14 Dic 2015 | Focolare Worldwide, Senza categoria
Es impresionante descubrir que en el mundo no existe sólo la explotación, la competencia desleal, los juegos de interés. Existen empresarios, como por ejemplo los que participan en el proyecto por una Economía de Comunión (EdC) – unos mil en el mundo- que además de querer obtener una ganancia que asegure la vitalidad y continuidad de su empresa, quieren vivir la ‘cultura del dar’ según los fines del mismo proyecto: la ayuda a los necesitados y la formación en esta cultura de las nuevas generaciones. Y para realizarlo, ponen a disposición del proyecto, libremente, una parte de sus utilidades. Socoro y Gomes, brasileños, viven en Taguantinga, una ciudad del Distrito Federal. Tenían ya seis hijos cuando él, debido al alcoholismo, perdió el trabajo. Para mantener a la familia, ella trabajaba como empleada doméstica por horas, pero las entradas eran poquísimas y los hijos, quedándose solos, se desorientaron al punto que el más grande, que era adolescente, cayó en la droga. Fue en ese momento que llegó la primera ayuda de parte de los Focolares, que acogió al chico en la Fazenda da Esperança, una comunidad de recuperación animada por la espiritualidad del Focolar. Sobre la familia pendía también el problema de la ‘casa’, que además de estar casi en ruinas y de ser totalmente insuficiente para una familia tan numerosa, corrían el riesgo de perderla porque habían dejado de pagar a quien les había anticipado el dinero. Se hizo presente esta problemática a la Comisión EdC de su región. Después de un análisis atento, les ofrecieron un préstamo para cubrir la deuda, que irían restituyendo según sus posibilidades. Mientras tanto, Gomes empezó una actividad económica con tanques de gas, pero debido a su problema con el alcohol no logró mantener la actividad. Eran tiempos duros para ellos. A la grave situación económica se sumaron incertidumbres, discrepancias, falta de diálogo. Y en medio de todas estas dificultades él tuvo incluso un infarto. Cuando menos lo esperaban, a Socoro le ofrecen un trabajo fijo como empleada doméstica en la casa de un Cardenal, que le regula su situación laboral y le da un salario justo. Un día, el Cardenal va a visitar a la familia, y tiene un importante diálogo con Gomes, quien decide dejar el alcohol y cambiar de vida. Poco después reciben la visita de dos miembros de la Comisión EdC, venidos para verificar la situación habitacional. Y así, después de un tiempo se les propone si quieren entrar en el programa Habitaçao, que dentro del proyecto EdC prevé el saneamiento y la restructuración de las casas de las familias extremadamente pobres. «Cuando lo supe –confiesa Socoro- sentí una gran emoción. Tenía la sensación de que era Dios mismo quien nos daba esta posibilidad». El trabajo de restructuración en gran parte lo realizaron personas de la comunidad de los Focolares, algunas de las cuales trabajaron de las 5,30 de la mañana a las 7,00 de la noche. Ahora en la casa hay una sala, baño, la habitación de los papás, una para las chicas y una para los chicos. Vivir en una casa así ayuda a quien la habita a reencontrar la propia dignidad. Gomes, ahora totalmente recuperado, parece otra persona. Las dos hijas más grandes, gracias a una beca, frecuentan la universidad. «Viendo a las hijas tan dedicadas al estudio –cuenta Gomes- también yo me sentí impulsado a inscribirme en un curso para adultos, para obtener el diploma de la secundaria». A pesar de que hacía 38 años que no estudiaba, era un desafío que quería enfrentar. En el aula aprende a superar la vergüenza de sentirse viejo y con buena voluntad lo logra. Cuanto salen los concursos del Banco de Brasilia y del Ministerio de Turismo, logra clasificarse entre los primeros 200 y es contratado como empleado en un banco.
