30 Jun 2004 | Palabra de vida, Sin categorizar
Los discípulos veían cómo oraba Jesús. Lo que más les impactaba era ese modo característico con el cual se dirigía a Dios: lo llamaba “Padre”1. Ya antes otros habían llamado a Dios con ese mismo nombre, pero esa palabra, en labios de Jesús, hablaba de un íntimo conocimiento recíproco entre él y el Padre, nuevo y único; de un amor y de una vida que los vinculaba a ambos en una unidad incomparable.
Los discípulos hubieran querido experimentar esa misma relación con Dios, tan viva y profunda, que veían en su Maestro. Querían orar como oraba él, por eso le pidieron:
«Señor, enséñanos a orar»
Jesús ya les había hablado muchas veces a sus discípulos del Padre, pero ahora, respondiendo a su pedido, les revela que su Padre es también nuestro Padre: nosotros, como él, gracias al Espíritu Santo, podemos llamarlo “Padre”.
Enseñándonos a decir “Padre”, Jesús nos revela que somos hijos de Dios y nos hace tomar conciencia de que somos hermanos y hermanas entre nosotros. Como hermano junto a nosotros, nos introduce en su misma relación con Dios, orienta nuestra vida hacia él, nos introduce en el seno de la Trinidad, nos hace ser, cada vez más, uno entre nosotros.
«Señor, enséñanos a orar»
Jesús no sólo enseña a dirigirse al Padre, sino que también enseña qué pedirle. Que sea santificado su nombre y venga su reino; que Dios se deje conocer y amar por nosotros y por todos; que entre definitivamente en nuestra historia y tome posesión de lo que ya le pertenece; que se realice plenamente su plan de amor sobre la humanidad. Jesús nos enseña, de esa manera, a tener sus mismos sentimientos, uniformando nuestra voluntad sobre la de Dios.
Nos enseña, además, a confiar en el Padre. A él, que alimenta a los pájaros del cielo, podemos pedirle el pan cotidiano; a él, que recibe con los brazos abiertos al hijo descarriado, podemos pedirle el perdón de los pecados; a él, que cuenta incluso los cabellos de nuestra cabeza, podemos pedirle que nos defienda de toda tentación.
Estos son los pedidos a los cuales Dios ciertamente responde. Podemos hacerlo con palabras distintas – escribe Agustín de Hipona – pero no podemos pedir cosas distintas2.
«Señor, enséñanos a orar»
Recuerdo cuando también a mí el Señor me hizo comprender, de manera novedosa, que tenía un Padre. Tenía 23 años. Todavía trabajaba como maestra. Un sacerdote que estaba de paso me pidió que ofreciera una hora de mi jornada por sus intenciones. “¿Por qué no toda la jornada?”, le respondo. Impactado por esta generosidad juvenil me dice: “Recuerde que Dios la ama inmensamente”. “Dios me ama inmensamente”. “Dios me ama inmensamente”. Lo digo, lo repito a mis compañeras: “Dios te ama inmensamente, Dios nos ama inmensamente”.
A partir de ese momento advierto a Dios presente por todas partes. Está siempre. Y me explica. ¿Qué me explica? Que todo es amor: lo que soy y lo que me sucede; lo que somos y los que tiene que ver con nosotros; que soy hija suya y él es Padre para mí.
Desde ese momento también mi oración cambia: ya no es un dirigirme a Jesús, sino un ponerme a su lado, Hermano nuestro, dirigida al Padre. Cuando le rezo con las palabras que Jesús me ha enseñado, siento que no estoy sola trabajando por su Reino: somos dos, el Omnipotente y yo. Lo reconozco Padre también en nombre de todos los que no saben que lo es, pido que su santidad envuelva y penetre la Tierra entera, pido pan para todos, el perdón y la liberación del mal para todos los que pasan por pruebas.
Cuando hay acontecimientos que me alarman o me turban, vuelco toda mi ansiedad en el Padre, segura de que él se ocupa. Y puedo dar testimonio de que no recuerdo ninguna preocupación que haya puesto en su corazón y de la cual él no se haya ocupado. El Padre, si nosotros creemos en su amor, interviene siempre, en las pequeñas y en las grandes cosas.
