17 Jun 2004 | Focolare Worldwide
Está suscitando un amplio interés, en Londres, la capital de Europa más cosmopolita, y en toda Gran Bretaña, el evento con el título: “Imagina un mundo… enriquecido por la diversidad”. A través de ponencias, reflexiones, testimonios, espacios artísticos, este encuentro quiere expresar el compromiso común de cristianos de diversas Iglesias y comunidades eclesiales, y de seguidores de varias religiones, de construir un mundo de paz y unidad en la fraternidad. Es significativa la elección del lugar: el histórico Westminster Central Hall, donde en 1946 tuvo lugar la primera Asamblea General de las Naciones Unidas, y en 1931 tomó la palabra el Mahatma Gandhi. Chiara Lubich, en su exposición, afrontará un interrogante cada vez más difundido: “�Cuál es el futuro de una sociedad multiétnica, multicultural y multireligiosa?”.Premio UNESCO por la Educación a la paz en 1996, fundadora y Presidente del Movimiento de los Focolares, Chiara Lubich, precisamente en Londres, con ocasión de la entrega del Premio Templeton por el progreso de la religión, en 1977, dio un impulso decisivo al diálogo interreligioso, en el que desde entonces se ha comprometido el Movimiento de los Focolares, en los 5 continentes. Se esperan unas 2000 personas de varias Iglesias, y una representación de varias religiones, entre las cuales Musulmanes, Siks, Hindús. Entre las personalidades que han confirmado su participación se encuentran: el líder sikh, Bhai Sahib Ji Mohinder Singh de Birmigham; el Dr. Zaki Badawi, Presidente del Consejo de los Imán y de las Mezquitas de Gran Bretaña; la señora Didi Athavale, líder del gran Movimiento hindú Swadhyaya Family. Estarán presentes también el obispo anglicano Tom Butler, dirigente de la organización: “Red religiosa para Gran Bretaña”, el arzobispo de Glasgow, Mario Conti, especialmente comprometido en el ecumenismo, la baronesa Shirley Williams, conocida personalidad, de los demócratas liberales de la Cámara de los Lord.
El martes 15 de junio, Chiara Lubich fue recibida en audiencia en el Lambeth Palace por el Arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, Primado de la Iglesia de Inglaterra (anglicana) y Primer inter-pares entre los Primados de la Comunión Anglicana mundial. El Reverendo Williams empezó su ministerio el 27 de febrero de 2003.
La página ecuménica, en las relaciones con la Iglesia anglicana, tiene inicio en 1965 cuando algunos ministros anglicanos participaron en un encuentro en Grottaferrata (Roma) entre católicos y evangélico-luteranos. Quedaron impresionados por la atmósfera suscitada por el amor recíproco que los hacía reconocerse como hermanos y hermanas en Cristo. En Londres, en 1986, en el Lambeth Palace, el entonces Primado de la Iglesia de Inglaterra, el Arzobispo Michael Ramsey, encontrando a Chiara, le dijo: «Veo la mano de Dios en esta Obra» y la animó a difundir la espiritualidad del Movimiento en la Iglesia de Inglaterra. Lo mismo que han hecho sus sucesores: Coggan, Runcie y Carey.
Al día siguiente, miércoles 16, por invitación del Rector del St. Mary’s College de la Universidad Estatal de Surrey (Londres), Chiara Lubich desarrolló una lección sobre “Los nuevos Movimientos y el perfil mariano”, como conclusiòn de un ciclo sobre “Misiòn y evangelización” dedicado el año pasado a los Cardenales Connell, Pulic, Grinze, Napier, Williams, Daly, O’Connor, Stafford, y este año a los Movimientos, comunidades y caminos eclesiales.
13 Jun 2004 | Sin categorizar
Igino Giordani, escritor, periodista, político, ecumenista y experto en patrística, es una de las figuras más representativas del Novecientos, una personalidad polifacética que ha dejado huellas profundas y ha abierto perspectivas proféticas a nivel cultural, político, eclesial y social.
