16 Feb 2013 | Focolare Worldwide
«Las ráfagas de disparos y los ataque aéreos hacen difíciles las comunicaciones. La situación de la periferia de Damasco es cada vez más dramática. Basta escuchar el eco repetido de los disparos del cañón también durante la noche, y el paso de los aviones para darnos cuenta de que ¡todavía no hemos llegado a la palabra tregua! Sin embargo la esperamos. Y la pedimos. Lo supe a través de Rim quien propuso el time-out por la paz a todas sus alumnas, la gran mayoría musulmanas, de un Centro donde se hospedan y aprenden sastrería.
La otra noche llamé por teléfono a Maryam de Homs, para tener noticias, desde hacía tiempo no lograba encontrarla. Me confirma que también según su parecer se necesita una intervención clara de Dios, que nos ayude a no perder la fe. Desde hace diez meses está refugiada en un pueblito cercano. La casa de sus padres ya no existe pero su anciano padre no lo sabe, sería demasiado para él. El hijo de Maryam regresó de Raqqa donde se había transferido para poder seguir en la universidad porque también allí la situación se puso muy difícil. Me dice que a finales del mes tendrán que dejar la casa que alquilaron: “¿dónde iremos?”.
«Hoy hablé con Luna de Aleppo. Me cuenta que están intentando poner en marcha una pequeña actividad económica casera (mermeladas, mantelería y otra cosa), con Marah, Yasmina y algunos amigos, y encontrar una posibilidad para vender estos productos. Me dice: «Muchos de nosotros estamos agradecidos por haber recibido ayuda para comprar pan o un litro de gasoil para la calefacción pero ¡queremos trabajar!».
«Enseguida pienso en las calles sitiadas o en el riesgo de los saqueos pero le aseguro que no dejaremos que de pierda esta propuesta. A Luna la conozco desde hace tiempo. No me sorprende su determinación. También conozco a su hermano Nader y a la familia de él, dos espléndidos niños muy inteligentes.
«Hasta hace dos años Nader junto a su papá y a su hermano mayor administraban una carpintería muy conocida en la ciudad, de muebles con un acabado excelente. Desde hace almenos seis meses ya no trabajan. Me dice Luna: «¡Si no encontramos otra forma de subsistir ante las necesidades de nuestras familias, también nosotros tendremos que tocar a las puertas de las iglesias, para pedir ayuda!».
«¡Cuánta mentira es ese: “Si vis pacem para bellum” (si quieres la paz prepara la guerra)! Aprendido en la escuela. Si quieres la paz prepara hombres nuevos, diría yo, que razonen con las categorías de la fraternidad, la justicia, la solidaridad, el amor, la auténtica libertad ».
«El obispo latino habla de que, según su parecer, se necesitan al menos dos generaciones antes de poder sanar las heridas que esta guerra dejará en el país (¡pero sólo si se logra detener pronto!) cuya causa, también aquí tantos están convencidos de ello, es fundamentalmente de naturaleza económica y política.
«Mucha gente quisiera hacer algo para terminar con estos proyectos insensatos y malignos. Pero hay también quien, y no son pocos en cambio, se reúnen para rezar, y no sólo a las 12 para el time-out por la paz lanzado por el Movimiento de los Focolares, que también aquí tratamos de divulgar y de dar a conocer hablándole a conocidos y a amigos, se reúnen hombres de todas las religiones, que se encuentran hasta por casualidad para rezar».
Fuente: Città Nuova
Diario dalla Siria/15
Diario dalla Siria/14
Diario dalla Siria/13
15 Feb 2013 | Focolare Worldwide
Del 5 al 9 de febrero se realizó en Roma la Asamblea Plenaria del Pontificio Consejo de la Cultura dedicada a las culturas juveniles emergentes. El objetivo era, como afirmó el Card. Ravasi, Presidente del dicasterio, “disponerse a escuchar con atención acerca de la cuestión juvenil” tanto en la sociedad como en la Iglesia, donde resultan evidentes las dificultades para transmitir la fe.
La importancia de este tema fue remarcada también por el Santo Padre en el encuentro que tuvo con los participantes, donde recordó que los jóvenes son para la Iglesia “un punto de referencia esencial e ineludible para su acción pastoral”, agregando que, “no faltan fenómenos decididamente positivos” como “muchos jóvenes voluntarios que ofrecen a los hermanos más necesitados sus mejores energías”

Farasoa Bemahazaka
Como un eco de las palabras del Papa vemos la experiencia de Fara, joven de Madagascar que pertenece a los Focolares, y que fue invitada a hablar sobre: “Formas de participación, creatividad y voluntariado”. Fara cuando tenía 16 años asistió a un encuentro mundial de los Jóvenes por un Mundo Unido que estaban trabajando en el Proyecto Africa y con ellos experimentó que también hoy es posible vivir con el radicalismo de los primeros cristianos. Algunos años después fue a Italia a la Escuela Gen de Loppiano donde se quedó 10 meses, animada por el deseo de vivir la fe con mayor profundidad. Aquí comprendió que “cada hombre tiene algo para dar a veces a través de muchas pequeñas acciones; se da y se recibe en la medida en que se ama. De aquí nace el diálogo intercultural, que comienza por un diálogo interpersonal porque el diálogo no es entre culturas sino entre personas de distintas culturas”
Actualmente esta joven africana estudia Economía y Comercio en Florencia. Aquí se encontró también con el Centro Internacional La Pira, donde desempeñó el servicio civil y pudo establecer y profundizar relaciones con la cultura de jóvenes de todo el mundo. Además, con otros amigos, promovió la Asociación de estudiantes africanos en Florencia con la cual se desea mantener viva la conciencia de su cultura original y al mismo tiempo favorecer la fraternidad universal. Al principio del año académico, para ayudar a los nuevos estudiantes, se abrió una oficina en la que se ofrece asistencia en la expedición de los trámites burocráticos y se los ayuda también en la inserción en la vida social de Florencia.
