12 May 2013 | Focolare Worldwide

«Como muchos de ustedes saben, aquí, sobre todo en Jerusalén, vivimos separados. Los árabes no se hablan con los israelitas y viceversa. No hay una verdadera coparticipación en nuestra vida cotidiana»
Quien nos habla es Lara, una joven cristiana que vive en Jerusalén y estudia en la universidad hebrea. Sus palabras realzan el evento del pasado 30 de abril que se realizó en la Sinagoga Kehillat Yedidya “Descubriendo la humanidad en el otro”, este es el lema del simposio que reunió a jóvenes de 3 religiones monoteístas. Son un buen número los Jóvenes por un Mundo Unido, reunidos también en el mismo evento, en ocasión de la conclusión del año del Genfest: Be the Bridge. Los demás son coetáneos que viven en Tierra Santa. Lara continúa con su relato, hablando de «una idea que nació de dos jóvenes mujeres ambiciosas que querían mejorar sus vidas y dar a los jóvenes la oportunidad de encontrarse, rompiendo con todos los arquetipos» Un desafío que comenzó hace 6 años y que continúa aún hoy. Cada año el grupo cuenta con unos veinte jóvenes de las tres religiones: son hebreos, cristianos y musulmanes, entre los 14 y los 16 años.
Lara participó en el primer proyecto, como “joven entusiasta que mira el lado luminoso de la situación y sueña con el mundo unido que se aproxima» Los encuentros se realizan dos veces por mes: «nos vamos descubriendo y explorando las semejanzas y las diferencias entre nosotros» En los encuentros se tratan diversos temas que sirven para conocerse: la familia, los valores y la educación en las distintas religiones, etc….
Un proyecto que es importante, pero la pregunta permanece: cuando terminan estas citas, ¿nos seguiremos viendo? La experiencia va adelante, y el proyecto ayudó a comprender también el punto de vista del otro. Lara nos explica: «En épocas de conflicto y dificultades, nos encontramos, compartimos el dolor y rezamos. Parece un sueño lejano de la realidad, pero es una verdad que vivimos juntos». Lara es una de los 4 jóvenes que ofrecieron su testimonio, sus sueños y sus esperanzas. Con ella también aportaron su experiencia Hani, musulmán palestino, que estudia abogacía, Huda, hebreo, que nació en Nueva York y se mudó a Israel cuando era pequeño y Nalik, cristiana de Portugal.
El nuncio Mons. Lazzarotto se dirigió a los jóvenes invitándolos a “ser profetas”, para “que esta tierra sea nuevamente una tierra de soñadores”. Una oración, que el prof. Alberto Lo Presti traduce en un “principio social”, el de la fraternidad que tendría de por sí “el poder de transformar nuestra historia”. Luego de su intervención respondió el rabino Raymond Apple (ICCI) subrayando la necesidad de aprender a tener confianza unos en otros: “El camino de la fraternidad es poder decir: yo confío en ti”. El rabino Kronish, moderador del evento – director del Consejo Interreligioso de Coordinación en Israel (Interreligious Coordinating Council en Israel) (ICCI)-concluyendo alentó a los jóvenes presentes a que continúen llevando a todos este mensaje de esperanza.
Parten de Jerusalén con el deseo de aspirar a cosas grandes y crecer en la confianza recíproca.
Se va cambiando la historia.
9 May 2013 | Focolare Worldwide
“Camino a la santidad”: Juan Pablo II en el N. 87 de la exhortación Apostólica Ecclesia in África, presenta el proceso de inculturación. Alienta en esta dirección a los obispos de Kenya ya en 1980. Chiara Lubich en mayo de 1992 en profunda sintonía con el pensamiento del pontífice, funda en Nairobi (Kenya) una escuela de inculturación según la espiritualidad de la unidad. Chiara intuye que en el “hacerse uno más profundo, que es el ‘hacerse todo a todos’ de San Pablo (1 Cor 9, 22), hay “un arma super poderosa” “No se puede entrar en el alma de un hermano – explica Chiara- para comprenderlo, para entenderlo… si nuestro espíritu está lleno de aprensión, de un juicio”, “Hacerse uno” – continúa- significa ponerse delante de todos en posición de aprender, porque realmente hay que aprender. Significa cortar completamente la raíz de la propia cultura y entrar en la cultura del otro y comprenderlo y dejar que se exprese, cuando lo hayas comprendido dentro de ti podrás comenzar el diálogo con él y transmitir también el mensaje evangélico a través de las riquezas que él ya posee”. Así es la inculturación, concebida por Chiara, es como un “intercambio de dones”: “El hermano primero se dona a nosotros y luego nosotros hacemos lo mismo…. Y sobre esta realidad ‘viva’ nosotros podemos – sirviendo- injertar con dulzura, con amor, con ilimitada discreción, esos aspectos de la verdad, del mensaje evangélico que llevamos y que dan plenitud y entereza a aquello que el prójimo ya cree, son aspectos que a menudo él espera y casi ansia, que después llevan consigo, toda la verdad”. En resumen, sintetiza Chiara en el 2000 visitando la ciudadela Fontem (Camerún), “el amor es el que debe guiarnos en la inculturación, de forma que actúe el Espíritu Santo” En estos 21 años la escuela de inculturación se han repetido cada dos años. En cada edición se examina un aspecto, cultural o existencial de la vida: la propiedad y el trabajo; el concepto de Dios; la persona y la comunidad; la reconciliación; el sufrimiento, la enfermedad y la muerte; la educación; la comunicación; lo sagrado en la religiosidad tradicional de África sub-sahariana. Este año, del 10 al 13 de mayo, el tema de reflexión será “la persona en la cultura africana”. Examinarán el tema, como es habitual, bajo tres perspectivas: la de la cultura africana tradicional, de la Sagrada Escritura y la del Magisterio de la Iglesia a la luz del carisma de la unidad. Fuente: párrafos de Chiara Lubich de la Presentación al volumen: “El sentido de lo sagrado en África subsahariana” Opus Mariae, Nairobi, Centro para la inculturación, 2012, pp.5-7.