Nacido en 1894, en Tivoli (Italia), es el primero de los seis hijos de Orsolina y Mariano, un albañil; empieza sus estudios gracias a la ayuda de un benefactor. En 1915 es llamado a las armas durante la Primera Guerra Mundial. Oficial en la trinchera, confesará más tarde que nunca quiso disparar al enemigo, sin embargo recibió la medalla de plata por su audacia y generosidad, además de por las heridas que lo angustiarán durante toda la vida. Graduado en Letras, se dedica a la enseñanza en Roma y se casa con Mya Salvati, tejiendo una historia de amor cada vez más delicada y fuerte, de la que nacerán cuatro hijos: Mario, Sergio, Brando y Bonizza.
En los años ’20 empieza su compromiso político.
Conoce a Don Sturzo, quien lo elige como jefe de prensa del recién nacido partido Popular. Piero Gobetti le publica el libro Rebelión Popular, definiéndolo como una “síntesis del nuevo pensamiento católico”.Funda el periódico Parte Guelfa. Y ya en los años ’24 y ’25 elabora y difunde ideas sobre la “Unión de las Iglesias” y sobre los “Estados Unidos de Europa”.
Abandonada por motivos políticos la escuela pública, en 1927 encuentra trabajo en la Biblioteca Vaticana, donde logra que contraten también a Alcide De Gasperi, quien acababa de salir de la prisión fascista. Se convierte en director de Fides, la revista de la “Obra Pontificia para la preservación de la Fe”.Colabora con el periódico Il Frontespizio de Piero Bargellini, estrechando relaciones con el vivaz movimiento literario florentino.
En 1944 dirige Il Quotidiano, el nuevo periódico de la Acción Católica en la segunda postguerra; seguidamente sustituye a Gonella en la dirección de Il Popolo.
El 2 de junio de 1946 es elegido como diputado y entra a formar parte de los “padres constituyentes” que pusieron las bases ideológicas de la República italiana. Será reelegido nuevamente en 1948, y en 1950 se convertirá en miembro del Consejo de los pueblos de Europa en Estrasburgo.
En síntesis, Giordani fue un político militante, no por ambición, sino por amor y servicio a la comunidad en momentos difíciles. En los años ’20 lucha con valentía por la libertad ante la dictadura. La fuerte connotación ética de su compromiso político le acarrea la marginación bajo el régimen: período de inteligente y continua “resistencia cultural”, en la que exalta en sus libros los valores de la libertad y de un orden diverso.
El período del ’46 al ’53 es el más creativo y vivaz, con iniciativas audaces y proféticas para la paz entre las clases y entre los pueblos, y una característica muy original: su famosa “ingenuidad” -como él la llama-, que lo lleva a asumir posiciones incómodas, como la objeción de conciencia, el no a los gastos militares, el no a la demonización de los comunistas… Una “ingenuidad” que pronto lo deja fuera de juego (no es reelegido en el ’53) pero que hoy hace que se le redescubra como (son palabras del historiador De Rosa) “un político de la anti-política, no hecho para todas las estaciones, no disponible a las motivaciones del poder por el poder”.
Como escritor ha publicado más de 100 obras (un promedio de casi dos por año), traducidas en los principales idiomas, sin contar los ensayos, los opúsculos, los artículos (más de 4000), las cartas, los discursos.
Una experiencia cristiana ejemplar
Entre los sufrimientos del hospital militar, con 22 años advierte un primer llamado a la santidad, reforzado por los escritos de Santa Catalina de Siena. Se vuelve terciario dominico por amor a ella, “la primera –dirá- que me incendió con el amor de Dios”.Como cristiano vive con espíritu evangélico toda su actividad terrena, viéndola siempre como una vocación. Sus escritos más válidos – de continua actualidad- nacen de un profundo conocimiento de la historia del cristianismo y de los Padres de la Iglesia. De allí la sólida formación teológica y espiritual que lo caracterizan y que él hace fructificar mediante una fecunda actividad de animación cristiana de la cultura y de formación espiritual de los laicos e incluso de sacerdotes y religiosos.
Precursor del diálogo ecuménico, anticipa en los años ’30 las líneas del Concilio Vaticano II. Estudia, traduce, explica el pensamiento de los Padres del primer cristianismo en años en los que habían sido casi olvidados. De ellos saca el “Mensaje social del cristianismo” que es una de sus obras más conocidas. Se ensimisma tanto con ellos que Italo Alighiero Chiusano lo define “como un antiguo Padre de la Iglesia al que Dios le dio el privilegio de resurgir y de moverse en medio de nosotros”.
