5 Oct 2010 | Sin categorizar
Con el extraordinario evento de la beatificación de Chiara Luce Badano, primera joven de los Focolares que llega a los altares, realizada el sábado 25 de septiembre, se inauguró el encuentro anual de los delegados de los Focolares en todo el mundo. Es difícil imaginar un inicio mejor para los acostumbrados tres primeros días de retiro espiritual de los delegados provenientes de 78 países en representación de las 182 naciones en las cuales está presente el Movimiento. En total son 345 los participantes.

La presidente, María Voce empezó diciendo: “Quisiéramos retirarnos con Jesús, juntos, para dar un nuevo paso hacia la santidad”. Su intervención inicial fue una reflexión sobre la Voluntad de Dios, segundo punto de la “espiritualidad de la unidad”, elegido para ser profundizado y puesto en práctica en todo el Movimiento durante este año.
Son dos las indicaciones para actuar este año: la tensión a la santidad, subrayada el pasado 23 de abril por Benedicto XVI en un augurio a los miembros del Movimiento, cuando María Voce fue recibida por el Santo Padre; y la Unidad para “contribuir a la realización de la oración de Jesús al Padre: ‘Que todos sean uno’ (cfr. Jn. 17,21)”, apuntando a la fraternidad universal.

Entre las varias intervenciones, intercaladas con momentos de alegre comunión en la sala o en grupos de profundización, está la del filósofo y teólogo español, Prof. Jesús Morán: “El sí del hombre a Dios: en las raíces de la existencia”, en el que se pudo entrever “que la estructura del hombre está hecha para decir sí a Dios, un sí que lo hace plenamente persona”, como decía uno de los presentes.
El mismo argumento fue afrontado por la socióloga brasileña Vera Araujo, en sus repercusiones sociales. La socióloga identificó “los lugares donde se manifiesta la Voluntad de Dios: en la vida cotidiana, profesional, en los signos de los tiempos”, entre otros. Y puso en evidencia la importancia de vivificar con el amor del Evangelio todas las instituciones, “porque a través de éstas es posible extender la red de relaciones realmente humanas”.

