11 Jun 2013 | Focolare Worldwide
Desde el 10 al 13 de Junio, en Castelgandolfo (Italia), se desarrolló la quinta edición del seminario judeo-cristiano, organizado por el Centro del diálogo interreligioso del Movimiento de los Focolares en colaboración con varios grupos de judíos presentes. 27 participantes provenientes de los Estados Unidos, Italia, Argentina y Uruguay. Se trató de un grupo comprometido desde hace mucho en el diálogo. Muchos de ellos ya colaboran en proyectos comunes, como el grupo que trabaja en el ámbito de la Fordham University, una de las tres mayores universidades de New York, como también en Uruguay y en Argentina. En este último país sudamericano, recientemente se ha publicado un libro escrito a dos manos por la rabina Silvina Chemen y Francisco Canzani, co-responsable del Movimiento de los Focolares en Buenos Aires. Un texto inédito en su género, fruto de la respetuosa experiencia de diálogo experimentada por los protagonistas, muy adecuado para la formación a un diálogo maduro y fecundo. “El encuentro de este año – según los organizadores – eligió como tema de reflección: La «Imitatio Dei» (imagen de Dios), concepto central en las Escrituras comunes y fundamento de una visión del hombre como ser esencialmente relacional, con su dimensión espiritual, que se debe considerar junto a su dimensión física, social e histórica”. “A diferencia de los simposios precedentes (2005 y 2007 en Roma, 2009 en Jerusalén, y 2011 en Buenos Aires) – explica Silvina Chemen, rabina de la Comunidad Bet-El de Buenos Aires –, éste encuentro se podría definir como un experimento que hacemos con un grupo restringido de personas que desde hace años estamos recorriendo un camino de unidad. Estamos en la búsqueda de nuevas formas de diálogo que apunten a una mayor profundidad, superando el discurso en paralelo que normalmente se hace. Se trata de afrontar el desafío de tomar los textos de uno y los del otro y comentarlos: un judío un texto cristiano, de Chiara Lubich por ejemplo, y comentarlo; y un cristiano un texto de la mística del judaísmo, por ejemplo. Tratamos de acercarnos no tanto con una actitud académica, sino más bien evidenciando los efectos que estos textos producen en nosotros”.
Y agrega Mario Burman, presidente de OJDI (asociación judía para el diálogo ínter confesional), que tiene a las espaldas muchos años de compromiso en el diálogo: “El encuentro es muy interesante, porque este intento de entrar los unos en los textos de los otros implica un paso hacia adelante. De hecho, no se trata simplemente de presentar y hacer conocer al otro las propias vivencias, sino de comentar la experiencia del otro, qué es lo que produce en quien lo reflexiona”. Entre los presentes, el rabino Abraham Skorka, rector del Seminario Rabínico Latinoamericano en Buenos Aires, quien escribió a dos manos “Sobre el Cielo y la Tierra”, con el entonces cardenal Jorge Mario Bergoglio. El 13 de junio el grupo participó a la audiencia general del Papa Francisco en la plaza San Pedro. Luego se realizó un encuentro con la prensa que colmó la Sala Marconi de la Radio Vaticana. Lo cual fue una demostración más del interés que despierta este diálogo abierto a la dimensión espiritual.
11 Jun 2013 | Focolare Worldwide
«La primera fiesta, el primer viaje, la primera cita, el primer baile… ¡no se olvidan nunca! Las primeras veces, son acontecimientos que cuando los recordamos nos conmueven, y nos regalan una sonrisa o una lágrima. Como cuando recuerdo mi primera Mariápolis, recién concluida.
Recibí la invitación de parte de un amigo muy querido y, a pesar de las dudas e incertidumbre, decidí participar. Cuando llegué a Esmeraldas –ciudad habitada prevalentemente por afrodescendientes, -con tradiciones, cocina y un ritmo particular- conocía quizás a 10 de las 350 personas que participaban en la Mariápolis, y por lo tanto, me sentí un “perfecto extraño”.
Tuve que compartir la habitación con dos desconocidos, rezando que no roncaran. Después participé en las reuniones, las mesas redondas, momentos de encuentro con personas nunca vistas antes… pero escuchando sus experiencias, sus sueños, la forma como buscaban su felicidad y la de su prójimo, sentí la confianza necesaria para lanzarme también yo a hablar de mí.
