Movimiento de los Focolares
Carta desde la cárcel

Carta desde la cárcel

«Esta carta para mí es preciosa como las palabras escritas por Chiara Lubich: “Puedo imaginar que todos vosotros ….sintáis el peso de la violencia y el terrorismo que están en naciones enteras. Jóvenes no mayores que vosotros, creen poder cambiar la sociedad con secuestros, muertes y cometiendo los crímenes más variados. Sin duda ellos no han encontrado ideales más positivos y así se dejaron llevar por caminos extremadamente peligrosos. Mucha gente está asustada y no puede vivir en paz. ¿Qué podemos hacer? ¿Qué aporte podemos dar?”. Estas palabras resumen perfectamente lo que estoy viviendo ahora. Quisiera compartir lo que estoy pasando y cómo me siento abandonado en este momento; tal vez como se sintió Jesús cuando estaba abandonado en la cruz. Este sentido de abandono es algo que experimenté en los cuatro centros de detención en donde estuve y en donde me encontré con chicos que eran en su mayoría más jóvenes que yo. Al comienzo estos chicos me asustaban, estaban en contra de mí y querían matarme. Pero traté de acercarme a ellos y me di cuenta de que lo que les faltaba era ser comprendidos, una oportunidad y como conscuencia les faltaba amor. No estoy tratando de justificarlos, pero ellos también tienen necesidad de amor, sólo que lo pedían llamando la atención sobre sí mismos, de la manera equivocada, pero era el único modo que conocían. Mis padres tratan de vivir por un mundo unido y, desde que yo era pequeño, yo también traté. Es más fácil cuando eres parte de una comunidad en la cual se trata de vivir de esta manera. Mientras que para las demás personas que tienen miedo de dejarse amar es más difícil , especialmente cuando uno ve que este amor no es correspondido y uno se encuentra circundado de ladrones y asesinos. De todos modos el amor va más allá de los límites y ésta es la verdad más preciosa, a pesar de lo que estoy viviendo acá. Ahora estos chicos vienen a mi celda para pedirme consejos o ayuda, en particular cuando atraviesan un mal momento; alguno quiere incluso saber más sobre los Jóvenes por un mundo unido de los que formo parte, a pesar de mi situación. Muchos me preguntan cómo estoy, si tengo necesidad de algo, alguno incluso me llama hermano. Lo que estoy viviendo en la cárcel puede ser una invasión de amor que se difunde poco a poco en donde reina la violancia. Así como la lluvia suave que penetra dulcemente en las profundidades de la tierra…»

Santidad de pueblo

Santidad de pueblo

Maria Voce

«Chiara Lubich era una joven de veintitrés años que buscaba un Ideal en la vida y lo había encontrado en Dios, y por esto había elegido vivir el Evangelio integralmente. Ella había comprendido que de esta elección suya podía derivar un cambio personal y en quien la rodeaba y, por tanto, se lanzó en esta revolución evangélica. […] Chiara Lubich nos indicó un camino de santidad que en este momento está siendo observado también por la Iglesia, la cual está estudiando su eventual canonización. Pero no sólo esto. Chiara nos ha hecho comprender que la santidad se construye haciendo la voluntad de Dios, momento a momento; que la santidad no es una cuestión de éxtasis, de milagros o de cosas extraordinarias. Haciendo la voluntad de Dios, momento a momento, todos pueden alcanzarla. También en nuestro Estatuto está escrito, que el fin primero y general es la “perfección de la caridad”. Pero esta perfección, que además es la santidad, se logra momento a momento en la voluntad de Dios que es distinta para cada uno; por ejemplo para una madre de familia es ser una buena madre de familia, para un estudiante es ser un buen estudiante, pero puede llevarnos a esta perfección de la caridad. Y me parece que éste es un mensaje siempre actual, que atrae a las personas, porque no es una santidad extraordinaria hecha de imágenes o de culto, sino de construir, momento a momento, una relación con Dios y con los demás, en el amor. Éste es el primer rasgo fundamental. El segundo es que esta santidad, además, debe estar al servicio de los demás. No es una santidad finalizada a sí misma, porque ninguno de nosotros vive para sí mismo. Dios nos creó y nos redimió juntos. Jesús vino a la tierra para redimirnos a todos como su pueblo, Iglesia, Cuerpo de Cristo, y por eso quiere que esta santidad se extienda a la humanidad entera. Chiara nos deja un mensaje que es el de abrirse a todos, no mirar a nadie como si fuese extraño a ti, sino mirarlo como si fuese tu hermano. Y hacerlo con “cada uno” significa mirar a la persona de la misma patria como a la de otra, al cristiano como al no cristiano, al creyente como al no creyente, a quien comprende y acepta lo que digo como al que se opone a mí, porque también la persona que me adversa es un hermano. Esto nos lo enseñó Chiara viviéndolo en primera persona, teniendo un corazón capaz de acoger a cada uno como si fuese la única persona en el mundo, ya fuera un Jefe de Estado o un niño, un pariente o un responsable de otra Iglesia u otra religión. Chiara tenía el mismo amor por todos. Creo que éste es el mensaje más importante también hoy, mientras vemos que renacen tensiones, violencias, egoísmos, indiferencias recíprocas, para construir un mundo que, animado por el Evangelio, pueda convertirse en el mundo de la fraternidad, de la verdadera familia humana».

