17 Mar 2016 | Focolare Worldwide, Senza categoria
«Comencé dando una mano – cuenta Annette, focolarina alemana – en el mes de diciembre de 2014. El frío ya llegaba y era urgente conseguir frazadas. Tratando de saber qué era mejor hacer, alguien de RomAmoR ONLUS me propuso: “Más que las frazadas, sería mejor que tú vinieras a darnos una mano para estar con ellos”. La semana siguiente ya estaba en la estación Ostiense. Fue una emoción muy fuerte. Acercándome a esas personas descubría, que, paradójicamente, ¡eran ellos los que me recibían! Me daba cuenta de que no se trataba un grupo social incómodo que era mejor evitar, sino de personas que deseaban relacionarse, capaces de dar ellas mismas calor humano. Después de un poco de tiempo llegaron los voluntarios con la cena caliente y la estación dejó de ser un lugar anónimo, frío y gris, y se convirtió en un lugar cálido». Desde ese lunes la vida de Annette cambió. Las primeras noches no lograba dormirse pensando en Giovanni, Stefan, Mohamed que no tenían una cama caliente como la suya. Comenzó a revisar su armario, viendo si había todavía algo para compartir, a pesar de que en el focolar se trata de vivir con solo lo necesario. Pero sobre todo continuó yendo a la estación todos los lunes. Una noche, consultando el cuaderno donde se anotan las necesidades de los sin techo, vio que necesitaban zapatos de hombre. En la casa no tenía. Pero se acordó de la experiencia de Chiara Lubich durante la guerra que le pedía a Jesús, presente en los pobres que precisaban algo. «Así hice también yo y en el plazo de dos semanas – cuenta Annette- ¡me llegaron 10 pares!»

Foto © Dino Impagliazzo
Con la llegada del otoño se repitió la necesidad de frazadas. Dos amigas de Roma que en el mes de noviembre festejaban su cumpleaños pensaron pedir como regalo: “frazadas”. Llegaron bastantes, pero no alcanzaban. No pudiendo dar las de casa (ya que tenían sólo las estrictamente necesarias), Annette se las pidió nuevamente a Jesús, de modo que El pudiese calentarse en esos pobres. «En pocos días – cuenta sorprendida- de un Centro de estudiantes de Teología que se estaba mudando nos llegaron 4 grandes bolsas que tenían dentro 30 frazadas y una decena de colchonetas de campamento. Sin contar las frazadas que recibieron otros voluntarios». El compartir se difunde como una mancha de aceite. El vecino de una colega, que había perdido la confianza en las actividades de solidaridad, donó mucha ropa abrigada e involucró en esta acción también a un amigo. «Pero más fuerte aún que estas intervenciones de la Providencia- confiesa Annette- es la experiencia que hacemos. Es gente que no tiene nada para comer, que no tiene un techo, pero que poco a poco adquiere dignidad, ya sea porque se viste mejor y están limpios, ya sea porque juntos vivimos relaciones de fraternidad. Cada vez que los veo trato de recibirlos de verdad, disponiéndome a ser un pequeño instrumento del amor de Dios. Y ellos me dan la oportunidad de testimoniar el Evangelio “por la calle”, compartiendo las ideas y las opiniones más variadas con personas de todo el mundo. En esta reciprocidad, la realidad cambia, la ciudad cambia su rostro y el amor se puede palpar…. incluso sólo con una cena caliente. En Navidad tuvimos un regalo especial: dos amigos de la estación vinieron a festejarlo con nosotros al focolar, con gran alegría de parte de todos».
