Escuchar la voz de la conciencia
Escuchar la voz de la conciencia
Escuchar la voz de la conciencia
Proteger la creación
Si prestamos atención al mundo que nos rodea, nos damos cuenta de que a menudo lo que prevalece es el ruido de las opiniones. Todos desean decir la suya y se multiplican los espacios de debate en los que parece que todos lo saben todo. Sin embargo, no siempre encontramos en ellos auténtica sabiduría; a veces, por el contrario, se corre el riesgo de favorecer la superficialidad, la ignorancia y un progresivo empobrecimiento cultural.
Ante este panorama, ¿qué merece realmente ser escuchado? Existen palabras y Palabras. ¿Qué las distingue? Podemos llamar Palabras, con P mayúscula, a aquellas —escritas o pronunciadas— que, una vez hechas propias, tienen la capacidad de transformarnos. Son palabras que expresan sabiduría, porque ofrecen una clave de lectura de la existencia humana, del deseo de trascendencia y de las relaciones que unen a los seres humanos entre sí y con la naturaleza. Como escribió Rabindranath Tagore, poeta, filósofo y escritor indio: «Las palabras llegan al corazón cuando han salido del corazón».
La Palabra no pertenece a una época, a un lugar concreto o a una religión. Xavier Melloni, antropólogo, teólogo y fenomenólogo de la religión, observa que para algunos la Palabra está inspirada por el Espíritu Santo, mientras que para otros es fruto de la iluminación de la conciencia. Pero ¿cómo reconocer cuándo nos encontramos ante la Palabra?
«Podemos decir que la Palabra es aquello que nos hace capaces de abrirnos a los demás, de entregarnos y de permanecer en silencio, yendo más allá de nosotros mismos hacia una profundidad cada vez mayor. La palabra auténtica es vital y genera vida»[2]. Así, la Palabra, entendida en un sentido amplio, libera de los vínculos a los que estamos sometidos; no depende de intereses ocultos, no es coercitiva, pero se convierte en idolatría cuando deja de ser sabia.
Y, sin embargo, la Palabra no resuena siempre del mismo modo en nuestro interior, incluso cuando está expresada con las mismas palabras. Su acogida está estrechamente ligada al momento de la vida que estamos atravesando. La superficialidad, las preocupaciones afrontadas con autosuficiencia o la indiferencia son obstáculos que impiden que la Palabra dé fruto en nosotros y, a través de nosotros, en los demás.
La Palabra sabia se convierte en un sólido punto de referencia en el camino del ser humano. A veces nos ofrece respuestas; otras veces suscita nuevas preguntas; nos permite contemplar las cosas desde una perspectiva diferente y abrirnos a dimensiones de la realidad que antes no lográbamos percibir; nos hace libres y nos conduce a experimentar aquello que es verdaderamente esencial para nuestra existencia. Solo la Palabra auténtica, la Palabra sabia, puede transformar nuestra manera de pensar y de actuar. Aceptada y vivida, nos ayuda a dar un mayor significado a nuestra existencia, a vivir relaciones más profundas y a construir juntos una sociedad más humana y fraterna.
Cuenta Jordi: «Cada encuentro con la Palabra es personal e íntimo. Mi encuentro con la Palabra llegó después de años centrados en el trabajo y la tecnología. La lectura de libros de distintos ámbitos —biografías, novelas, filosofía, etc.— despertó en mí la búsqueda de la sabiduría para dar sentido a las grandes preguntas de la vida, sostener mi existencia y comprender por qué la Palabra se manifiesta de formas tan diversas y aparentemente contradictorias. En este camino conocí la sabiduría de Chiara Lubich, expresada en una relectura nueva y vital del Evangelio y testimoniada por un estilo de vida estimulante. A pesar de su carácter confesional, demostró ser capaz de entrar en sintonía con personas que, como yo, no tienen convicciones religiosas y de implicarlas en el camino de la fraternidad».
Este mes alimentémonos de Palabras sabias, hagámoslas nuestras y transformémoslas en vida. Y, si tenemos la oportunidad, compartamos los frutos que generan con quienes, como nosotros, están en camino. De este modo construiremos juntos una convivencia más humana y llena de significado.
Foto © James Oladujoye – Pixabay
[1] Esta reflexión se inspira en la intervención de Jordi Illa en el Congreso Internacional promovido por el Centro para el Diálogo con Personas de Convicciones no Religiosas en 2013, titulado «La Palabra». 2 Véase Xavier Melloni, Vers un temps de síntesi, Fragmenta Editorial, Barcelona, 2011, p. 55.
[2] Xavier Melloni, Vers un temps de síntesi, Fragmenta Editorial, Barcelona, 2011, p. 55.
