de paz en que creemos y pidiéndoles que lo dejen tranquilo. Dejaron de hacerlo y ahora son todos amigos»
En este contexto, también la presentación de la Economía de Comunión, que en Costa de Marfil dio ya algunos pasos, resultó como un posible antídoto para la pobreza y la miseria; acciones, aún pequeñas, como la actividad de Firmin que da clases en uno de los barrios de Abijan. Estas acciones asumen – en el trasfondo de la construcción capilar de la paz- un significado mayor. Y la recolección de firmas por la paz expresó la toma de conciencia personal de cada uno. «Cuando volvimos a casa – continúan Jeanne y Damase- supimos por la televisión la noticia del atentado de Grand Bassam. Después de esta jornada en la cual quisimos hablar y experimentamos la paz, está clara la llamada a ser trabajadores por la paz, practicando todo lo que hemos aprendido y sobre todo tratando antes que nada de conservar la paz dentro nuestro, para poder donarla a nuestro alrededor. Solo así, nos parece, podremos dar nuestra contribución para desarmar el terrorismo y toda clase de rencores».