Hacia el encuentro mundial de las familias en Dublín

Hacia el encuentro mundial de las familias en Dublín

Brenda Drumm

El Papa estará con las familias reunidas en Dublín los días 25 y 26 de agosto. Es el huésped más esperado. Por otro lado, escribe Brenda Drumm en un largo artículo de L’Osservatore Romano, el Encuentro mundial de las familias «ha tenido desde sus inicios la marca personal del Pontífice: él es quien eligió a Irlanda para recibirlo, e indicó el tema de los trabajos: “El Evangelio de la familia: alegría para el mundo”; y, sobre todo, nos dio la exhortación apostólica Amoris laetitia como documento clave con el cual cotejarnos. Y cuando el 21 de marzo Francisco anunció que vendría, el debate se concentró en lo que su vida significará para los fieles, para las familias y para los jóvenes, para la Iglesia y para el pueblo. El Pontífice transcurrirá la mayor parte del tiempo aquí en Irlanda con las familias y con personas marginadas de la sociedad. Y, siempre con las familias en el centro de sus intenciones, se reservó una pausa de oración en el santuario mariano de Knock». El evento, promovido por el Dicasterio de la Santa Sede para los Laicos, la Familia y la Vida, se volvió a proponer con una frecuencia trienal, y reúne a familias de todo el mundo para festejar, rezar y reflexionar juntos acerca de la importancia del matrimonio como fundamento de la vida personal de la sociedad y de la Iglesia. El encuentro estará articulado, tras la inauguración oficial el 21 de agosto, a través de un congreso de tres días en el cual habrá programas diversificados para jóvenes y adultos y entretenimientos para los niños, culminando con la compartición de experiencias de fe en presencia del Papa. La mayor parte del programa se llevará a cabo en Dublín, mientras otros eventos relacionados, como la acogida, tendrán lugar en todo el territorio irlandés. Los números del evento, según Drumm, son alentadores: «La respuesta de la gente fue arrasadora. Hace tiempo que todas las entradas necesarias para los acontecimientos que están en el programa se han reservado: 37.000 para el congreso pastoral, 77.000 para el Festival de las familias, 45.000 para la visita a Nuestra Señora de Knock, 500.000 para misa de clausura. Dentro de esos números se pueden leer datos interesantes: llegarán a Irlanda familias de 116 países, por un total de alrededor de 15.000 participantes internacionales; miles de familias convergerán en Dublín de todo el país. Serán alrededor de 6.000 los jóvenes de edad inferior a los 18 años y 10.000 los voluntarios comprometidos para asegurar el buen resultado del encuentro. Pero, detrás de las cifras están las personas: familias de todo el mundo que se reunirán para celebrar sus alegrías y para discutir algunos de los muchos retos afrontados en un mundo que cambia rápidamente». Y sigue: «El Papa Francisco sabe acoger perfectamente la realidad de la vida familiar de hoy, con las dificultades de cada día. Comprende que como padres hacemos día a día lo mejor que podemos el uno por el otro y por nuestros hijos, y también comprende que las familias no son perfectas». ¿Qué es la familia para el Papa Francisco? Recuerda Drumm: «“El hospital más cercano, la primera escuela para los jóvenes, la mejor casa para los ancianos”. Y a pesar de que “a veces los platos pueden volar”, el Papa nos recuerda “cuánto más feliz sería nuestra vida de familia si entendiésemos la importancia de las palabras “por favor”, “gracias” y “perdón”. El Pontífice continúa convencido apasionadamente de que la familia sigue siendo “una buena noticia” para el mundo. Cree que en las realidades, a menudo complejas y desordenadas, de la vida familiar moderna la gracia y el amor de Jesucristo están vivos en una galaxia de actos cotidianos de gentileza, ternura, generosidad y fidelidad, que a veces se viven heroicamente entre una inmensa fragilidad humana y arrolladores retos sociales. En una sociedad fácilmente propensa a la violencia, la familia sigue uniendo nuestras vidas y el mundo mismo». Las citas del artículo de Brenda Drumm, responsable de comunicación del Imf 2018, se han tomado de L’Osservatore Romano, 27 de julio de 2018, pág. 8.

