22 Nov 2015 | Sin categorizar
“Estimo que los sufrimientos del tiempo presente no son comparables con la gloria que se ha de manifestar en nosotros. Pues la ansiosa espera de la creación desea vivamente la revelación de los hijos de Dios”. (San Pablo, Carta a los Romanos, 8) Muchas son las guerras que se combaten en nuestro planeta, en nuestras ciudades y en nuestros barrios. Muchas y diversas son también las armas, que sólo causan heridas, muerte y destrucción. Los milenios pasan pero el hermano sigue diciéndole a su hermano “vayamos al campo». Pero cada vez que restauramos la paz después de un conflicto, Abel vuelve a vivir, el Adam vuelve a pasear con Elohim por el jardín de la tierra, y nosotros podemos mirarnos a los ojos con plena reciprocidad y absoluta gratuidad. Cada vez que construimos y reconstruimos la paz, nuestra acción se extiende también a la creación, a la naturaleza, a la tierra. Pero cuando dejamos de ser guardianes y negamos la paz, también la tierra, los animales y las plantas son humillados, heridos y muertos. A pesar de ser inocentes, se ven arrastrados en el remolino de nuestra violencia. Podemos verlo cada día con mayor claridad. Paz, shalom, es una gran palabra bíblica, una de las más repetidas, fuertes y exigentes. La primera alianza de Elohim con los hombres tenía como fin restablecer la paz-felicidad original negada, regenerar esa shalom primordial traicionada por el pecado de Caín y por los igualmente atroces pecados de sus hijos. Hizo falta un primer constructor de paz, Noé, para que el arco iris pudiera brillar de nuevo sobre la tierra, para posibilitar la recreación del mundo y de los hombres. Los constructores de paz siempre construyen arcas para salvar a una humanidad rota. Son justos que escuchan una llamada a dejar su tierra para salvar la tierra de todos. Si el mundo sigue vivo a pesar de todo el mal que generamos es porque Noé no ha dejado nunca de construir arcas. Los profetas y todos los “bienaventurados” de la historia han mantenido con vida el arco iris en el cielo porque no han dejado nunca de construir la paz en una tierra siempre regada por la sangre de los hermanos. Las manos de Noé y de los constructores de arcas de paz han sido más fuertes y creativas hasta ahora que las manos de Caín y de los armadores de barcos de guerra. A los constructores de paz no se les promete la tierra ni la visión de Dios, ni tampoco la misericordia. A ellos sólo se les promete un nombre: “Serán llamados hijos de Dios”. Pero es un nombre inmenso, el más grande de todos los nombres, un nombre sólo para ellos. Los constructores de paz son los pacificadores, los que recomponen relaciones rotas, los que dedican su vida a resolver conflictos generados por otros. Dejan una vida tranquila para que otros puedan vivir su vida en paz. Sólo por vocación es posible ser constructor de paz, edificador de shalom bíblica. No es únicamente cuestión de generosidad ni de altruismo. Para arriesgar la propia vida por la shalom de otros (de todos) hay que escuchar una voz interior, fuerte y profunda, que llama. La construcción de la paz no es únicamente tarea, aunque ciertamente la construcción y la reconstrucción de la paz forman parte de nuestra tarea. No es fácil resistirse a esta voz, a esta llamada interior. Es una llamada eficaz, aunque no sepamos de dónde viene o de quién es esa voz. Para ser constructores de paz basta escucharla y responder (lea más). Publicado en Avvenire el 18/10/2015
21 Nov 2015 | Senza categoria
«Oyeron que se dijo: – Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo- Pero Yo les digo: – Hagan el bien a los que los odian y recen por aquéllos que los persiguen y los calumnian, de modo que sean hijos del Padre suyo que está en los cielos: que hace salir el sol tanto para los buenos como para los malos, y manda la lluvia tanto para los justos como para los injustos. Pues si aman a quien los ama, ¿qué mérito tienen? ¿No hacen lo mismo los publicanos? … Sean perfectos, como es perfecto su Padre que está en los cielos» (Mt. 5, 43-48) Este precepto lleva a un incansable perdonar, para reconstituir siempre el circuito de la vida, que pasa por tres puntos, Dios, Yo, el Hermano. Lleva a una inagotable obra de paz que permite reconstituir siempre la comunión en vista a la unidad, donde