Entre las varias meditaciones, la que más me impresionó fue una carta que Juan Pablo II escribió a Chiara es la que invitaba a los miembros del Movimiento a ser “apóstoles del diálogo”. ¿Cómo hacerlo? Escuchando y abriéndonos al prójimo. En ese momento, recordé a mi padre, que dentro de poco va a cumplir 85 años y que se está quedando sin amigos porque muchos ya están en el cielo. Entendí que puedo ser su amigo, escuchándolo hablar de las cosas que le interesan: con él no puedo hablar de I-pad o de Internet, pero puedo amarlo y estar más tiempo con él.
El título de la Mariápolis decía: “El otro soy otro yo”. Una experiencia muy fuerte en este sentido fue ir a visitar a las detenidas en la cárcel de mujeres y sentir caer los prejuicios y la indiferencia, descubriendo que siempre poseemos algo para donar: el amor.
Pero la Mariápolis no fue sólo compromiso y meditaciones, en “la noche de talentos”, cuando cada uno donaba sus talentos artísticos, me divertí como pocas veces lo había hecho. Además, fue espléndida la Misa afro: la representación exacta de la alegría que existe en nuestros corazones cuando participamos en un encuentro con Dios.
Cuando regresé a mi ciudad, a pesar de que volví con el estómago vacío –por no haber comido los famosos platos tradicionales a base de pescado, como el corviches o el encocao -, mi corazón estaba completamente lleno de amor. Nos dijeron que la Mariápolis empezaría realmente cuando regresáramos a casa, a nuestra rutina. Entonces he tratado de poner en práctica lo aprendido, en especial tratando de ver el rostro de Jesús en tantos hermanos con quienes me encuentro durante el día.
Puedo afirmar que la de Esmeraldas ha sido mi primera Mariápolis, pero seguramente no será la última».
Mariápolis Esmeraldas Flickr photostream
Para información sobre las Mariápolis en el mundo: www.focolare.org/mariapolis
10 Jun 2013 | Focolare Worldwide
«Después de haber hablado en los templos budistas y en la mezquita de Harlem, Chiara Lubich deseaba dirigir unas palabras a los hermanos judíos. «Es con gran alegría –dijo- que me encuentro hoy con ustedes, que constituyen una de las más grandes comunidades hebreas del mundo. Una gran alegría porque […]. Nunca tuve la afortunada posibilidad de encontrar en un grupo tan numeroso de quienes, como dijo el Santo Padre Juan Pablo II, son mis ‘hermanos mayores’ y poder honrarlos y amarlos como tales. Los 150 presentes entonaron Shalom, el canto de la paz. Todo se desarrolló en un clima ceremonial sagrado, marcado por Palabra de Dios del Antiguo Testamento y de la percepción de asistir a un acontecimiento que –como se dijo- significaba “cerrar una época y abrir otra: la de la unidad” Delante estaba un gran candelabro con 7 brazos (la menorah) cuyas velas fueron encendidas con solemnidad: la primera la luz, la segunda la justicia, la tercera la paz, la cuarta la benevolencia, la quinta la fraternidad, la sexta la concordia. Para encender la séptima, la vela del centro, fue invitada Chiara y el presidente [de la B’nai B’rith, Dr. Jaime Kopec, ndr]: es la vela de la verdad, el sigilo de Dios, el corazón de la vida. Después de encenderla, Chiara se dirigió al presidente proponiéndole realizar en ese momento un pacto de unidad. Y él respondió: “éste es un pacto”. Luego, en su intervención, en la que se dirigió a Chiara llamándola “hermana”, quiso explicar a todos que “el pacto de amarnos, de confianza en el futuro, de enterrar los siglos de intolerancia. No es fácil, pero sólo los valientes realizan empresas difíciles” “La unidad se logra en el respeto de la diversidad –agregó Mario Burman [encargado del diálogo interreligioso de la B’nai B’rith, ndr]- Comienza un tiempo nuevo”. Y dirigiéndose directamente a Chiara dijo: “Chiara, la Argentina tiene necesidad de su mensaje” “Estoy aquí –afirmó Chiara- con hermanos con los que compartimos una auténtica fe en un solo Dios y tenemos en común el patrimonio inestimable de la Biblia en lo que nosotros llamamos: el Antiguo Testamento. ¿Qué hacer? ¿Qué pensar? Si la simple regla de oro (haz a los otros lo que deseas sea hecho a ti) logra llevarnos a fraternizar, si la fe de un Ser superior, no siempre Dios, nos vincula a fieles de otras religiones, ¿qué ocurrirá si el Señor comienza a aclarar que Su voluntad es estrechar entre nosotros, judíos y cristianos, una relación fraterna? (…).Muchas verdades divinas, que impregnan vuestra tradición hebrea y que nosotros compartimos me han iluminado. Son verdades que pueden cimentar la vida espiritual nuestra y vuestra. (…) A partir de ello soñé que si vivimos juntos estas verdades, podemos ofrecer con nuestra profunda comunión, con nuestra colaboración, una nueva esperanza al mundo”» Extraído de “Las luces de la menorah – con Chiara Lubich en Argentina y Brasil”, Città Nuova Ed., Roma, 1998, pp. 132,34.