16 Mar 2016 | Sin categorizar
Del 22 al 25 de abril de 2016, se llevará a cabo, en el corazón verde de la capital italiana, en Villa Borghese, en el Galoppatoio, una manifestación que tendrá como título “Aldea para la Tierra. Vivir juntos la ciudad. Roma en Mariápolis”. Earth Day Italia y el Movimiento de los Focolares de Roma son los que promueven el evento. Se inaugurará con la celebración de la 46° edición de la Jornada Mundial de la Tierra, que este año asume un relieve aún mayor debido a que el Secretario General de las Naciones Unidas Ban Ki-moon eligió el 22 de Abril como primer día para la firma del histórico acuerdo sobre el clima de Paris – COP21 en el que participarán todos los Estados del mundo. A la luz de la Encíclica Laudato Si’, en la que Papa Francisco invitó a todos a cuidar la Casa común, y en el marco del Jubileo de la Misericordia, “La Aldea de la tierra – Roma en Mariápolis”, aspira a hacer redescubrir la específica vocación de Roma a la fraternidad universal que la convierte en una ciudad única en el mundo. De hecho, el evento quiere ser una aldea temporal dentro de la ciudad. Estarán involucradas numerosas realidades que trabajan día tras día en el territorio de muchas formas, para transformar nuestra Capital en un lugar mejor donde vivir, en el que cada ciudadano o turista – de cualquier edad, estrato social o cultura – puede experimentar su contribución irremplazable a la vida de la ciudad. Objetivo de la manifestación es el de crear puentes de diálogo entre las diversidades – centro y periferia, jóvenes y adultos, romanos y ciudadanos “en tránsito” – mostrando todo lo bello que hay en Roma porque encontrarse en la diversidad es posible, y la solidaridad es un valor universal. Vivir JUNTOS la ciudad se articulará en cuatro días de actividad – talleres, exposiciones, seminarios, intercambio de buenas prácticas, performance artísticas, debates, momentos de juego, reflexiones o el simple compartir el tiempo y las vivencias – destinados a incrementar el conocimiento recíproco y la acogida. Para mayores informaciones acerca del evento: www.villaggioperlaterra.it
16 Mar 2016 | Focolare Worldwide, Senza categoria
«Hace tres meses que esta velada debía hacerse aquí. La locura de los hombres nos hizo cambiar de ruta». Así abre la velada Noufissa Boulif, musulmana, organizadora del evento: al día siguiente de los atentados de París del 13 de noviembre de 2015, Bruselas no se reconocía. Algunos de los terroristas implicados tenían allí su base, y por motivos de seguridad el concierto fue anulado y trasladado para el 20 de febrero de 2016. Un encuentro entre música y cultura musulmana y cristiana. Se convirtió en una plataforma de encuentro entre musulmanes, cristianos y también agnósticos, que creen en el diálogo y que, sabiendo recibir al otro descubren en él cualidades y virtudes escondidas. Pero no te parece que el riesgo ¿era igualmente alto para un evento islámico-cristiano justo en el centro de Bruselas?. Le preguntamos a Noufissa. «Si el concierto se pudo realizar es gracias a la increíble solidaridad entre musulmanes y cristianos, y seguramente bajo la divina protección. Afortunadamente todo el programa pudo desarrollarse sin incidentes o tensiones» El concierto fue dedicado a todos los niños que sufren, poniendo la velada «bajo el signo de la infancia y de la juventud, pero también bajo el signo de la diversidad que caracteriza nuestro país». Noufissa conoce y vive la espiritualidad de la unidad, nacida de Chiara Lubich desde hace más de veinte años. Ella quisiera testimoniar a todos que la fraternidad entre musulmanes y cristianos es posible aunque sean dos culturas a menudo antagonistas. En esta perspectiva organizó su primer concierto islámico-cristiano en el mes de octubre de 2014. https://vimeo.com/114886056 «Es un trabajo que lleva ya su tiempo», cuenta Noufissa. «Con mi marido y los hijos estamos involucrados en el diálogo interreligioso. Éste forma parte de nuestra vida. Para mí, como musulmana que lleva el velo, no es algo descontado el vivir en armonía con los demás, porque sientes que atraes las miradas curiosas o actitudes evidentes de desconfianza. Pero, cada vez, trato de acercarme al otro sin prejuicios, con la sonrisa. La Regla de Oro, que está presente en casi todas las grandes religiones, me ayuda muchísimo: “Nadie de ustedes es un verdadero creyente si no desee para su hermano lo que desearía para sí mismo” (Mahoma, Hadith 13 de al-Nawawi). Se pueden comprender las reacciones islamofóbicas y la influencia, no siempre constructiva de los medios de comunicación, pero estoy convencida, como musulmana, que es esencial superar todo esto. El profeta Mahoma, en un hadith subraya que “La sonrisa es una ofrenda” (es decir un don gratuito para el otro)». Volvamos al 20 de febrero de este año. Varios coros actuaron uno detrás del otro en el escenario: niños, jóvenes, cristianos y musulmanes, blancos y negros, de lengua holandesa o francesa- también éste es uno de los desafíos de Bélgica. “Rissala”, “Los pequeños coristas”, “Las Voces de los 4 Horizontes”, “L TOUCH”, un grupo de chicas musulmanas con capacidades diferentes. Hacia el final también estuvieron los “rapper” – “Mc Youns, Antis y Mamz-I”- que con sus palabras incisivas invitaban a todos a no desmayar, sino continuar creyendo en la vida. La asociación La luz del corazón nace despues de 25 años de compromiso en el diálogo interreligioso de Noufissa, y 10 años de servicio de una amiga suya musulmana que se encuentra ahora en cuidados paliativos. Juntas visitan a los enfermos en sus casas, yendo al encuentro de la sed de relación en esta fase particular de la vida. Con estas asociaciones, después de un año de duro trabajo para la preparación de “Fraternidad en coro”, están ya trabajando en un próximo evento islámico-cristiano que se realizará el 23 de abril, cuyo título es “Juntos con María”, en Bruselas, en la Catedral de Saint Michel.
