29 Nov 2014 | Focolare Worldwide
Proponemos un pensamiento de Chiara Lubich sobre Europa, sacado del discurso que expuso en el primer encuentro de «Juntos por Europa» en mayo del 2004. Estaban presentes 10.000 personas en la ciudad alemana de Stuttgart y más de 100.000 conectadas en encuentros contemporáneos en varias capitales europeas. El evento fue promovido por más de 150 movimientos y comunidades eclesiales de varias iglesias, de todo el continente europeo.
«La fraternidad universal ha sido también el programa de personas que no estaban inspiradas por motivos religiosos. El proyecto mismo de la Revolución francesa tenía como lema: “libertad, igualdad, fraternidad”, pero después numerosos países, al implantar regímenes democráticos, lograron poner en práctica, de algún modo, la libertad y la igualdad, mientras que la fraternidad fue, en cambio, más anunciada que vivida. Pero quien sobre todo ha proclamado la fraternidad universal y nos ha dado el modo de realizarla ha sido Jesús. Revelándonos la paternidad de Dios ha derribado los muros que separan a los “iguales” de los “diferentes”, a los amigos de los enemigos. Y ha liberado a cada hombre de mil formas de subordinación y de esclavitud, de toda relación injusta, provocando así una auténtica revolución existencial, cultural y política. (…) El instrumento que Jesús nos ha ofrecido para realizar esta fraternidad universal es el amor: un amor grande, un amor nuevo, distinto del que conocemos habitualmente. En efecto, él ha traído a la tierra el estilo de amar del cielo. Este amor exige que se ame a todos: es decir, no solamente a parientes y amigos. Pide que se ame al simpático y al antipático, al compatriota y al extranjero, al europeo y al inmigrante, al de la propia Iglesia y al de otra, de la propia religión y de la que es diferente. Hoy pide que los Países de Europa occidental amen a los de Europa central y oriental, y viceversa, y a todos, que se abran a los demás continentes, según la visión de los fundadores de Europa unida. Este amor también pide que se ame al enemigo, y que se lo perdone si es que nos hubiera hecho mal. Después de las guerras que han ensangrentado nuestro continente, muchos europeos han sido modelos de amor al enemigo y de reconciliación. (…) Me estoy refiriendo a un amor que no hace distingos y toma en consideración a todos aquellos que están físicamente a nuestro lado, y también a aquellos de los que hablamos o se habla; a los destinatarios del trabajo que nos ocupa día tras día, como a aquellos de quienes sabemos algo por los periódicos o la televisión… Porque así ama Dios Padre, que manda el sol y la lluvia sobre todos sus hijos, sobre buenos y malos, sobre justos e injustos (cf. Mt.5,45). (…) El amor que Jesús trajo no es un amor platónico, sentimental, basado en las palabras, es un amor concreto. Exige que se vaya a los hechos. Y esto es posible si nos hacemos “todo a todos”: enfermos con quien está enfermo; alegres con quien está alegre; preocupados, inseguros, hambrientos, pobres con los demás. Y habiendo probado lo que los demás sienten, actuar en consecuencia. ¡Cuántas formas nuevas de pobreza conoce hoy Europa! Pensemos un poco, por ejemplo, en la marginación de los discapacitados y de los enfermos de SIDA, en el tráfico de las mujeres obligadas a prostituirse, en los vagabundos, en las madres solteras… Pensemos también en quien recurre a los falsos ídolos del hedonismo, del consumismo, en la sed de poder, en el materialismo. Jesús en cada uno de ellos espera nuestro amor concreto, eficaz. Él considera hecho a sí mismo el bien o el mal que hacemos a los demás. Cuando habló del juicio final dijo que a los buenos y a los malos repetirá: “Me lo hicieron a mí” (cf Mt. 25,40). Y cuando este amor es vivido por varias personas, se hace recíproco. Esto es lo que más subraya Jesús: “Ámense los unos a los otros como yo los he amado” (Jn. 13,34). Es el mandamiento que El llama suyo y nuevo. A este amor recíproco no están llamados sólo los individuos, sino también los grupos, los Movimientos, las ciudades, las regiones, los Estados… Los tiempos actuales exigen que los discípulos de Jesús adquieran una conciencia “social” del cristianismo. Es más que nunca urgente y necesario que se ame la patria del otro como la propia: Polonia como Hungría, el Reino Unido como España, la República Checa como Eslovaquia… El amor que trajo Jesús es indispensable para Europa, para que sea también una familia de naciones, la “casa común europea”».