LA IDEA DEL MES, está elaborada por el «Centro para el diálogo con personas de convicciones no religiosas» del Movimiento de los Focolares. Se trata de una iniciativa nacida en 2014 en Uruguay para compartir con amigos no creyentes los valores de la Palabra de Vida, que es la frase de la Escritura que las personas del Movimiento se esfuerzan por poner en práctica en su vida cotidiana. Actualmente LA IDEA DEL MES se traduce a 12 idiomas y se distribuye en más de 25 países, con adaptaciones del texto según las diferentes sensibilidades culturales.
dialogue4unity.focolare.org
Después de haber hablado en parábolas a una gran muchedumbre a la orilla del lago Tiberíades, Jesús se dirige a sus discípulos y les explica a ellos el sentido profundo de sus palabras.
El protagonista de nuestro relato es la Palabra de Dios, comparada con una semilla pequeña y frágil. La piedras, las zarzas y las aves pueden impedirles germinar, echar raíces y producir espigas maduras, pero el sabio sembrador conoce su sorprendente vitalidad.
A través de estas imágenes, Jesús revela la relación entre el hombre y la Palabra que Dios ofrece abundantemente, pero hay quien la acoge y quien, por diversos motivos, la deja caer sin que dé fruto. Efectivamente, en el corazón humano, la superficialidad y las excesivas preocupaciones materiales amenazan el milagro de la vida sobrenatural que Dios mismo desea encender en sus criaturas.
También a nosotros, como a los discípulos, Jesús nos invita a entrar en el humilde misterio del amor de Dios, y al mismo tiempo nos interpela personalmente sobre una decisión: ¿qué terreno queremos ser?
«El que fue sembrado en tierra buena es el que oye la Palabra y la comprende: este sí que da fruto».
Escuchar y comprender: este parece ser el secreto que nos convierte en un terreno acogedor, donde la semilla de la Palabra puede expresar su fuerza y dar buenos frutos.
¡Qué valioso es estar disponibles a la escucha! Es el espacio espiritual para dejar entrar la vida de Dios, que siempre nos precede con su misericordia, con la paciencia del trabajador que conoce y respeta los tiempos de maduración.
Las palabras de Dios, como escribe Chiara Lubich, «iluminan interiormente no solo la mente, sino todo el ser, porque son luz, amor y vida. Dan paz –la que Jesús llama suya: “mi paz”– incluso en los momentos de turbación y de angustia. Dan alegría plena aun en medio del dolor que a veces atenaza el alma. Dan fuerza, sobre todo cuando sobrevienen el abatimiento o el desánimo. Nos hacen libres porque abren el camino de la Verdad. […] También en nosotros debe nacer un amor apasionado por la Palabra de Dios: acojámosla atentamente cuando se nos proclame en las iglesias, leámosla, estudiémosla, meditémosla… Pero sobre todo estamos llamados a vivirla. […] Al vivir una Palabra de Jesús vivimos todo el Evangelio, porque en cada Palabra suya Él se entrega por completo, viene Él mismo a vivir en nosotros […] y sustituye nuestro modo de pensar, de querer y de obrar en todas las circunstancias de la vida» [1].
«El que fue sembrado en tierra buena es el que oye la Palabra y la comprende: este sí que da fruto».
Wambil de México nos cuenta: «Hubo un tiempo en que me sentía atrapado en un profundo agujero. Estaba inmerso en una relación violenta, trataba de huir y arreglarlo todo con mis fuerzas. Influido por las redes sociales y el ruido exterior, a menudo perseguía cosas que no estaban en el plan de Dios. A pesar de todos mis esfuerzos, seguía sintiéndome vacío y sin una meta. Sabía que el amor es un lenguaje universal, así que me puse a hacer voluntariado, y encontré un modo de actuar que solo podía venir de Dios. Con el tiempo descubrí un lugar donde escuchar su Palabra y crecer en la relación con Él. Estoy profundamente agradecido».
Incluso cuando nos sentimos tierra árida y pedregosa, la misma Palabra es eficaz, como revela el profeta Isaías: «Como bajan la lluvia y la nieve desde el cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, […] así será la palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que cumplirá mi deseo y llevará a cabo mi encargo» (Is 55, 10-11).
Sostenidos por esta esperanza, en un tiempo dominado por miedos y tensiones, cultivemos también la confianza en las mujeres y en los hombres con quienes compartimos la vida. Confiemos en su capacidad de dar buenos frutos y de crear ocasiones de escucha y diálogo, para caminar juntos hacia el horizonte de la fraternidad.
Letizia Magri y el equipo de la Palabra de Vida
[1] C. LUBICH, Palabra de vida de marzo de 2003: Ciudad Nueva n. 396 (2003/3), pp. 24-25.
Foto © Horacio30 – Pixabay
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