26 Dic 2015 | Focolare Worldwide
También en el pequeño país centroamericano, que tiene una fuerte población indígena y por lo tanto, es muy sensible a los contrastes sociales, hay nueve empresarios guatemaltecos que desde junio pasado se inscribieron en un curso de EdC. Con clases mensuales están profundizando los fundamentos del proyecto, dialogando también con quienes llevan adelante experiencias que ya están funcionando en otras partes del mundo. «El texto básico – explica Sandra Macario, coordinadora del curso- es el libro de Bruni “El precio de la gratuidad”, pero frecuentemente nos conectamos via Skype con otros empresarios de EdC de México y de otras partes de América Latina». El 26 de noviembre, el curso realizó un open day e invitó a todos los que tuvieran interés en el curso a un ‘almuerzo de fin de año’, algo característico de este pais, donde hubo comidas típicas de maíz y porotos. Participaron 40 personas. La invitada de honor fue María Luisa Altamirano de México, quien al compartir su experiencia de empresaria, suscitó preguntas y un rico diálogo entre los participantes. Además de los alumnos del curso, tomó la palabra también el empresario brasiliano Ismael Yos, quien había hecho el mismo curso en Brasil. Entre los testimonios, fue impresionante el relato del arquitecto guatemalteco Jorge Mario Contreras. Él no siempre puede contar con un trabajo continuado, por lo cual tiene un equipo de trabajadores a quienes contrata de vez en cuando. Ellos saben que el trabajo es escaso y comprenden que cuando no trabajan para él deben salir a buscar ocupación donde se pueda.
A veces los trabajos son urgentes. Como aquella vez en que se debía reestructurar y dejar listo un Centro de Diálisis. Habían cancelado un contrato con otra empresa y por consiguiente se había suspendió esa obra, pero trabajar en este Centro era algo sumamente urgente. Habia necesidad de albañiles para que los locales sean adecuados y técnicos que pusieran en funcionamiento las máquinas. El arquitecto Contreras presentó su presupuesto, y todas las condiciones del trabajo fueron aceptadas, excepto el tiempo de finalización del Centro, pues exigían que lo terminaran en la mitad del tiempo propuesto, de lo contrario no le asignaban el trabajo. Era un problema imposible de resolver. La última esperanza estaba en el diálogo con los trabajadores. Un concepto, el del diálogo, que hacía tiempo que el arquitecto Contreras se había dado cuenta de que era fundamental y lo había introducido como uno de los pilares de su trabajo. Un estilo de vida que en este momento crítico demostró toda su eficacia. Se propuso a los trabajadores que hicieran doble turno, lo cual fue aceptado unánimemente, no sólo para no perder un trabajo, sino porque tenían confianza en él y entre ellos. Contra todas las previsiones técnicas, el trabajo fue terminado a tiempo y los pacientes que estaban en espera pudieron recibir su tratamiento en el momento indicado. En otra ocasión el arquitecto recibió una llamada telefónica de uno de sus empleados. Era de mañana temprano, un horario en que normalmente no se tendría que molestar al jefe. Pero la cosa era grave: la hija pequeña de este empleado estaba mal y precisaba urgentemente una medicina muy cara y el obrero no tenía el dinero suficiente para comprarla. Contreras lo escuchó como a un hermano; “Ahora empiezo a rezar por tu hija- le dijo- Apenas abran los bancos te haré el depósito del dinero necesario”. Contreras cuenta que sintió que su empresa “se había convertido en una familia”
24 Dic 2015 | Sin categorizar
«Si hoy tuviese que dejar esta tierra y se me pidiese una palabra como la última que dice nuestro Ideal, diría – segura de ser entendida en el sentido más exacto – «Sed una familia”. ¿Hay entre ustedes quienes sufren por pruebas espirituales o morales? Compréndanlos como y más que una madre. Ilumínenlos con la palabra o con el ejemplo. No dejen que les falte el calor de la familia, es más, hagan que crezca cada vez más en torno a ellos. ¿Hay entre ustedes quienes sufren físicamente? Que sean los hermanos predilectos. Sufran con ellos. Traten de comprender hasta el fondo sus dolores. Háganles participar de los frutos de la vida apostólica a fin de que sepan que ellos, más que otros, han contribuido a ella. ¿Hay entre ustedes moribundos? Imagínense ustedes en su lugar y hagan cuanto desearían que les hicieran a ustedes, hasta el último instante. ¿Hay alguien que goza por cualquier motivo? Gocen con él, para que su consuelo no se apague y su ánimo no se cierre, sino que la alegría sea de todos.

Mira el video en el idioma original (italiano)
¿Hay alguien que parte? No lo dejen ir sin antes haberle llenado el corazón de una sola herencia: el sentido de familia para que lo lleve adonde vaya. No antepongan nunca ninguna actividad, de ningún tipo, ni espiritual ni apostólica, al espíritu de familia con los hermanos con los que se vive. Y donde vayan para llevar el ideal de Cristo, […] no harán nada mejor que tratar de crear con discreción, con prudencia, pero con decisión, el espíritu de familia, que es un espíritu humilde, que quiere el bien de los demás, no se jacta… es, en definitiva, la caridad verdadera, completa. En síntesis, si yo tuviera que dejar esta tierra, dejaría que Jesús les repitiera: “Ámense recíprocamente… para que todos sean uno”». Chiara Lubich (La dottrina spirituale – Città Nuova Ed. pp.92-93)
22 Dic 2015 | Sin categorizar
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«Deseo a todos una Navidad para compartir, recordando las palabras del Papa Francisco: justicia, solidaridad y sobriedad.