En septiembre del 2012 asistió al Genfest y actualmente es una activa protagonista del United World Project con el cual se quiere mostrar el camino de la humanidad, que avanza en forma lenta pero irrefrenable, hacia la fraternidad.
Fara ha hecho suyas las palabras de Chiara Lubich: «Jesús hoy vendría nuevamente a “morir por esta gente”, para salvarla de todos los males. Jesús vino hace veinte siglos. Ahora quiere volver a través nuestro. Jesús era joven: ¡quiere volver sobre todo a través de los jóvenes!».
13 Feb 2013 | Sin categorizar
Al cristiano no le está permitida la desesperación; no le está permitido dejarse abatir. Pueden caer sus casas, esfumarse sus riquezas: él se eleva, sigue luchando: lucha contra toda adversidad. Los espíritus perezosos, agazapados en sus propias costumbres fáciles y cómodas, se asustan ante la idea de la lucha. Pero el cristianismo existirá en la medida en que resista la fe en la resurrección. La resurrección de Cristo, que en sí misma nos injerta y nos hace partícipes de Su vida, nos obliga a no desesperarnos nunca. Nos da el secreto para levantarnos después de cada caída. La cuaresma es –y debe ser- también un examen de conciencia, mediante el cual podemos contemplar las realidades sofocadas que se agitan en el fondo de nuestra alma y de nuestra sociedad, donde se aferra la miseria de un cristianismo que para muchos está hecho de “ordinaria administración”, sin brío y sin el latido del corazón, como una vela sin viento. La resurrección de Cristo debe ser el motivo del renacimiento de nuestra fe, esperanza y caridad: victoria de nuestras obras sobre las tendencias negativas. La Pasión nos enseña a vencer las pasiones funerarias para renacer. Renacer cada uno, renacer en unidad de afecto, con el vecino, con cada pueblo, en concordia con las obras, para establecernos en el Reino de Dios.
Esto se traduce en una constitución social, a través de un orden que mediante la autoridad, la ley y las sanciones, actúe por el bien de los hombres y llegue al cielo, pero a través de la tierra. Y éste se delinea según un orden divino. Su ley es el Evangelio, que comporta la unidad, la solidaridad, la igualdad, la paternidad, el servicio social, la justicia, la racionalidad, la verdad, y la consecuente lucha contra los atropellos, las enemistades, el error, la estupidez… Buscar el Reino de Dios es por lo tanto buscar las mejores condiciones para que se exprese la vida individual y social.
Y se entiende: donde reina Dios, el hombre es un hijo de Dios, un ser de valor infinito, y trata a los otros hombres y es tratado como hermano, y hace a los demás lo que quisiera que le hicieran a él. Y los bienes de la tierra son fraternalmente puestos en común, y circula el amor y el perdón, y no valen las barreras pues no tienen sentido para el amor universal. Poner como finalidad el Reino de Dios por lo tanto significa elevar la meta de la vida humana.
Quien persigue como primera cosa el reino del hombre persigue un bien sujeto a rivalidades y contestaciones. En cambio si el objetivo es divino lleva a los hombres a un plano superior a sus rivalidades y los unifica en el amor. Después, en esa unificación, en esa visión superior de las cosas de la tierra, también la cuestión de la comida, del vestir y de la diversión asume las proporciones justas, adquiere un nuevo sentido y se simplifica en el amor, se tiene la plenitud de la vida. En este sentido también para nosotros, Cristo ha vencido el mundo.
Igino Giordani Las Fiestas, Società Editrice Internazionale (S.E.I.), Turín, 1954.
13 Feb 2013 | Sin categorizar
«Para poder hacer de la vida un “Santo viaje”, y poderlo concluir como deseamos, en La Imitación de Cristo, ese libro de piedad y meditación que muchos conocemos, dice que es necesario tener algunas cualidades muy rigurosas: el completo desprecio del mundo, el ardiente deseo de progresar en la virtud, el amor al sacrificio, el fervor de la penitencia, la renuncia a mí mismos y el saber soportar toda adversidad…
Son cualidades que también todos nosotros necesitamos poseer. Pero tenemos que preguntarnos: según nuestra espiritualidad, ¿cómo podemos adquirirlas?
La respuesta es clara y cierta: Dios no nos ha llamado a realizar todo esto a través de una vida monástica o separada del mundo.