27 Nov 2014 | Focolare Worldwide
Cada año, en septiembre, en la ciudadela Lía, en Argentina, se realiza la Fiesta de los Jóvenes. Esta vez su lema fue: “Vivamos esta locura”. Se desarrolló presentando un espectáculo en el que, en medio de una fiesta de carnaval, representaba cómo tantas personas, al ponerse una máscara, pierden su identidad y se convierten en parte de una multitud desordenada y sin rostro.
El espectáculo mostró, a través de talleres, teatro, experiencias, música y coreografías, la importancia de la elección de un estilo de vida contracorriente, basado en el amor evangélico.
La jornada fue tan hermosa y apasionante, que contagió a los 120 participantes de Mendoza, ciudad a las faldas de los Andes argentinos, quienes dejaron la ciudadela Lía llevándose en el corazón el deseo de repetir la Fiesta de los Jóvenes en su ciudad.
Sin embargo, para transformar este sueño en realidad se necesitó mucho trabajo. Basta sólo con pensar que había que hacer llegar a Mendoza a los casi 100 jóvenes actores, que dieron vida al show en la Ciudadela Lía, afrontando un viaje de más de 900 kilómetros, y hospedarlos por tres días.
El 10 de noviembre se realizó el primer espectáculo delante de 500 personas, entre las cuales se encontraban alumnos de varios colegios, pero también jóvenes de las periferias de la ciudad. «Vemos muchos problemas en nuestro mundo – son las primeras palabras de los jóvenes actores desde el escenario –, y algunos esperan que los demás busquen soluciones. Nos encontramos aquí 90 jóvenes de 20 países que ya hemos decidido no seguir esperando. Queremos ser los protagonistas de este cambio, y hemos descubierto la receta: trabajar para construir la unidad de la familia humana».
Al día siguiente, la segunda función fue en un Centro de Congresos a 40 km de Mendoza. También en este caso la sala estaba repleta, con los 500 asientos ocupados y otras personas de pie. Algunos chicos llegaron expresamente para el show desde un colegio ubicado a 250 km. de distancia.
Los jóvenes que asistieron al espectáculo se quedaron positivamente sorprendidos viendo a un centenar de coetáneos procedentes de 20 países distintos que, con gran calidad artística, les presentaron una manera de vivir completamente distinta de la que impone la sociedad actual.
En ambas funciones la propuesta de un estilo de vida basado en el amor que se convierte en servicio concreto hacia los demás, tuvo aceptación y todos salieron con el corazón desbordante de alegría.
Pero también para los mismos “actores”, es decir, los chicos que pasan un periodo de su vida en la ciudadela Lía, este viaje fue importante porque demostró que vivir la “locura del amor” es posible si cada uno se propone hacer su parte, sin mirar a lo que fue o a lo que será, sino sólo arraigados en el presente y aprovechándolo bien.
Uno entre los numerosos mensajes recibidos de inmediato por WhatsApp: «¡TODO FUE BELLÍSIMO! Fue vivir realmente el lema de la jornada: “Vivamos esta locura”, porque estos 3 días fueron inolvidables. También mis amigas, que asistieron al programa, ¡quedaron entusiasmadas y emocionadas! Para mí fue especial también poder conocer mejor a los jóvenes que vinieron de la Ciudadela Lía. ¡Sigamos viviendo juntos esta locura!».
Ver también: Argentina, mil jóvenes por una locura
26 Nov 2014 | Sin categorizar
“Esa alegría que veo en tus ojos la quiero también yo”, dice un chico a Daniela de la Comunidad Nuevos Horizontes, la noche en la que, venciendo sus temores había ido a la Estación de trenes de Termini. Ese joven que había intentado suicidarse tres veces, se convierte para Daniela en el inicio de una nueva vida.