Justicia: es decir, mirar a quien sufre, a quien le falta lo necesario, no como una categoría social a la que hay que ayudar, sino como a hermanos a los que hay que amar.
Solidaridad: no tener miedo de abrir el corazón, los bolsillos, las carteras, para vivir como una sola familia.
Sobriedad: no estropear lo que hay que poner a disposición de todos, empezando por las cosas hermosas de la Creación.
¡Yo espero, espero en la gracia de la Navidad! Es un tiempo de misericordia que todos pueden vivir. Dios cree en nosotros y pone en el corazón de cada uno una chispa de su Amor. Entonces la Navidad puede ser bellísima para todos. La Navidad será maravillosa si es una Navidad de amor».
Maria Voce
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21 Dic 2015 | Focolare Worldwide
«La vida de cada día es variada, porque el peligro es variable. Algunos días no sucede nada y puedes olvidar que estamos en guerra. Otros días puede suceder que cuando vas para el trabajo te alcanza una bala perdida, o que haya disturbios o incluso bombas contra la gente y en los barrios de los civiles». Quien habla es Pascal, libanés, del Focolar de Aleppo; vive en Siria desde hace algunos años a pesar de la guerra. «¿Cómo nos estamos preparando para la Navidad? Tanto en Aleppo, como en Kafarbo, o en Damasco, nuestras comunidades han pensado sobre todo en los niños, porque, a pesar de que es una fiesta muy sentida e importante en Siria, las familias ya no logran vivir la alegría de la Navidad. Entonces los jóvenes hicieron muchas actividades para recoger fondos que, sumados a la ayuda recibida del extranjero, consintieron ampliar el proyecto y dar el sentido de la Navidad a los niños y a sus familias. Por ejemplo en Aleppo se hará una fiesta para unas setenta familias, en Kafarbo irán a visitar las casas en pequeños grupos, llevando regalos y comida. En Damasco, donde hay más posibilidades, organizaron un concierto de Navidad y mientras tanto están visitando a las familias llevándoles alimentos y regalos junto a cantos y juegos…». ¿Y en estos últimos meses, con la escalada de violencia, ustedes focolarinos no han puesto en duda la decisión de quedarse en Siria? «No, nunca. ¡Es muy importante la presencia del Focolar! Sólo la presencia, incluso sin hacer nada. Es un signo de que todo el Movimiento en el mundo está con ellos, con el pueblo sirio. No sé cómo explicarlo… Nadie nos obliga a quedarnos, también podríamos irnos. Pero en estos años hemos compartido tantas peripecias que ellos sienten que somos parte de ellos y nosotros los sentimos parte nuestra. Las razones no son racionales, sino afectivas, del corazón, porque la fuerza de estar en lugares como Aleppo, no se encuentra en nada racional. También las familias sirias que se quedan lo hacen por el vínculo con su tierra, con su gente, porque todo podría más bien decir: ¡vete! Allí todos los días las cosas se reducen cada vez más, no hay futuro, sobre todo para los niños. Pero he visto que hay quien se queda por una elección de amor, para dar un testimonio. Por ejemplo para llevar adelante una escuela de niños sordomudos, por todo el bien que hace la escuela. Vivir por los demás le da sentido a la existencia, le da sentido a tu ser».
20 Dic 2015 | Focolare Worldwide
Se encuentra entre los primeros críticos de la política del Tercer Reich. Bonhoeffer estaba viviendo en los Estados Unidos cuando estalló la Segunda Guerra Mundial. Volvió a la patria para sufrir con su gente, consciente del riesgo que enfrentaba pues poseía un espíritu libre y un fuerte sentido de justicia. Era Teólogo y Pastor Luterano, murió en un campo de concentración en Flossenburg, el 9 de abril de 1945, condenado por su oposición al régimen nazi. Lo recordamos con este breve pensamiento sobre la misericordia, publicado en el libro: “La fragilità del male, raccolta di scritti inediti”. (“La fragilidad del mal, colección de escritos inéditos”) “Cada día la comunidad cristiana canta: “He recibido misericordia”. Encontré este don también cuando cerré mi corazón a Dios, cuando comencé el camino del pecado; cuando amé a mis culpas más que a Él, cuando encontré miseria y sufrimiento por aquello que cometí, cuando me perdí y no encontraba el camino de vuelta. En ese momento fue la palabra del Señor la que vino a mi encuentro. Entonces comprendí: Él me ama. Jesús me encontró: ha estado cerca de mí, solamente Él. Me reconfortó, me perdonó todos mis errores y no me culpó por el mal que hice. Cuando era su enemigo y no respetaba sus mandamientos, me trató como a un amigo. Cuando le hice mal, me devolvió sólo el bien. No me condenó por mis malas acciones, sino que me buscó incesantemente y sin rencor. Sufrió por mí y murió por mí. Soportó todo por mí, Me venció. El Padre reencontró a su hijo. Pensamos en todo esto cuando entonamos ese canto. Me cuesta comprender por qué el Señor me ama así, por qué Él me quiere tanto. No puedo comprender cómo Él logró y venció en mi corazón con su amor, puedo solamente decir: “He recibido misericordia”». Dietrich Bonhoeffer, “La fragilità del male, raccolta di scritti inediti”. (Piemme, 2015)