Movimiento de los Focolares
«De la comunión entre Obispos y Movimientos un nuevo impulso al testimonio del Evangelio en el mundo »

«De la comunión entre Obispos y Movimientos un nuevo impulso al testimonio del Evangelio en el mundo »

“De la comunión entre los obispos y los movimientos puede surgir, un válido impulso para un nuevo compromiso de la Iglesia en el anuncio y en el testimonio del Evangelio de la esperanza y de la caridad en todos los rincones del mundo”. Es uno de los pasajes más relevantes del discurso dirigido por Benedicto XVI a los, casi 200, obispos recibidos por él en una audiencia el jueves 8 de febrero en la mañana: obispos amigos del Movimiento de los Focolares, reunidos en esos días en Castelgandolfo y obispos amigos de la Comunidad de San Egidio, venidos a Roma por el aniversario de la fundación. Seguidamente el discurso integral del Santo Padre «Venerados hermanos en el episcopado: Estoy feliz de acogerlos en esta audiencia especial y les saludo cordialmente a todos ustedes, provenientes de diferentes países del mundo. Dirijo también un particular saludo a todos los que están aquí con nosotros y que pertenecen a otras Iglesias cristianas.  Algunos de ustedes participan en la cita anual de los obispos amigos del Movimiento de los Focolares, que tiene por tema: «Cristo crucificado y abandonado, luz en la noche cultural». Aprovecho con gusto esta ocasión para enviar a Chiara Lubich mis mejores deseos y mi bendición, que extiendo a todos los miembros del Movimiento que ella ha fundado. Otros participan en el IX Congreso de obispos amigos de la Comunidad de San Egidio, que afronta un argumento particularmente actual: «La globalización del amor». Saludo a monseñor Vincenzo Paglia, y con él al profesor Andrea Riccardi y a toda la Comunidad, que en el aniversario de su fundación se reunirá esta noche en la Basílica de San Juan de Letrán para participar en una celebración eucarística solemne. Queridos hermanos en el episcopado, quisiera decirles ante todo que su cercanía a los dos Movimientos, subraya la vitalidad de estas nuevas agregaciones de fieles y manifiesta al mismo tiempo esa comunión entre los carismas que constituye un típico «signo de los tiempos». La exhortación post-sinodal «Pastores gregis» recuerda que «las relaciones recíprocas entre los obispos van mucho más allá de sus encuentros institucionales» (n. 59). Es lo que sucede también en congresos como éstos, en los que se experimenta no sólo la colegialidad, sino una fraternidad episcopal que encuentra en los ideales compartidos y promovidos por los movimientos un estímulo para hacer más intensa la comunión de los corazones, más fuerte el recíproco apoyo y más compartido el compromiso de mostrar la Iglesia como lugar de oración y de caridad, como casa de misericordia y de paz. Mi venerado predecesor, Juan Pablo II, ha presentado a los Movimientos y a las nuevas comunidades surgidas en estos años como un don providencial del Espíritu Santo a la Iglesia para responder de manera eficaz a los desafíos de nuestro tiempo. Y también yo, en otras ocasiones, he tenido la posibilidad de subrayar el valor de su dimensión carismática. ¿Cómo olvidar, por ejemplo, la extraordinaria vigilia de Pentecostés del año pasado, que fue testigo de la participación conjunta de muchos Movimientos y Asociaciones eclesiales? Todavía está viva en mí la emoción experimentada al participar en la Plaza de San Pedro en una experiencia espiritual tan intensa. Les repito lo que entonces les dije a los fieles, venidos de todas las partes del mundo, es decir, que la multiformidad y la unidad de los carismas y ministerios son inseparables en la vida de la Iglesia. El Espíritu Santo quiere la multiformidad de los Movimientos al servicio del único Cuerpo que es precisamente la Iglesia. Y esto lo realiza a través del ministerio de quienes Él ha puesto para regir a la Iglesia de Dios: los obispos en comunión con el sucesor de Pedro. Esta unidad y multiplicidad, que se da en el pueblo de Dios, se manifiesta en cierto sentido también hoy aquí, al reunirse con el Papa muchos obispos, cercanos a dos movimientos eclesiales diferentes, caracterizados por una fuerte dimensión misionera. En el rico mundo occidental, en el que también está presente una cultura relativista y en el que no falta al mismo tiempo un difundido deseo de espiritualidad, vuestros movimientos testimonian la alegría de la fe y la belleza de ser cristianos. Con una gran apertura ecuménica en las grandes áreas deprimidas de la tierra, comunican el mensaje de la solidaridad y se acercan a los pobres y a los débiles con ese amor, humano y divino, que he querido presentar nuevamente a la atención de todos en la encíclica «Deus caritas est». De la comunión entre los obispos y los movimientos puede surgir, por tanto, un válido impulso para un nuevo compromiso de la Iglesia en el anuncio y en el testimonio del Evangelio de la esperanza y de la caridad en todos los rincones del mundo. El Movimiento de los Focolares, precisamente a partir del corazón de su espiritualidad, es decir, de Jesús crucificado y abandonado, subraya el carisma y el servicio de la unidad, que se realiza en los diferentes ámbitos sociales y culturales, como por ejemplo, en el económico, con la «economía de comunión», y a través de los caminos del ecumenismo y del diálogo interreligioso. La Comunidad de San Egidio, al poner en el centro de su propia existencia la oración y la liturgia, quiere hacerse cercana a quienes se encuentran en situaciones de pobreza y de marginación social. Para el cristiano, el hombre, aunque esté alejado, no es nunca un extraño. Juntos podemos afrontar con un empuje más fuerte los desafíos que nos interpelan de manera apremiante en este inicio del tercer milenio: pienso en primer lugar en la búsqueda de la justicia y de la paz y en la urgencia de construir un mundo más fraterno y solidario, a partir precisamente de los países de los que proceden algunos de ustedes, y que sufren sangrientos conflictos. Me refiero especialmente a África, continente que llevo en mi corazón y que espero que pueda experimentar finalmente un tiempo de paz estable y de auténtico desarrollo. El próximo Sínodo de los Obispos africanos será seguramente un momento propicio para mostrar el gran amor que Dios siente por las queridas poblaciones africanas. Queridos amigos: la fraternidad que existe entre ustedes y los movimientos de los que forman amigos les empuja a «llevar mutuamente vuestras cargas» (Gálatas 6, 2), como recomienda el apóstol, sobre todo en lo que se refiere a la evangelización, al amor por los pobres y la causa de la paz. Que el Señor haga cada vez más fecundas vuestras iniciativas espirituales y apostólicas. Yo les acompaño con la oración y con gusto les imparto la bendición apostólica a los que están aquí presentes, al Movimiento de los Focolares y la Comunidad de San Egidio, y a los fieles confiados a sus atenciones pastorales». Benedicto XVI> Jueves 8 de febrero de 2007, Sala Clementina

