2 Ene 2023 | Sin categorizar
El teólogo Piero Coda recuerda al Papa Benedicto XVI y el extraordinario aporte de sabiduría que ha dado al camino de la Iglesia de nuestro tiempo. Monseñor Coda, en el año 1998 en el Congreso Mundial de los Movimientos eclesiales, el que en ese momento era el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el Cardenal Joseph Ratzinger, pronunció un histórico discurso acerca del rol de los Movimientos eclesiales. Según su opinión, ¿cuáles son los puntos esenciales de ese texto? ¿En qué medida esas palabras han hecho un aporte para cambiar el rol de los movimientos en la Iglesia? Sí, ¡fue sin duda un discurso histórico! Lo escuché presencialmente, porque yo estaba en ese Congreso. La gran competencia teológica y el conocimiento de la historia de la Iglesia, como así también la experiencia del Concilio y de su implementación a nivel universal (esto último particularmente por el rol que más adelante desempeñara en el Vaticano) le permitieron a Ratzinger ubicar con claridad el significado de los Movimientos eclesiales en la misión de la Iglesia. El punto central que propuso consiste en reconocer en ellos la acción del Espíritu Santo que a lo largo de los siglos, cada vez de una forma nueva, con oleadas sucesivas, renueva al Pueblo de Dios con el don de los carismas: San Benito, las órdenes mendicantes en el medioevo, la Compañía de Jesús y las órdenes misioneras en los últimos siglos, y justamente el inesperado florecimiento carismático en concomitancia con el Concilio. De allí la afirmación de Juan Pablo II, en sintonía con las enseñanzas del Vaticano II, según la cual la Iglesia está edificada gracias a la co-esencialidad de los “dones jerárquicos” –el ministerio conferido por el sacramento del Orden– y de los “dones carismáticos”, que son el libre regalo de gracias especiales de luz y vida a todos los discípulos de Jesús.
Con ocasión de la muerte de Chiara Lubich, fundadora de los Focolares, el papa Benedicto XVI escribió un extenso mensaje de condolencias. ¿Qué relación tuvo Chiara Lubich con él? Chiara me dijo a mí personalmente que había quedado muy impactada por ese discurso del Cardenal Ratzinger en 1998 y siempre le quedó profundamente agradecida por haberlo escrito. Además, visitando el Centro Mariápolis de Castel Gandolfo (Italia) y celebrando allí la Santa Misa en la fiesta de la Inmaculada, el 8 de diciembre de 1989, comentó una parábola evangélica. Dijo que veía el crecimiento de un gran árbol nacido de una pequeña semilla, en el que encuentran descanso los pájaros de cielo… Los primeros años del pontificado de Benedicto XVI coincidieron con los últimos de la vida de Chiara. Por ello, para Chiara no fue posible encontrarse con él personalmente y gozar por el hecho de que, a un año de su muerte, el Papa Ratzinger, en la encíclica Caritas in veritate, mencionara la economía de comunión. ¿Qué dicen el pensamiento y la vida del papa Benedicto XVI a la Iglesia de hoy y a la del mañana, que el Sínodo actual está delineando? Su imperdible aporte ha sido recordar con su autoridad moral de hombre de Dios y de gran teólogo una verdad decisiva: la obra de renovación que puso en movimiento el Vaticano II debe promoverse relacionándola directamente con el núcleo vivo del Evangelio de Jesús y en el álveo de la Tradición eclesial. Así lo remarcó en el magistral discurso a la Curia romana en diciembre de 2005 –era el primer año de su pontificado– cuando trazó la clave resolutiva de interpretación: “reforma en la continuidad”. No es casualidad que el libro más conocido del aún joven teólogo Ratzinger, aparecido en su primera edición en 1968 y traducido a los principales idiomas, tenga el título de Introducción al cristianismo. Ello para señalar que el trampolín de lanzamiento para un profético salto hacia adelante es la fe de siempre en Jesús. Tampoco carece de significado que, ya siendo Papa, haya querido dedicar tres encíclicas a las virtudes teologales: la caridad, la esperanza y la fe. Haciendo hincapié con fuerza en la primacía de la primera, pues evoca el mismo nombre del Dios que se revela en Jesús. Ese Jesús al que dedicó una apasionada trilogía como invitación al encuentro con el principio vivo de la fe, que no es justamente una bella idea, sino que es él mismo. Por lo tanto, fidelidad al patrimonio de la fe. Pero para que de ella surjan la riqueza y la novedad del Evangelio. Ése es el secreto de la fuerza y de la fascinación duradera del magisterio de Benedicto XVI. Y Ud. Personalmente, ¿cuál es el recuerdo más bonito que conserva en su interior del Papa Ratzinger? Me encontré con él muchas veces, primero cuando era Cardenal y luego durante su papado. Siempre experimenté su gran cordialidad y su exquisita atención. Incluso pude conversar extensamente con él de teología, en el contexto de una serie de seminarios con otros estudiosos, a nivel internacional, cuando era Prefecto de la Doctrina de la Fe. Con creciente gratitud a Dios, siempre capté en él su extraordinario aporte de sabiduría al camino de la Iglesia en nuestro tiempo. De acuerdo con Chiara le comuniqué al Papa Benedicto la idea de hacer nacer el Instituto Universitario Sophia: “Es algo hermoso…–exclamó– y si consiguen hacerlo…”. Recuerdo, por último, su gozosa sorpresa cuando, durante una audiencia en la que le presenté al primer grupo de estudiantes, uno de ellos, Caelison, un estudiante no-vidente, espontáneamente le manifestó: “¡En Sophia hemos encontrado la luz!”.