quiera que se haya interrumpido. Y la paz se hace con los enemigos, no con nuestros… invitados, algo que es cristianamente obvio y también normalmente incomprendido, porque, en un estado de terror, se teme la guerra y se teme la paz. El amor une, en cambio el temor amontona. El primero es centrífugo y genera la comunidad, removiendo los límites y las barreras; el otro es centrípeto y produce la obstrucción de los vasos comunicantes. Aquél ilumina, éste nos sumerge en las tinieblas. Uno es régimen de la libertad, el otro tiraniza y aterroriza. En el amor se razona y se llega a acuerdos; en el régimen del miedo no se comprenden las razones, se procede por instinto, se ven fantasmas, se dispara. La organización social que prescinde de la ley de la caridad ya no ve que somos hermanos, termina viendo sólo mamíferos para explotar y asesinar, del mismo modo y peor aún de lo que se hacía en ciertas sociedades antiguas hacia los esclavos. Donde falta la caridad, los hombres deben ser custodiados por la policía y encerrados en campos de concentración… Jesús vino a poner de pie al hombre, en libertad; y sus seguidores deben usar sus fuerzas e ideas, para llevar continuamente al hombre a encontrar su sentido en Dios. Si no es así, la existencia se desarrolla como en búsqueda de la muerte, a través de una difícil construcción de motivos de odio. Un entorpecimiento progresivo, que da la ilusión de un proceso vital. «El amor aplasta el temor», por lo tanto, el que ama no tiene miedo. Su Yo – el posible sujeto del miedo- no existe más. Existe el Otro, aquél con quien nuestro Yo se ha identificado; y el Otro, vestido de hermano, es Jesús. Así, especialmente en nuestro tiempo, se supera la mayor barrera: el miedo. Bajo el miedo, el Yo teme porque está solo, solo en la oscuridad, entre cuatro paredes, que terminan por parecerle las maderas de una tumba. Y en cambio, se sale de la soledad, se libera: encuentra al hermano, y por él, se inserta en Dios». (Igino Giordani, Il fratello, Città Nuova, Roma 2011 (1954), pp. 85 – 87)
20 Nov 2015 | Sin categorizar
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20 Nov 2015 | Focolare Worldwide
Ante los dramáticos acontecimientos de París y de tantas partes del mundo, «el Movimiento de los Focolares, mientras llora con quien llora, sigue creyendo en el camino del diálogo, de la acogida y del respeto del otro, quienquiera que sea y de cualquier proveniencia, credo religioso y pertenencia étnica», declaró la presidente María Voce, al día siguiente de los atentados en la capital francesa. «Los Focolares –junto a cuantos trabajan por la paz, asumiendo distintas responsabilidades, incluso a riesgo de su vida- renuevan el compromiso propio de intensificar y multiplicar actos y gestos de reconciliación, espacios de diálogo y comunión, momentos de encuentro e intercambio a todo nivel y en todas las latitudes, para recoger el grito de la humanidad y transformarlo en una nueva esperanza». Hay distintas iniciativas personales y colectivas en curso. En Francia, entre otras, una mujer de París fue a visitar a un vendedor y a una farmacéutica, marroquí y argelina respectivamente, para renovar su amistad; una pareja de Vendèe fue a apoyar a las asociaciones locales de acogida de inmigrantes, el GAIC (Grupo de amistad islamo-cristiana) de Mulhouse, en Alsazia se ha comprometido a intensificar su aporte a la semana interreligiosa que se celebrará precisamente ahora en noviembre; un párroco de la banlieue parisina escribió una declaración por la paz junto a los musulmanes de su barrio; los miembros de los Focolares participaron activamente en el festival interreligioso «Vivre ensemble à Cannes», desde un inicio; La iniciativa recibió este año el premio “Chiara Lubich por la fraternidad”; también en la organización conjunta de la 2ª edición de “Musulmanes y Cristianos, juntos con María” que está prevista para el 2 de abril del 2016 en la Basílica de Longpont (Essonne). En Italia, en estos días se está pasando una voz que invita a ir a «visitar el mundo musulmán que habita en varios territorios, tratando de lanzar puentes, de construir relaciones, y de converger en acciones concretas y visibles a favor de la paz». En algunas ciudades estas relaciones se han encaminado ya hace tiempo con frutos de fraternidad.
