Filme en TV sobre Chiara Lubich: Entrevista a Cristiana Capotondi
Entrevista a Cristiana Capotondi, actriz que interpreta a Chiara Lubich, en el filme televisivo realizado sobre ella. https://vimeo.com/490443495
Entrevista a Cristiana Capotondi, actriz que interpreta a Chiara Lubich, en el filme televisivo realizado sobre ella. https://vimeo.com/490443495
Algunos momentos del año pasado e imágenes clave de los términos de Emaús como Presidente. https://vimeo.com/490452428
En Florencia, el Centro Internacional para Estudiantes Giorgio La Pira promueve la cultura del diálogo, la hospitalidad y el respeto, para redescubrir a todos como miembros de la única familia humana. “Asistir al Centro La Pira nos dio la conciencia de que la escuela es fundamental para construir un futuro de paz y serenidad, y nos inspiró el deseo de crear algo que permita a muchos chicos recibir una buena educación”. Armand Josè y Armand Xavier Mabiala son dos jóvenes hermanos angoleños. El primero se graduó en economía en Florencia, el segundo estudia ingeniería civil. Ambos en la capital toscana asistieron al Centro Internacional para Estudiantes Giorgio La Pira, donde tomaron cursos de italiano y participaron en actividades culturales y donde entablaron amistad con jóvenes de diferentes orígenes, culturas y religiones. Un lugar que para ellos se ha convertido en un punto de referencia, tanto es así que quieren llevar los valores que expresa a su tierra. Nacido en 1978 a instancias del cardenal Giovanni Benelli, arzobispo de Florencia, para apoyar a los estudiantes de otros países, y confiado al Movimiento de los Focolares, el Centro dedicado a Giorgio La Pira – quien fue uno de los padres constituyentes de la República Italiana y alcalde de la ciudad de 1951 a 1965 – quiere ser “un lugar de acogida, de encuentro y diálogo fraterno” – leemos en el sitio que lo presenta www.centrointernazionalelapira.org – una «puerta abierta a una Europa dispuesta a dar, pero también recibir y aprender de todos”. Su horizonte es “el sueño del Evangelio, el ideal de la fraternidad universal, el sueño de la paz que tiene ante sí la meta de un mundo unido”. Josè y Xavier quieren apasionar con este sueño a muchos otros jóvenes: recibieron una suma de dinero de su padre; en lugar de gastar esos recursos en ellos, decidieron invertir en el bien que consideraban más importante para su país: la educación, como instrumento de paz, desarrollo y bienestar. Y en Luanda, la capital de Angola, construyeron una escuela. También dedicada a Giorgio La Pira e inspirada en el ideal de fraternidad universal. Es solo una de las muchas historias que recorren el Centro La Pira y hablan de acogida, solidaridad y amistad entre personas de diferentes orígenes, convicciones, fe y cultura. También en esta época de pandemia. Mohamed Abou El Ela es un estudiante florentino, forma parte de la comisión de Jóvenes Musulmanes Italianos y es secretario de la Comunidad Islámica de Florencia y Toscana. Junto a otros jóvenes musulmanes y con el apoyo de la comunidad islámica, Caritas, el Banco de Alimentos y el Centro La Pira – al que asistió con sus amigos – dio vida a un grupo de treinta personas que ayudan a cientos de estudiantes y familias en dificultad, y se ofrecen como voluntarios en la Cruz Roja, la Misericordia, el comedor de Caritas. “En los momentos difíciles no debemos actuar por separado, sino más unidos, explica. Esta es la lección que aprendemos de la crisis que nos impone la Covid19”. Una historia de intercambio y colaboración que supera las barreras ideológicas y valoriza la pertenencia común a la familia humana. Es el espíritu que anima cada actividad y cada proyecto del Centro La Pira.
Claudia Di Lorenzi
De la Conexión CH “Unidad” – Rocca di Papa, 26 de septiembre de 1996. https://vimeo.com/490436499
El período que el Padre Lucio Dalla Fontana tenía que transcurrir en el centro del Movimiento de los Focolares por motivos de trabajo, se transformó en una experiencia de comunión profunda con su comunidad viviendo juntos los últimos meses de su vida terrena. El Padre Lucio Della Fontana estaba realmente contento a su llegada en octubre de 2019 al Centro de los sacerdotes diocesanos de Grottaferrata (Roma-Italia). De hecho, su Obispo, Mons. Corrado Pizziolo, le había concedido tres años para dedicar al Movimiento de los Focolares. Venía de San Polo del Piave, una comunidad de 5000 habitantes, en la vasta llanura del Véneto, en el norte de Italia. Durante diez años había compartido con ellos su vida, dándose a querer por su cultura, su capacidad de crear relaciones, la eficacia de sus homilías. Anteriormente había vivido algunos años en las comunidades de Frankfurt y de Bad Homburg, en Alemania, como misionero entre los inmigrantes italianos. migrantes. El Padre Lucio conoció a los Focolares cuando tenía 16 años. Desde entonces el ideal de la unidad había animado su vida. Fue ordenado sacerdote el 3 de mayo de 1986. Llegando a Grottaferrata se injertó naturalmente en la vida de nuestro focolar sacerdotal, una de las pequeñas comunidades de vida compuestas por sacerdotes diocesanos y diáconos permanentes que se comprometen a vivir una experiencia de fraternidad a la luz del carisma de Chiara Lubich. Pero en coincidencia con el inicio de la pandemia llegó una noticia inesperada, se presentaron señales de una grave enfermedad que lo condujo en pocos meses a “mudarse” a la otra vida. Citas médicas, cuidados, internamientos, pero también los programas del focolar y de la comunidad tuvieron que cambiar. Y no faltaron las dificultades. ¿Cómo cuidarlo de la mejor forma posible? ¿Cómo tener noticias ante la imposibilidad de visitarlo en el hospital? Un regalo fue poder crecer en la escucha recíproca en el focolar, en el respeto de la diversidad, también cultural, que hacía que tuviéramos enfoques distintos ante los problemas que poco a poco se iban presentando. Y paso tras paso, hemos podido constatar que fue Jesús en medio nuestro quien nos guió. Nos llevamos algún susto, pero nos recordamos de la “lavanda de los pies” que Chiara Lubich nos dio como símbolo de nuestra vida. Con la ayuda de muchos amigos rápidamente pudimos adaptar dos habitaciones para cuando volvió del hospital. Todo se transformó en una oportunidad. ¿Era necesario sostenerlo en los primeros pasos? Se creaba la posibilidad porque se convirtió en nuestro gimnasio. ¿Había que ir al hospital o a la farmacia? Todo era una ocasión, las lindas caminatas buenas para el físico, eran también buenas para el espíritu y la mente. ¿Era necesario preparar comidas según su dieta? Era la posibilidad de actualizarnos desde el punto de vista gastronómico. A veces nos sucedía que pasando por su habitación para ir a la capilla teníamos la posibilidad de vivir la proximidad y el cuidado del hermano al que nos orientaba la celebración eucarística. De la experiencia vivida con el Padre Lucio nuestro focolar aprendió a vivir “en salida”, en un momento como el de la pandemia, en donde habría sido fácil encerrarnos entre nosotros. Conforme pasaban los días y la situación se agravaba. A veces no era fácil encontrar la solución justa, pero tratábamos de hacer todo como si fuera un ritual rico de atenciones hacia él. El Padre Lucio nos retribuyó las atenciones abundantemente, también los últimos días de su vida terrena, ofreciéndonos a menudo una sonrisa que tenía el timbre de la eternidad.
Padre Natale Monza