En este mes tratemos de decir el “Padre Nuestro”, la oración que Jesús nos ha enseñado, con una nueva conciencia: Dios es nuestro Padre y se ocupa de nosotros. Digámosla en nombre de toda la humanidad, afianzando la fraternidad universal. Que sea nuestra oración por excelencia, sabiendo que con ella pedimos a Dios lo que a él más le interesa. El responderá a cada uno de nuestros pedidos y nos colmará de sus dones. Libres, entonces, de toda preocupación, podremos correr por el camino del amor.
Chiara Lubich
1) Mt 11, 25-26; Mc 14, 36; Lc 22, 42; Lc 10, 21; Jn 17, 1;
2) Carta 130, a Proba, 12, 22.
24 Jun 2004 | Focolare Worldwide
“¿Cuál futuro para una sociedad multiétnica, multicultural y multireligiosa? Es un interrogante cada vez más difundido y particularmente vivo en la sociedad inglesa, la más cosmopolita de Europa, el afrontado por Chiara Lubich en el Westminster Central Hall, el sábado en la tarde ante más de 2000 personas, entre las cuales el Card. Murphy O’ Connor, arzobispo de Londres, personalidades musulmanas, budistas y sijs. El título del encuentro, promovido por el Movimiento de los Focolares de Gran Bretaña era: “Imagina un mundo… enriquecido por la diversidad”. Una estrategia de fraternidad para dar un vuelco a las relaciones internacionales Mientras muchos hablan de la amenaza de un choque entre civilizaciones debido al terrorismo, la fundadora de los Focolares indicó el remedio preventivo en el diálogo interreligioso. No sólo. A partir de este diálogo –dijo- puede empezar una “estrategia de fraternidad, capaz de señalar un vuelco en las relaciones internacionales”.
De la sociedad multiétnica y multirreligiosa puede nacer un mundo nuevo Haciendo una comparación entre nuestro tiempo caracterizado por tan profundas transformaciones y el de San Agustín de Hipona, quien fue testigo del trastorno de su sociedad, por la presión de las migraciones de los pueblos, Chiara Lubich afirmó que lo que está ocurriendo es “el nacimiento de un mundo nuevo”. El mundo nuevo del tercer milenio, para Chiara Lubich, será la unidad de la familia humana, enriquecida por las diversidades, según el designio de Dios. El boceto ya se pudo entrever en el denso intercambio de testimonios, de cantos, y de danzas que iban desde los colores y ritmos orientales y africanos, a las intervenciones de representantes de varias religiones, como la del Imán iraní, Mohammed Somali, y de la señora Didi Athavale, líder del gran Movimiento hindú “Swadyaya Family”. ¿Cómo actuar el diálogo entre las religiones? El diálogo debe estar animado por ese amor –afirmó Chiara Lubich- que llega a “ponerse en el lugar del otro”, porque sabe hacerse una “nada de amor” delante del otro, sabe convertirse en ese espacio de acogida y escucha que prepara “el respetuoso anuncio del Evangelio”. Aquí la fundadora de los Focolares recordó las palabras pronunciadas por Juan Pablo II en India: “Cuando nos abrimos el uno al otro, nos abrimos también a Dios, y actuamos de modo que Dios esté presente en medio nuestro”. Y Él es “la fuerza secreta que le da vigor y éxito a nuestros esfuerzos, de llevar por doquier la unidad y la fraternidad universal”.