15 Mar 2016 | Sin categorizar
«Tenía 17 años -cuenta Nadine, focolarina libanesa, ahora en Argelia- cuando estalló la guerra en Líbano: escuelas cerradas, calles minadas, bombas día y noche, francotiradores, heridos, muertos…Con otros jóvenes fascinados por la espiritualidad de Chiara Lubich, en medio de los trágicos eventos que empezaban a arreciar nuestro país escuchábamos resonar las mismas palabras de los primeros tiempos de los Focolares, durante la segunda guerra mundial en Trento, Italia: “todo cae, sólo Dios permanece”. También nosotros como Chiara y las primeras focolarinas, podíamos morir de un momento a otro y también nosotros, como ellas, habríamos querido presentarnos a Dios “habiendo amado hasta el final”. Habíamos aprendido que amar significa prestar atención a las necesidades de quienes teníamos alrededor. En esos instantes no era tan fácil, pero cuando lo lográbamos sentíamos que el corazón se liberaba del temor y casi no nos dábamos cuenta de la tormenta de odio y de violencia que nos rodeaba. Así pudimos ayudar a muchos a seguir adelante. A menudo le escribíamos a Chiara para contarle lo que vivíamos y ella nos respondía personalmente todas las veces». «Recuerdo todavía los episodios de violencia y los secuestros cuando empezaron las discriminaciones por la pertenencia religiosa. También mi papá fue secuestrado dos veces. Chiara nos hablaba de los primeros cristianos y de su valentía de dar testimonio de la fe también delante de los persecutores romanos. Uno de nuestros amigos, Fouad, había logrado participar en un congreso Gen en Roma. Regresando a Líbano, mientras recorría el camino del aeropuerto a la ciudad, fue detenido por algunos hombres armados. Era la zona musulmana y en su cédula de identidad estaba escrito: cristiano maronita. “Sí, soy cristiano –admitió Fouad- y estoy regresando a casa”. “Tú vienes con nosotros”, le dijeron. Siguió un largo interrogatorio y al final la sentencia: “¿Tú sabes lo que te espera?”. El chico entendió que para él todo había terminado. Uno de los militares se lo llevó a un puente donde ya habían sido asesinados muchos cristianos. Mientras caminaba trataba de calmar la agitación interior y pensó en qué podía querer Dios de él en ese momento. “Amar a este prójimo”, fue lo que se le ocurrió. Trató de hacerle sentir a ese hombre todo su amor: “Debe ser difícil –le dijo Fouad-, debe ser feo hacer este trabajo, hacer la guerra”. Llegando delante del puente, el militar se detuvo, lo miró y exclamó: “Regresemos”. Recuerdo que Chiara, particularmente impresionada por el testimonio de este joven, quiso divulgar el episodio para la edificación de todo el Movimiento».
«Cada vez que había un “cese al fuego” volvíamos a reunirnos, a frecuentar el focolar… Nuestros padres tenían miedo por nosotros, pero no podíamos detenernos. Estrechar la unidad entre nosotros era la energía vital que después nos permitía amar a todos. Y fue precisamente en los años de la guerra donde muchos de nosotros sentimos el llamado a donarnos totalmente a Dios. Chiara nos sostenía con su ejemplo, con su palabra. Seguía con afecto las peripecias de las familias probadas por muchas restricciones y por el cansancio. Algunas habían perdido el trabajo, la casa. Otras vivían desde hacía años en los refugios y deseaban dejar el país para poder ofrecer un futuro a sus hijos, algunos habían sido heridos… Para todas ellas Chiara abrió las casas del Movimiento, para darles la oportunidad de pasar un período en el extranjero para que se recuperaran o para establecerse en otro lugar definitivamente. También lanzó una campaña para recoger fondos para cubrir los gastos del viaje. Y como el aeropuerto de Beirut permaneció cerrado durante años, nos mandó a nosotras focolarinas a abrir un punto de apoyo en Chipre – la única vía de acceso al exterior por mar – para facilitar la salida de quienes se iban».
