1 Nov 2010 | Sin categorizar
Una jornada nacional promovida por el Movimiento de los Focolares y por las Comunidades Islámicas de Italia “para mostrar la posible convivencia e integración, como respuesta a la intolerancia y defensa radicalizada de las identidades, que rondan por nuestras ciudades”. 600 musulmanes y cristianos provenientes de toda Italia, alrededor de 50 las personalidades presentes por parte de las dos religiones, entre ellos unos 20 representantes e Imam de las correspondientes comunidades islámicas esparcidas en toda la Península. Numerosos los jóvenes y los niños que tuvieron un programa especial para ellos. “Mamá, ¿ya hemos muerto? –preguntó un niño en un encuentro parecido a éste que se llevó a cabo hace unos años en Nueva York– ¿Por qué me haces esta pregunta?, le contestó su madre, y él: “Porque me parece que estoy ya en el Paraíso”. A los presentes en Loppiano esta pregunta no les hubiera parecido infantil, por el clima de fraternidad, “de otro mundo” que se respiraba. Sin embargo, se afrontaron problemas muy candentes para nuestra sociedad.
“El objetivo de la jornada –explicaron Luisa Gennaro y Mario Ciabattini, ambos de los Focolares– es dar un paso más en el camino ya recorrido hasta hoy, sentirnos una única familia, porque hermanos se nace, pero ahora sabemos que también podemos llegar a serlo”. La respuesta del Imam Kamel Layachi (Comunidades Islámicas del Véneto) fue inmediata: “El amor es la base de la unión de los corazones, este es el punto de llegada y de partida”. Shahrzad Houshmand, teóloga iraní y moderadora de la mesa redonda “los desafíos del diálogo” afirmó: “Desde hace años soñamos este día en el cual, musulmanes y cristianos de Italia, y nos encontremos para construir juntos el futuro del País”. Luego siguieron varias intervenciones: Paul Le Marié de los Focolares, “Dios nos ama inmensamente, así comenzó la experiencia de los focolares”. Izzidin Elzir, Imam de Florencia y de Toscana: “El diálogo con los focolares comenzó hace 20 años en el Centro Internacional La Pira, dirigido por ellos, y hoy, aquí, vemos los resultados”. Judith Povilus, vice presidenta del Instituto Sophia: “El diálogo es una dimensión profundamente antropológica, igual que la dimensión trascendental”. Adnane Mokrani, teólogo musulmán, docente en la Pontificia Universidad Gregoriana: “El diálogo está unido a la esencia del ser musulmán, creer que Dios es Uno, su unicidad, significa creer en la unicidad del género humano”. Roberto Catalano, del Centro por el Diálogo Interreligioso de los Focolares: “Ya no puedo ser italiano sin cada uno de ustedes. Para nosotros focolarinos es importante la fraternidad, pero la fraternidad universal, abierta a todos y en todo el mundo”. Luego contó como comenzó el diálogo de los focolares en Argelia en los años ‘60 y como continuó en Líbano donde nació una escuela en un pueblo que acogió, en los tiempos de guerra, tanto a musulmanes como a los cristianos. “Nació una fraternidad tan profunda que durante el conflicto del año 2006 se dio hospitalidad a miles de prófugos de las dos religiones los cuales convivieron por un período bastante largo”.