Stefania Tanesini
31 Dic 2022 | Sin categorizar
Palabras de Margaret Karram, presidenta del Movimiento de los Focolares con motivo del fallecimiento de Su Santidad, el Papa Benedicto XVI Estima, reconocimiento y gran conmoción llenan mi corazón ahora mientras expreso mi más profunda gratitud por la obra y la vida del Papa Benedicto XVI, en mi nombre y en el del Movimiento que él siguió y acompañó con cercanía y amor. Con toda la Iglesia nos unimos en torno al Papa Francisco al devolverlo a Dios, seguros de que ya ha sido recibido en la gloria del Cielo y lo haré personalmente, el 5 de enero próximo participando a la misa exequial en la Plaza San Pedro. Tuve el don de acoger al Papa Benedicto, en mayo de 2009, en Jerusalén, participando en varias etapas de su peregrinación a Tierra Santa. Dos momentos me quedaron particularmente impresos, sus palabras en el Santo Sepulcro: “La paz aquí es posible”, “la Tumba Vacía ─continuó─ nos habla de esperanza, esa que no defrauda, porque es don del Espíritu de la vida”. Para mí fue también muy fuerte la participación en una misa privada en la Delegación Apostólica de Jerusalén, celebrada precisamente por el Papa Benedicto XVI. Capté su ternura paternal y la grandeza de su caridad que se expresaba con un gesto de reconocimiento por todo lo que el Movimiento de los Focolares había hecho para preparar su visita.
En 1989, cuando todavía era Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el Card. Joseph Ratzinger fue invitado por Chiara Lubich para un diálogo con las focolarinas, reunidas con ocasión de los ejercicios espirituales anuales, en los que yo también estaba participando. Respondió a preguntas muy variadas y en un momento determinado pronunció palabras que no he olvidado. A propósito del futuro de la Iglesia y de la humanidad dijo: “La última palabra de la historia del mundo será la comunión, será llegar a ser comunión, no solo entre nosotros sino que, incorporados en el amor trinitario, llegar a ser comunión universal, donde Dios es todo en todos” [1]. Hoy, en el momento en que el amadísimo Papa Benedicto XVI ha vuelto a la casa del Padre, esta expresión suya resuena en mí casi como un testamento espiritual. Son palabras de una actualidad extraordinaria, que hoy arrojan luz y esperanza sobre una humanidad afligida por conflictos de los que no vemos el final. Nos hemos nutrido de su pensamiento tan iluminado, el de un gran teólogo que, aún muy joven, participó en el Concilio Vaticano II, transmitiendo y presentando a lo largo de los años la novedad de una Iglesia-comunión, hecha de conocimiento de la Palabra y de caridad traducida en práctica. Al día siguiente de su elección como Pontífice, Chiara Lubich se expresó así: “Por el conocimiento directo que tengo de él, ya que posee dones particulares para captar la luz del Espíritu, no dejará de sorprender y superar cualquier expectativa” [2]. No olvidaremos el papel clave que desempeñó en 1998, cuando el Papa Juan Pablo II, con ocasión de la fiesta de Pentecostés, convocó en la plaza de San Pedro a los Movimientos eclesiales y a las Nuevas comunidades. En esa ocasión, el