11 Mar 2016 | Sin categorizar
Saliendo de la capital de Argentina por la autopista hacia el sur, después de media hora de viaje se llega a Plátanos, barrio de la periferia con casi 20.000 habitantes. Son personas trabajadoras que construyeron sus propias viviendas con mucho esfuerzo y poco dinero. La parroquia, dedicada a Santa Isabel de Hungría, es una parroquia que tiene mucha actividad. Hace casi 30 años el Padre Francesco Ballarini, italiano, llevó allí el espíritu de los Focolares. Hoy son los laicos los que continúan viviendo este espíritu de unidad junto con otras parroquias de la Diócesis. «Comenzando este año – cuentan- organizamos una fiesta para los niños de la zona más periférica de Plátanos, cuyos habitantes no asisten con asiduidad a la Parroquia. Invitamos a cada uno a poner en común sus propios talentos: había alguno que enseñaba a hacer pan, otro a pintar, había también un taller de cerámica, un papá catequista que era mago, algunas señoras del barrio prepararon el mate (la típica bebida que se toma en el Cono Sur)». En esta oportunidad conocieron a una chica quinceañera embarazada, a punto de dar a luz. «Precisaba de todo. Comenzó una carrera de solidaridad para lograr cubrir las necesidades suyas y las del bebé, que nació después de pocos días. Llegando a su casa quedamos impresionados del ambiente pequeño, sin piso, sin ventanas, con la puerta rota, donde vivían además de ella y el recién nacido, 6 hermanitos y los padres. La comunidad nuestra se enteró de esta situación, y comenzó hacerles llegar mucha ayuda. Ya casi estamos listos para colocar las ventanas, la puerta, una estufa y otras personas han ofrecido la mano de obra. Algunas señoras fueron a enseñarle a M como cuidar lo mejor posible al bebé. Esta jovencita M, a quien conocimos triste e irascible, ha comenzado a sonreír. Es la caridad vivida juntos la que hace estos pequeños milagros». «Otra iniciativa que estamos llevando adelante juntos – continúan- es el proyecto “Sachetera”: consiste en fabricar con las bolsitas de leche toldos para los que no tienen techo. Como parroquia queremos seguir sosteniendo este proyecto y, si bien este trabajo lo puede hacer cada uno en su propia casa, preferimos trabajar juntos: muchachos, jóvenes y adultos. En una jornada de fuerte lluvia, dudábamos si lograríamos reunirnos, pero pen
«Nos encontramos más adelante en Bernal (otro barrio) con personas de otras parroquias y con jóvenes de los Focolares que conducen proyectos de auxilio a los más necesitados. Para nosotros es importante compartir nuestras experiencias con otras parroquias, también para no cerrarnos solo en “nuestra” periferia y, en cambio, aprender de los demás». En el mes de septiembre se incendió la casa de una familia de un barrio vecino, destruyendo todo, «entramos en acción para ayudar, llevando lo necesario de nuestras casas. Con la comunión de bienes comunitaria logramos reconstruir las paredes. Así, con mucho entusiasmo, ellos pudieron reconstruir su casita. Solo más tarde supimos que la familia pertenece a la iglesia pentecostal, y él es Pastor. Nos conmovimos porque el Amor no hace distinción, una vez más, ni en la confesión religiosa, ni en otras diferencias». En los días siguientes el Pastor, albañil de profesión, se ofreció a pasarle la cal a las paredes de la iglesia destinada a la construcción de un altar para la imagen de la Virgen de Luján. «Les agradezco por el amor que ustedes dieron sin pedir nada – dijo el Pastor a la comunidad católica reunida para la misa dominical en la que quisieron participar- me ayudaron a vencer los prejuicios que muchos de nosotros (pentecostales) tenemos hacia los católicos, también ustedes son mis hermanos».