Hacia los senderos de la santidad
Pero el evento que eleva todavía más su vida hacia senderos luminosos y exigentes de santidad, tiene lugar en septiembre de 1948, y es el encuentro con Chiara Lubich.
Se puede decir que empieza para él una experiencia nueva que lo involucra completamente, una asociación espiritual singular por su humildad, transparencia, unidad. Dirá más tarde: “Todos mis estudios, mis ideales, los acontecimientos mismos de mi vida se me presentaban como dirigidos hacia una meta… Podría decir que primero había buscado; ahora había encontrado”.
Fascinado por la radicalidad evangélica de la “espiritualidad de comunión” por ella anunciada y vivida, descubre la posibilidad de realización del sueño de los Padres de la Iglesia: abrir de par en par las puertas de los monasterios para que la santidad no sea un privilegio de pocos, sino un fenómeno de masa en el pueblo cristiano. Por lo tanto adhiere con totalidad de mente y de corazón al Movimiento de los Focolares dentro del cual es llamado “Foco” (“Fuego”), por el amor que testimonia y difunde. No sólo. Con su “sí” se convierte en un instrumento providencial para que la fundadora de los Focolares llegue a ulteriores comprensiones del propio carisma.
Giordani casi parece salir de la escena cultural y política hasta entonces perseguida, para revivirla en un plano sobrenatural. En el “hacerse niño” ante el amor totalitario de los llamados a la virginidad, a él, casado, se le abre de par en par, precisamente “en el amor sin medida”, un camino de comunión con ellos. Puro de corazón y con el alma dilatada a la humanidad, puede abrir así este camino a un escuadrón de casados en todo el mundo, llamados a este nuevo tipo de consagración. Y detrás de ellos surgen movimientos de masa para las familias y para la reanimación evangélica de las varias actividades humanas. Se convierte así en uno de los más estrechos colaboradores de Chiara Lubich, quien lo considera un “co-fundador” del Movimiento de los Focolares.
Por las vías de la mística
En el crisol del Focolar, Giordani realiza el más alto viaje del alma por los caminos de la mística, donde las pruebas espirituales, las incomprensiones y las humillaciones por la progresiva marginación, los dolores físicos, se disipan ante la experiencia cotidiana de la presencia de Cristo entre “dos o más” unidos en Su nombre, y del misterio de amor de un Dios crucificado y abandonado. Obtiene del Cielo extraordinarias experiencias de unión con Dios y con María, y también esas pruebas “oscuras” del alma que el Señor reserva a quien más ama. Su viaje se convierte así en un “vuelo” en Dios, concluido la noche del 18 de abril de 1980. Sus restos mortales reposan en el cementerio de Rocca di Papa (Roma).
�Definir a Giordani con una sola palabra?
Muchos, incluso intelectuales exigentes, lo han llamado “un profeta”.
Para Chiara Lubich es “el hombre de las bienaventuranzas”, y revela su amplitud insólita cuando lo define como “alma-humanidad”.
Para Tommaso Sorgi, atento estudioso suyo, es un “enamorado de Dios y del hombre”.
Nedo Pozzi
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El viaje del alma de Giordani, a través de sus escritos, sobre todo de los más autobiográficos, es recorrido en una reciente breve biografía de Tommaso Sorgi, responsable del Centro de Estudios “Igino Giordani”, con el título: “Un alma de fuego”, editada por Città Nuova.
13 Jun 2004 | Sin categorizar
Igino Giordani: con su vida se podría volver a escribir la página evangélica de las bienaventuranzas. Dijo Chiara Lubich, fundadora del Movimiento de los Focolares, el día de la apertura oficial del proceso de beatificación de esta personalidad “polifacética”: escritor, periodista, político, ecumenista, estudioso de los Padres de la Iglesia y de la doctrina social del cristianismo. La ceremonia tuvo lugar en la Catedral de San Pietro, en Francati, diócesis donde Giordani concluyó su vida terrena. Entre la multitud que colmaba la catedral, estaban presentes los hijos Sergio, Brando y Bonizza. La solemne concelebración litúrgica, que precedió la instalación del tribunal eclesiástico, fue precedida por el obispo de Frascati, Mons. Giuseppe Matarrese.