13 Dic 2015 | Sin categorizar

«El Magnificat», vitral, comunidad de Taizé
En el centro de este potente himno que es el Magnificat, que expresa el ímpetu de los profetas con la profecía de la redención, está también expresada una referencia a la misericordia divina, que puede parecer un agregado retórico. Me parece que, en cambio, la alusión a la misericordia del Padre, en el centro del himno, tiene un valor capital, y contiene la explicación de la concisa, exuberante lista de hechos divinos, que dan una belleza inaudita e inmediatez constante a la improvisación poética de la jovencita quinceañera, que custodiaba y maduraba en su seno a Jesús. En la primera parte, María exalta al «Potente que hizo grandes cosas» en su «sierva», de modo que todas las generaciones futuras, la declararán bienaventurada. Dios hizo el milagro de la encarnación del Verbo en una joven pobre, humilde, de un desconocido pueblo de Israel; de donde llegará la salvación para la humanidad de todos los tiempos. Por lo tanto ella observa: «su nombre es santo – y su misericordia (va) de generación en generación…» La redención nace pues, de un acto de piedad del Padre divino hacia los hombres. Si él ha realizado ese prodigio de amor, que sólo un Dios podía realizar, que consiste en el nacimiento del Hijo en la tierra a través de una jovencita del pueblo y de hacerlo morir en un patíbulo por el bien de la humanidad, se debe a un acto de misericordia, se debe a un milagro de esa misericordia, que es el amor elevado al máximo grado. Esto exige que se perdone al hermano no hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete: prácticamente siempre, hasta el infinito; que se lo ame hasta dar la vida por él. Dios «ha socorrido a Israel, su siervo, – recordándose de la misericordia…». En síntesis, todo, en el gobierno divino, conduce a la misericordia. Y se verá confirmado y aclarado posteriormente en la conducta de ese Jesús, en nombre de quien María habla, sea cuando le dará de comer a las multitudes y curará enfermos, sea cuando echará a los mercaderes del templo y gritará palabras ásperas contra los fariseos y los soberbios. Es el himno de la total revolución cristiana. Pero el aspecto más revolucionario de ella está justamente en su principio: la misericordia. Por ella no destruye, sino que crea, porque el amor de Dios y del hombre no produce más que bien. El Magnificat precisa las directivas del proceso de evolución, cambio y renacimiento, en que social y políticamente, además de espiritualmente, se traduce el ideal evangélico. Un cambio que parte del amor, y se concreta en la misericordia. Un ideal similar asume hoy un carácter de urgencia y de actualidad nuevas. Irrumpen de todas partes ideologías y protestas, guerrillas y revoluciones: surgen aspiraciones grandes y hermosas y se introducen también programas destructivos de odio. María enseña cómo orientar y construir esta revolución. Es una mujer, la madre de Dios, que enseña con la palabra y la vida: la vida de la madre de la misericordia. El ejemplo de ella vale tanto más, hoy, cuanto más se revaloriza la femineidad. María nos enseña el camino de la misericordia. Hoy día es evidente la inutilidad y lo absurdo de las guerras, es decir del odio, y la necesidad de sistemas racionales, elaborados mediante acuerdos, diálogo y, sobre todo, mediante intervenciones y dones, de quien puede en favor de quien no puede. Lo vemos: el envío de armas y dinero favoreciendo a éste o a aquél pueblo sirve para alimentar los conflictos, donde la gente sufre, agoniza y muere; y se depositan semillas de odio contra los mismos donadores. La perspectiva de esta jovencita, que entona entre la gente pobre el Magnificat , es decir el método de la misericordia, es una perspectiva de inteligencia divina y humana, la única capaz de resolver el problema de un mundo amenazado por una última definitiva catástrofe, provocada por la estupidez del odio, la droga del suicidio. En síntesis, para volver a tener la paz y el bienestar, es necesario que nosotros curemos las llagas materiales y morales de los que sufren, sea de esta parte o de la otra parte del Océano, sean de Europa o de Asia, de América o de África, usando una piedad, fruto de la comprensión; una caridad que no es debilidad, sino abolición de las injusticias y de los egoísmos para lograr que la coexistencia sea una convivencia, de las naciones, una familia. Así lo quiere Jesús, el hijo de María, como asegura también su Madre. Igino Giordani, en «Mater Ecclesiae» n. 4/1970 www.iginogiordani.info