Estamos llamados a permanecer en medio del mundo y a llegar a Dios a través del hermano, a través del amor al hermano y del amor recíproco. Y comprometernos a avanzar por esta original vía evangélica donde encontraremos enriquecida nuestra alma, como por encanto, de todas las virtudes […]
Si todos nosotros estamos concentrados en pensar en los demás, en amar a los demás, no nos ocuparemos del mundo, lo olvidaremos, por lo tanto lo despreciamos, aunque esto no nos dispense de alejar sus tentaciones cuando nos asechan.
Hay que progresar en la virtud. Pero esto se logra con el amor. ¿No está escrito: «Corro por la vía de tus mandamientos, porque dilataste (con el amor) mi corazón» (Sal, 119, 32)? Si amando el prójimo se corre en la actuación de los mandamientos de Dios, quiere decir que se progresa.
Se necesita el amor al sacrificio. Amar a los demás significa precisamente sacrificarnos a nosotros mismos para dedicarnos al hermano. El amor cristiano es sinónimo de sacrificio, aunque comporta una gran alegría.
Se necesita el fervor de la penitencia. Es en una vida de amor donde encontraremos la mejor y principal penitencia.
Se necesita la renuncia a sí mismos. En el amor a los demás está siempre implícita la renuncia a sí mismos.
Es necesario saber soportar todas las adversidades. ¿No será que muchos dolores son causados por nuestra forma de convivir con los demás? Tenemos que aprender a soportar a todos y amarlos por amor a Jesús abandonado. Así superaremos muchos obstáculos en la vida.
Sí, al amar al prójimo encontramos una forma excelente para hacer de la vida un “Santo viaje” […]».
Chiara Lubich, L’amore al fratello, a cargo de F. Gillet, Città Nuova, Roma 2012, pp. 77-79
(Tomado de una conexión telefónica – Rocca di Papa, 27 de noviembre de 1986)
12 Feb 2013 | Focolare Worldwide, Senza categoria
«Soy ingeniero hidráulico, desde hace varios años trabajo en el manejo de equipos de depuración de agua en una región del Sur de Italia.
A fines de los años ’90 comencé a trabajar para una multinacional que gestionaba cincuenta depuradores en toda la región. Apenas comencé a trabajar allí, me di cuenta que probablemente era el único empleado asumido gracias a mis estudios y mi currículo, y no por recomendación.
Comenzamos nuestro trabajo con gran responsabilidad y, al contrario de lo que había sucedido en años anteriores, después de los clásicos 30-40 días de funcionamiento, los depuradores empezaron a trabajar perfectamente. Una señal preocupante, porque indicaba claramente que antes no había sido el motivo de que no funcionaran bien impedimentos técnicos, sino más bien intereses económicos contrarios.
Enseguida empecé a trabajar para otras empresas. En todos lados me daba cuenta que la gestión rigurosa del agua pública, la salud de los ciudadanos, el futuro de nuestros hijos, el bien de una ciudad eran valores secundarios frente al usufructo e intereses económicos. Se me pidió explícitamente que me olvide de los primeros intereses para servir a la ganancia económica. Para ganar más, en una de las comunas, se descargaba el barro de la depuración en el torrente limítrofe que desembocaba, después de pocos kilómetros en el mar. Hoy, ya pasaron dieciséis años de aquellos hechos y se produjeron los primeros arrestos.
Todo esto chocaba contra mis principios. Con mi esposa y muchos amigos tratábamos de vivir el Evangelio en todas las circunstancias de la vida. Mi conciencia, mis ideales, me decían que vaya en contra de estas prácticas, aún a costa de un gran sacrificio. Me fui del trabajo, era mejor ser pobre pero honesto.
No fue fácil por un largo período. No obstante realizamos experiencias positivas en la gestión de instalaciones de depuración. Una de estas fue en la cooperativa social de un pueblo del litoral. Éramos tres: yo como ingeniero, otro que era electricista y un obrero con un pasado de toxico dependencia, que gracias a esta experiencia se pudo reintegrar en el mundo laboral. Los resultados fueron extraordinarios, a tal punto que un técnico de laboratorio nos dijo que no era posible tener un agua tan pura: que seguramente debía haber algún engaño!
Actualmente gestiono un depurador comunal y otras pequeñas instalaciones privadas. El mismo técnico de laboratorio que no creía en nuestra agua tan pura, hoy lleva a los estudiantes –futuros técnicos de laboratorio- a visitar las instalaciones donde trabajamos nosotros.
El precio de la coherencia es alto. La situación de mi familia fue siempre precaria, llegar a fin de mes es una empresa. Pero para dejar lugar a la obra de Dios es necesario creer en su amor, aunque esto signifique realizar elecciones que van contra la corriente común.
Esta mañana fui a caminar por la playa. Delante del espectáculo del mar y de los reflejos del sol en el agua, sentí la presencia de Dios que me animaba».
(Roberto, Italia)
* Extraído de Una buona notizia. Gente che crede, gente che muove. ( Una buena noticia. Gente que cree, gente que se mueve), Ed. Cittá Nuova, Roma 2012.