Card. Ratzinger dio una lección magistral titulada: “Los Movimientos eclesiales y su colocación teológica”, en la que delineó el perfil de los Movimientos y de las Nuevas comunidades y la relación imprescindible con la Iglesia. Algunos pasajes de su intervención siguen siendo, para mí y para el Movimiento, de gran luz para poder ser instrumentos de comunión en la Iglesia y brazos de Cristo para la humanidad: “Es muy evidente que el Espíritu Santo está también hoy actuando en la Iglesia y le concede nuevos dones ─dijo entonces─ gracias a los cuales ella revive la alegría de su juventud (cf. Sal 42, 4). Agradecimiento a tantas personas, jóvenes y ancianas, que se adhieren a la llamada del Espíritu y, sin mirar ni alrededor ni hacia atrás, se lanzan gozosamente al servicio del Evangelio. Agradecimiento a los obispos que se abren a los nuevos caminos, les hacen sitio en sus respectivas Iglesias, debaten pacientemente con sus responsables para ayudarlos a superar cualquier unilateralidad y para conducirlos a la justa conformación”[3]. Junto a toda la Iglesia, doy gracias a Dios por el don que el Papa Benedicto XVI ha sido para nuestro tiempo y rezo para que sepamos captar y traducir en vida la profundidad de su pensamiento teológico, la fidelidad al Evangelio y la valentía de un testimonio de vida capaz de conducir a la Iglesia por los senderos de la verdad, de la fraternidad y de la paz.
Margaret Karram Presidenta del Movimiento de los Focolares
[1] Visita del Card. Joseph Ratzinger al encuentro de las focolarinas, respuestas a las preguntas. Castel Gandolfo, 8 de diciembre de 1989. Archivo Chiara Lubich en Archivo General del Movimiento de los Focolares. [2] Declaración de Chiara Lubich en: Comunicado de Prensa Movimiento de los Focolares, 20 de abril de 2005 [3] Los Movimientos en la Iglesia. Actas del Congreso mundial de los Movimientos eclesiales, Roma, 27-29 de mayo de 1998, Coll. Laici oggi 2, Libreria Editrice Vaticana, Città del Vaticano 1999.
22 Dic 2022 | Sin categorizar
Mensaje de Margaret Karram, presidenta del Movimiento de los Focolares, con motivo de la Navidad 2022 Activar los subtítulos en español https://www.youtube.com/watch?v=YGt4KlwM9N8 ¡Quiero expresarles mis mejores deseos de una feliz Navidad a todos! Y lo hago por medio de una poesía que escribí en estos días. ¡Ven Señor Jesús, apresúrate a venir, el mundo entero no resiste más! Una noche sombría ha caído sobre él. La estrella fugaz ha desaparecido del cielo azul. ¿Quién nos guiará ahora a Belén para encontrar al Príncipe de la Paz? ¿Quién nos ayudará a reencender en los corazones las llamas de un amor que arde y se hace arte? Es Navidad, vuelve, vuelve Señor Jesús. Queremos acogerte como nunca antes lo hemos hecho. Queremos, mejor que ayer, reconocerte en los que sufren: en el pobre, en el solo, en el desesperado, en el enfermo, en el abandonado. ¡Ayúdanos a escuchar el grito de quien no tiene esperanza, de quien ya no cree! Ayúdanos a ser personas de paz. ¡Danos valentía, danos audacia para hacerles eco a los ángeles y, como ellos, anunciar: alegría, esperanza, serenidad, fraternidad!