El trabajo proseguirá hasta el 17 de octubre con un programa rico y variado, con profundizaciones sobre el tema de la formación, y con argumentos sobre la vida del Movimiento en el mundo. Una mirada especial al continente asiático será ofrecida por sus representantes, en continuidad con lo vivido al inicio del 2010, con ocasión del viaje de María Voce y Giancarlo Faletti a Corea, Japón, Filipinas, Tailandia, Paquistán. (http://www.focolareasiatour.it/)
Foto a cargo de Thomas Klann:
– los delegados en el Centro del Movimiento, Rocca di Papa
– el prof. Jesús Morán
– la socióloga Vera Araujo
– Maria Voce en un momento de pausa
30 Sep 2010 | Palabra de vida, Sin categorizar
Esta Palabra se encuentra ya en el Antiguo Testamento(2). Para responder a una pregunta, Jesús se injerta en la gran tradición profética y rabínica que estaba en búsqueda del principio unificador de la Torah, es decir, de la enseñanza de Dios contenida en la Biblia. El Rabino Hillel, contemporáneo suyo, había dicho: “No le hagas a tu prójimo lo que te resulta odioso ésta es toda la ley. El resto es interpretación”(3).
Para los maestros del hebraísmo, el amor al prójimo deriva del amor a Dios que ha creado al hombre a su imagen y semejanza, por lo cual no se puede amar a Dios sin amar a su criatura: éste es el verdadero motivo del amor al prójimo y es “un gran principio general de la ley”(4).
Jesús insiste en este principio y agrega que el mandamiento de amar al prójimo es similar al primero y el más grande mandamiento, es decir, el de amar a Dios con todo el corazón, la mente y el alma. Afirmando una relación de semejanza entre los dos mandamientos Jesús los une definitivamente y así hará toda la tradición cristiana, como dirá lapidariamente el apóstol Juan. “Quien no ama a su hermano que ve, no puede amar a Dios, a quien no ve?”(5).
“Amarás a tu prójimo como a ti mismo”
Prójimo – lo dice claramente todo el Evangelio – es todo ser humano, hombre o mujer, amigo o enemigo, al cual se debe respeto, consideración, estima. El amor al prójimo es universal y personal al mismo tiempo. Abraza a toda la humanidad y se concreta en aquel-que-está-cerca.
Pero, ¿quién puede darnos un corazón tan grande, quién puede suscitar en nosotros una benevolencia tal como para hacernos sentir cercanos – prójimos – también de aquellos que son más extraños a nosotros, como para hacernos superar el amor propio y reconocernos en los demás? Es un don de Dios, es más, es el mismo amor de Dios que “ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que se nos ha dado.”(6).
No es por lo tanto un amor común, una simple amistad o pura filantropía, sino ese amor que fue derramado desde el bautismo en nuestros corazones: ese amor que es la vida de Dios mismo, de la Trinidad beata, de la cual nosotros podemos participar.
Entonces, el amor lo es todo, pero para poder vivirlo bien es necesario conocer sus cualidades que emergen del Evangelio y de la Escritura en general y que nos parece que se pueden resumir en algunos aspectos fundamentales.
Lo primero es que Jesús, que murió por todos, amando a todos, nos enseña que el verdadero amor va dirigido a todos. No como el amor que vivimos nosotros tantas veces, simplemente humano, que tiene un radio restringido: la familia, los amigos, los vecinos… El amor verdadero que Jesús quiere no admite discriminaciones: no distingue tanto la persona simpática de la antipática, no existe para él el lindo, el feo, el grande o el pequeño; para este amor no hay diferencia entre el compatriota y el extranjero, el de mi Iglesia o de otra, de mi religión o de otra. Este amor ama a todos. Y así tenemos que hacer nosotros: amar a todos.
El amor verdadero, además, es el primero en amar, no espera ser amado, como en general es propio del amor humano, que ama a quien nos ama. No, el amor verdadero toma la iniciativa, como hizo el Padre cuando, siendo nosotros todavía pecadores, por lo tanto no amantes, mandó al Hijo para salvarnos.
Entonces: amar a todos y ser el primero en amar.
Aún más: el amor verdadero ve a Jesús en cada prójimo: “A mí me lo hiciste”(7) nos dirá Jesús en el juicio final. Y eso vale para el bien que hagamos y también para el mal, lamentablemente.
El amor verdadero ama al amigo y también al enemigo; le hace el bien, reza por él.
Jesús también quiere que el amor que Él trajo a la tierra se vuelva recíproco: que el uno ame al otro y viceversa, hasta llegar a la unidad.
Todas estas cualidades del amor nos hacen comprender y vivir mejor la palabra de vida de este mes.
“Amarás a tu prójimo como a ti mismo”
Sí, el amor verdadero ama al otro como a sí mismo. Y esto debe ser tomado al pie de la letra: hace falta justamente ver en el otro a sí mismo, y hacer al otro lo que uno se haría a sí mismo. El amor verdadero sabe sufrir con quien sufre, gozar con quien goza, llevar los pesos del otro, sabe, como dice Pablo, hacerse uno con la persona amada. Por lo tanto es un amor que no sólo sentimiento, o bellas palabras, sino hechos concretos.
Quien tiene otro credo religioso busca también hacer esto por la así llamada “regla de oro”, que encontramos en todas las religiones. La misma quiere que hagamos a los otros lo que quisiéramos que nos hicieran a nosotros. Gandhi la explica de modo muy simple y eficaz: “No puedo hacerte daño sin herirme a mí mismo”(8).
Este mes, por lo tanto, tiene que ser una ocasión para volver a centrarnos en el amor al prójimo, que tiene muchos rostros: desde el vecino de casa, a la compañera de escuela, desde el amigo hasta la pariente más cercana. Pero también tiene el rostro de esa humanidad angustiada que la TV nos presenta desde lugares de guerra y de catástrofes naturales. Una vez eran desconocidos y lejanos miles de millas. Ahora también ellos se han vuelto nuestros prójimos.
Cada vez el amor nos sugerirá qué hacer, y dilatará poco a poco nuestro corazón según la medida del corazón de Jesús.
Chiara Lubich
Publicación mensual del Movimiento de los Focolares
1.Este texto fue publicado en octubre de 1999.
2.Lev. 19, 18.
3.Talmud de Babilonia Shabbat, 31a.
4.Rabino Akiba, cit. en Sifra, comentario rabínico a Lev. 19,18. (nuestra traducción).
5.1 Jn., 4, 20.
6.Rom. 5, 5.
7.Cf. Mt. 25, 40.
8.Cf. Wilhelm Muhs, Palabras del corazón, Bs. As.
29 Sep 2010 | Sin categorizar
Los padres de Chiara Badano fueron donde el Papa para agradecerle por la beatificación de la hija, que tuvo lugar el sábado en Roma. Pero fue el Papa quien, al finalizar la audiencia, les agradeció por haber hecho posible el testimonio de Chiara.
«Estamos contemplando y palpando las maravillas del amor de Dios –dicen María Teresa y Ruggero Badano- sorprendidos de que haya elegido dos pobres personas como nosotros para participar de la contagiosa experiencia cristiana de nuestra única hija”. El 16 de octubre festajarán cincuenta años de matrimonio.
“A Chiara –recuerdan- la esperamos mucho tiempo cuando no lográbamos tener hijos; con ella sufrimos por la enfermedad y por su muerte, pero ahora estamos con ella más que nunca en la alegría por la beatificación”. La familia Badano le regaló al Papa una tarjeta escrita por Chiara en donde le pide a la Virgen tener “la fuerza necesaria para no aflojar nunca”. En la audiencia estaban presentes el obispo emérito de Aqui, la postuladora y María Voce, presidente del Movimiento de los Focolares, con seiscientos jóvenes venidos de 42 países para la beatificación.
Fuente: L’Osservatore Romano, 30 d septiembre de 2010