10 Mar 2016 | Focolare Worldwide
«No podemos hablar de evangelización en Fontem sin hablar del Movimiento de los Focolares», afirma Mons. Nkea delante de las cámaras, concluyendo su visita al Centro Internacional de Rocca di Papa el pasado 8 de marzo. «Hace 50 años Chiara Lubich vino a Fontem y trajo el Ideal [de la unidad]. Por este motivo vinimos aquí: para agradecer a Chiara y al Movimiento por todo lo que hicieron por nosotros en estos 50 años. Es una peregrinación de agradecimiento». Hace 50 años la Diócesis de Mamfe no existía. Y Fontem era una aldea perdida en la selva camerunense, difícilmente alcanzable. No se pueden comprender las palabras del Obispo sin referirse un poco a la historia de esta región, que ha sido descrito por alguna persona como “un milagro en la selva”. Fontem es la primera de las ciudadelas africanas: en 1966 algunos focolarinos médicos viajaron al pueblo Bangwa, diezmado por la enfermedad, con una mortalidad infantil del 98%. Pocos meses después la misma Chiara Lubich viajó a Fontem: «Aquella gran masa de personas reunidas en una vasta explanada delante de la vivienda de su rey, el Fon,- contará en 1995– me pareció tan unida y tan sediente de ideales grandes, que sentí que era un pueblo ya preparado desde hacía tiempo por María para el cristianismo, por su forma de ser tan integral y genuina». «Ellos creyeron en los focolarinos porque los Bangwa sintieron que lo que hacían con ellos lo hacían a Jesús, dando en primer lugar el testimonio del amor entre ellos y luego hacia todo el pueblo».
Hoy en Fontem existe un hospital, Mary Health of Africa, que atiende a gran parte de la región. También hay un colegio, Mary Seath of Wisdom, en el cual se forman los muchachos de las escuelas superiores. Surgieron parroquias en Menji, Fotabong, Fojumetaw, que comenzaron con la ayuda de los focolarinos. «Principalmente aprendimos el amor recíproco y la unidad- declara aún el obispo Nkea-. También yo soy Bangwa por lo tanto estoy hablando en nombre de mi pueblo». «Hemos aprendido el diálogo interreligioso: lo que importa ahora es amarnos unos a otros, cristianos o no, vivir la unidad entre nosotros». Quienes rendían homenaje a Chiara Lubich eran una delegación compuesta por obispos – Mons. Nkea y el obispo emérito Mons. Lysinge, – que cumplía 50 años desde su ordenación sacerdotal- sacerdotes, religiosas y muchos laicos, testigos de esa comunión activa en la diócesis, que ambos obispos propician. Fueron recibidos por la presidente María Voce, del Centro Internacional de los Focolares – quien en enero del 2009 realizó su primer viaje a Fontem como nueva presidente de los Focolares- y el copresidente Jesús Morán, quien en cambio visitará la ciudadela del Camerún por primera vez en el próximo mes de diciembre. La visita de la delegación dio comienzo a las celebraciones del 50º aniversario de la llegada de la espiritualidad de la unidad a Fontem (1966-2016). Las celebraciones durarán todo el año. Un momento particularmente impresionante fue la visita a la casa donde Chiara Lubich vivió en los últimos decenios. Como conclusión se realizó una Misa muy recogida y solemne en la capilla donde descansan sus restos.
«Vuestra “peregrinación” hasta aquí demuestra los frutos de aquella primera visita de Chiara, que daba comienzo a una aventura Divina que nadie imaginaba – afirma María Voce en su intervención de bienvenida a la delegación-. Ustedes son el fruto de la vida de estos 50 años. Para nosotros es una gran alegría: nos permite ver la gran vitalidad de África. Ya pasaron 50 años. El augurio ahora es el de comenzar un nuevo período, esperamos que sea largo, para ofrecer a Dios árboles plenos de flores y frutos maduros». «Con África –comenta Jesús Morán- vivimos un intercambio de dones: el carisma de la unidad don para África. El continente africano don para todo el Movimiento». https://www.focolare.org/news/2013/02/11/50-dei-focolari-in-africa/ EL testimonio del Fon de Fontem Lucas Njifua https://vimeo.com/91699633
9 Mar 2016 | Sin categorizar
«Hace cinco años, antes de que estallara el conflicto en Siria, con toda la familia proyectamos realizar, todos juntos, una experiencia full time en la ciudadela internacional de los Focolares en Loppiano (Florencia). Violet y yo asistiríamos a la Escuela Loreto en la cual, junto con otras parejas de varias partes del mundo, podríamos profundizar diversos temas sobre la familia a la luz de la espiritualidad de la unidad, mientras que los cuatro hijos se integrarían en las escuelas del lugar. Después de varios años de trabajo –soy médico- queríamos reservar un año de nuestra vida para dedicarlo a Dios. Nos preparamos para partir cuidando todos los detalles, con responsabilidad, sin saber lo que iba a ocurrir poco tiempo después: el estallido de conflictos en nuestra tierra. En el tiempo que faltaba para partir hacia Loppiano, pude ser útil de mil modos, socorriendo a los heridos, haciendo también largos y arriesgados viajes en auto para buscarlos. Inclusive el viaje a Italia fue arriesgado por los desórdenes que lamentablemente continuaban.