Historias como ésta son las que traen en su corazón los 300 participantes. Representan a 100 Movimientos y Nuevas Comunidades, de 40 países, y se reunieron en Roma del 20 al 22 de noviembre para su tercer Congreso Mundial sobre el tema “La alegría del Evangelio: una alegría misionera”.
Querido por el Consejo Pontificio para los Laicos (PCPL) para responder al llamado a la conversión que el Papa Francisco dirigió a todos los cristianos, la cita quería seguir la línea de los encuentros promovidos por Juan Pablo II en 1998 y Benedicto XVI en el 2006.
Imprevisto e inesperado ha sido el florecimiento de tantas nuevas realidades eclesiales. El Card. Rylko, presidente del PCPL, en el discurso de apertura, recordó que la Iglesia lo considera como “una respuesta tempestiva del Espíritu Santo al difícil desafío de la evangelización en el mundo contemporáneo”. También el Papa Francisco insiste al decir que los nuevos carismas son “regalos del Espíritu que forman parte del cuerpo eclesial, atraídos hacia el centro que es Cristo, desde donde desencadenan un impulso a la evangelización”.
Apasionantes experiencias se entretejen con reflexiones ricas y variadas, densas de doctrina, con el objetivo de profundizar aspectos cruciales de la encíclica Evangelii Gaudium, que fue la carta magna de todo el Congreso.
¿Los temas tratados? Van desde la renovación personal para la renovación eclesial, a la comunión entre los Movimientos (colaborar para no correr en vano), de la revolución de la ternura al genio femenino en la evangelización.
Una gran atención a leer los “signos de los tiempos” que exigen nuevas respuestas a nuevos interrogantes. Tres días que anularon diferencias y reservas, en un creciente clima de fraternidad entre los representantes de Movimientos de más de 50 años de historia y las nuevas comunidades que desde hace poco han asumido una dimensión internacional. Numerosa la presencia de obispos y sacerdotes, sumergidos junto a los laicos, en un clima de escucha recíproca. Todos estaban sedientos de conocer las experiencias recíprocas para “aprender a discernir la voz del Espíritu hoy, que impulsa a ir lejos y anunciar a todos el amor de Dios por cada hombre”, como dijo uno de los presentes. Por el Movimiento de los Focolares, junto a la Presidente María Voce, al nuevo co-presidente Jesús Morán, al co-presidente saliente Giancarlo Faletti fue una delegación compuesta por Anna Pelli, Severin Schmidt, Gisela Lauber y Marta Chierico.
“Un encuentro de verdadera y profunda comunión donde todos éramos hermanos”, lo define Maria Voce en una entrevista realizada para focolare.org “que se pone aún más de relieve si pensamos de dónde partimos en 1998”. “Cuando fuimos donde el Papa – continúa – se sentía en Él la alegría de haber podido experimentar esta comunión, y en el fondo, era éste el don que queríamos ofrecerle”. ¿Qué pasos nuevos se abren ahora para los Movimientos? Para Maria Voce dos posibles pistas por explorar son: la apertura “hacia los Movimientos que pertenecen a otras Iglesias, no católicas, porque ahí hay experiencias muy fuertes de personas que viven como nosotros el Evangelio”; y la “comunión más profunda aún entre laicos y clero”, “gracias a la cual no exista separación entre la parte eclesiástica y la parte laica en los distintos Movimientos y tampoco en su conjunto”. Salida que subrayaría “una unidad más vital, entre pastor y grey”.
Toda excusa era buena: el intervalo del café, el momento del almuerzo, la cena al final del día. Misiones en las calles, comunidades para drogadictos, evangelización en los lugares más inverosímiles del planeta, adoración y trabajo, atención a los ancianos y a los discapacitados, trabajo con los jóvenes: Filadelfia, Kansas, Ecuador, Corea, México, Roma, Palermo. El diálogo denso e ininterrumpido culminó con el encuentro con el papa Francisco: «Ustedes ya han dado muchos frutos a la Iglesia y al mundo entero, pero pueden dar más y más grandes con la ayuda del Espíritu Santo», afirmó el Papa en su discurso. «Para llegar a la madurez eclesial es necesario mantener la frescura del carisma, respetar la libertad de las personas y buscar la comunión», sintetizando el nuevo programa que entregó a los presentes, y concluyó diciendo: «Vayan adelante: siempre en movimiento… ¡No se detengan nunca! ¡Siempre en movimiento!».