«Este amor concreto de Chiara iba siempre acompañado con su fuerte estímulo espiritual. Después de años de una vida extenuante, a menudo nos sentíamos débiles e impotentes. Entonces Chiara, refiriéndose a la nubecita con la que Dios se hizo presente al pueblo judío, nos sugería que nos lanzáramos a vivir de forma nueva la Palabra. La vida del Evangelio, -nos decía- es “la nubecita” con la que Dios se hace presente en el desierto de esta absurda guerra que estábamos sufriendo. Y desde esta “nubecita”, seguía diciendo- no sólo atraerán a muchos a vivir el Evangelio, sino que sacarán la fuerza para seguir amando… hasta el final».
14 Mar 2016 | Focolare Worldwide

Cristina Montoya
«El antónimo de paz, en Colombia, es el conflicto armado que dura ya más de 50 años, el segundo más largo de la historia actual. Un enfrentamiento de múltiples dimensiones, nacido de la desigualdad y de la asimetría política, maximizado hasta el extremo por el establecimiento de lógicas de economías ilícitas como el narcotráfico. Más de 4.500.000 los desplazados, 220.000 los asesinados y 25.000 los desaparecidos, oficialmente registrados. Pero no se puede pensar que el conflicto sea sólo el que se combate en el frente. El conflicto lo afecta todo, se adueña de los procesos sociales y culturales, del espacio público, de las interacciones cotidianas, impregna la vida de las familias. Cuando se vive en un país que por 3 generaciones ha conocido la violencia como protagonista del vínculo social, se enfrenta un verdadero cambio antropológico: la lógica del donar, de la confianza, de la gratuidad, parece desvanecerse. Sin embargo la guerra no acaba con todo; son numerosas las iniciativas, la creatividad, las agrupaciones que trabajan para reconstruir el tejido social y además está la fidelidad de Dios, que nunca falta en cada momento histórico. Una revista, que un religioso colombiano encontró tirada en una papelera, le trajo la buena noticia de que existía gente que realmente creía en el Evangelio y lo vivía. Sus casi 78 años se llenaron de vida, una vida que enseguida se volvió contagiosa. La historia de Chiara Lubich y de sus primeras compañeras y de aquellos – que como ellas – vivían en otras partes del mundo, activó la esperanza. Son historias y rostros como el de Rosa, quien vive en un barrio marginado de Medellín, una de las ciudades más afectadas por la violencia. Su hijo fue asesinado por una amigo; la respuesta normal hubiera sido la venganza, pero creer en el amor significa tener el valor del perdón. Una herida que sigue doliendo, pero su respuesta ha sido vivir por la gente de su barrio. Y esto es paz O Nubia, quien tuvo que huir al amanecer porque la guerrilla había tomado su pueblo. Dejó detrás suyo la casa y los campos, todo lo que tenían. Embarazada, con un hijo pequeño y uno adolescente, recién llegada a la nueva ciudad perdió el marido y el hijo mayor, en una obra de construcción con condiciones precarias. Algo absurdo, incluso difícil de imaginar. El amor de una comunidad de los Focolares la apoya durante años, dándole la fuerza de empezar una nueva vida. La paz no es un bien aislado, para construirla es necesario garantizar la justicia, luchar contra las causas que la entorpecen, y es esto lo que hicieron Gabrielina y Macedonio, donando su casa humilde, para construir un centro social, que luego se convirtió en consultorio, aula para el apoyo escolar, sede de proyectos de renovación urbana arquitectónica. Es necesario también crear otros escenarios futuros, educar a otros mundos posibles. Con los bienes puestos en común, nació un jardín infantil para acoger a los niños más pobres; hoy se ha transformado en un colegio con más de 400 estudiantes y una propuesta educativa centrada en el amor y la generosidad para construir una Colombia en paz y pluralista. Son muchas las iniciativas concretas, porque ningún pueblo puede entrar en contacto con Chiara Lubich y permanecer como antes. Su carisma, que lleva a descubrir y creer en el Amor, produce un cambio de mentalidad, uno se da cuenta de que es capaz de amar y se vuelve sujeto capaz de paz. Tal como afirma Rafael Grasa, Presidente del Instituto Internacional por la paz de Cataluña y profesor invitado a Medellín, «la paz empieza por las personas, continúa con las relaciones interpersonales, los grupos. La paz es dinámica, para lograrla hay que involucrar toda la armonía del ser humano con sigo mismo, con los demás, con la naturaleza». Pero ahora, que antes de finales de mes, se prevé la firma en La Habana, del tan anhelado acuerdo de paz con las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) se necesita reaprender a vivirla; tal vez el país – como la creación que espera con los dolores de parto – espera una manifestación aún más fuerte de los hijos de este Carisma.