8 Jun 2013 | Focolare Worldwide
«Después de una experiencia pastoral como vice-párroco durante once años, mi obispo, antes de confiarme la parroquia, me dio la oportunidad de pasar cuatro meses en la ciudadela de Loppiano, en nuestro Centro de formación como sacerdotes diocesanos. Aquí me encontré con una veintena de sacerdotes y seminaristas provenientes de muchas partes del mundo, para vivir una experiencia evangélica de comunión, según los lineamientos de la espiritualidad de la unidad.
Al principio, debido a la diferencia de idioma, no era fácil comunicarnos entre nosotros. Por ejemplo, cuando llegó Yvon de Madagascar que hablaba sólo francés, para comunicarse con él había que traducir del italiano al inglés y Peter de los Estados Unidos traducía del inglés al francés. Era trabajoso, pero lo hacíamos con toda la fraternidad posible y nos pudimos comprender perfectamente.
En esta escuela de vida todo se hace de común acuerdo: rezar, meditar juntos, las clases son muy ricas por su profundidad teológica, bíblica, también conocer la vida pastoral en los más variados ámbitos; pero igualmente trabajar en el jardín, en la cocina, lavar los pisos, traducir en varios idiomas, enseñar el italiano, jugar al fútbol… Al no limitarse a las actividades propias del sacerdote y ponerse a hacer muchos trabajos manuales, como lo hizo durante treinta años Jesús en Nazareth, es que se logra que este curso sea una verdadera escuela integral.
Servir la mesa el domingo, por ejemplo, junto con otros religiosos y laicos que comparten esta experiencia, recibir con un lindo almuerzo a los numerosos visitantes de Loppiano, poner la mesa y luego lavar las cacerolas, los platos, etc…son una cantidad de cosas que, sólo junto con los otros, se logra hacer. Y se lo hace con gusto. Sencillas actividades que aquí se desarrollan, pero para mi era todo nuevo y fue una hermosa enseñanza.
El hecho de trabajar de lunes a viernes en la carpintería, me hizo apreciar de distinto modo el sábado y el domingo, como hacen los miembros de mi parroquia.
Para trabajar en artesanías (barnizado, lijado, trabajando la madera) fue necesario aprender a usar bien la vista, el oído y el tacto; y dosificar la fuerza muscular, de lo contrario corría el riesgo de arruinar las piezas o la maquinaria. La artesanía es una escuela de atención y delicadeza, características fundamentales en la vida, especialmente en la vida de un cura.
También la Misa cotidiana adquirió un sabor distinto. Por ejemplo, ofrecer el trabajo en el momento del ofertorio es algo mucho más concreto cuando duele la espalda por haber pasado la mañana inclinado trabajando la tierra o lijando una madera….
Además, realizar los trabajos domésticos todos juntos, me ayudó a superar la mediocridad. Algunas cosas las había hecho siempre, pero al confrontarme con los demás descubrí que había una forma mejor de hacerlas. Es decir que no bastaba con hacer el bien, ¡había que hacerlo bien!