8 May 2013 | Focolare Worldwide
A veces son los acontecimientos más sencillos los que encierran un mensaje importante: Zwochau en un pequeño pueblo alemán, más o menos a 20 Km. al noreste de Lipsia. A partir del 1° de enero integra una nueva alcaldía junto con otros dos pueblos. Un paso inevitable, que se dio no sin tensiones y heridas. Zwochau de por sí tiene poco más de 1000 habitantes, una antigua iglesia y, desde 1993, acoge un centro de encuentros y de formación de los Focolares: el Centro Mariápolis.
Los focolarinos, bien injertados en la vida de la pequeña comunidad, frecuentan las asambleas comunales y las actividades de varias asociaciones del pueblo. Y, a pesar de que la mayoría de la población no tiene una convicción religiosa, el Centro Mariápolis es utilizado por los vecinos para fiestas, bodas y cumpleaños. Nos ayudamos entre todos, así como estábamos acostumbrados en los tiempos de la RDA.
Por lo tanto era lógico que los amigos más allegados expresaran su deseo de tener un encuentro propio con la presidente de los Focolares, Maria Voce,, quien empezó su viaje por Germania precisamente en Zwochau. Son unos treinta los vecinos reunidos el domingo, 5 de mayo, en la tarde para tomar un café con ella. Entre ellos está el alcalde, el ex-alcalde, el capitán de los bomberos, el presidente del club de ping-pong. Le ofrecen como regalo a la Presidente una cesta con productos típicos: lana, un té de hierbas locales, una cera para metales producida en Zwochau.
Después, en cuanto “experta en la cultura de la confianza”, le piden a María Voce un consejo sobre cómo llegar a una auténtica comunión dentro del municipio, marcado por tantas diferencias y algunas heridas.
La Presidente toma como ejemplo la cesta que acaba de recibir: “Confianza –explica- significa precisamente partir de la idea que el otro puede ser un don para mí, que tiene algo bueno que dar”. Entonces se trata de ser curiosos, de ir a buscar ese bien que el otro posee, de crear esa atmósfera, esa relación, de animar a cada uno a sacar lo mejor de sí y hacer un regalo. Una parte de la aldea será buena para la lana, la otra para recoger hierba, la otra en la producción de cera para metales. Si cada uno saca lo mejor de sí poco a poco se compone una linda cesta en donde cada uno está representado con su propia característica, y la composición del conjunto puede convertirse en un aporte para el bien de todos.
Una imagen, o mejor, un mensaje que ¿vale sólo para el pueblo de Zwochau? ¿O puede ser también una sugerencia para otros tipos de convivencia, entre personas, grupos, asociaciones, ciudades?
Para los presentes fue un momento alegre. Un acontecimiento sencillo pero con un mensaje universal.
Joachim Schwind
8 May 2013 | Sin categorizar

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Abril 2013. Uno de los muchos encuentros que desde hace más de 20 años en todo el mundo crean ocasiones de diálogo entre el Movimiento y amigos de convicciones diversas. Una apertura que hoy es todavía más necesaria en un mundo en el que ciertas antiguas distinciones entre ateos, creyentes, agnósticos y otras parecen cada vez menos apropiadas para clasificar a los seres humanos. Y aún más porque en los países donde el sentido religioso está más desarrollado, el ateismo a menudo asume las características de un simple anticlericalismo. Chiara Lubich fue una de las primeras personas en intuir la importancia del diálogo entre cristianos y amigos de convicciones no religiosas, con una delicadeza y fraternidad, en el enfoque, altamente innovadora. Fue ella misma quien lo confirmó a un grupo de personas en Loppiano, en mayo del ‘95. “Nosotros tenemos una vocación universal. Por eso nuestro lema es “Que todos sean uno”. Ahora bien, en el todos están también ustedes. No podemos prescindir de ustedes, porque están en el ‘todos’”. Desde entonces las ocasiones de encuentro y de intercambio se han multiplicado. Diálogos a 360 grados, construidos abatiendo estereotipos y precedentes prejuicios. “El alma humana es salgo maravilloso. Y esto pertenece también a mi materialismo. – explica Peter Fleissner, austriaco -.¿Por qué me comprometo con el Movimiento de los Focolares? Porque tenemos una herencia en común: el mundo”. Por su parte el neozelandés James Hall-Kenney, afirma que “en el Movimiento de los Focolares las personas se comunican desde el amor, desde el corazón, incluso si existen diferencias de terminología”. Luan Omari proviene de Albania, y propone las señales de los valores comunes: “Yo creo en los valores que predica Jesucristo aun no creyendo que Jesús se un hijo de Dios por ejemplo. Pero acojo sus valores, me solidarizo con estos valores. Este es un terreno común que nos une”.