Una visión compartida por líderes de varias religiones y por políticos Es lo que expresaron los otros líderes, desde el Imán de Reino Unido, el Dr. Zaki Badawi, al jefe espiritual de los Sijs de Gran Bretaña y de Europa, Bai Shaib Mohinder Singh de Birmigham, quienes intervinieron enseguida después de Chiara Lubich, junto a la baronesa Kathleen Richardson de la Cámara de los Lord, quien recordó como “enseguida después de la guerra, la asamblea de la ONU se reunió por primera vez en asamblea plenaria precisamente en esa aula. La visión expresada hoy –agregó- es todavía más rica, porque no está construida sólo sobre aspiraciones humanas, sino sobre la participación en el amor de Dios”. Las nuevas tecnologías al servicio de la fraternidad entre los pueblos Unidad y fraternidad universal. Es una experiencia viva allí en el Westminster Central Hall que, como dan testimonio fax y e-mail, ha llevado una ola de esperanza a muchos Países de las Américas, Australia, Europa, Medio Oriente y el Norte de África, conectados vía satélite gracias a Telepace y por Internet. Algunos flash. Desde Bulgaria: “Nos hemos visto involucrados en esa fraternidad entre las religiones y culturas que queremos realizar también en nuestro País donde están presentes casi un millón de musulmanes, quienes son para nosotros el recuerdo de una llaga del pasado”. Desde Irlanda:“Hemos experimentado un fragmento de fraternidad universal realizada admirando la belleza y riqueza de tantos credos y culturas. Hoy se he marcado para nosotros el inicio de un nuevo camino lleno de esperanza, ahora que Irlanda se está volviendo cada vez más multicultural”. Desde Estocolmo:“Hemos entrevisto la solución de la violencia que hay en el mundo, una nueva esperanza de que la unidad y la paz son posibles”.
Miércoles 16, por invitación del Rector del St. Mary’s College de la Universidad Estatal de Surrey (Londres), Chiara Lubich desarrolló una lección sobre “Los nuevos Movimientos y el perfil mariano”, como conclusiòn de un ciclo sobre “Misiòn y evangelización” dedicado el año pasado a los Cardenales Connell, Pulic, Grinze, Napier, Williams, Daly, O’Connor, Stafford, y este año a los Movimientos, comunidades y caminos eclesiales.
24 Jun 2004 | Focolare Worldwide
De la libertad y la igualdad se habla mucho, pero ¿dónde terminó la fraternidad? Es este el interrogante central en la intervención de Chiara Lubich en el palacio de Westminster, sede del Parlamento británico. Estaban presentes también el Ministro de asuntos constitucionales, David Lammy, de origen africana y un miembro protestante del Partido Unionista de Irlanda del Norte. Es la última etapa del viaje de la fundadora de los Focolares a Gran Bretaña, después de los encuentros con las máximas autoridades anglicanas y católicas y con líderes musulmanes, hindúes y sijs, que han abierto perspectivas nuevas. “Hoy existe un velo de escepticismo hacia la política y no se sabe cómo ir más allá. Ya ninguno quiere escuchar las campañas electorales… El poder corrompe astutamente… �Cómo hacer para ir adelante manteniendo el poder y el objetivo del bien común?” Son algunos flash del diálogo entre los políticos y Chiara Lubich.
La visión de la política presentada por la fundadora de los Focolares es decididamente innovadora. Se refiere al trinomio de la Revolución Francesa y observa que la libertad y la igualdad, con el tiempo, “se han convertido en principios jurídicos y son aplicados como verdaderas categorías políticas”. Pide el mismo reconocimiento para la fraternidad. Sólo juntos podrán dar origen a una política que responda a las necesidades más urgentes de hoy, incluido el terrorismo. Y se refiere a una de las causas fundamentales: la creciente diferencia entre ricos y pobres. Sólo la fraternidad puede hacer que se muevan los bienes y entre en acción la solidaridad. ¿Utopía? Chiara Lubich cita hechos: son alrededor de 3000 los políticos que han asumido la fraternidad como categoría política en varios Países, desde Europa hasta América Latina. Forman el Movimiento Político por la Unidad al cual ella dio inicio hace unos diez años. Ofrece su testimonio el diputado Giuseppe Gambale, italiano, quien habla de numerosas iniciativas. Citamos sólo una: diputados de varias tendencias iniciaron “un grupo de trabajo transversal sobre la reforma de la cooperación internacional bloqueada desde hacía años en la Comisión del Ministerio de Relaciones Exteriores, descubriendo –dice- varios puntos de convergencia entre las propuestas de ley ya presentadas. Una forma concreta para contribuir a afrontar los grandes desequilibrios económicos y sociales entre el norte y el sur del mundo”. En el marco de una política cada vez más conflictiva, la fraternidad significa cambiar totalmente de actitud hacia los adversarios políticos, dijo Chiara Lubich. “Se toma conciencia de que toda ideología política puede ser la respuesta a una necesidad social y por lo tanto es necesaria para el bien común. La crítica puede ser constructiva hasta llegar a poner en práctica la aparente paradoja de amar el partido del otro como el propio, porque el bien del País tiene necesidad del trabajo de todos”. “Es ésta la verdadera política de la que cada País tiene necesidad –agregó-. De hecho el poder otorga la fuerza, pero es el amor el que da la autoridad”. Ha sido un encuentro que tendrá una continuidad. Se prevé en Londres el inicio de esos encuentros periódicos que ya tienen lugar en otros Países.