Evangelio vivido: “Te he amado con un amor eterno”

El más pequeño Una vecina, preocupada por el escaso rendimiento escolar de su hijo, no sabía cómo ayudarlo en sus tareas. De hecho, salía a trabajar a las 5,30 de la mañana y volvía de noche. Le propuse entonces mandarlo a mi casa para que estudiase con el mío. No era fácil, porque tenía que ayudar a mi otro hijo mayor, y cuidar del más pequeño, de apenas un año. Pero estaba feliz de poder ayudar a alguien. M. M. – Venezuela Fábrica de armas Por fin había encontrado un trabajo, en una fábrica dotada de sofisticados sistemas de seguridad. No lo podía creer, se habían acabado nuestros problemas. Al poco tiempo me enteré de un detalle que nadie me había dicho antes: esa fábrica construía armas. Me preguntaron si tenía problemas de conciencia, y con desenvoltura dije que no. Yo no iba a resolver al problema; por otra parte, renunciar a ese trabajo significaba volver a la calle. Pero no estaba en paz. Hablé con mi esposa, y con algunos amigos, entendí lo que tenía que hacer. Mientras volvía a casa, de nuevo sin trabajo, lloraba sin parar, pero en el fondo de mi alma había una alegría insólita al mismo tiempo. Había puesto como prioridad mi ser cristiano, o sea ser un hombre de paz. No podía imaginar que al poco tiempo me ofrecerían la posibilidad de otro trabajo, gratificante, y sobre todo de acuerdo con mi conciencia. D. R. – Italia Con una disposición diferente Nuestro hijo había regresado de un período de vacaciones vivido de una manera que nosotros, como padres, no podíamos aprobar. Nos propusimos hablarle después de la cena, decididos a decirle que o cambiaba su estilo o se tenía que ir de casa. Durante todo el día me pregunté si ese aut aut era realmente por su bien. Hablé de todo esto con algunas amigas también, y la duda crecía. Tal vez, pensaba, había que saber esperar, poner más amor en nuestra relación, como Jesús nos enseña. Después de haber hablado con mi marido, nos preparamos con otra actitud, ya no la de imponer nuestra postura, sino la de escucharlo. Estuvimos charlando mucho tiempo, y nos sentimos libres de decirle todo lo que pensábamos. Nos escuchó a fondo y si bien no compartía nuestras ideas, nos comunicó sus angustias. Agradecimos a Dios por habernos guiado. C. W. – Austria Una persona sospechosa En el pueblo en donde nos hemos venido a vivir por el trabajo no conocemos a nadie. Mis compañeras me dicen incluso que no le dé confianza a nadie, porque hay gente poco recomendable. Mi esposo, con su carácter extrovertido, empezó a hablar enseguida con la gente, sobre todo con un señor con quien se encuentra todos los días en el quiosco de diarios. Mis colegas de nuevo me ponen en guardia y me avisan que esa persona, en particular, tuvo serios problemas con la justicia. Algunos días después nuestra hija pequeña se siente mal y empeora rápidamente. Me siento perdida. En ese momento mi marido se acuerda que ese señor del quiosco le había regalado un mapita en donde estaban indicados los números útiles del pueblo, con el número del hospital, de la farmacia y del médico. Todo resultó fácil luego, gracias a esos datos del mapita de esa “persona sospechosa”. Para mí fue una fuerte lección: el amor al prójimo viene antes de todo juicio. L. S. – Italia