«Para mí, que participaba por vez primera en un encuentro de este tipo, la experiencia ha sido verdaderamente extraordinaria – afirma Jesús Morán -. He saboreado una comunión especial con muchos Movimientos y Comunidades en este kairos o tiempo de Dios formidable que vive la Iglesia con el don del Papa Francisco. A este respecto, he vuelto a sentir con una nueva fuerza su llamada a la conversión misionera, que interpela a todos los carismas y los lleva a alcanzar una madurez a la altura de los tiempos (dejando a un lado toda tentación de autoreferencialidad) y una radicalidad anclada en la frescura del carisma».
«Un plus de eclesialidad y de compromiso social» es la exigencia advertida todavía por Morán. «En este sentido – concluye – debemos tender hacia un modo de pensar verdaderamente “trinitario” que cualifique con mayor profundidad nuestra comunión. No basta ya una colaboración cualquiera y cordial sino un vivir el uno por el otro, un recíproco potenciarse y enriquecerse para poder salir y hacerse cargo juntos de los dolores de la humanidad ».
www.laici.va
26 Nov 2014 | Sin categorizar
« ¿Una impresión espontánea de lo que ha vivido en estos días? Me parece que ha sido un encuentro de verdadera y profunda comunión. Y esto se pone aún más de relieve si pensamos de dónde hemos partido, porque desde el ’98 – cuando el Papa San Juan Pablo II, en el recinto sagrado de San Pedro, casi debió pedir a los Movimientos que se pusieran de acuerdo entre ellos, que se amaran, se conocieran, se estimaran, colaboraran entre sí – hemos llegado al punto que ahora verdaderamente ya no se advertía a qué Movimiento se pertenecía, gracias a la fraternidad que existía entre todos.
Era bellísimo ver a los Movimientos nacidos hace poco que buscaban a los Movimientos más antiguos no para hacerse controlar, sino para pedir su ayuda, su pensamiento, también su parecer sobre sus obras, para ver juntos cómo llevar adelante las cosas. Y los Movimientos más antiguos buscaban a los Movimientos más jóvenes, a los recién nacidos, no tanto para ver si funcionaban, si iban bien, etc., sino para gozar porque había nacido una nueva vida. Por lo tanto, era todo un gozo de los frutos los unos de los otros, experimentar este ser una cosa sola en la Iglesia. Me ha parecido verdaderamente un paso importantísimo, una verdadera comunión, una verdadera fraternidad, donde todos éramos hermanos, más grandes, más pequeños, pero todos hermanos.
Por esto, cuando después fuimos juntos a encontrarnos con el Papa, el captó este aspecto y nos lo expresó también en su discurso, en él se sentía la alegría de haber podido participar, de haber podido experimentar esta comunión que habíamos tenido entre nosotros.
En el fondo era éste el don que queríamos ofrecerle: esta comunión, y él lo subrayó fuertemente en su discurso, invitándonos a llevarla adelante y definiendo precisamente la comunión como el sello del Espíritu Santo. Por lo tanto ha sido una confirmación y un estímulo fuerte para ir adelante en esta dirección. Después el Papa retomó el discurso del salir, del no detenerse en el propio recinto, una idea fundante que está presente en todos sus discursos.
Me he preguntado entonces ¿qué querrá significar esto para nosotros como Movimientos, este paso nuevo que tenemos que descubrir cómo darlo? Ciertamente, cada vez más en esta comunión con la Iglesia; pero, precisamente porque hemos llegado a esta unidad profunda entre los Movimientos, quizás Dios nos pide ahora que nos abramos más saliendo hacia los Movimientos que pertenecen a otras Iglesias, no católicas, porque ahí también hay experiencias muy fuertes de personas que viven como nosotros el Evangelio y que testimonian esta vida. Conocerles también, abrirse más, podría contribuir a una comunión más amplia y, ¿por qué no?, también a acelerar el momento de la unidad de todos los cristianos. Ésta podría ser una pista, tal vez, aún por abrir.