En Gran Bretaña enseguida se organizó una cadena de oraciones por las víctimas de la tragedia, pidiendo a Dios “ser instrumentos de unidad en el propio ambiente”. En Irlanda se hizo una velada para conocer la cultura siria y prepararse a acoger a los refugiados que llegan de ese país. En Basilea y Adliswil, Suiza, mujeres musulmanas y cristianas se reúnen regularmente cada dos meses para compartir su fe. En Lugano ha habido un intenso intercambio con el Imán Samir Jelassi. En Austria, en Meiningen (Voralberg), pocos días antes de los atentados se reunieron 150 personas con Cenap Aydin, director del Instituto Tevere de Roma, y el prof. Siebenrock de la Universidad de Innsbruck, con un grupo de estudio que reúne teólogos musulmanes de Irán, Túnez, Argelia y Turquía, y teólogos católicos. En Alemania, en Augsburg, surgió la iniciativa “7 en punto – Augsburg reza por la paz”, el 7 de cada mes a las 7 de la noche: en una de las grandes iglesias de la ciudad, una vez católica, otra vez luterana, un refugiado, un experto, o un representante de una ONG ilustra la situación de un país en dificultad. Y se realizará una marcha por la paz en Loppiano en Italia y una manifestación en una plaza de Bahía Blanca, en Argentina, sin banderas ni colores políticos. En California se realizó una cena de beneficencia para recoger fondos para sostener proyectos de ayuda a los refugiados, precedida por un momento de oración por las víctimas de los atentados terroristas de París y Beirut, y la presentación del United World Project. En Honduras, el 14 de noviembre se realizó una marcha por la paz organizada por los Focolares, en solidaridad con Siria, que reunió a personas de varios Movimientos juveniles, y llevó un mensaje de unidad y diálogo. Desde Asia, escribe Luigi Butori: «Pienso en los muertos por los atentados casi diarios en el sur de Tailandia, en los refugiados de Rohinya; pienso en los amigos musulmanes de la mezquita de Chiangmai; pienso e Mae Sot donde todavía hoy llegan refugiados de Myanmar en búsqueda de una vida mejor».

“Dieu pleure avec nous” © Michel Pochet
Y recuerda la invitación de Chiara Lubich en 1980: «Si en sus ciudades hay una mezquita, o una sinagoga o cualquier otro lugar de culto no cristiano, sepan que ése es su lugar. Encuentren la forma de establecer un contacto con esos fieles, de establecer un diálogo». Son palabras que nos impulsan a buscar una relación con quien no tiene nuestra misma fe: una relación auténtica, profunda, porque el otro para mí tiene el rostro de lo Divino». En Egipto, prosigue el Living Peace Project, el proyecto de educación a la paz, nacido en el Cairo y que ahora se ha difundido en todo el mundo e involucra a cientos de escuelas y miles de estudiantes, y que ha obtenido a través de la ONG New Humanity que lo promueve, el Luxembourg Peace Prize 2015. También el arte da su aporte: “Dieu pleure avec nous” (Dios llora con nosotros) es el título de la pintura de Michel Pochet, artista francés, realizado después de los hechos de París. Mientras que en Bruselas, el 21 de noviembre tendrá lugar la presentación de un coro mixto musulmán y cristiano con el título “Fraternité en chœurs”, un juego de palabras “coros” y “corazones”.