24 Jun 2004 | Focolare Worldwide
La primera cita de Chiara Lubich en Londres tuvo lugar en el Lamberth Palace, donde fue recibida en audiencia por el arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, Primado de la Iglesia de Inglaterra. De ella habló Chiara Lubich misma en una rueda de prensa en Londres. “El arzobispo Williams estaba especialmente interesado en nuestra experiencia de diálogo interreligioso. Me preguntó cuál era nuestro secreto. Me referí a la Novo Millennio Ineunte, donde el Papa profundiza el misterio de Jesús en la cruz que grita: ‘Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado’. Jesús, después de que había perdido a su madre, a sus discípulos y su misma vida, perdió también el sentido de la unidad con el Padre que era todo para Él. Jesús se redujo a nada. Es éste el punto de nuestra espiritualidad de comunión que nos enseña, a ser “nada”, “nada de amor”, ante las personas de otras religiones, para “entrar” en ellos, porque –como se dijo- es necesario “saber ponerse en el lugar del otro”, hasta entender qué significa para ellos ser budistas, musulmanes, hindúes. Pero no se puede entrar en el otro si no se es nada. Entonces la figura de Jesús abandonado es el modelo”. “Después hemos hablado de muchos otros argumentos: del Movimiento ecuménico, del compromiso que hemos asumido –junto a muchos otros Movimientos católicos, anglicanos, evangélicos y ortodoxos- de contribuir a realizar una Europa del Espíritu. Esto suscitó en él un vivo interés, siendo él teólogo”. “Quedé muy impresionado por la ‘calidad’ de relación entre Chiara y el Arzobispo” –nos dijo Callan Slipper, ministro de la Iglesia de Inglaterra, focolarino, presente en la audiencia. “El Arzobispo tenía una actitud de profunda apertura, la inteligencia de quien sabe escuchar y apreciar. Esta actitud se vio desde el primer momento, cuando, después de que Chiara nombró los distintos Primados de la Iglesia de Inglaterra que ha conocido, dijo bromeando: ‘Entonces, �usted conoce la Iglesia de Inglaterra mejor que yo!’. Después, informado de las citas públicas programadas, afirmó que cuanto ocurre en estos días sucede en el momento oportuno, porque –dijo- tenemos mucha necesidad de ello, sea como Nación que como Iglesia”. La página ecuménica, de las relaciones con la Iglesia de Inglaterra, ha tenido inicio en 1961, con el Archidiácono Bernard Pawley, quien encontró a Chiara en Roma. Más tarde algunos ministros anglicanos estuvieron presentes en un encuentro, en Grottaferrata (Roma), entre católicos y evangélico-luteranos. Quedaron impresionados por la atmósfera suscitada por el amor recíproco que los hizo reconocerse como hermanos y hermanas en Cristo. En 1966, en Londres, en el Lambeth Palace, Chiara encontró por primera vez al Primado de la Iglesia de Inglaterra, el entonces arzobispo Michael Ramsey. quien le dijo: «Veo la mano de Dios en esta Obra» y la animó a difundir la espiritualidad del Movimiento en la Iglesia de Inglaterra. Seguidamente Chiara se encontró con los sucesores: Coggan, Runcie y Carey. En Gran Bretaña, el Movimiento de los Focolares se ha desarrollado entre los católicos, y entre anglicanos, presbiterianos, metodistas y bautistas. En Welwyn Garden City está naciendo una ciudadela ecuménica. Es la unidad, corazón de la espiritualidad de los Focolares, la que interesa en especial a los anglicanos.
21 Jun 2004 | Sin categorizar