“Giordani atravesó el siglo XX como protagonista – dijo en la homilía Piero Coda, vicario episcopal-. Participó en la reconstrucción de la Italia republicana como miembro de la Constituyente y como parlamentario”, contribuyó a preparar y después a promover “con la vida y con la pluma” la primavera del Concilio. “En él ardía un deseo: devolver a Dios al mundo, a la sociedad, a la cultura”.
Y será después del encuentro con el carisma de Chiara Lubich, a quien encontró en Montecitorio en 1948, que Giordani dirá: “Sentí que pasaba del Cristo buscado, al Cristo vivo”.Con su vida –afirmó la fundadora de los Focolares interviniendo al final de la Misa- se podría volver a escribir la página evangélica de las bienaventuranzas: “Ha sido la pureza de corazón la que le afinó y potenció los sentimientos más sagrados hacia su esposa y sus hijos”. Ha sido un “Pobre de espíritu, por el desapego completo no sólo de lo que poseía, sino sobre todo de lo que era”. Ha sido un “constructor de paz, como documenta su historia de hombre político”.
En Giordani Chiara Lubich reconoce a un co-fundador del Movimiento de los Focolares, que ha dado un impulso excepcional a los movimientos de vasto alcance, nacidos para la animación cristiana del mundo de los jóvenes, de la familia, de la política, de la educación, de la medicina, del arte.
Ha sido él quien ha abierto de par en par un nuevo camino de consagración para los casados que lo llevó a experimentar “las alegrías de la contemplación y de la vida mística”. Superando finalmente ese “abismo” –como él lo llamaba- entre los religiosos que seguían ‘el ideal de perfección’ y los laicos, que –como decía con una pizca de ironía- seguían ‘el ideal de la imperfección’. “Fue él –siguió diciendo Chiara Lubich – la personificación de una de las finalidades más importantes de los Focolares: colaborar a la unificación de las Iglesias”.
Giordani, además de ser miembro de la Constituyente, hizo parte del Consejo de los pueblos de Europa en Estrasburgo. Es autor de 100 libros y de más de 4000 artículos. Entre sus obras más difundidas, traducida en muchos idiomas, incluso el chino, se encuentra el “Mensaje social del cristianismo”. Ya en los años 1924-25 elabora y difunde ideas sobre “La unión de las Iglesias” y sobre “Los Estados unidos de Europa”. El período que va de 1946 a 1953 es el más creativo, con iniciativas audaces y posiciones incómodas para ese tiempo, como la objeción de conciencia, el no a los gastos militares, el no a la demonización de los comunistas.
Una “ingenuidad” -es una expresión suya- que pronto lo hizo salir del juego (no fue reelegido en 1953), pero que hoy hace que se le descubra, según el historiador Gabriele De Rosa, como “un político de la anti-política, no hecho para todas las estaciones, no disponible a las razones del poder por el poder”.
En los últimos años, en los dolores físicos, debidos y agudizados por las heridas de guerra, gozaba de poderse “co-crucificar” con Cristo. Tenía una tal luminosidad en los ojos y afabilidad en el trato que infundía serenidad a todos e inducía a los pequeños a tratarlo como igual. Obtuvo del Cielo extraordinarias experiencias de unión con Dios y con María, y también esas pruebas “oscuras” del alma que el Señor reserva a sus elegidos. Su “viaje” se convirtió en un “vuelo” en Dios, que se concluyó la noche del 18 de abril de 1980.
Ha sido Mons. Pietro Garlato, entonces obispo de Tivoli, ciudad donde Igino Giordani nació en 1894, quien el año del gran Jubileo, tuvo la iniciativa de proponer “un gesto significativo”: “introducir su causa de beatificación, para que toda la Iglesia encuentre en él un modelo, un testigo del Evangelio, y un modelo de comunión”.
13 Jun 2004 | Sin categorizar
Agradezco sobre todo a S.E. Mons. Giuseppe Matarrese, Obispo de Frascati, también en nombre del Movimiento de los Focolares, por el acontecimiento en el que estamos participando: el anuncio solemne del comienzo de la causa de beatificación de Igino Giordani.
Saludo de corazón a los afortunados hijos, a la hija y a los demás parientes del honorable Igino Giordani, ahora Siervo de Dios.
Estamos agradecidos por la presencia del alcalde de Frascati, el Sr. Francesco Posa y los otros alcaldes, así como de toda la ciudadanía, que se muestra interesada por este cristiano colmado de muchos testimonios en la «ciudad del hombre».