Se dieron varias respuestas: Corresponsabilidad social, ciudadanía activa y trabajo en redes, como antídotos al “miedo al distinto”; el diálogo interreligioso no como algo opcional sino como una necesidad primaria. Muy concretos fueron los testimonios del diálogo en la vida cotidiana: “En Véneto (al norte de Italia), donde vivimos, así como en otras partes, se vive un camino de amistad hacia una verdadera fraternidad. El diálogo de la vida ha entrado en nuestras casas, en nuestros hijos… Hoy es un momento fundamental para este camino”. Llegaron numerosos mensajes: de Maria Voce, presidenta de los Focolares, “encomendamos a Dios este camino juntos, que sea un don para nuestro País”, del Obispo Mansueto Bianchi, encargado de la Conferencia Episcopal Italiana para este diálogo, “nuestras palabras y nuestro testimonio tienen que ajustarse en base a la defensa de la vida humana y la abertura a la transcendencia”; de los alcaldes de Florencia, de Padua y de Rocca di Papa presente en el encuentro, entre otros. Las palabras de Chiara Lubich, en una videoconferencia del 12 de noviembre de 2000, en Washington, delante de 6000 personas, fueron acogidas con emoción: “Si vivimos nuestras enseñanzas nacerá entre nosotros una comunión con Dios. Hoy, aquí, todos somos ‘nosotros’, una sola cosa. Tenemos que llevar adelante juntos esta revolución pacífica en beneficio de la fraternidad universal”.
31 Oct 2010 | Palabra de vida, Sin categorizar
La predicación de Jesús se inicia con el sermón de la montaña. En una colina frente al lago Tiberíades en las inmediaciones de Cafarnaún, sentado, como solían hacer los maestros, Jesús anuncia a la muchedumbre cómo es el hombre de las bienaventuranzas. En varias ocasiones había resonado ya en el Antiguo Testamento la palabra “bienaventurado”, es decir, la exaltación de aquel que observaba de los modos más variados la Palabra del Señor.
Las bienaventuranzas de Jesús evocan en parte las que los discípulos ya conocían, pero por primera vez oían que los puros de corazón no sólo eran dignos de subir al monte del Señor, como cantaba el salmo , sino que incluso podían ver a Dios. ¿Cuál era, pues, esa pureza tan elevada para merecer tanto? Jesús lo explicaría más de una vez en el curso de su predicación. Por eso, tratemos de seguirlo para beber de la fuente de la pureza auténtica.
«Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios».
Ante todo, según Jesús, hay un método de purificación por excelencia: «Vosotros estáis ya limpios gracias a la Palabra que os he anunciado» . No son los ejercicios rituales los que purifican el alma, sino su Palabra. La Palabra de Jesús no es como las palabras humanas. En ella está presente Cristo, como está presente de otro modo en la Eucaristía. Por ella Cristo entra en nosotros y, si la dejamos actuar, nos libera del pecado y, por consiguiente, nos hace puros de corazón.
Por tanto, la pureza es fruto de vivir la Palabra, de todas esas Palabras de Jesús que nos liberan de los llamados apegos en los que necesariamente caemos si no se tenemos el corazón en Dios y en sus enseñanzas. Éstos pueden referirse a las cosas, a las criaturas y a nosotros mismos, pero si nuestro corazón mira sólo a Dios, todo el resto cae por su propio peso.
Para tener éxito en esta empresa, puede ser útil repetirle durante el día a Jesús, a Dios, esa invocación del salmo que dice: «Eres tú, Señor, mi único bien» . Procuremos repetirlo a menudo, y sobre todo cuando uno u otro apego quiera arrastrar a nuestro corazón hacia esas imágenes, sentimientos y pasiones que pueden ofuscar la visión del bien y quitarnos la libertad.
¿Nos sentimos impulsados a mirar determinados carteles publicitarios, a ver ciertos programas de televisión? No, digámosle: «Eres tú, Señor, mi único bien», y éste será el primer paso que nos lleve a salir de nosotros mismos y a volver a declararle nuestro amor a Dios. Así habremos ganado en pureza.
¿Notamos a veces que una persona o una actividad se interponen como un obstáculo entre Dios y nosotros y empañan nuestra relación con Él? Es el momento de repetirle: «Eres tú, Señor, mi único bien». Esto nos ayudará a purificar nuestras intenciones y a recobrar la libertad interior.
«Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios».
Vivir la Palabra nos hace libres y puros, porque es amor. El amor purifica con su fuego divino nuestras intenciones y todo nuestro interior, porque según la Biblia, el “corazón” es la sede más profunda de la inteligencia y de la voluntad.