Margaret Karram
19 Dic 2022 | Sin categorizar
En pocos días más llega Navidad. Una fiesta que nos da la oportunidad para encontrarnos en familia y renovar relaciones, más allá de las luces y de los regalos. Dios se hace niño y nace en la pobreza de un pesebre. En la Navidad de 1986 Chiara Lubich invitó a las comunidades de los Focolares a ir al encuentro de quien más sufre. También hoy hay muchos hermanos y hermanas que se encuentran en situaciones de sufrimiento y esperan nuestro alivio, nuestro compartir. […] Hoy, el calor de la Navidad nos lleva a sentirnos todos más familia, más ‘uno’ entre nosotros, más hermanos, para compartirlo todo, alegrías y dolores. Dolores sobre todo con aquellos que, por las más diversas circunstancias, pasan esta Navidad cara a cara con el sufrimiento. […] ¡El sufrimiento! Ese que a veces envuelve totalmente nuestras personas, o el que nos roza y mezcla lo amargo con lo dulce en nuestras jornadas. El sufrimiento: Una enfermedad, una desgracia, una prueba, una circunstancia dolorosa… ¡El sufrimiento! […] Si miramos el sufrimiento con ojos humanos, estamos tentados de buscar su causa en nosotros o fuera de nosotros, en la maldad humana, por ejemplo, o en la naturaleza, o en otro… […] Y todo esto puede ser también verdad, pero, si solo pensamos de ese modo, olvidamos lo más importante, porque nos olvidamos de que detrás de la trama de nuestra vida está Dios, con su amor, que todo lo quiere, o lo permite por un motivo superior, que es nuestro bien. […] Jesús, después de habernos invitado a tomar nuestra cruz para seguirlo, ¿acaso no afirmó que “el que pierda su vida, (y esto es lo máximo del sufrir), la encontrará”. (Mt 10, 39)? Por lo tanto, el dolor es esperanza de salvación. […] ¿Qué decir entonces hoy a aquellos de los nuestros que se debaten en el sufrimiento? […] Acerquémonos a ellos, ante todo con sumo respeto porque, aunque quizás todavía no lo piensan, en estos momentos están siendo visitados por Dios. Después, compartamos, en todo cuanto sea posible, sus cruces, es decir, tengamos a Jesús en medio con ellos efectivamente. Asegurémosles también nuestro continuo recuerdo y nuestra oración, para que sepan tomar directamente de las manos de Dios lo que les angustia y les hace sufrir, y puedan unirlo a la pasión de Jesús de manera que se potencie al máximo. […] Y recordémosles ese maravilloso principio cristiano de nuestra espiritualidad, por el cual un dolor amado como rostro de Jesús crucificado y abandonado puede transformarse en alegría. […] Que sea esta nuestra Navidad […]: compartir todo sufrimiento con nuestros hermanos más probados y ofrecerle los nuestros al Niño Jesús.
Chiara Lubich
(Chiara Lubich, Conversazioni, Città Nuova, Roma 2019, pag.265-268)
https://www.youtube.com/watch?v=vX0Xc31gVAg&list=PL9YsVtizqrYvkj6TeYx0cQNA9h-ueUYL8
14 Dic 2022 | Sin categorizar
El Centro Evangelii Gaudium (CEG), abre la inscripción para el Curso de Formación sobre Sinodalidad, una contribución para responder a la llamada de la Iglesia a caminar juntos. El Centro Evangelii Gaudium (CEG), un centro de formación dentro del Instituto Universitario Sophia, se está preparando para lanzar, en 2023, un Curso de Formación sobre Sinodalidad desarrollado en sinergia con la Secretaría General del Sínodo y en colaboración con otros centros de formación e institutos académicos en Italia y otros países. Pero ¿por qué hablar de sinodalidad? Lo explica , profesor de teología fundamental en la Facultad de Teología de Apulia en Italia y coordinador del CEG.

Prof. Vincenzo di Pilato
“El pasado 16 de octubre, el Papa Francisco anunció la decisión de celebrar la próxima XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos en dos sesiones. ‘Esta decisión nace del deseo de que el tema de la Iglesia sinodal, por su amplitud e importancia, sea objeto de un prolongado discernimiento no sólo por parte de los miembros de la Asamblea sinodal, sino de toda la Iglesia’. Este es el reto que el Curso quiere asumir: combinar lo mejor posible el caminar ‘juntos’ con caminar ‘todos’. Lo estamos experimentando a nivel de diócesis, parroquias, movimientos, congregaciones, en todas partes: la sinodalidad sin vida en el Espíritu se reduce a un asambleísmo desafinado e inconcluso. Necesitamos ‘casas y escuelas de comunión’, pero también ‘gimnasios sinodales’ en los que aprender a escuchar y seguir al Espíritu Santo. ¡Fácil de decir! El curso quiere ponerse al servicio de este otro desafío: reunir la experiencia espiritual con las ciencias teológicas y humanas. Esto es lo que esperan los Dicasterios pontificios, especialmente los que están comprometidos en la formación, que en varias ocasiones han sugerido cursos de este tipo, abiertos a todas las vocaciones. La propia Secretaría General del Sínodo se mostró particularmente involucrada en la iniciativa. De hecho, tendremos el honor de abrir el Curso con el cardenal secretario Mario Grech, el próximo 17 de enero de 2023”. Profesor, ¿cómo se llevará a cabo este curso y a quién está dirigido?