Estando ya en Loppiano seguían llegando noticias, cada vez más trágicas, que nos atemorizaban y al concluir el curso, nuestros familiares nos rogaron que no volviéramos. Imaginen la angustia con la que tomamos esta decisión y el desconsuelo de no poder hacer nada por nuestros compatriotas. Nos sentíamos como un automóvil: con el motor encendido a mil por hora pero frenado a la fuerza. También quedarse en Italia no era algo simple. Delante nuestro no veíamos futuro. Aunque nos encontrábamos en un ambiente acogedor, por no tener mi título revalidado no podía ejercer la profesión. Me fui adaptando a realizar otros trabajitos como carpintero u otra cosa, en espera de alguna solución.
Pero finalmente se dio la ocasión de poder hacer algo por mi gente. Me enteré de un proyecto de acogida para prófugos en Eslovenia atendido por Médicos Sin Fronteras en el que hacía falta un médico que hablara árabe. De este modo me fui enseguida, sin saber exactamente qué sucedería. Llegando me puse inmediatamente al servicio de mucha gente que llegaba al Centro de acogida, que había viajado por mar o realizando un largo recorrido a pie. Muchos de ellos provenían de Irán, de Iraq, de Afganistán… y ¡muchos eran de Siria! Verlos llegar y poder recibirlos hablando nuestro idioma, fue para mí una fuerte emoción: las lágrimas me caían por el rostro. Desde ese momento no me preocupé de la hora de ir a dormir, de la hora de comer… quería estar todo el tiempo con ellos, aliviar sus sufrimientos, cuidarlos, hacer que se sintieran ‘en su casa’. Tengo todavía en el corazón y en los ojos a la primer niñita que atendí: lloraba continuamente, no lográbamos tranquilizarla. Auscultándola me di cuenta que sólo tenía dolor de barriga y comencé a hamacarla y hablarle en árabe… la niña poco a poco se tranquilizó y se durmió en mis brazos. Cuando los otros se acercaban para tomarla, ella se agitaba y no quería dejar mis brazos… fue para mí una experiencia muy fuerte. Aquí la llegada de gente es continua. Llegan tres trenes por día con casi 2.500 personas. En solo cuatro días nos tuvimos que ocupar de tanta gente como no había ocurrido en un mes. En nuestro equipo somos seis: los otros son de otros lugares. También ellos se dieron cuenta enseguida de lo impactante que fue para mí ver llegar a mis compatriotas en esas condiciones. Cuando los recibo, les digo mi nombre (Issa=Jesús), veo que sus ojos brillan. Para cada uno de ellos quisiera ser otro Jesús que está allí para recibirlos, que los cuida a través de mí. Esta posibilidad que se me dio es para mí como una respuesta de Dios».
8 Mar 2016 | Sin categorizar
«Se podría decir que ésta es la hora de la mujer: no porque la prensa no haga más que hablar de divorcios y de chismes y de lo que las divas han puesto de moda, sino porque se siente que en la convivencia, que es fruto de la dialéctica hombre-mujer, sea más que nunca necesaria, la presencia de la que es o será madre; naturalmente o espiritualmente. El organismo social sufre como nunca antes, por la carencia de la femineidad plena, sana, normal, es como un vuelo en donde una de las alas está demasiado agitada, la otra apagada, y se avanza entonces en el desorden. La conciencia del pueblo es que ésta es la hora de la mujer; pero de una “mujer, mujer”, y no de una contaminación o rival del hombre, casi como un hombre . La historia de los últimos siglos, en los cuales el tipo del hombre fuerte- del superhombre- fue forjado con el desprecio de la femineidad, ha sufrido el exceso de masculinidad. No equilibrada con la femineidad. Un defecto igual y contrario de la femineidad que no está integrada y ni sostenida por la virilidad. Hoy las mujeres tienen derecho al voto, conquistan puestos de trabajo en las oficinas, invaden la vida pública. Pero su influencia sigue siendo descolorida, como antes o peor que antes, porque al entrar en la competencia política, se alinean con los varones, asimilan sus ambiciones, se adecuan a sus métodos, se vuelven machos de segunda categoría. Suman sus votos, sin discriminación considerable, a los votos de los hombres de modo que el juego de los varones continúa como antes, sin la corrección, sin la integración, sin la iluminación del otro factor que es indispensable. Se sigue volando (o se cae en picada) con una sola ala. Pensemos en lo que ha sido y en lo que es el atractivo de María: sólo su nombre significa sublimación de la mujer, la mujer que se convierte en el punto de