Pero hay un tipo de amor que Jesús nos exige y que nos permite vivir esta bienaventuranza. Es el amor recíproco, el amor que tiene quien está dispuesto a dar la vida por los demás, a ejemplo de Jesús. Éste crea una corriente, un intercambio, un entorno cuya nota dominante es precisamente la transparencia, la pureza, gracias a la presencia de Dios, el único que puede crear en nosotros un corazón puro . Viviendo el amor mutuo, la Palabra actúa y produce sus efectos de purificación y de santificación.
El individuo aislado es incapaz de resistir durante mucho tiempo las instigaciones del mundo, mientras que en el amor mutuo encuentra el ambiente sano capaz de proteger su pureza y toda su existencia cristiana auténtica.
«Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios».
Y ése es el fruto de la pureza, que hay que reconquistar siempre: se puede “ver” a Dios, es decir, comprender su acción en nuestra vida y en la historia, oír su voz en el corazón, captar su presencia allí donde está: en los pobres, en la Eucaristía, en su Palabra, en la comunión fraterna, en la Iglesia.
Es saborear por anticipado la presencia de Dios que empieza ya en esta vida «caminando en la fe y no en la visión» hasta que lo «veamos cara a cara» por toda la eternidad.
Chiara Lubich
26 Oct 2010 | Sin categorizar
“Trabajo profesionalmente en el ámbito de la comunicación desde hace 35 años, en varias campos, pero puedo decir que “nací” en la verdadera comunicación sólo en marzo de 1995, cuando en Milán, en la rueda de prensa del Premio UELCI (Unión Editores y Libreros Católicos Italianos) para el mejor escritor católico conocí a Chiara Lubich y no la abandoné más nunca”. Con estas palabras Alma Pizzi, en junio de 2010, en el último seminario de NetOne, comenzó su presentación.
Ella era una periodista ya muy conocida, encargada de prensa, docente de periodismo y autora, originaria de la región de Lombardía, fue Presidente de la Unión Cristianos Empresarios Gerentes, además de ser una de las más activas sostenedoras de NetOne, la red internacional de operadores de la comunicación inspirada en el carisma de la unidad.
El pasado mes de junio relataba: «tuve un segundo nacimiento, aún más fuerte, en junio de 2000 en Castelgandolfo, cerca de Roma, en el primer congreso internacional de NetOne, que nacía en aquella oportunidad: Desde entonces considero a NetOne mi casa y nunca me alejé de ella. Descubrí una manera nueva de ser periodista, muy distinta a la que conocía anteriormente: comencé a poner en primer lugar la relación con los demás y no el producto de mi trabajo». (La intervención integral está disponible, también en video, en la página de NetOne)
«Me conmovió e impactó leer sus últimos artículos –escribe una periodista que la conoció y que trabajó con ella- “varios son sobre la santidad: desde aquél sobre Chiara Luce Badano hasta el último, sobre Carlos I de Austria, bienaventurado “por medio” y no “a pesar de” la política, publicado el 24 de octubre 2010 (el día anterior de su muerte) en la página web del periódico on line que ella misma compilaba y redactaba. Entre otras cosas cita unas palabras tomadas del diario de Carlos I: “Toda mi inspiración está en conocer siempre y lo más claramente posible, en todas mis cosas, la voluntad de Dios y de cumplirla, y precisamente de la manera más perfecta”».
Colaboradora de la edición italiana de la revista del Movimiento de los Focolares, Ciudad Nueva, en sus páginas había recordado al periodista Giuseppe De Carli, recién fallecido, cerrando así el artículo: “No sabíamos nada de su enfermedad y ahora lo recordamos después de cumplir con el objetivo, allí donde queremos llegar también nosotros con esa misma consciencia del trabajo cuidadosamente cumplido”.
La recordamos con estas últimas palabras e invitamos a la lectura del artículo publicado en Ciudad Nueva italiana para conocer algo más de ella.