El curso es de tres años. Se desarrolla en 4 períodos del año (3 módulos académicos y una reunión residencial), tratando temas en armonía con el proceso sinodal en curso. Es posible inscribirse para todo el año o para un solo módulo. El idioma oficial será el italiano, pero con traducciones simultáneas al español, portugués e inglés. Es un curso destinado a todos los miembros del pueblo de Dios, desde los obispos hasta los agentes pastorales, desde los sacerdotes hasta las monjas, desde los seminaristas hasta los laicos. Para este año el curso será online. Se recomienda, cuando sea posible, participar en grupos de la misma comunidad, parroquia, diócesis para hacer del Curso una verdadera «palestra de sinodalidad». Dos o más participantes que podrán dialogar entre sí en estilo sinodal, también se convertirán en «multiplicadores» del curso, o de sus temas principales, en la comunidad donde se insertan. Durante un encuentro con las diversas realidades eclesiales vinculadas al Movimiento de los Focolares, el copresidente Jesús Morán habló de la espiritualidad de comunión (citando la Novo Millennium Ineunte de San Juan Pablo II) y de la sinodalidad como dos momentos vinculados entre sí, pero distintos. ¿Puede dar más detalles sobre esto? Nos estamos preparando para el próximo Jubileo en 2025 con un prolongado camino sinodal sin precedentes en la historia de la Iglesia. Después del último jubileo del año 2000, San Juan Pablo II reconoció que “se ha hecho mucho desde el Concilio Vaticano II también con respecto a la reforma de la Curia Romana, la organización de los sínodos, el funcionamiento de las conferencias episcopales. Pero ciertamente queda mucho por hacer” (NMI, 44). ¿Qué quiso decir con que “queda mucho por hacer”? Creo que no fue una expresión retórica para él, sino profética. En 2015, el quincuagésimo aniversario de la institución del Sínodo de los Obispos, el Papa Francisco se expresó de la siguiente manera: “El camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio”. He aquí la convergencia mutuamente inspirada entre estos dos jubileos: por una parte, la “espiritualidad” de comunión para penetrar en la más alta contemplación del misterio de Dios Trinidad custodiado en todas las criaturas y entre ellas; por otra, la sinodalidad como “camino” en el que permanecer, siguiendo el ejemplo de Jesús y María, mezclados entre todos, participando “a esta marea un tanto caótica que puede transformarse en una verdadera experiencia de fraternidad, en una caravana de solidaridad, en una peregrinación santa” (Evangelii Gaudium 87). Está claro, por tanto, que no hay espiritualidad de comunión sin sinodalidad y viceversa. La comunión hasta la unidad es el misterio de Dios revelado a nosotros por Jesús crucificado-resucitado y siempre presente en el destino de la humanidad; la sinodalidad es el camino que nos permite hacerla visible “para que el mundo crea” (Jn 17, 21). ¿Qué significa esto para cada uno de nosotros y cuáles son las etapas para vivir esta llamada? En primer lugar, sentirse parte de un solo pueblo, no de un grupo de individuos colocados uno al lado del otro como bolos en una pista de bowling o pasajeros en un ascensor. Dirigiéndose a los jóvenes, el Papa Francisco explicó: “Cuando hablamos de ‘personas’ no debemos entender las estructuras de la sociedad o de la Iglesia, sino el conjunto de personas que no caminan como individuos, sino como el tejido de una comunidad de todos y para todos, que no puede permitir que los más pobres y débiles se queden atrás: ‘La gente quiere que todos compartan los bienes comunes, y por eso aceptan adaptarse al ritmo de los más pequeños para llegar todos juntos’ (Christus Vivit, 23). Entonces: caminando juntos sin dejar a nadie atrás, reconociendo la presencia de Cristo en todos los que pasan. Esta es la raíz de la igual dignidad y libertad de cada uno de nosotros. Sentirse un único pueblo es la premisa, pero también el propósito de la sinodalidad, así como Jesús es, al mismo tiempo, el Camino y nuestro compañero de viaje. En cada miembro del Pueblo de Dios habita el Espíritu Santo, como en un templo, y la única ley entre todos debe ser el mandamiento nuevo de amar como Jesús mismo nos amó (Cfr. Jn 13,34). Esperamos que el Curso sea un tramo de camino hecho junto con nuestra mirada dirigida a los límites del Reino de Dios que encontramos cada vez que hay un prójimo al que amar.
María Grazia Berretta
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