Cómo responder a la “noche” de la humanidad

De Líbano al borde de una nueva guerra y de Sudán del Apocalipsis de Darfur, de Pakistán encrucijada del terrorismo: son algunas de las proveniencias de los 85 Obispos de los cinco continentes que participan del 3 al 9 del febrero en el 31º Congreso de Obispos amigos del Movimiento de los Focolares. Benedicto XVI recibirá a los Obispos en audiencia especial el jueves 8 de febrero en la mañana. Esa misma mañana, un encuentro de los Obispos con los periodistas sobre su compromiso, y el de sus Iglesias locales, en algunos entre los contextos más tormentosos del actual panorama mundial (a la 1:00 p.m., en la sala del Augustinianum, Vía Pablo VI, 25). El título del encuentro: “El Cristo crucificado y abandonado, luz en la noche cultural”. “El camino de la humanidad y el camino de la Iglesia – explica el moderador del Congreso, el Card. Miloslav Vlk, arzobispo de Praga – están condicionados por retos particulares que Juan Pablo II no ha excitado en caracterizar como ‘noche oscura’ de la época. Tal situación no sólo comporta riesgos sino también –como subraya Benedicto XVI- la oportunidad de un nuevo inicio, de un nuevo y eficaz anuncio de Dios como Amor, que lleve a una visión de la vida humana centrada en el don de sí y en la coparticipación”. Un aporte central sobre esta temática ha sido preparado por Chiara Lubich.   Otro tema de importancia: la colaboración de Movimientos y Comunidades laicales de varias Iglesias para dar un testimonio común, que se expresará el 12 de mayo próximo, en la II Jornada Juntos por Europa en Stuttgart y, contemporáneamente, en muchas otras ciudades de Europa.