12 Dic 2015 | Focolare Worldwide

Antonio Diana
Foto Sergio Siano
Formar una empresa hoy no es ciertamente una ‘empresa’ fácil. En especial en Caserta, una zona de Italia del sur, conocida como “tierra de los fuegos”, por las fogatas de residuos tóxicos. Sin embargo es “una tierra espléndida – como la definió Monseñor D’Alise en ocasión de la visita del Papa- destrozada y convertida en depósito de basura. Hay una desocupación que te deja sin habla, que elimina la esperanza y mortifica a las nuevas generaciones…”. En diálogo con Antonio Diana, presidente de Erreplast, una industria de la zona que trabaja en el reciclaje de residuos: ¿Cómo llegó a ser el director de una empresa tan respetable como la suya? «El 26 de mayo del ’85, mi padre, Mario Diana, empresario, cayó como víctima inocente en manos de la camorra, dejando nuestra familia en una encrucijada: construir un futuro en territorios más tranquilos, o continuar testimoniando que el renacimiento social, moral y cultural de esta tierra es posible. Junto con muchas personas honestas, después de treinta años podemos decir que dimos también nosotros una modesta contribución para devolver esperanza a los jóvenes y al territorio de esta provincia» ¿De verdad se puede trabajar en una empresa de forma ética en un contexto tan problemático y además en un sector ‘crítico’ como el de los desechos? «Se puede, con tal de no adecuarse a las costumbres, manteniéndose en mercado sin aceptar sobornos. Es algo concreto aunque parezca una locura. Hoy el grupo está constituido por 5 empresas, más de 160 personas, un volumen de negocios de casi 40 Ml€, 5 plantas industriales para recuperar y reciclar más de 80.000 toneladas al año de desechos para embalaje y de recolección diferenciada» 
Foto Sergio Siano
Sabemos que en sus programas, además de continuas innovaciones del proceso laboral, hay una particular atención al ambiente, a la sustentabilidad y al aspecto social… «En junio de 2013, al lado de las actividades industriales, creamos una Fundación con nombre de mi padre, con el objetivo de promover acciones orientadas a la tutela del ambiente y del territorio, a la valorización del patrimonio cultural, histórico y artístico nacional y local, a la formación de los jóvenes mediante proyectos de colaboración con las universidades» ¿Cómo logran permanecer a flote a pesar de la competencia? «Se sabe que el ‘contrabando’, las estafas, los préstamos usureros, la corrupción, interfieren con los mecanismos de la economía de mercado alterando la competencia. El que practica la ilegalidad tiene ciertamente ventajas sobre la competencia, pero estos no generan un sistema industrial sano que es la estructura que sostiene a un país avanzado. Pero mientras la acción ilegal ejercida durante largo tiempo opaca la capacidad de desarrollar competencias y la creatividad, las buenas prácticas de la legalidad llevan a la flexibilidad, a la eficiencia por la mejora de la calidad de los procesos y de los productos, a una continua búsqueda de reducir los costos. Hacer proyectos a largo plazo, asumir y retribuir regularmente, evitar el derroche, vender correctamente los propios desechos, son todos comportamientos que contribuyen al desarrollo global y que, paradójicamente, permiten a la empresa entrar en competencia en una verdadera economía de mercado». Dos palabras más sobre los recursos humanos… «He siempre tratado de crear un contexto empresarial (desde la búsqueda de colaboradores, a la estructura de gobierno) que conjugara los resultados económicos con la promoción social. Estoy convencido de que una empresa antes que nada tiene necesidad de descubrir, en su interior y en todos los niveles, que es esencialmente una comunidad de hombres de carne y hueso, personas que dan un sentido a lo que hacen si reconocen la contribución que están aportando a la colectividad. Y esto se alcanza valorando la dignidad del trabajo de cada uno, en la transparencia y compartiendo los proyectos».