Claudio Vanni es el responsable de relaciones externas en la Unicoop de Florencia; habla del individualismo como una de las características que acompañan el consumismo: “Si el individualismo se afirma como cultura y como concepto es lo opuesto del diálogo y por lo tanto cada uno mira a sus propios intereses, no mira los intereses de los demás y sin diálogo no existe bien común, no hay crecimiento social y existen los conflictos”. Desde Argentina, Rubén Durante habla de la capacidad de escuchar: “Si yo me quedo con mi idea dentro no tengo la capacidad de escucharte pues tú también necesitas decirme y donarme tu idea y tu experiencia humana”. Se trata por lo tanto de un diálogo en continua evolución tratando de definir cada vez mejor las relaciones y las prospectivas entre un “nosotros” y un “ustedes” que, sin embargo implica pertenecer a un único cuerpo. María Voce, presente en el congreso pasado, ante la pregunta de qué esperaba de los amigos de convicciones no religiosas, respondió: “Espero que llevan a la periferia, fuera del Movimiento, los ideales que alienta el Movimiento” “Y ¿qué pueden esperarse del Movimiento nuestros amigos? Creo que pueden esperarse lo que cada uno de nosotros quiere; es decir sentirse acogidos”. A cargo de Franz Coriasco
7 May 2013 | Focolare Worldwide
«Conozco el Movimiento de los Focolares desde pequeña. Durante los últimos dos años tuve la ocasión de re-descubrir mi relación con Dios a través de la experiencia de la separación de mis padres. Fueron años muy difíciles, en los que vi cómo se derrumbaban todas mis seguridades. Varias veces puse en causa mi fe en Dios y Su amor por mí.
Por ser la mayor terminé siendo la persona alrededor de quien más giraba la situación. Mis padres me hablaban durante horas por teléfono comentándome la rabia que sentía cada uno hacia el otro. En ese período me sentía muy sola, sin puntos de referencia. A Dios lo veía muy distante: sólo oía Su silencio.
Un día, cuando pensaba que las cosas no podían ir peor, recibí la llamada de mi madre que me contaba lo que le había sugerido el abogado: que mi hermana y yo atestiguáramos en el tribunal en contra de mi padre, porque según ella era la única forma de cerrar la causal de separación rápidamente.
¡Se me vino el mundo abajo! Sentía una lucha interna: mi padre, es cierto, se había comportado mal con nosotros. Además sentía que nunca había podido establecer una relación fuerte con él. Además pocos días antes me había vuelto a fallar: había sido mi cumpleaños y él me llamó pero no para felicitarme (se había olvidado de mi cumpleaños) sino para desahogarse y lamentarse de mi madre, como de costumbre.
Sin embargo, en ese momento de desesperación extrema, después de meses de “silencio” sentí la voz de Dios clara y fuerte dentro, que me decía que no me dejara llevar por la rabia y que pensara sólo en amar, siempre y a pesar de todo, sin esperar nada en cambio.
Me armé de valor y le dije a mi madre que no iba a testimoniar en contra de mi padre. Ella se puso muy mal y se enojó. Me acusó de que no la quería ayudar. Nos dejamos de hablar por varios días. Sufrí mucho –a pesar de tener la convicción de que ese “no” dicho a ella, era un “sí” dicho a Dios.
Inesperadamente, desde ese momento, las cosas empezaron a marchar mejor. Poco a poco se fueron disolviendo todos los nudos y sobre todo mis padres comprendieron que no debían involucrarnos a nosotras, hijas, en sus problemas. Cuando pasó la crisis, mi madre comprendió el sentido de mi gesto, estuvo de acuerdo y nuestra relación se fortaleció. La relación con mi padre también avanzó porque cuando supo mi decisión y se quedó “impactado por mi valentía”.
Ahora experimento dentro una fuerza, una serenidad y una fe nuevas, que nacen de la seguridad de que no estoy sola. Incluso en los momentos en que no siento Su voz, Él está siempre a mi lado. Es verdad que Dios pide que dejemos todo para seguirlo, al final lo que nos da a cambio tiene mucho más valor que cualquier cosa que hayamos dejado. ¡Es de verdad el céntuplo prometido!»
(T. – Italia)