40° del Movimiento Gen: “Siempre en camino”

40° del Movimiento Gen: “Siempre en camino”

“El Movimiento gen ha nacido para devolver la esperanza al mundo en Alguien que no engaña nunca”. Con estas palabras Chiara Lubich recordó, en un mensaje enviado en directo a nivel mundial, la tarea del Movimiento “Gen”, – ‘generación nueva’ de los Focolares – nacido hace 40 años, en plena contestación juvenil.

El 2007, año del 40º, no es para los gen un simple aniversario, sino que marca una nueva etapa, con la consigna de Chiara: “Estén en camino. ‘Siempre en Camino’. Pero el Camino es Jesús. Que este 40º comprometa todavía más al Movimiento Gen a vivir con Jesús como compañero de viaje”. “Así darán inicio, desde el rincón del mundo donde se encuentren, a ese vuelco decisivo e indispensable que debe dar la humanidad”.

Un evento vivido a nivel planetario ha unido en una única red a los jóvenes que viven la espiritualidad de la unidad: Tierra Santa, Filipinas, Brasil, Sudáfrica, Corea, Estados Unidos, Egipto, Uganda Tanzania, y muchos otros más –en total 44- eran los países presentes en la cita a través de una conexión satelital; fueron 23 los congresos contemporáneos y más de 2000 los jóvenes reunidos en Roma, provenientes de toda Europa y con una representación de los otros continentes.

Y al reto de llegar a ser “atletas de Dios, héroes del Evangelio, testigos de la verdad, demostración de que Dios es plenitud, felicidad, paz, belleza, riqueza, abundancia, amor, misericordia, confianza”, los gen, de todo el planeta, han respondido con entusiasmo y generosidad.

Algunos flash – Del Cairo: “¡Es la primera vez que asisto a un acontecimiento histórico como éste!”; de Venezuela: “Mi corazón crecía viendo el mundo en conexión, no sólo satelital sino sobre todo espiritual”; desde Hong Kong: “Quiero decir mi Sí a Jesús, si bien humanamente es difícil, quiero decirLe sí siempre, enseguida y con alegría”; desde Italia: “Él llena todo vacío. Pero exige todo el corazón, toda el alma: ¡qué Ideal este!”. Un momento de grandísima alegría ha sido después el saludo del Santo Padre Benedicto XVI a un grupo de gen que participó en la audiencia del miércoles 10 de enero de 2007, como conclusión de su congreso.

El Movimiento Gen nació en 1967, proponiendo a los jóvenes de todo el mundo una revolución pacífica, que cambie los corazones, y a partir de allí incida en la sociedad, renovando las estructuras, llevando por doquier la vida del Evangelio: “Esta es la revolución que nosotros queremos hacer: no nos gusta ni el occidente ni el oriente; no nos gusta ni el capitalismo ni el comunismo, nos gusta el cristianismo, nos gusta el capital de Dios” ha sido uno de los temas fundamentales del Movimiento Gen.

No sólo cristianos – A lo largo del tiempo, con el crecimiento del Movimiento de los Focolares, entre los gen han llegado también cristianos de otras Iglesias y jóvenes seguidores de otras religiones. Los encontramos también en zonas en conflicto, como en Tierra Santa, en Irak, en Colombia, dispuestos a dar testimonio con la vida de una cultura de paz. Hoy día son 18.000 en todo el mundo. Son animadores del Movimiento Jóvenes por un mundo, junto a ellos y a muchos otros jóvenes, se comprometen a construir por doquier “fragmentos de fraternidad”, dan vida a acciones que inciden en la opinión pública, trabajan para dar una respuesta a las desigualdades sociales existentes en sus países.