Comparto la alegría de todos los miembros del Movimiento de los Focolares, aquí reunidos.
Con la instauración del tribunal eclesiástico, comienza la fase diocesana del proceso canónico. A cada uno de sus componentes, aquí presentes, les aseguro mi apoyo y el de todos nosotros a través de la oración en su delicado trabajo, y nuestra colaboración activa en todo cuanto pueda ser útil.
En esta ocasión tan especial, espero que les agrade que por mi parte diga unas palabras sobre el honorable Igino Giordani.
Como ya se sabe, él fue una eminente personalidad católica poliédrica, que siempre ha unido a su compromiso político una intensa y fecunda actividad cultural como periodista y escritor, apologista y hagiógrafo, estudioso insigne de los Padres de la Iglesia y de la doctrina social del cristianismo.
Se podría y debería hablar extensamente de los diferentes cometidos que han hecho famoso al honorable Igino Giordani.
Pero hoy, en este lugar sagrado y en esta circunstancia especial, me parece que tengo que hablar de él, sobre todo como cristiano, como focolarino y cofundador del Movimiento de los Focolares: acción, esta última, que desarrolló en el arco de los últimos treinta y dos años de su vida.
Giordani cristiano
Alguien dijo que si el Evangelio desapareciese de todos los puntos de la tierra, el cristiano tendría que ser tal, que quien lo viera vivir, podría volver a escribir el Evangelio.
Cuando Igino Giordani partió de esta tierra, se leyó en la Misa del día la página de las bienaventuranzas. Pues bien: cuantos lo habían conocido a fondo estaban de acuerdo en afirmar que él las había vivido a todas.
«Bienaventurados los puros de corazón». Fue esta pureza la que le hizo definir la existencia terrenal del hombre, siempre acompañada por el amor providencial de Dios, como una aventura divina. Fue la misma pureza de corazón la que le afinó los sentimientos más sagrados y se los potenció: hacia su mujer, hacia sus amados hijos.
Él fue un «pobre de espíritu» por el desapego total que tenía, no sólo de todo lo que poseía, sino, sobre todo, de cuanto él mismo era.
Su corazón estaba cargado de «misericordia»: acercándose a él, hasta el pecador más miserable se sentía perdonado y revestido de dignidad.
Fue siempre un «operador de paz», como documenta su historia de hombre político.
De carácter fuerte e impetuoso, llegó a poseer una tal «mansedumbre» que hacía entender que quien tiene esta virtud posee la tierra, como afirma el Evangelio. Con la gentileza más refinada, con esas exquisitas palabras suyas, conquistaba a todos los que tenían contacto con él.
Y … podríamos continuar…
Giordani focolarino
Cristiano de primer orden, culto, apologista, apóstol, cuando le pareció que había encontrado un manantial de agua genuina, que manaba de la Iglesia, supo posponer todo para seguir a Jesús, que lo llamaba.
Por lo que, si Giordani fue un verdadero cristiano, fue también un cristiano con un camino especial. Dios lo llamó a ser focolarino.
Personificó el nombre de batalla con el que se le llamaba entre nosotros: «Foco», fuego, es decir, ese amor hacia Dios y hacia el prójimo, sobrenatural y natural, que es el vértice de la vida cristiana.
Siempre había esperado que se le abriese algún camino para realizar su deseo de consagración total a Dios, a pesar de su condición de casado. Y en el 1948 se encontró con el Movimiento de los Focolares.
A través de la espiritualidad de la unidad, típica de esta Obra, se puede leer el Evangelio en su persona.
Para que Cristo viviese en él, para realizar la plena comunión con los hermanos que El pide, supo morir realmente a sí mismo, como lo expresa en un escrito poético de1951:
«Me he dispuesto a morir,
y lo que suceda ya no me importa;
ahora quiero desaparecer
en el corazón abandonado de Jesús.
Todo este penar
Por la avaricia y la vanidad
En el amor desaparece:
He conquistado mi libertad.
Me he dispuesto a morir
a esta muerte que ya no muere:
Ahora quiero gozar
Con Dios en su eterna juventud.»
Pero, aunque Giordani conoció la ascética cristiana, no le faltaron las alegrías de la contemplación y de la vida mística.