inserción de lo divino en lo humano y como ianua coeli, (Puerta del Cielo), movimiento de ascensión de lo humano hacia la vida de Dios. La sociedad requiere la presencia de la mujer, para que ella aporte a la sociedad las instancias de la maternidad, es decir, de la vida y por lo tanto, del alimento material y moral, de la educación, del amor en la paz y en el trabajo, de la familia que se reúne en la pureza y por lo tanto de la condena de los totalitarismos y de la guerras: pues la mujer por naturaleza significa generación de vida y no producción de muerte, para el bien de los hijos: y éstos serán el Estado y la Iglesia del mañana, serán la humanidad de siempre». (Igino Giordani, «Fides», 1961)
7 Mar 2016 | Focolare Worldwide
«Hemos conocido una familia de burundeses que –por la terrible y desconocida situación actual del país- se refugiaron, con otras muchas familias, aquí en Kampala donde vivimos nosotros», nos escriben desde Uganda. El padre regresó a Burundi para mantener su trabajo que le permite pagar un costoso alquiler de su casa ugandesa, y la comida para sus hijos todavía pequeños y para la recién nacida, de apenas tres semanas. La madre no lograba quedarse ahí cuando recomenzaron los disparos en la ciudad, para ella era muy fuerte el recuerdo de lo que había vivido en primera persona en los años ’90, cuando estalló otra crisis en Burundi. Se libró de la muerte milagrosamente, después de que por dos días consecutivos el director de la escuela que frecuentaba logró salvarla de los soldados que fueron a buscarla a ella y a otras chicas, dándoles un poco de dinero. Ahora ante los primeros atisbos de horror, decidieron escapar dejando todo lo que tenían en Buyumbura. Con ellos viven también otros parientes: son en total 8 personas. Supimos que el alquiler no incluía el mobiliario y que en la sala tenían sólo cuatro sillas: ¿qué hacer? Se nos ocurrió que quizás cuatro de nuestras sillas plegables, que usamos en casa de vez en cuando, cuando somos muchos, podían seguramente ser utilizadas en forma más provechosa en esa casa: que por lo menos cada uno pudiera tener una silla para sentarse y comer más cómodamente. Saliendo de casa agarramos también dos calabazas del huerto, que habíamos sembrado casi por casualidad, hacía algunos meses, y que habían crecido después de la última estación seca, y en estos últimos meses, en más de una ocasión, han resultado ¡muy útiles! Además, precisamente el día anterior habíamos recibido de regalo algunas provisiones: la Providencia no nos ha faltado nunca en estos meses, pero precisamente es asi si seguimos compartiendo, que esa promesa –“Den y se les dará”- escrita en el Evangelio, se sigue realizando y se multiplica. Entonces agregamos también dos Kg. de azúcar, dos de arroz, uno de sal y un litro de aceite, y fuimos a visitarlos. La casa nueva estaba limpia, había también algunas terminaciones inusuales, en el cielorraso había una linda lámpara, pero en las habitaciones no había camas, solo algunos colchones. En la sala una pequeña mesa redonda de plástico y cuatro sillas, un pequeño televisor en la esquina, puesto en el piso, con el cable de la antena que colgaba volando encima de las cabezas de los visitantes. No vimos alrededor ni juguetes ni otros muebles. Entramos con nuestras sillas y transcurrimos dos horas muy agradables conociéndonos más profundamente, compartiendo el pasado y las esperanzas en el futuro. Los chicos por el momento interrumpieron los estudios: los más grandes quisieran ir a la universidad, pero en Uganda los costos son mucho más altos que en Burundi. Aquí es imposible para ellos, por lo menos por ahora. Además encontrar trabajo es difícil, la desocupación es alta y siendo extranjeros, si no se conoce a alguien, es prácticamente imposible. Además no hablan el luganda, el idioma local, y el inglés no es su lengua madre. Pero, me dicen: “…¡Nosotros confiamos en Dios!”. A las 7.30 de la noche, teníamos que regresar. Nos despedimos. Estaban muy felices con nuestra visita, pero en cuanto les dijimos que se quedaran con las sillas, y que nos las podían devolver cuando dejaran esa casa, sus rostros se iluminan: ¡siguen saludándonos y agradeciéndonos todavía! ¡Antes de subir al automóvil, quieren darnos también su bendición! Regresando a casa, pienso que también 4 sencillas sillas y dos calabazas, si se donan, pueden contribuir a llenar de alegría el corazón de quien las recibe y de quien las da…». (S.M. Uganda)