Y otra cosa que querría subrayar es ésta: la salida hacia una unidad más vital entre “pastor” y “grey”, en la medida de lo posible. De hecho, había muchos pastores presentes, obispos, sacerdotes, tanto pertenecientes como no pertenecientes a los Movimientos. Me parece que la salida que Dios nos pide ahora es hacer una comunión aún más profunda entre los laicos y el clero, tanto con el clero que pertenece a los Movimientos, que por lo tanto ya está profundamente unido al propio Movimiento, pero quizás todavía no con esta comunión horizontal del clero con todos los Movimientos; como también para buscar las formas más adecuadas para que no exista separación entre la parte eclesiástica y la parte laica en los distintos Movimientos y tampoco en su conjunto».
23 Nov 2014 | Focolare Worldwide
«Christopher Dawson, en The Making of Europe, escribe: “La influencia del cristianismo en la conformación de la unidad europea es un impresionante ejemplo de como el curso de la historia es modificado y determinado por la intervención de nuevos influjos espirituales. De igual modo, en el mundo antiguo, vemos que la artificial civilización material del Imperio Romano tuvo necesidad de alguna inspiración religiosa, de algo más profundo que el culto oficial…”. Esta inspiración religiosa llegó y fue el cristianismo.
[…] Se podría decir que las divisiones religiosas, sancionadas por la norma: cuius regio eius religio, fueron pensadas sobre todo para consentir las divisiones políticas, los aislamientos nacionales y, finalmente, las guerras. En la unidad religiosa los conflictos eran considerados fratricidios y se hacía lo posible para eliminarlos. Después, en la división de los cristianos, los conflictos pasaron a ser gloria nacional. Sin embargo, como la conciencia cristiana y europea no había muerto, esas guerras en Europa, a más de un espíritu le han parecido guerras civiles. Porque la conciencia de la común unidad europea nunca ha desaparecido.
No basta una burocracia común
El ruso Soloviov escribió que la Iglesia, así como unificó a Europa con los Francos, después con los Sajones, hoy debería reunificarla con la justicia social, superando las divisiones de clase, de casta y raza. Es decir, eliminando las mayores causas de conflicto.
Justicia social significa esa comunión de bienes espirituales y materiales, que la concepción cristiana, que considera a los hombres como hijos del mismo Padre e iguales entre ellos, propone y suscita en favor de la paz, del bienestar y de la libertad. Pensar que se puede lograr este orden racional sólo con la lucha de clases equivale a repetir el error del militarismo germánico, eslavo, etc., que pretendió unificar a Europa sólo con las armas.
El cristianismo quiere decir una unificación en la libertad y en la paz, con la eliminación de las guerras y de todos los motivos de fricciones.
El aporte de la religión, en este sentido, no está tan dirigido a la estructuración de las instituciones sino a la formación de los espíritus.
De la religión surgen hoy día dos impulsos unificadores: 1) El progresivo sentido de Cuerpo místico. 2) El ecumenismo que ha renacido, por lo que la unidad de la Iglesia provoca la unidad de los pueblos.
Dos impulsos que, mientras rectifican corrientes y eliminan pasiones, de las que proviene la vivisección de Europa, suscitan energías espirituales capaces de dar un alma a esta unidad política; de infundir una inspiración sobrenatural a esta operación humana; de hacer que se vuelva popular la instancia de la unidad. Si se limitara sólo a factores económicos y políticos fracasaría.
No basta un ejército común o una burocracia común para dar vida a una Europa unida. No por nada los políticos tienden a insertar ideologías, es decir, tienden a darle un alma al cuerpo. Europa ya tiene un alma: el cristianismo, su esencia y su génesis».
Igino Giordani
(Città Nuova n. 5 del 10.3.1972 pp.23-23)