Dice Luis María Grignion de Montfort, hablando de las personas que la Virgen ama de una manera especial, que el don principal que éstas alcanzan es la realización aquí en la tierra de la vida de María en sus almas, de tal modo que ya no es el alma quien vive, sino María en ellas, o si se quiere de otro modo, el alma de María llega a ser la de ellos.
Escribe Giordani en 1957: «la tarde del primero de octubre, mes sagrado a María, después de las oraciones, de golpe el alma se desalojó de cosas y criaturas humanas; y en su lugar entró María, con Jesús desangrado, y toda la estancia del alma se llenó de su figura de dolor y de amor. (…)
Durante 24 horas, Ella estuvo, como altar que rige la Víctima: Virgo altare Christi. Mi alma era su estancia: el templo. (…) Tanto que me vino a los labios: ’Ya no vivo yo, sino que María vive en mí’.
Su presencia, de algún modo, había virginizado mi alma: marianizado mi persona. El yo había muerto y en su lugar había nacido María. De modo que ya no sentía la necesidad de que no sentía más la necesidad de llevar la mirada a las imágenes de las calles o a las imágenes de la Virgen; me bastaba con volver los ojos del alma hacia el interior de mí mismo para descubrir, en lugar del ídolo sórdido y grotesco de siempre, la Toda Hermosa: la Madre del Amor Hermoso. E incluso este pobre cuerpo dolorido me parecía una especie de catedral (…).
Si no soy el último miserable, tengo que hacerme santo: estar en armonía con esta realidad.»
Giordani cofundador
También fue cofundador del Movimiento de los focolares. El fue quien abrió de par en par el focolar a los casados, haciendo efectivo ese proyecto, antes sólo intuido, de una convivencia de vírgenes y casados, estos últimos de acuerdo a su propio estado.
Fue él quien dio un impulso excepcional al nacimiento de las ramificaciones de esta Obra que son los Movimientos de amplio alcance, como el «Movimiento Familias Nuevas», «Jóvenes por un mundo unido», «Humanidad Nueva», la cual se dedica a animar con el genuino espíritu cristiano el mundo del trabajo, del arte, de la medicina, de la escuela, de la política…
El dio inicio con otros diputados el «Centro Santa Catalina» precisamente para animar la política con el espíritu del Movimiento.
El fue la personificación de uno de los objetivos más importantes de esta Obra: contribuir a la unificación de las Iglesias, dirigiendo durante años el «Centro Uno» ecuménico.
El ayudó sobre todo al Movimiento a plantar raíces sólidas en la Iglesia, de manera que, todavía en vida, lo vio extender sus ramas en los cinco continentes con todo el bien que se puede imaginar, si se considera su espíritu evangélico, que subraya la fraternidad universal, la unidad entre todos los hombres.
Giordani fue uno de los mayores dones que Dios ha hecho a nuestro Movimiento.
Y ahora, para concluir, quiero recordar con ustedes uno de sus últimos días.
Se había agravado. Le había llevado una foto a colores del santo Padre con una bella bendición y firma autógrafa.
Esto le hizo feliz, y entre un sopor y otro, dijo: «�hoy es una gran fiesta! �Quién se lo esperaba?».
Y mientras el padre Antonio Petrilli – uno de los primeros focolarinos sacerdotes, que lo cuidaba en sus últimos años y que ahora está con él en la Otra Vida – colgaba la bendición enmarcada en la pared, añadió: «Tengo la idea de estar en el Paraíso».
A mi pregunta de si quería que escuchásemos la Misa juntos y renovásemos el Pacto de unidad del focolarino, exclamó: �Que maravilloso! Este es un don que se agrega».
Y en otro momento: «Tengo siempre presente a Dios con este nombre: Donator»; y citó algunos dones que le había hecho.
A mi pregunta de si le gustaría ir al Paraíso, hizo un gesto con la cabeza como para decir: �ojalá! Después, varias veces, con una sonrisa única, añadió: «�Esto es el Paraíso! �que puede existir más maravilloso?».
Refiriéndose otra vez a la bendición del Papa, susurró: «No se puede expresar el don que ha sido; más lo pienso, más me pierdo…».
Y después de la santa Misa con la indulgencia plenaria, afirmó: «Todo está completo».
Hoy Giordani está aquí presente entre todos nosotros.
13 Jun 2004 | Sin categorizar