Me siento muy enriquecido por estos pocos meses vividos en una “escuela integral” de vida. El trabajo manual me hizo comprender mejor la vida de mi gente, y lo que significa testimoniar la fe en el lugar de trabajo. Y he descubierto el sacerdocio “real” de cada cristiano que debe ser la base de mi sacerdocio ministerial.
(Extraído de la revista de vida eclesial Gen’s)
6 Jun 2013 | Focolare Worldwide
«Doy clases de italiano en la zona periférica norte de París. Se trata de una zona desfavorecida en el aspecto socio-económico, con una población escolar multicultural. Hay un alto índice de tráfico de droga. Por lo general, los profesores que trabajan en esta zona son principiantes. Luego, una vez adquirido el puntaje necesario, piden ser transferidos a escuelas de menores exigencias. Habría podido hacer así, pero decidí quedarme – estoy trabajando aquí desde hace doce años- para dar a los jóvenes la misma calidad de enseñanza que ofrecen las mejores escuelas de París.
Al principio fue duro. Los estudiantes me insultaban, y, una vez me destrozaron el auto a patadas. No sabiendo cómo actuar, me ponía a la defensiva… Luego, poco a poco aprendí a aceptar a mis alumnos. Incluí el diálogo con las familias, con la seguridad de que la escuela es el lugar para vivir experiencias positivas que ayuden a la formación humana. Muchos colegas no están preparados para asumir esta realidad: algunos se desestabilizan psicológicamente, otros, mandan a los estudiantes continuamente a la dirección. Trato de sostenerlos.
Lo importante es ayudar a los jóvenes a que superen la agresividad y que encuentren una cierta serenidad en la clase. Se precisa tiempo para comunicar los contenidos específicos de la asignatura de forma adecuada para hacerles sentir que los respeto y al mismo tiempo, poner límites, dedicando siempre una atención particular al que, a través de un comportamiento indisciplinado expresa dificultades. Pienso en S. que tiene cinco hermanos de los cuales uno es discapacitado. La mamá trabaja todo el día, por lo tanto, es él quien debe ocuparse de su hermano. En la escuela se muestra desmotivado. Sabe que estoy a su lado para que logre superar su dolor y lo aliento para que done lo mejor de sí mismo.
Uno de mis objetivos es valorar la participación de todos. Al principio del año pongo reglas: por ejemplo, nadie tiene el derecho de burlarse de los demás. Gradualmente se va instaurando una atmósfera de respeto, en la cual cada uno es libre de expresarse. Construir una buena lección depende de mí, pero también de ellos si se proponen participar activamente.
Desde el punto de vista didáctico son fundamentales los proyectos culturales interdisciplinarios que cada año concluyen con un viaje escolar financiado por algunos entes (la Intendencia –Alcaldía-, el Concejo General, los Bancos), y por pequeñas actividades de autofinanciación. Para los jóvenes, salir de un ambiente que los condiciona, los juzga y los margina, es una hermosa experiencia de fraternidad. Se convierten casi en otras personas y surge su potencial positivo. Por ejemplo Y. es un chico pasivo en la clase. No manifiesta su personalidad. Hablando con él, descubrí que los profesores y el padre, durante años le han dicho que no servía para nada y él terminó creyéndoselo. En la clase detesta la Historia pero en Sicilia se mostró sensible a la belleza artística: se quedó fascinado con el teatro griego de Taormina y con el acueducto romano de Siracusa.
No sé si lo que hago tendrá un resultado positivo. Aprendí a no esperar los resultados de forma inmediata. Inclusive cuando un chico no cambia, siento que lo importante es seguir creyendo en él, no detenerme en lo que no sale bien, sino al contrario, aceptar todo lo positivo que hay en él valorizándolo y gratificándolo. Con muchos colegas, tengo buena relación. Es importante escuchar, hablar, compartir experiencias.
Lo mismo en la orientación vocacional. Un joven quería ser cocinero. Le dije: “Tienes la suerte de tener ideas claras. Es raro encontrar esto en un joven. Eres ambicioso, debes aspirar a tener una óptima formación”. Fue aceptado en una de las mejores escuelas de cocina de París. Cuando me dio la noticia me dijo: “Inventaré recetas y realizaré un tiramisú dedicado a ti” »
(Maria Amata – Francia)